Customize readability
Aa

La Profecía De Los Dos Reinos

All Rights Reserved ©

Summary

La Profecía de los Dos Reinos En un mundo lejano gobernado por dos poderosos reinos, el Reino del Caos, dirigido por el Rey Demonio, y el Reino de la Paz y la Abundancia, gobernado por el Rey de las Hadas, una guerra de siglos termina en una frágil tregua. Entre ambos reinos nace un tercer territorio, donde la magia oscura y la magia de luz pueden coexistir. Pero su nuevo rey traiciona el pacto y encierra a ambos soberanos para robarles su poder. Antes de ser encarcelados, los dos reyes anuncian una profecía: un niño con un poder jamás visto llegará para unirlos y derrotar al verdadero enemigo. Así comienza la aventura del Heredero de los Dos Reinos.

Genre
Adventure
Author
Luis
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

LOS DOS REINOS

Mucho antes de que los frágiles humanos aprendieran a grabar sus historias en piedra o pergamino, existió un mundo oculto y vasto, esculpido en los pliegues del tiempo, más allá de las cordilleras que bordeaban el mundo conocido y lejos de los mares donde las cartas náuticas terminaban en abismos de tinta y advertencias.

Su nombre era Eldoria.

Era un mundo antiguo, salvaje y absoluto, gobernado por las leyes primordiales de la magia.

En Eldoria, la naturaleza respiraba con conciencia propia. Los árboles centenarios podían vivir durante milenios, guardando en el anillo de sus cortezas los secretos y los nombres de quienes habían exhalado su último suspiro bajo sus ramas. Los ríos no seguían la gravedad, sino los caprichos de una tierra cuyas corrientes energéticas se alteraban con el humor del continente. En el corazón de las montañas se ocultaban ciudades subterráneas talladas en cuarzo y obsidiana, y durante las noches sin luna, el cielo se rasgaba con el vuelo majestuoso de criaturas aladas que desafiaban las estrellas.

Los duendes habitaban los oscuros y profundos bosques, tejiendo trampas de musgo y raíces.

Los gigantes dormían el sueño de las eras bajo las montañas, tan inmóviles que sus cuerpos se habían transformado en cumbres nevadas.

Y los dragones, señores indiscutibles de los cielos, protegían territorios inexplorados que ningún ejército mortal o inmortal se atrevía a cruzar.

Pero en las simas más profundas de la tierra, donde la luz jamás había penetrado, existían cosas peores que la muerte: criaturas primigenias que dormían un sueño inquieto y que jamás debían ser despertadas.

A pesar de su magnificencia, Eldoria nunca fue un remanso de paz universal.

Desde tiempos tan remotos que la memoria de los dioses se había vuelto difusa, aquella tierra vibraba fracturada, dividida entre dos fuerzas colosales que competían por el dominio absoluto.

Dos reinos.

Dos coronas de poder implacable.

Dos filosofías radicalmente opuestas sobre la naturaleza y el uso de la magia.

Y dos reyes cuyo odio mutuo era una caldera de rencor capaz, literalmente, de incendiar el mundo.

EL REINO DEL CAOS

Al este de Eldoria, más allá de la línea donde el horizonte se manchaba de hollín, comenzaba un dominio donde el sol parecía perder su fuerza, devorado por una neblina perpetua.

Era el temido Reino del Caos.

Sus fronteras naturales estaban custodiadas por cordilleras dentadas, volcanes activos que vomitaban ceniza constante y enormes barrancos de azufre que parecían conducir directamente a las entrañas del inframundo. El suelo era de un negro carbón, tan fértil para la destrucción como estéril para la vida, y en muchas regiones se podía sentir el latido ardiente de la tierra hirviendo bajo las suelas de las botas.

Los árboles de aquella geografía maldita crecían grotescamente torcidos.

Sus ramas desnudas se extendían hacia el cielo plomizo como garras desesperadas implorando un perdón que nunca llegaría.

Durante el día, enormes aves de plumaje negro azabache y ojos incandescentes planeaban sobre las ciudadelas fortificadas; y cuando la noche caía, lenguas de fuego rojo y violeta brotaban de las fisuras de las montañas como venas abiertas.

Sin embargo, lo verdaderamente aterrador del reino no era su geografía hostil.

Eran sus habitantes.

