Reina
REINA
El sol pegaba directamente en mi cara y estaba sudando. Miré hacia el lado y descubrí que Ian ya no estaba junto a mí. Me levanté y fui a tomar un baño.
Me miré en el espejo y no me gustaba lo que veía.
Pelo negro que nunca parecía tener una forma definida… ¿Era liso o era ondulado? Ni siquiera mi cabello parecía saber lo que quería ser.
Ojos verdes y unas ojeras horribles. Pechos más grandes de lo que deberían ser para mi contextura. Y las curvas de mi cuerpo… las odiaba.
Me fui a la habitación esperando encontrar a mi novio, pero seguía sin aparecer. Bajé por las escaleras y me encontré con Marta, su madre, que era todo lo que estaba bien en una persona.
Marta era amorosa, de esas personas que te hacen querer formar parte de algo. A su lado estaba Christopher, su esposo. Llevaban treinta años juntos.
Yo también quería algo así con su hijo.
Cada vez que los miraba, me imaginaba a Ian y a mí dentro de unos años.
—Cariño, siéntate a tomar desayuno —me ofreció Marta—. Ian dijo que no te quiso despertar y salió a correr. Ya debe estar por volver.
—Gracias, Marta —me limité a decir.
Nunca había sido una persona de muchas palabras. Si no me hablaban, no decía una palabra. Pero después de cinco años, ellos ya estaban acostumbrados a mi forma de ser.
—Buenos días.
Levanté la mirada y vi a Elioth, el hermano menor de Ian.
—Cariño, ¿es necesario bajar sin camisa a desayunar? —lo reprendió Marta.
Para mí no era precisamente una vista incómoda.
Elioth tenía un cuerpo bastante… decente.
—No hay que privar a las chicas de esta hermosa vista, mamá —respondió él con un tono pícaro.
Yo seguí mordiendo mi tostada, intentando ignorar el egocentrismo de mi cuñado.
—Hola, cariño.
Ian apareció detrás de mí y me besó la frente.
—No te quise despertar. Roncabas como un oso y no me dejabas dormir, así que preferí salir a correr. Tal vez deberías ir al doctor. Tu peso puede estar interfiriendo con eso.
Dejé de comer.
—¿Es necesario ese tipo de comentarios a esta hora de la mañana? Qué desagradable.
Elioth dejó de comer, se levantó de la mesa y se marchó sin decir una palabra.
No era que él e Ian se llevaran precisamente bien desde que lo conocí.
—No te preocupes. Tomaré una hora con un doctor para ver qué sucede —respondí.
—Es lo mejor. Tal vez no deberías comer tanto.
Ian volvió a besarme en la frente y se fue a duchar.
Después de un rato, nos fuimos a trabajar. Ian me dejó en el laboratorio y luego continuó hacia su trabajo.
—Creo que debería pedir una hora con un doctor —le comenté a Samanta, mi mejor amiga, mientras tomábamos un café durante nuestro momento de descanso—. Ian dice que ronco mucho mientras duermo. Tal vez sea por mi peso.
Samanta dejó lentamente su taza sobre la mesa y me miró.
—Reina, tu peso está perfecto. Y tú no roncas mientras duermes. Cuando hemos dormido juntas nunca lo has hecho. Deja de dejarte llevar por todo lo que tu noviecito te dice.
—Tal vez cuando estoy con él sí lo hago. Puede ser por cansancio.
—¿Me estás diciendo que después de tener sexo descontrolado toda la noche quedas agotada y por eso “roncas” cuando estás con él?
—No hace falta que seas tan sarcástica.
—Lo siento. Pensé que tu novio había cambiado de la noche a la mañana y por fin estaba siendo un verdadero hombre en la cama.
La miré con desaprobación.
—A veces no tiene nada de malo omitir ciertos comentarios, ¿sabes?
Samanta era la persona que mejor me conocía. Éramos amigas desde los cinco años. Había estado conmigo en todos los momentos de mi vida, tanto en los buenos como en los malos.
—No veo la hora de que termines con ese patán. Se hace el muy bueno, pero a mí no me engaña.
—No es alguien malo. Se preocupa por mí, eso es todo.
Samanta suspiró.
—Solo espero que algún día puedas abrir los ojos, amiga.
Puso una mano sobre mi hombro y me miró directamente a los ojos. Vi dulzura y sinceridad en su mirada.
—Mientras tanto, me podrías presentar a su hermano. Sí que está bueno. ¿Cómo pueden ser dos personas tan distintas? Durante estos años me he preguntado lo mismo.
Ian y Elioth eran diferentes en prácticamente todos los sentidos.
Ian, a sus veintiocho años, ya tenía su carrera y su futuro asegurados. Era CEO de una gran empresa, una persona extrovertida que conocía a muchísima gente y asistía constantemente a fiestas y eventos con personas de mucho prestigio.
No bebía alcohol, no fumaba y mucho menos entraría a una discoteca.
Mientras que su hermano…
Elioth era un misterio.
Durante los cinco años que llevaba con Ian, nunca lo había visto estudiar, con una chica o, al menos, trabajando.
Su vida parecía un completo caos, y eso volvía loca a Marta y a Christopher.
—Sigue soñando —respondí, negando con la cabeza—. Nunca lo he visto con una chica. Tal vez es gay.








