Prólogo /Capitulo 1
Prolongó.
La oficina se sumerge en un resplandor cálido y dorado mientras el sol se pone detrás de los altos edificios de la ciudad. Los rayos de luz atraviesan las ventanas e iluminan las filas de escritorios vacíos y las sillas ergonómicas.
El aire está lleno del suave zumbido de los equipos de computación en modo de espera y del murmullo lejano de la ciudad. Un bolígrafo olvidado rueda suavemente sobre una hoja de papel, como si un fantasma estuviera tomando notas.
En una esquina, una planta de interior se estira hacia la luz, sus hojas verdes y frescas contrastando con el entorno de acero y concreto. La pantalla de una computadora portátil brilla con un correo electrónico sin enviar, esperando la atención de alguien.
Más adelante, en una esquina junto a un sofá, Sofía permanece acorralada por la hermana de su jefe, agitada y temblorosa.
Saraí está presa de la tentación de probar sus labios, de perderse en su cercanía y dejar una huella imborrable en aquella boca carnosa. Baja la mano hasta la cintura de la castaña y la aprieta ligeramente, provocando que esta jadee contra su cuerpo.
—Deja de tentarme.
—Deja de ser tan insolente.
Susurra Saraí únicamente para ella mientras se separa, dejándola jadeando junto al estante de libros.
—Vete —dice Saraí mientras se da la vuelta y se acomoda la corbata.
—¿Me tientas y ahora me corres? —murmura Sofía, ofendida y con un toque de rabia—. Dijiste que te morías por probar mis labios y caer en mi fuego.
Sofía vuelve a hablar, exaltada, acercándose peligrosamente a aquello que tiene enfrente. Por otro lado, Saraí la observa por el rabillo del ojo, intentando controlar el deseo que despierta en ella aquella castaña.
Saraí
—Las reglas se han hecho para romperse.
Me giro para encontrarme con ella muy cerca.
Sus ojos verde claro brillan cuando me mira. Me he imaginado miles de escenarios en los que la hago arrodillarse ante mí y la tengo completamente a mi merced.
—¿Entonces? —vuelve a hablar.
Me acerco peligrosamente, hasta que tiene que alzar la mirada para encontrarse con mis ojos. Sus labios se separan ligeramente, dejando ver la mitad de sus dientes, perfectos y bien cuidados.
—Te vas a arrepentir de haber caído conmigo, especialmente porque, si cedo ahora, no será fácil dejarte ir.
Continúo acercándome hasta invadir su espacio personal. La tomo suavemente del cuello, sin hacerle daño, mientras mantengo mis ojos clavados en los suyos.
—Eres una tentación que, tarde o temprano, desatará el mismísimo caos bajo nuestros pies —susurro cerca de sus labios, sin llegar a tocarlos.
—Solo di que no quieres caer y te evi...
No termina de hablar.
Sus labios encuentran los míos en un impulso imposible de detener. Durante unos segundos, todo lo demás desaparece: la oficina, las reglas, nuestras familias y las consecuencias que seguramente vendrán después.
Me aferro a sus caderas mientras un pequeño gruñido escapa de mi garganta.
Se suponía que esto estaba prohibido.
Pero caí.
Y ahora ya no estoy segura de querer levantarme.
La conduzco hasta quedar frente a la pared más cercana y apoyo una mano junto a su cabeza, manteniéndome cerca de ella.
—Mi omega tentadora —susurro contra sus labios—. Mía.
Una tentación. Una locura prohibida.
Y ahora que hemos cruzado la línea, solo queda descubrir cuánto tardará en arder el infierno que acabamos de provocar.
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Cap 1
●Actualmente.●
Narrador omnisciente.
Nacida en Italia junto a su hermano gemelo, ella creció dentro de una de las familias mafiosas más antiguas y temidas del país. Saraí Rinaldi.
Desde pequeña supo que su apellido no era simplemente un nombre: era una amenaza.