Demonios de piel escamosa, brujos hechiceros consagrados a artes prohibidas, guerreros de las sombras que caminaban sin emitir sonido, bestias nacidas de la fusión del fuego y maldiciones ancestrales convivían bajo la bandera negra del estandarte real.

En el centro geográfico de aquella pesadilla de piedra se levantaba una fortaleza titánica.

El Castillo de Azrakar.

Sus torres perforaban las nubes de tormenta, construidas con bloques de una piedra volcánica tan oscura que parecía devorar la luz del entorno, proyectando una sombra perpetua sobre el valle circundante.

Allí gobernaba con mano de hierro Azrakar, el Rey Demonio.

Azrakar era, sin discusión, uno de los seres más antiguos y devastadores de todo el continente de Eldoria.

Su corona no estaba hecha de oro frágil, sino de hierro negro arrancado del cráter de un volcán extinto, y los inmensos salones de su trono se hallaban iluminados por antorchas perpetuas de un fuego azul y frío que congelaba el alma de los incautos.

Su ejército infundía un terror tan profundo que incluso los dragones preferían migrar antes que rozar sus fronteras.

Los guerreros demoníacos marchaban a la guerra enfundados en armaduras de aleaciones oscuras y carmesí. Algunos poseían la habilidad de mutar sus cuerpos en formas monstruosas y descomunales; otros canalizaban la furia elemental del fuego, dominaban las sombras para estrangular desde la distancia o invocaban los espíritus atormentados de los caídos.

Pero Azrakar no se sostenía en el poder únicamente mediante el yugo de la fuerza bruta.

Gobernaba porque su pueblo creía ciegamente en su causa.

Para los hijos y servidores del Reino del Caos, la oscuridad no constituía una enfermedad ni un pecado: era la forma más pura del poder.

Estaban convencidos de que la magia no debía tener cadenas, ni normas morales, ni restricciones éticas.

Creían firmemente que el universo pertenecía al más fuerte, y que quien poseyera la destreza y la voluntad necesarias tenía el derecho incuestionable de doblegar la realidad a su capricho.

Y Azrakar, con una ambición tan vasta como sus dominios, estaba dispuesto a demostrar que su filosofía oscura merecía regir sobre todo Eldoria.

EL REINO DE LA PAZ Y LA ABUNDANCIA

Al extremo opuesto del continente, cruzando llanuras de bruma dorada, se extendía una realidad de ensueño, un remanso de luz viviente.

El Reino de la Paz y la Abundancia.

Sus bosques parecían arrancados de una dimensión celestial.

Los árboles eran colosos arbóreos cuyas hojas exudaban un brillo iridiscente en tonos dorados y plateados, meciéndose al compás de una brisa que siempre olía a jazmín y rocío matutino. Las flores del suelo alfombraban los senderos con bioluminiscencia, iluminando el paso de los viajeros durante las noches más oscuras, mientras diminutos arroyos de aguas cristalinas arrastraban partículas de luz pura flotando sobre la superficie como polvo estelar.

Las ciudades no habían sido excavadas ni levantadas mediante la piedra fría; crecían en total armonía simbiótica alrededor de árboles milenarios.

Las torres de las altas jerarquías brillaban como cristal tallado por los dioses.

Los puentes colgantes que unían los desfiladeros parecían tejidos con raíces vivientes que obedecían la voluntad de sus artífices.

Y pequeñas criaturas mágicas —hadas de alas traslúcidas, ninfas cantarinas y espíritus guardianes— revoloteaban bulliciosas en cada rincón del paisaje.

En el corazón vibrante de este reino se erigía Aelwyn, la deslumbrante ciudad de las mil luces.

Coronando la cima de sus estructuras más altas se alzaba el palacio de Aelion, el Rey de las Hadas y los Elfos de la Luz.

Aelion era venerado por su pueblo bajo el título sagrado del Guardián de la Vida.

Su magia poseía una potencia creadora inigualable: con un simple gesto de sus manos podía hacer germinar y madurar un bosque espeso en cuestión de minutos, sanar los tejidos más destrozados de un cuerpo moribundo o despertar a árboles ancianos que llevaban siglos sumidos en un sueño profundo.

Para su gente, la magia era el regalo supremo del cosmos.

Y un regalo de semejante magnitud, de acuerdo con sus estrictos códigos morales, debía emplearse exclusivamente para proteger, nutrir y preservar la existencia.

