Protocolo by johtz456 at Inkitt
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Protocolo

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Summary

Cuando una serie de acontecimientos extraños comienza a relacionarse entre sí, un grupo de agentes se ve envuelto en una investigación cada vez más difícil de comprender. Lo que parecía ser una serie de casos aislados empieza a revelar patrones, personas que no deberían estar involucradas y lugares que oficialmente no existen.

Genre
Mystery
Author
johtz456
Status
3h ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Era una noche oscura y tormentosa, el viento soplaba con fuerza entre los árboles, haciendo crujir sus ramas como si algo se escondiera entre ellas. La lluvia caía sin descanso sobre la carretera, formando pequeños ríos que se deslizaban por el asfalto. Una espesa niebla cubría el camino y apenas permitía distinguir lo que había unos metros más adelante.

Un automóvil avanzaba por la carretera.

Sus faros cortaban parcialmente la niebla mientras el motor rugía bajo la lluvia.

Al volante se encontraba el Agente 91.

Mantenía ambas manos sobre el volante y la mirada fija en el camino. Cada cierto tiempo observaba el retrovisor, revisando que nadie los siguiera.

A su lado viajaba la Agente 78.

Permanecía en silencio mientras sostenía una vieja maleta sobre sus piernas. No la había soltado desde que habían comenzado el viaje.

Ambos eran agentes experimentados, no necesitaban hablar constantemente para coordinarse. Después de tantas operaciones, habían aprendido a comunicarse con pocas palabras y a interpretar cada movimiento del otro.

Sin embargo, aquella misión tenía algo extraño, habían recibido instrucciones demasiado simples, recuperar un disco duro, transportarlo hasta un pequeño pueblo y entregarlo a un contacto.

No habían recibido información sobre el contenido del dispositivo ni sobre la identidad de la persona que lo necesitaba.

Solo debían cumplir la misión.

El Agente 91 rompió finalmente el silencio.

—¿Cuánto falta?

La Agente 78 miró el mapa que tenía en las manos.

—Veinte minutos.

—Demasiado tiempo.

—¿Esperabas llegar antes?

—Esperaba que esta misión fuera sencilla.

LaAgente 78 levantó ligeramente la mirada.

—Nunca lo son.

El Agente 91 no respondió.

Continuó conduciendo.

Durante unos minutos solo se escucharon la lluvia y el motor del automóvil, entonces, unas luces aparecieron detrás de ellos.

El Agente 91 las observó a través del retrovisor.

Un vehículo se acercaba rápidamente.

—Tenemos compañía.

La Agente 78 giró la cabeza.

Las luces se hicieron más visibles entre la niebla, Entonces comenzaron a escucharse las sirenas.

—¿Policía?

—No.

El Agente 91 aumentó la velocidad.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque una patrulla no intentaría alcanzarnos de esa manera.

El vehículo perseguidor aceleró.

El Agente 91 mantuvo el control del automóvil mientras esquivaba los charcos y las ramas que habían caído sobre la carretera.

—Parece que saben lo que llevamos.

—Probablemente.

—¿Alguna idea?

La Agente 78 observó el camino, más adelante, la carretera se dividía en dos.

El camino principal continuaba hacia el pueblo.

A la derecha había un sendero estrecho que se internaba en un bosque.

—Derecha.

El Agente 91 giró inmediatamente.

El automóvil abandonó la carretera principal y entró en el bosque.

Las ruedas comenzaron a resbalar sobre el barro.

Las ramas golpeaban la carrocería mientras el vehículo avanzaba entre los árboles.

El automóvil que los perseguía tomó el mismo camino.

—Siguen detrás.

—Déjalos acercarse.

El Agente 91 no preguntó.

Conocía demasiado bien las tácticas de su compañera, redujo ligeramente la velocidad, el vehículo enemigo comenzó a acercarse.La Agente 78 abrió la maleta.

Dentro había varios objetos, entre ellos un pequeño artefacto metálico.

Lo tomó.

El Agente 91 lo reconoció inmediatamente.

—¿Eso estaba autorizado?

—No exactamente.

—Perfecto.

La Agente 78 retiró el seguro.

Esperó.

El vehículo enemigo apareció entre los árboles.

—Ahora.

Bajó la ventanilla y lanzó el artefacto hacia atrás.

El Agente 91 aceleró.

Un instante después, una explosión iluminó el bosque, el vehículo perseguidor perdió el control y se estrelló contra un árbol.

El sonido del impacto se mezcló con el estruendo de la tormenta.

El Agente 91 observó el retrovisor.

—Problema resuelto.

—Por ahora.