Como Alfa, desarrolló una presencia imposible de ignorar. Era alta, atlética y de hombros firmes, con una elegancia masculina que parecía formar parte de ella de manera natural. Llevaba el cabello corto y oscuro, generalmente peinado hacia atrás, y tenía facciones marcadas, una mandíbula definida y unos ojos intensos que rara vez revelaban lo que estaba pensando.
Su belleza era fría.
No era delicada ni buscaba parecerlo. Prefería los trajes negros perfectamente confeccionados, camisas blancas, relojes sobrios y botas de cuero. Caminaba con la seguridad de alguien que sabía exactamente cuánto poder tenía.
Y tenía mucho.
Junto a su hermano gemelo, otro Alfa, Steven Rinaldi, había heredado el control de los negocios de su familia. Él era el rostro carismático del imperio; ella, la mente fría detrás de muchas de sus decisiones. Eran diferentes, pero funcionaban como dos mitades de la misma arma.
Los llamaban.
Los Gemelos de Hierro.
Nadie se atrevía a enfrentarlos por separado. Mucho menos juntos.
Ella era conocida por no perder jamás el control. No gritaba. No amenazaba innecesariamente. Una mirada suya podía silenciar una habitación entera.
Había aprendido que en la mafia la confianza podía matarte y que el amor podía convertirse en el arma más peligrosa de todas.
Por eso se prohibió sentirlo.
Nunca permitió que una persona se acercara demasiado. Nunca dejó que un vínculo se transformara en necesidad. Para ella, amar significaba darle a alguien la oportunidad de destruirla.
Y prefería destruir antes que ser destruida.
Su hermano era la única persona a la que permitía ver sus momentos de vulnerabilidad. Habían nacido el mismo día, compartían la misma sangre y habían sobrevivido juntos a las mismas tragedias.
Él conocía el verdadero rostro de su hermana.
Sabía que detrás de aquella Alfa fría, dominante y aparentemente incapaz de sentir, existía una mujer que tenía miedo de querer a alguien.
Lo que ninguno de los dos esperaba era que una Omega pudiera entrar en sus vidas y convertir todas las reglas que habían construido durante años en cenizas.
Porque ella podía enfrentarse a enemigos, rivales y traidores.
Pero jamás había aprendido a enfrentar el amor.
Costa Esmeralda, Italia
En uno de los rincones más exclusivos de la Costa Esmeralda se alzaba una mansión que no parecía haber sido construida para una familia común, sino para alguien acostumbrado a tener el mundo entero a sus pies.
La propiedad se extendía sobre varias hectáreas de terreno privado, protegida por altos muros de piedra, enormes portones de hierro negro y un sofisticado sistema de seguridad. Desde la carretera, apenas podía distinguirse la silueta de la residencia entre los cipreses y los olivos.
Un largo camino de piedra conducía hasta la entrada principal, bordeado por fuentes de mármol, esculturas italianas y jardines perfectamente cuidados. A ambos lados se extendían enormes terrenos cubiertos de vegetación, viñedos y árboles centenarios.
La mansión era imponente.
Construida en piedra clara, con detalles de mármol italiano, columnas monumentales y enormes ventanales, combinaba la elegancia de un antiguo palazzo con la sofisticación de una residencia moderna. En su interior, los techos altos estaban adornados con frescos, lámparas de cristal y enormes candelabros. Los pisos de mármol brillaban bajo la tenue iluminación, mientras que cada habitación estaba decorada con muebles exclusivos, obras de arte y piezas antiguas adquiridas durante generaciones.
Pero la verdadera joya de la propiedad se encontraba detrás de la mansión.
Un sendero privado descendía entre los jardines hasta llegar a un lago de aguas tranquilas, rodeado de árboles y pequeñas luces que iluminaban el camino durante la noche. Allí había un muelle privado con varias embarcaciones, reservado únicamente para los miembros de la familia y sus invitados.
Al atardecer, el lugar adquiría una belleza casi peligrosa.