Por esta razón, para los habitantes de la luz, la magia negra practicada en el este no era una alternativa cultural: era una abominación intolerable, una amenaza directa al equilibrio del mundo.

Y, en reciprocidad, para los señores del Reino del Caos, aquellas leyes restrictivas y pacifistas representaban una hipocresía intolerable, una prisión moral que asfixiaba el verdadero potencial de la magia.

La brecha ideológica y territorial entre ambos pueblos crecía de manera inexorable, alimentada por la desconfianza mutua.

Hasta que, en una madrugada fatídica…

la frágil paz se rompió para siempre.

LA PRIMERA GUERRA

Nadie ha podido consignar jamás con exactitud milimétrica quién disparó la primera flecha o lanzó el primer conjuro de destrucción.

Los anales e historiadores de ambos bandos se contradicen con vehemencia.

Los demonios juran que fueron las tropas de las hadas quienes cruzaron la frontera con intenciones de purga.

Las hadas sostienen que fueron las huestes del Caos quienes lanzaron la emboscada inicial sobre sus puestos avanzados.

Pero de lo que nadie dudaba, porque todos lo grabaron a fuego en su memoria, era de las señales inequívocas del inicio del fin.

El cielo de Eldoria, de repente, se tornó de un rojo sangre turbio y espeso.

Los tambores de guerra, tañidos con pieles de bestias colosales, comenzaron a resonar retumbando en las profundidades de los valles.

Y los ejércitos marcharon al matadero.

Desde las cumbres oscuras del este descendió una marea implacable de miles de guerreros del Reino del Caos.

Demonios enfurecidos, empuñando espadas de hierro negro forjado con almas, pisotearon sin piedad los bosques sagrados.

Criaturas acorazadas de fuerza titánica derribaron con arietes mágicos las murallas de las ciudades fronterizas, reduciendo a polvo milenios de arquitectura viviente.

Los hechiceros oscuros elevaron tempestades de ceniza y rayos negros que bloquearon por completo el sol durante semanas enteras.

Desde el oeste, la respuesta de Aelion no se hizo esperar.

Los bosques ancestrales respondieron al llamado de su rey, cobrando una furiosa vida propia.

Las raíces de los árboles arrancaron la tierra con estruendo, atrapando y aplastando a los soldados enemigos como si fueran juguetes rotos.

Los magos de la luz hicieron llover rayos de energía pura y cegadora sobre las vanguardias enemigas.

Dragones dorados, guardianes ancestrales de la luz, descendieron en picada desde las montañas escupiendo fuego purificador.

Y por primera vez en incontables siglos de historia…

la magia de la luz y la magia de la oscuridad chocaron en un cataclismo frontal.

El impacto desatado fue tan descomunal que partió las cadenas montañosas en dos.

Los ríos principales cambiaron violentamente de curso al evaporarse sus cauces.

Bosques enteros de la franja neutral desaparecieron del mapa, convertidos en yermas llanuras de ceniza y cristal.

Durante meses interminables, Eldoria entera ardió en llamas.

Sin embargo, aquella carnicería sin vencedores claros no sería la última contienda.

Fue, tristemente, tan solo la primera.

SIGLOS DE SANGRE

La guerra se perpetuó a lo largo de las generaciones, convirtiéndose en el único estilo de vida que conocían los habitantes de ambos reinos.

Cuando un rey caía en el campo de honor, otro ocupaba su vacante con un corazón aún más sediento de venganza.

Cuando un ejército entero quedaba aniquilado, los cuarteles de reclutamiento formaban nuevas legiones en tiempo récord.

Cuando una ciudad caía bajo el asedio, otra levantaba murallas más altas y torres más afiladas en respuesta.

Los niños de Eldoria crecían arrullados por canciones de cuna sobre enemigos sanguinarios a los que jamás habían visto en persona, pero a los que ya aborrecían desde la cuna.

En el este, los demonios enseñaban a sus crías a odiar la luz y la fragilidad de las hadas.

En el oeste, las hadas inculcaban a sus descendientes un pánico visceral hacia los horrores del Caos.

Así, el odio mutuo se institucionalizó, transformándose en la tradición más sólida de todo el continente.

Las fronteras de Eldoria quedaron reducidas a un paisaje desolado de trincheras, ruinas humeantes y campos de batalla perpetuos.

