Safe And Sound ✧ Kooktae by enchanted at Inkitt
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safe and sound ✧ kooktae

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Summary

Dicen que los lobos no corren solos, que si un espíritu llama, alguien responderá. El bosque vio a Taehyung huir: roto, marcado y cargando el producto de sus años privado de su libertad. Pero Jungkook sintió el llamado. El llamado de su lobo que anunciaba el regreso de su pareja destinada. Y, al reencontrarse, el mundo se tambaleó entre la calma y la sensación de equilibrio, pero también con la certeza de que la guerra entre manadas estaba por comenzar.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

the beginning

¿Alguna vez has sentido miedo, esa sensación que te paraliza, que corta tu respiración, que eriza tu piel y hace que tu corazón lata a mil por hora o en algunos casos, que este se detenga? Seguro que sí.

Las expresiones como: ”el alma cayó a sus pies" ”sintió como si le hubieran tirado un balde de agua fría" simplemente no llegaban a abarcar todo el sentimiento de TaeHyung en el momento.

Era imposible describirlo con palabras.

Y es que esa noche, TaeHyung no tenía miedo, sino terror.

Sus ojos no dejaban de observar las manecillas del reloj mientras ansiaba que el tiempo se detuviera por un ínfimo momento. Acarició su vientre, su cachorrito estaba ahí. Aún le costaba asimilar que una vida estuviera formándose dentro de él, pues no lo había planeado, ni siquiera tuvo el deseo de tenerlo, pero se había encariñado con él.

Observó detenidamente la puerta y luego al reloj nuevamente, a través del lazo supo que el alfa estaba cerca. Odiaba a ese hombre, era el señor de sus pesadillas.

Cuando lo tenía cerca sentía que moría. Sentía que una parte de su alma era fragmentada y robada por partes. Su corazón se estrujaba dolorosamente y su anestesia mental comenzaba a hacer de las suyas, después de tanto maltrato físico una noche más no haría la diferencia. El daño mental que le causaba día tras día era mucho peor.

A diferencia de otras noches, la rabia y cansancio de TaeHyung habían llegado a su punto más alto. No intentaría buscar la muerte una vez más, puesto que sus intentos siempre eran saboteados, tampoco intentaría escapar alta la noche, no quería que el alfa le recordará que estaba preso entre sus fauces.

Esa noche de tormenta, haría algo que sobrepasaba los límites.

Sus uñas eran mordidas mientras su pie se movía rítmicamente. Algunos recuerdos del pasado amortiguaban el miedo que lo paralizaba. Se veía a sí mismo, a lado de JungKook y ChangKyun cuando los tres eran felices y corrían por los bosques, retándose mutuamente.

Inocentes cachorros felices. Torpes y felices.

¿En qué momento su paraíso se convirtió en su pesadilla?

No lo sabía. Fue privado de su libertad justo cuando había decidido escapar de su manada. Siempre pensó que ese había sido el más grande error, se había enlazado con el alfa equivocado y ahora lo estaría hasta la muerte.

Una vez que el abrupto abrir de la puerta dejó paso al hombre que había hecho de su vida un infierno por más de cinco años. TaeHyung supo que era hora, que ya era momento de hacer lo que tiempo atrás debió.

Muchos dirán que cometió una locura, un delito. Se alzó contra su alfa y lo atacó con clara intención de matarlo. La lucha no fue por el mismo, sino por su bebé. Esa criaturita que llegó a su vida y que pensaba sería suficiente para tocar el inhumano corazón de ChangKyun. Aquellas ilusiones se quebrantaron cuando el alfa rechazó al cachorro y amenazó con matarlo tan pronto naciera. TaeHyung estaba indispuesto a dejar que se lo arrebataran. Ya le había dadotodo, pero no le daría su bebé.

Esa era la única certeza que tenía.

Salió muy malherido, su lobo estaba muy débil. Falló en su cometido de matarlo, pero al menos logró huir. Escapó como pudo, sangrando, llorando, temblando, sintiendo que en cualquier momento las heridas de su cuerpo lo llevarían al fin.

TaeHyung corrió a ciegas entre la oscuridad del bosque, con las heridas abiertas ardiendo como brasas. Desconoció la distancia y el tiempo, quería creer que si ChangKyun iba por él tardaría en encontrarlo. Su respiración era cortante y resultaba dolorosa, pero no podía deternerse aún.