El cielo se teñía de tonos dorados y rojizos mientras el reflejo de la mansión se extendía sobre el agua. Desde el balcón principal podía contemplarse toda la propiedad, incluyendo los jardines, los viñedos y el lago.
Sin embargo, aquella belleza escondía algo más.
La mansión era conocida dentro de ciertos círculos como el corazón del imperio familiar.
Allí no solo se celebraban cenas de lujo, reuniones empresariales y fiestas privadas. También se tomaban decisiones capaces de cambiar destinos, se sellaban alianzas y se resolvían asuntos que jamás debían llegar a oídos de la justicia.
Para el mundo exterior, aquella era simplemente una de las residencias privadas más lujosas de Italia.
Para quienes conocían el verdadero poder de la familia, era otra cosa.
Era su territorio.
Y cualquiera que cruzara aquellas puertas sin permiso sabía que estaba entrando en el mundo de una familia de la que era mejor no convertirse en enemigo.
Dentro de la mansión
La gran sala de la mansión estaba iluminada por imponentes candelabros de cristal que proyectaban una luz cálida sobre los elegantes sofás de cuero y los detalles de lujo que decoraban cada rincón.
Steven y Saraí se encontraban sentados en sofás separados. Steven permanecía con las piernas cruzadas y los brazos extendidos sobre los reposabrazos, mostrando aquella tranquilidad y seguridad propia de alguien acostumbrado a tener el control.
En el sofá de enfrente, Saraí sostenía una revista entre sus manos. En la portada aparecía un extenso artículo dedicado a una de las familias más poderosas y respetadas de Italia: los Rinaldi.
Mientras pasaba las páginas con indiferencia, sus ojos recorrían las fotografías y titulares que hablaban del imperio de su familia, de sus negocios, sus propiedades y de la influencia que los Rinaldi ejercían dentro y fuera del país.
En otro de los sofás se encontraba Zaira.
Una Omega tan delicada y hermosa como una flor. Su largo cabello castaño oscuro caía suavemente sobre su espalda, contrastando con su piel clara. Su figura curvilínea y elegante hacía que destacara incluso en aquella enorme sala, pero eran sus grandes ojos azules los que más llamaban la atención.
Zaira ocupaba un lugar especial dentro de la familia Rinaldi.
Aunque no compartía la misma sangre que los hermanos, era considerada como la pequeña de la familia. Y, precisamente por eso, Steven y Saraí eran extremadamente sobreprotectores con ella.
Para los hermanos Rinaldi, Zaira no era simplemente alguien a quien debían cuidar.
Era su pequeña.
Y si alguna vez alguien se atrevía a hacerle daño, ambos serían capaces de poner en riesgo todo su imperio con tal de protegerla.
Saraí.
Estaba ojeando la nueva revista. Como siempre, la editorial tenía que hablar de nosotros. Parecía que, si una revista no llevaba el apellido Rinaldi en alguna de sus páginas, no vendía ni un ejemplar.
—Malditos bastardos —murmuré entre dientes.
Zaira levantó la mirada desde el otro sofá y me observó con evidente desaprobación.
—¿Cuándo dejarás ese vocabulario? Suenas vulgar —dijo a regañadientes.
Solté una risa seca y cerré la revista de golpe.
—A la mierda lo vulgar. Estas revistas son una mierda.
Sin pensarlo dos veces, lancé la revista por encima del respaldo del sofá.
Un sirviente se acercó de inmediato, la recogió del suelo y, con la misma discreción con la que había llegado, se la llevó a otra habitación.
Steven, que había permanecido sentado con una tranquilidad casi irritante, apenas levantó la mirada.
—Entonces mátalos y los enterramos en un muelle.
Lo dijo con la misma calma con la que alguien sugeriría cambiar de restaurante.
Lo miré durante unos segundos.
—A veces me preocupa lo fácil que se te ocurren esas cosas.
Steven esbozó una sonrisa.
—Y a mí me preocupa que todavía te sorprendan.