Continuaron avanzando, ninguno volvió a mencionar la explosión.

Sabían que acababan de eliminar a quienes intentaban detenerlos, lo que no sabían era que aquella persecución había sido exactamente lo que alguien esperaba que ocurriera.


Después de varios minutos, el bosque comenzó a quedar atrás, las luces del pueblo aparecieron entre la niebla, el automóvil entró en las calles vacías y finalmente llegó hasta la plaza principal.

No había nadie.

Excepto un hombre.

Estaba de pie bajo una farola, vestido con una gabardina oscura y un sombrero que ocultaba parte de su rostro. Sostenía un periódico doblado entre las manos.

El Agente 91 apagó el motor.

Ambos descendieron.

El hombre los observó acercarse.

—Buenas noches.

—Buenas noches —respondió la Agente 78.

El hombre extendió una mano.

La Agente 78 le entregó la maleta.

El contacto la tomó.

Después sacó un sobre de su gabardina y se lo entregó al Agente 91.

—Su recompensa.

El Agente 91 tomó el sobre.

El hombre guardó la maleta bajo su gabardina.

—Deben marcharse.

Ninguno respondió.

El contacto se alejó por una de las calles laterales y desapareció entre la niebla.

El Agente 91 observó el sobre.

—Algo no encaja.

—Ábrelo.

Rompió el sello, dentro no había dinero.

Había dos fotografías.

Tomó la primera.

Era una fotografía del Agente 91.

La segunda correspondía a la Agente 78.

Sobre ambas fotografías había una cruz roja.

Debajo de cada una aparecía una sola palabra.

ELIMINAR.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

El Agente 91 levantó la mirada.

La Agente 78 hizo lo mismo.

Ya no necesitaban explicaciones.

La misión había sido una trampa.

No habían sido enviados a entregar el disco duro, habían sido conducidos hasta aquel lugar para ser eliminados.

El Agente 91 dejó caer las fotografías sobre el suelo.

Ambos llevaron lentamente las manos hacia sus armas.

No hubo discusión.

No hubo dudas.

Ambos conocían las reglas de su profesión.

Si la orden decía eliminar, solo existía una salida.

Morir.

Se apuntaron mutuamente.

Sus miradas permanecieron fijas.

Y dispararon al mismo tiempo.

Clic.

Nada.

No hubo disparos.

El silencio de la plaza regresó.

El Agente 91 revisó inmediatamente su arma.

El cargador estaba vacío.

La Agente 78 comprobó la suya.

También estaba vacía.

—¿Qué demonios...?

Antes de que pudieran reaccionar, una voz comenzó a escucharse desde algún lugar de la plaza.

Una voz femenina.

Joven. Su tono era burlón.

—Hola.

Ambos levantaron la mirada y buscaron el origen del sonido.

—Espero que hayan disfrutado de su pequeño juego.

El Agente 91 sacó un segundo cargador de su equipo.

También estaba vacío.

—Porque eso es exactamente lo que ha sido —continuó la mujer—. Un juego que diseñé especialmente para ustedes.

La Agente 78 observó los edificios.

—¿Quién eres?

La mujer soltó una pequeña carcajada.

—La persona que los contrató para robar el disco duro.

Ambos se quedaron inmóviles.

—La que les envió las fotografías.

La voz hizo una pausa.

—La que puso la orden de eliminación.

Otra pausa.

—Y la que retiró las balas de sus armas.

El Agente 91 apretó los dientes.

—Nos has estado siguiendo.

—Desde el principio.

La mujer parecía disfrutar cada segundo.

—Vi cómo recibieron la misión. Vi cómo recuperaron el disco. Vi cómo huyeron de los agentes que envié tras ustedes. Incluso observé cómo llegaron hasta este pueblo.

—¿Por qué?

La mujer volvió a reír.

—Porque podía hacerlo.

Su tono cambió.

—Porque estaba aburrida.

La Agente 78 miró hacia una de las cámaras de seguridad instaladas en un edificio.

—¿Todo esto por diversión?

—Exactamente.

La mujer soltó una carcajada.

—Me gusta jugar con la vida de las personas. Y ustedes resultaron ser unos jugadores bastante obedientes.

El Agente 91 levantó nuevamente su arma.

—Cuando te encontremos...

—No lo harán.

—Ya veremos.

—No, no lo harán.

La mujer hizo una breve pausa.

—Además, ya no me sirven.

La transmisión comenzó a llenarse de interferencias.

—Así que creo que es hora de terminar el juego.

La Agente 78 miró el sobre que había quedado en el suelo.

Algo no estaba bien.

—Esperen...

