Cambio vida
entre sombras y destinos.
Capítulo 1: Cambio de vida
Para quienes me conocen, soy Marek Fénix... pero hace seis años todos me llamaban John Méndez. Esta es la historia de cómo pasamos del amor al odio. Todo comenzó hace seis años.
Seis años atrás
—¡Se me hace tarde! —murmuró John mientras corría por los pasillos del Instituto Villa Green.
Era su primer día y los nervios apenas lo dejaban pensar.
Al doblar un pasillo chocó contra una chica de cabello negro, ropa gótica y mirada desafiante.
—¿Qué te pasa, idiota? —dijo ella, acomodándose.
John levantó una ceja.
—Me han llamado de muchas formas... pero nunca idiota.
La chica soltó una pequeña risa.
—Vaya... eres bastante directo.
—Y tú bastante orgullosa.
Por un momento ambos se quedaron mirándose.
—¿Cómo te llamas?
—John.
—Terry. Terry Miller.
—Un gusto.
Mientras cada uno seguía su camino, ambos pensaban exactamente lo mismo.
"Qué persona tan extraña..."
"Qué persona tan interesante..."
Salón 10
El profesor Niel dio la bienvenida.
—Tenemos una nueva estudiante.
La puerta se abrió.
—Hola. Soy Terry Miller.
John abrió los ojos sorprendido.
—¿Otra vez tú?
Ella sonrió.
—Parece que ya te acostumbraste a seguirme.
—Mira quién lo dice.
Will, sentado junto a John, soltó una risa.
—Amigo... creo que le gustas.
—No digas tonterías.
Sin embargo, Terry no dejaba de mirarlo de reojo.
La pareja del proyecto
Al terminar las clases llegó el momento de repartir equipos.
—Will con Ashley.
Los dos suspiraron.
—Y Terry con John.
Los dos hablaron al mismo tiempo.
—¿Qué?
Terry cruzó los brazos.
—Parece que el destino insiste.
John resopló.
—O el profesor tiene muy mal sentido del humor.
Ella le entregó un papel.
—Ven hoy a mi casa. Ahí hacemos el proyecto.
John dudó unos segundos.
—Está bien.
La casa de Terry
La casa era mucho más elegante de lo que John imaginaba.
Terry abrió la puerta con una sonrisa.
—Sabía que vendrías.
—Me sorprende este lugar.
Ella se encogió de hombros.
—Mis padres trabajan en Europa. Paso mucho tiempo aquí con la ayuda de personas de confianza... aunque casi siempre estoy sola.
John bajó un poco la guardia.
—Debe ser extraño.
—Lo es.
Hubo un pequeño silencio.
—¿Y tienes novio?
Ella soltó una risa.
—No.
—Pensé que alguien como tú...
—¿Alguien como yo qué?
—Que tendría una fila de pretendientes.
—Tal vez. Pero ninguno me interesa.
Lo miró fijamente.
—Todavía.
John desvió la mirada, algo incómodo.
La partida de póker
En lugar de empezar el proyecto, Terry apareció con una baraja.
—Primero una partida.
—¿En serio?
—Quiero conocerte mejor.
John terminó aceptando.
—Apuesto estas fichas.
—Aceptado.
La conversación empezó a convertirse en un duelo de bromas.
—¿Seguro que sabes jugar? —preguntó Terry.
—¿Y tú estás segura de que sabes perder?
Ella arqueó una ceja.
—Eso nunca pasa.
Tras varias rondas llegó la última mano.
Terry mostró un trío.
Sonrió victoriosa.
—Gané.
John dejó sus cartas sobre la mesa.
—Escalera.
Ella abrió mucho los ojos.
—¡¿Desde cuándo tenías esa mano?!
—Te dije que era estratega.
Terry soltó una carcajada.
—Está bien... otra ronda.
—¿Y ahora qué apostamos?
Ella pensó unos segundos.
—El perdedor cumple un pequeño reto.
—Acepto.
Esta vez Terry ganó.
Se acercó despacio.
—Mi reto es...
Le dio un beso breve que tomó a John completamente por sorpresa.
Cuando se separó, ambos quedaron en silencio.
—¿Eso fue el reto?
Ella sonrió.
—También una confesión.
John todavía procesaba lo ocurrido.
—¿Te gusto?
—¿No era obvio?
Una verdad imposible
Mientras preparaban algo para comer, Terry habló con total naturalidad.
—Tengo que decirte otra cosa.
—¿Qué pasa?
—Soy una vampira.
John la observó unos segundos.
—¿Hablas en serio?
—Puedes burlarte.
Él negó con la cabeza.
—No me estoy burlando.
Sonrió.
—Solo eres la primera vampira que conozco.
Ella soltó una pequeña risa.
—Pensé que saldrías corriendo.
—Todavía no.
El baile
Sonó una canción desde el teléfono.
—¿Bailas?
—¿Así de directo?
—Siempre.
John le tendió la mano.
Ella la tomó.
Los dos comenzaron a moverse despacio por la sala.
Las bromas desaparecieron.
Solo quedaron las sonrisas.
—Bailas muy bien.
—Tú también.
Por un instante imaginaron estar bailando bajo las luces de París.
Cuando la música terminó, ninguno quería romper el momento.
La azotea
Antes de despedirse, Terry lo llevó hasta la azotea.
La luna iluminaba toda la ciudad.
—Nunca había compartido esta vista con alguien.
John levantó la mirada.
—Es hermosa.
Luego la miró a ella.
—Aunque creo que encontré algo más bonito.
Ella apartó la vista, avergonzada.
—Eres raro.
—¿Eso es bueno?
—Mucho.
Terry extendió la mano.
—Hagamos una promesa.
—¿Cuál?
—Pase lo que pase... recordaremos esta noche.
John tomó su mano.
—Lo prometo.
Una nueva rutina
Como ya era tarde, Terry insistió en que se quedara.
—Tengo una habitación libre.
—No quiero causar molestias.
—Ya eres mi invitado.
Más tarde, cuando todo quedó en silencio, John seguía despierto.
—No puedo dormir.
—¿Pesadillas?
—Insomnio.
Ella cambió inmediatamente de expresión.
—Ven.
John obedeció.
Terry lo hizo recostar la cabeza sobre su regazo mientras acariciaba lentamente su cabello.
—No suelo mostrar este lado de mí a nadie.
John sonrió con cansancio.
—Gracias.
Ella siguió hablándole en voz baja.
—Descansa... estoy aquí.
Después de media hora, John finalmente consiguió quedarse dormido.
Terry lo observó con una sonrisa.
—Mi primer día con un humano terminó siendo mucho más especial de lo que imaginaba.
Y, sin darse cuenta, ambos habían comenzado el cambio que transformaría sus vidas para siempre.
Continuará en el próximo capítulo: Dúo Letal.