Después de algunas horas...
La luna ya podía verse claramente sobre el balcón. Me encontraba encerrada en mi habitación, con la puerta asegurada con llave y una copa de vino entre los dedos.
Estaba apoyada contra los barrotes del balcón, con los brazos cruzados y la mirada perdida en los jardines de la mansión.
Steven y Zaira seguramente estaban en alguna de las habitaciones o recorriendo la casa.
Ser Alfa era mucho más difícil de lo que parecía a simple vista.
Apreté la mano alrededor de la copa hasta que el cristal fino terminó por romperse.
Los fragmentos salieron disparados en distintas direcciones. Algunos pequeños trozos de vidrio se clavaron superficialmente en mi palma, provocándome varios rasguños, mientras el resto del vino se derramaba sobre mi piel.
Ni siquiera reaccioné.
Me sentía inquieta. Demasiado inquieta.
Era como si una parte de mí supiera que algo estaba a punto de suceder.
Suspiré lentamente y me aparté del balcón.
Mi celo se acercaba.
Esa etapa en la que debía mantenerme alejada de cualquier Omega era una verdadera tortura. Era como si un instinto animal tomara el control de mis sentidos y nublara mi capacidad de razonar.
Por eso procuraba mantener el autocontrol.
Nunca había marcado a un Omega y, para ser sincera, no tenía intención de hacerlo.
Al menos, no todavía.
La presión de mi padre, sin embargo, comenzaba a asfixiarme.
Él quería que tuviera descendencia con un Omega. Como primogénita del clan Rinaldi, esperaba que cumpliera con mi deber y diera un heredero a la familia.
Una exigencia completamente ridícula.
Días después...
Nos encontrábamos en la enorme oficina de la planta baja.
Zaira estaba sentada en el balcón interior, leyendo un libro con las piernas cruzadas. La luz del sol atravesaba los ventanales e iluminaba el jardín, dándole a la habitación una tranquilidad que poco tenía que ver con nuestra conversación.
Steven dejó unos documentos sobre el escritorio y habló con absoluta seriedad.
—Tengo asuntos que resolver en México. Al menos durante unos meses estaremos allá. La empresa va de mal en peor y necesito arreglarlo.
Se refería a la compañía que estaba bajo su cargo en Ciudad de México.
Zaira giró lentamente la cabeza hacia nosotros y arqueó una ceja. Claramente, no estaba convencida.
—¿Me dejarás aquí sola con esta loca amargada? —preguntó, refiriéndose a mí.
Dejó el libro a un lado y se levantó con esa elegancia natural que parecía llevar incorporada desde que nació.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo me dijiste?
Mi tono dejó bastante claro que estaba ofendida.
Zaira ni siquiera se inmutó.
—Loca amargada. Cuando estás cerca de tu celo te vuelves insoportable.
Me lo repitió sin una pizca de arrepentimiento.
Esta chica cada vez es más igualada. Tanto consentimiento la está volviendo insoportable...
Steven soltó una pequeña risa.
—Para nada. Si quieres, puedes venir conmigo.
Zaira sonrió inmediatamente.
—¡Siii!
Contestó como si no la lleváramos con nosotros a todas partes como una pequeña pulga.
La miré con los brazos cruzados.
—Si vas con Steven, significa que estarás detrás de él todo el tiempo.
—¿Y eso qué?
La miré fijamente durante unos segundos antes de responder.
—¿Acaso quieres verlo follar con diferentes personas cada tres horas?
—¿¡Qué!?
Zaira se giró hacia Steven con los ojos completamente abiertos, visiblemente sorprendida.
—Entonces no voy.
Steven se quedó en silencio, mientras yo no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa.
Había ganado.
Narrador omnisciente
Mientras tanto, en Ciudad de México...
Ella era Sofía Moretti.
Una joven de belleza casi irreal, con el cabello castaño oscuro y unos llamativos ojos verde claro que destacaban de inmediato en su rostro. Sus labios, gruesos y carnosos, enmarcaban delicadamente unas facciones suaves y elegantes.