Demasiado tarde.

La voz femenina pronunció sus últimas palabras.

—Adiós, agentes.

La comunicación se cortó.

Un segundo después...

BOOM.

El sobre explotó.

La onda expansiva lanzó a ambos agentes al suelo.

El Agente 91 cayó contra el pavimento mientras que la Agente 78 fue arrojada varios metros.

Fragmentos de papel y metal salieron disparados por toda la plaza.

El humo comenzó a cubrirlo todo.

El Agente 91 intentó incorporarse.

Una herida sangraba en su brazo y varias quemaduras cubrían parte de su ropa.

—Agente 78.

No recibió respuesta.

Miró entre el humo.

—Agente 78.

Después de unos segundos, el otro agente consiguió ponerse de pie.

—Estoy viva.

—¿Puedes caminar?

—Sí.

El Agente 91 se levantó.

—Entonces nos vamos.

Ambos recogieron sus armas y abandonaron la plaza, no sabían quién era aquella mujer, no sabían cómo había conseguido información sobre ellos y tampoco sabían por qué había decidido dejarlos con vida, pero una cosa estaba clara, aquello no había terminado.


Horas después llegaron a la ciudad.

Encontraron un pequeño hotel en una zona poco transitada y alquilaron una habitación utilizando identidades falsas. Una vez dentro, cerraron la puerta y comenzaron a revisar sus heridas.

Ninguna era mortal.

El Agente 91 se vendó el brazo mientras la Agente 78 revisaba el resto del equipo que habían conseguido conservar después de la explosión.

Poco a poco, ambos comprendieron algo, la maleta ya no estaba con ellos, el disco duro tampoco.

Habían entregado ambos al hombre de la gabardina.

El Agente 91 dejó sobre la mesa las fotografías parcialmente quemadas que había logrado recoger de la plaza.

—Perdimos el disco

La Agente 78 observó las fotografías.

—No. Lo entregamos.

—Y ese era precisamente el objetivo.

Ambos guardaron silencio.

La mujer había dicho que los había contratado para robar el disco duro. Sin embargo, nunca les había dicho para quién era ni qué contenía.

Ahora que habían descubierto que todo había sido una trampa, aquella información adquiría un nuevo significado.

—¿Crees que el contacto estaba trabajando para ella? —preguntó el Agente 91.

—Es lo más probable.

—Entonces el disco ya está en sus manos.

La Agente 78 negó lentamente con la cabeza.

—No necesariamente.

El Agente 91 lo miró.

—Explícate.

—Si esa mujer realmente controlaba toda la operación, habría tenido una forma de recuperar el disco sin necesidad de exponerse.

—El hombre de la gabardina.

—Exacto.

El Agente 91 volvió a mirar las fotografías.

—Entonces tenemos que encontrarlo.

—Y descubrir quién está detrás de él.

El Agente 78 se levantó de la silla.

—¿Conoces a alguien que pueda rastrearlo?

El Agente 91 permaneció pensativo unos segundos.

—Sí.

—¿Quién?

—Un especialista.

—¿Puede encontrarlo?

—Si todavía existe algún rastro digital de la operación, probablemente.

—Entonces vamos.

El Agente 78 recogió las fotografías y las guardó cuidadosamente.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—La mujer dijo que nos había estado observando desde el principio.

El Agente 91 se detuvo.

—Entonces también sabe que sobrevivimos.

—Exactamente.

Ambos se miraron durante unos segundos, ya no se trataba únicamente de recuperar un disco duro.

Ahora necesitaban descubrir quién había organizado toda la operación, quién era la mujer que los había manipulado y, sobre todo, qué contenía aquel dispositivo que parecía ser tan importante.

El Agente 91 abrió la puerta.

—Vamos a encontrar al contacto.

El Agente 78 salió detrás de él.

La puerta se cerró.

Ninguno de los dos sabía que, en ese mismo momento, el hombre de la gabardina se encontraba en otro punto de la ciudad y sobre una mesa frente a él estaba la maleta.

Dentro se encontraba el disco duro.

El hombre recibió una llamada.

—¿Lo tienes?

—Sí.

—¿Y los agentes?

El hombre miró por la ventana.

—Siguen vivos.

Hubo silencio al otro lado de la línea.

Después, la misma voz femenina que había hablado con los agentes respondió:

—Perfecto.

La llamada terminó.

El hombre abrió la maleta y observó el disco duro, no tenía idea de lo que contenía, pero alguien estaba dispuesto a matar por él y eso solo podía significar una cosa, el verdadero objetivo de aquella misión todavía no había comenzado.

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1. Capítulo 1
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