Hubo efemérides trágicas que quedaron grabadas en la memoria colectiva con nombres infames:

Como La Noche de los Mil Dragones, una conflagración aérea donde criaturas aladas de ambos bandos colmaron la bóveda celeste en una masacre tan densa que el sol permaneció oculto tras plumas, escamas y humo durante tres días enteros.

Como La Caída del Bosque Eterno, el día en que una división suicida del Caos prendió fuego con alquitrán maldito a uno de los pulmones vegetales más antiguos y sagrados de Eldoria, reduciendo a pavesas milenios de historia natural.

Y, finalmente, llegó el clímax absoluto: La Batalla de las Siete Montañas.

Fue en ese escenario apocalíptico donde ambos soberanos, consumidos por el ansia de victoria, estuvieron a un solo paso de destruirse mutuamente y llevarse al planeta entero por delante.

Azrakar irrumpió en el valle central rodeado por su guardia personal de élite y legiones de demonios de fuego.

Aelion descendió de los cielos envuelto en una aureola cegadora, flanqueado por los más poderosos guardianes de la naturaleza.

El enfrentamiento duró horas que parecieron eternas.

La tierra temblaba bajo sus pies con la intensidad de un terremoto global.

El cielo se abrió en fisuras de energía multicolor.

Montañas enteras se derrumbaron sobre los ejércitos como castillos de naipes.

Los hechizos definitivos de ambos reyes chocaban una y otra vez en un choque estelar que amenazaba con desgarrar la realidad.

Hasta que ocurrió lo que ninguno de los dos estrategas había previsto en sus cálculos de victoria.

La inmensa cantidad de energía mágica liberada de forma descontrolada durante la confrontación penetró y saturó el mismísimo núcleo vital de Eldoria.

La tierra comenzó a morir en tiempo real.

Los manantiales se secaron, dejando lechos de barro agrietado.

Los bosques milenarios empezaron a marchitarse y pudrirse en cuestión de segundos, convirtiéndose en polvo gris.

Incluso los dragones, aterrorizados por el colapso del mundo, abandonaron masivamente sus nidos ancestrales, huyendo hacia dimensiones o tierras más allá del alcance de la catástrofe.

Por primera vez en sus largas y orgullosas vidas, Azrakar y Aelion comprendieron una verdad aterradora: no estaban ganando nada.

Estaban destruyendo sistemáticamente el mismo mundo que ambos ambicionaban gobernar.

EL PACTO

Las hostilidades cesaron de golpe. La guerra finalmente terminó.

No porque uno de los bandos hubiera doblegado al otro en el campo de batalla.

Sino porque ambos contendientes estaban exánimes, exhaustos y demasiado debilitados para sostener una espada o pronunciar un conjuro complejo.

Azrakar había perdido a más de la mitad de su ejército de élite y sus arcas de poder mágico estaban al límite.

Aelion había visto caer a miles de sus leales guardianes y sus bosques sagrados agonizaban.

Eldoria entera yacía cubierta de escombros humeantes y ruinas humeantes.

Los campos de cultivo estaban atestados de armas oxidadas y estandartes pisoteados por el barro.

Las otrora gloriosas ciudades se hallaban reducidas a cenizas y escombros.

Y los antiguos bosques primigenios jamás volverían a recuperar su esplendor original.

Sin ejércitos que comandar ni mundos prósperos que heredar, los dos reyes rivales se encontraron cara a cara en la línea de demarcación de la frontera.

No trajeron escoltas.

No portaban armas de combate.

Llevaron únicamente el peso de sus coronas maltrechas.

Permanecieron en un silencio sepulcral durante un tiempo interminable, contemplando el páramo gris que habían engendrado.

Finalmente, con voz quebrada por el peso de la catástrofe, Aelion rompió el hielo.

—Si continuamos por este camino, ya no quedará ningún mundo que gobernar.

Azrakar giró lentamente el rostro para contemplar las tierras calcinadas que se extendían a su alrededor.

Por primera vez en milenios de hostilidades, ninguno de los dos reyes refutó las palabras del otro.

Fue entonces cuando sellaron el Pacto de Eldoria.

Acordaron esculpir un territorio neutral situado estrictamente entre ambos reinos.

Un santuario fronterizo donde la magia oscura del este y la magia de la luz del oeste pudieran coexistir en frágil armonía sin destruirse mutuamente.

Estipularon reglas inquebrantables:

Ningún ejército armado podría cruzar sus fronteras bajo pena de muerte inmediata.