Poseía una figura esbelta, con la cintura estrecha y curvas pronunciadas que resaltaban la armonía de su cuerpo. Sus caderas y muslos estaban bien definidos, mientras que su busto, discreto, guardaba perfecta proporción con el resto de su figura.
Sofía cerró la puerta detrás de ella y dejó su bolso sobre la mesa de la entrada.
Había regresado a casa, como lo hacía habitualmente.
Aunque había nacido en Colombia, desde el fallecimiento de su abuela su vida había cambiado por completo. Su primo, Luis, y su hermano, Santiago Moretti, habían decidido enviarla a Ciudad de México.
Ellos, en Colombia, continuaban investigando un asunto de suma importancia relacionado con la mafia. Un caso demasiado peligroso y delicado como para permitir que Sofía se involucrara.
Por esa razón, habían preferido mantenerla lejos de todo aquello.
Sofía no conocía todos los detalles.
Y, por ahora, sus familiares pretendían que siguiera siendo así.
Sin embargo, ninguno de ellos podía imaginar que mantenerla al margen sería mucho más difícil de lo que habían previsto.
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Hasta aqui el prólogo/capítulo de hoy. Muchísimas gracias por tomarse el tiemo de leer esta pequeña parte🥹💗
Fue muy corta, prometo hacer más largos los demas capítulos. 🤍👐🏻✨️
A continuación les dejo aqui para cositas que deben y necesitan saber de mi libro.
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⚠️ ADVERTENCIAS ⚠️
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Antes de comenzar a leer, ten en cuenta que esta historia contiene temas que pueden no ser del agrado de todos los lectores.
🔞 CONTENIDO +21
La obra está dirigida a un público adulto y contiene escenas y situaciones destinadas a mayores de 21 años.
🖤 DARK ROMANCE
Relaciones intensas, conflictos emocionales, obsesiones, celos y personajes con comportamientos moralmente cuestionables.
⚠️ PERSONAJES TÓXICOS
Algunos personajes pueden presentar actitudes posesivas, manipuladoras, impulsivas o tóxicas. Sus acciones no representan necesariamente conductas saludables o ideales.
🔥 DRAMA Y CONFLICTOS
Prepárate para traiciones, secretos, enfrentamientos, decisiones difíciles y emociones llevadas al límite.
🔞 VOCABULARIO ADULTO
La historia contiene lenguaje vulgar, insultos y expresiones obscenas.
🌟 FAMOSOS Y ESCÁNDALOS
Aparecerán personajes famosos y situaciones relacionadas con el mundo del espectáculo. Algunos acontecimientos serán completamente ficticios.
🧬 CIENCIA FICCIÓN
La historia contiene elementos ficticios, situaciones fuera de la realidad y conceptos propios de la ciencia ficción.
🩸 MAFIA, PELIGRO Y VIOLENCIA
El poder, el crimen, las amenazas y las consecuencias de ciertas decisiones forman parte importante de la trama.
👁️ MUCHO SUSPENSO
Secretos, misterios, giros inesperados y situaciones que podrían hacerte cambiar de opinión sobre más de un personaje.
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✨ IMPORTANTE ✨
Esta historia es FICCIÓN. Los personajes, acontecimientos y situaciones pertenecen al universo de la obra y no pretenden representar relaciones saludables ni justificar determinadas conductas.
Si decides continuar...
Bienvenido/a al caos. 🖤
Aquí nadie es completamente inocente.
Aquí los secretos tienen un precio.
Y algunas tentaciones...
pueden convertirse en tu peor pesadilla.
╰┈➤ Lee bajo tu propia responsabilidad y disfruta de la historia.
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xime75466 (Tiktok)
Aquí les dejo mi red social de Tiktok que me hice apenas, unicamente ahi estare subiendo contenido sobre mi libro, denme ideas, se loa agradecería mucho.👐🏻✨️