Tenía delirios. Parecía que las sombras se cerraban a él y que todo ruido del bosque era una potencial amenaza. Le fallaba el discernir si era su imaginación o un perseguidor real. La criatura en su vientre le recordaba que aún seguía vivo y que no estaba solo en esa caótica huída.

De pronto, entre la negrura y la fuerte tormenta, un tenue resplandor se filtró entre el espesor de los árboles. No era la luz fría de la luna, era más una luz cálida. TaeHyung no dudó y se dirigió allá, temiendo que su mente le estuviera jugando mal antes de sucumbir a los brazos de la muerte. Fue el instinto de su lobo el que lo animó a continuar.

Tropezó entre piedras y raíces hasta llegar a una pequeña cabaña, escondida entre la maleza. Emanaba un olor a hierbas, copal y humo. Sin poder resistir más, su cuerpo cayó en medio de las hojas rojizas y secas. Casi oculta, una sediciosa ráfaga de aire frío se estrelló contra su pecho, con su piel malherida, desnuda y en llamas. El dolor era demasiado. Su garganta ardía demasiado para verbalizar.

Una mujer de cabellos plateados se acercó a él. Ese par de ojos brillantes que poseía lo observaron con sorpresa. No le preguntó nada, sólo le extendió la mano y lo ayudó a incorporarse.

—Entra. Por favor, entra —le dijo.

TaeHyung apenas pudo cruzar el umbral de la puerta antes de desvanecerse en el suelo cálido de madera, cerca del fuego. Ella trajo un cuenco con agua y un trapo el cual remojó para comenzar a limpiar las heridas, a las que les aplicó un ungüento que olía a hierba y resinas, pero ardían al contacto con la dermis abierta. Aquella mujer le puso una mano en el vientre, corroborando los signos vitales del cachorro.

—Estás muy malherido —murmuró mientras limpiaba —. Tienes suerte de que tu bebé siga vivo.

TaeHyung sintió un nudo en la garganta, incapaz de responder. La mujer alcanzó un péndulo sobre el vientre que, al estabilizarse, este inició un movimiento giratorio hacia la izquierda.

—El lazo aún arde dentro de ti. Vendrá a buscarlos —sentenció.

—¿Puedes romperlo? —murmuró, apenas audible.

La mujer lo observó con lástima.

—Romperlo no, pero puedo ocultarlo. Él seguirá existiendo en ti, pero no podrá encontrarte, al menos por un tiempo.

—¿Cuánto tiempo? —contestó, débil.

—Lo suficiente para que puedas llegar a tu destino. Unos meses, quizás. Siempre es incierto.

El corazón de TaeHyun se aceleró. Esa era la única oportunidad de mantersano y salvoa su bebé.

—Por favor...

La mujer asintió. Comezó a crear un círculo de velas blancas alrededor de TaeHyung. Colocó cuarzos, incienso, hierbas y piedras que tenían grabadas runas de protección. Empézó a entonar un canto bajo que resonaba en las cuatro paredes de esa cabaña.

Con cada vocablo, TaeHyung sentía como el lazo se tensaba, ardía y volvía a la normalidad. Un dolor punzante irradió por todo su cuerpo, provocándole el llanto que había estado conteniendo desde que entró.

La atmósfera se cargó de energía. La luz de las velas titilaron y el fuego se intensificó. TaeHyung vio chispas brillar sobre su piel, como pequeños insectos de luz. Creyó que el ritual había terminado, hasta que la mujer habló.

—Él seguirá vivo dentro de ti. Podrás sentir todas sus emociones. Si su irá crece, lo sabrás. Si la depresión lo invade, también. Eso te dolerá, pero él no sabrá de ti. No podrá localizarte ni sentirte.

El dolor del ritual cedió, pero le dejó un hueco en el pecho. TaeHyung jadeó, sudoroso y débil mientras la mujer apagaba las velas.

—Descansa —dijo, cubriéndolo con una manta que olía a hierbas frescas —. El bosque y yo cuidaremos de ti lo que sea necesario.

—Gracias. Muchas gracias —susurró.

TaeHyung cerró los ojos y se aferró a su vientre. Por primera vez en muchos años, el miedo no lo ahogaba, aunque sabía perfecto que la guerra no había terminado,apenas comenzaba.

