Capítulo 1 "En Blanco y Negro
El sonido de la pelota de handball retumbaba por todo el gimnasio.
—¡Vamos, Teo!
El marcador mostraba 29-28. Quedaban apenas unos segundos para que terminara el partido clasificatorio. El equipo del Colegio Secundario N.° 721 estaba a un paso de conseguir el pase al torneo intercolegial más importante del país.
Teo, capitán del equipo, sostenía el balón entre sus manos. Respiró hondo y recorrió con la mirada la posición de cada rival. Uno, dos, tres. Con un cambio de dirección dejó atrás al primer defensor, esquivó al segundo y, antes de que el tercero pudiera bloquearlo, saltó. El balón salió disparado con fuerza y se clavó en el ángulo.
30-28.
La chicharra sonó al instante. El gimnasio explotó en gritos.
—¡Clasificamos!
Todos corrieron a abrazarse.
Todos... menos Teo.
Mientras sus compañeros festejaban, él simplemente tomó una botella de agua y se alejó en silencio.
Dentro de la cancha era un líder. El mejor asistidor del equipo. El capitán en quien todos confiaban.
Pero fuera de ella...
Era un chico completamente distinto.
Callado.
Frío.
Distante.
Ni siquiera sus propios compañeros sabían cómo acercarse a él.
Al día siguiente comenzaron las clases. Era el último año de secundaria. Su última oportunidad de graduarse levantando el trofeo del torneo intercolegial.
La preceptora sonrió al entrar al salón.
—Buenos días, chicos. Qué alegría volver a verlos. Parece mentira que ya estén en el último año...
Algunos alumnos rieron. Otros conversaban entre ellos. La mujer respiró hondo antes de continuar.
—Y antes de empezar, quiero presentarles a una nueva compañera.
Una chica dio un paso al frente. Cabello oscuro, una sonrisa cálida y una expresión algo nerviosa.
—Mucho gusto. Mi nombre es Ume Hernández. Espero llevarme bien con todos.
Los murmullos comenzaron enseguida.
—Qué linda...
—Parece buena onda.
—Ojalá se siente conmigo.
La preceptora sonrió.
—Podés elegir cualquier lugar que esté libre.
Ume recorrió el aula con la mirada. Solo había un asiento vacío: el del primer banco, junto a la ventana. Se acomodó allí y comenzó a sacar sus útiles.
En ese momento la puerta volvió a abrirse.
—Buen día.
Todo el salón giró la cabeza. Era Teo.
—Buen día, Teo. Llegás un poco tarde, pero imagino que todavía deben estar cansados por el partido de ayer. Felicitaciones por la clasificación.
Teo solo hizo un leve movimiento con la cabeza. No dijo una sola palabra. Caminó hacia su asiento habitual y, al ver a Ume sentada allí, se detuvo.
Por un instante, ambos cruzaron miradas.
—Profe... voy a buscar otra mesa.
Ume bajó lentamente la vista. *¿Tan mal le cayó que me sentara acá?*
La preceptora negó con la cabeza.
—No hace falta. Ya es tarde. Sentate con ella.
Teo soltó un suspiro casi imperceptible. Sin discutir, tomó asiento.
Hubo unos segundos de silencio. Entonces Ume reunió valor.
—Hola... mucho gusto.
Teo giró apenas la cabeza.
—Hola.
Solo eso. Ni una sonrisa. Ni una pregunta. Ni una mirada más.
Ume pensó que simplemente era un chico maleducado. Pero alrededor del salón comenzaron a escucharse algunos murmullos.
—Pobre...
—Le tocó sentarse con Teo...
—No le va a dirigir la palabra en todo el año.
Ume volvió a mirar de reojo a su nuevo compañero. No parecía enojado. Tampoco arrogante. Solo... como si hubiera construido un muro entre él y el resto del mundo.
Sin saber por qué, sintió curiosidad.