Cuando pensó que la oscuridad lo cubriría, descubrió un espacio sin forma, iluminado por destellosdorados que flotaban a su alrededor. Allí, vio una silueta que cobraba sentido a medida que se acercaba a ella. Alto, pero no más que él, de andar sereno y ese aroma inconfundible a sándalo y pino que percibió incluso en el sueño y le llenó el alma de nostalgia.

—JungKook... —susurró.

El alfa giró hacia él, sonriendo e iluminándole la existencia con ese simple acto. Se sentía como si no hubiera pasado un solo día desde que se vieron por última vez. La calidez de su mirada decía lo suficiente. Quiso correr hacia el alfa, pero el suelo parecía arena movediza y le impedía avanzar. Luchaba, forcejeaba, pero más se hundía. JungKook se acercó y le extendió la mano. TaeHyung sintió el roce cálido de sus dedos en los suyos.

—Ven a mí... —TaeHyung le suplicó con la voz quebrada.

—La luna nos guiará de vuelta al otro.

JungKook se desvaneció y el frío volvió de golpe. TaeHyung despertó con lágrimas frescas, un vació en el pecho, pero también con una sensación.Quizá era la certeza de saber a dónde ir.

Se incorporó lentamente. El cuerpo lo sentía tan pesado y adolorido. Notó que algunas de sus heridas estaban vendadas, al menos las más profundas. Se quejó. El aroma a comida caliente pronto se coló en sus fosas nasales. Vio a su alrededor, un conjunto de prendas estaba a lado de él. Suspiró aliviado. La mujer parecía estar atenta a lo que estuviera cocinando frente al fuego.

—Tuviste un sueño —afirmó.

TaeHyung apretó la manta contra su pecho.

—Vi a un viejo amigo.

La mujer sonrió, no sorprendida, ella lo sabía.

—El ritual movió energía y abrió caminos. Donde queda el vacío del dolor, es donde los lazos verdaderos tienen espacio para aparecer o reaparecer.

TaeHyung suspiró.

—Sea quien sea, aún te sueña. Ninguno de los dos ha abandonado la búsqueda, sus lobos quieren encontrarse —afirmó.

—Debo irme ahora.

—Debes descansar primero. No cualquiera se alza contra un alfa y sobrevive —añadió, poniéndole enfrente un tazón de madera con sopa caliente —. El camino será largo y tendrás un bebé. Come —ordenó.

TaeHyung se quedó en silencio, acariciando su vientre.

De pronto, su lazó ardió y su cuerpo se erizó. Lo supo de inmediato: era ChangKyun. El vínculo le dolía como si tensaran una cuerda. Esa presión sofocante en el pecho le hizo saber que se trataba de la furia del alfa.

Por otro lado, la noche en el territorio de ChangKyun fue densa y llena de caos. El alfa estaba sentado en su escritorio vendando las heridas en sus brazos. Sus movimientos eran toscos. En su mente repetía la manera en que había sido derribado, las garras de ese omega atravesándolo y obligándolo a ceder por un instante. Nunca sabría como TaeHyung había peleado con una fuerza que no le correspondía a su especie.

Un gruñido escapó de su ser.Las cosas no se iban a quedar así.

ChangKyun llevaba horas sintiendo algo extraño en el lazo. Al principio pensó que era el dolor de TaeHyung. Pero, cuando quiso rastrearlo, esa conexión se volvió tenue y débil, como si algo la cubriera.

Golpeó la mesa. Tenía la respiración descontrolada, los comillos asomándose debido a la furia. No le importaban las heridas que TaeHyung pudiera cargar —que a decir verdad, se aseguro que fueran suficientes para ocasionarle una muerte muy dolorosa, si es que pasaba—, tampoco el bebé que crecía en su vientre. No. Lo único que importaba era que había osado enfrentarlo.

¿De dónde había encontrado la fuerza para desafiarlo?

La respuesta no le importaba, sólo la venganza que llevaría a cabo.

El aire del estudio era difícil de respirar, cargado de feromonas que delataban el estado fúrico del alfa. ChangKyun se dejó caer en la gran silla. Frente a él, sobre la mesa, un tablero de ajedrez esperaba, piezas negras contra blancas en diferentes posiciones.

Sus dedos rozaron un alfil, luego un peón, pensaba en el siguiente movimiento. Finalmente, tomó el caballo negro y lo deslizó con suavidad hasta atrapar al rey blanco.

“Jaque mate”,bufó para él mismo.

—TaeHyung, TaeHyung, TaeHyung... No importa donde te escondas, ni quien te proteja, te voy a encontrar.

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