Ningún rey, ni del Caos ni de la Abundancia, podría reclamar soberanía sobre este suelo.

Y ambos reinos tendrían la obligación histórica de protegerlo como el corazón latiente de la concordia.

De este modo titánico comenzó la construcción del Tercer Reino.

Miles de criaturas sobrevivientes llegaron desde ambas esquinas del continente para aportar su esfuerzo.

Los demonios y herreros del este levantaron sólidas murallas de contención.

Las hadas y los elfos hicieron florecer vergeles y jardines protegidos.

Los duendes excavaron caminos comerciales seguros y aldeas integradas en el entorno.

Los hechiceros de ambas facciones unieron sus saberes para tejer caminos mágicos que comunicaran los rincones más alejados.

Durante un tiempo prudencial, los habitantes de Eldoria creyeron, con la inocencia de los náufragos, que finalmente habían encontrado una paz duradera.

Pero en los recovecos más oscuros del mundo, alguien observaba agazapado.

Alguien que no contemplaba el Tercer Reino como un símbolo luminoso de paz y reconciliación.

Lo miraba con ojos calculadores, vislumbrándolo como la oportunidad definitiva.

Porque mientras Azrakar y Aelion creían estar construyendo un puente de unión indestructible entre sus pueblos…

en realidad estaban construyendo algo infinitamente más peligroso.

Un crisol perfecto donde las dos magias más poderosas, volátiles y destructivas de todo Eldoria podían volver a reunirse en un mismo espacio.

Y algún día, cuando las condiciones fueran propicias…

alguien intentaría poseerlas a ambas para convertirse en el dios absoluto de la creación y la ruina.

Mucho tiempo después, cuando el peligro latente finalmente rasgara el velo del engaño y se revelara ante la faz del continente, los dos reyes recordarían con pavor una profecía olvidada.

Una profecía críptica que había circulado en susurros por los callejones más oscuros y los templos más antiguos.

Hablaba de un niño.

Un niño nacido de una estirpe insólita, portador de un poder que no pertenecía por completo a la deslumbrante luz…

ni tampoco habitaba totalmente en las profundidades de la oscuridad.

Un niño predestinado a realizar lo que ningún monarca, sabio o hechicero había conseguido durante siglos de sangre y fuego:

unir de verdad los dos reinos bajo un solo destino.

Pero para que aquella profecía milenaria pudiera cumplirse y el ciclo se cerrara…

primero, Eldoria tendría que derrumbarse y caer en el abismo una vez más.

Let Luis know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Wolf's Mate

Victoria: Hi,I analyzed your work, and I think it has a very unique and engaging storytelling style. The way you present your ideas and emotions really stands out. By the way are you currently working on any other stories or writing projects?

Read Now
Bloodlines

Ku_Rolet: The novel was good, and I really enjoyed reading it. I love the leads and their bond, but I have one question that confused me. How could Tristan have been dreaming about his mate since he was a child if Omara was already mated to someone else before him? If Kyle had accepted Omara, would Tristan ne...

Read Now
Claimed By The Wrong Prince

Sasha: What a beautiful story, he was the perfect prince

Read Now
The Mended Crown

Ava Reed: What a beautiful story! I haven’t finished reading it yet, but I’m already completely drawn in. The author’s writing is gorgeous, and the characters’ inner struggles and emotions are portrayed so beautifully. This story has everything I hope to find in a book—the depth, the emotions, and characters ...

Read Now
Werewolf Hollow [GALATEA DATE TBA]

user-tYYAB62Jw9: I loved your/this story, thank you 😊 . Look forward to more writings. I was so invested in the kids. Curious who or which one is Annie's mate. Maybe Dylan since Collin is a werewolf. Although she'd also make a good Luna. Smiles 🙂

Read Now
The zatorian

Gabby: I’m working with **Lorey**, a platform that turns novel characters and scenes into interactive experiences readers can play.We can help you:- Turn your story into character profiles- Preserve each character’s voice and relationships- Create an interactive scene for you to reviewYour story won’t be r...

Read Now
Beyond the Ice Wall

LovetoreadStephanie: I am actually really impressed by this book. How a conspiracy theory can be made in an original, heartwarming and dreamy romance! I am so happy it's a series! I can't stop imagining the world and how I wished it was true 😍

Read Now
The Alpha's Exiled Mate

Mokatoka: Say what????? God! Is it over???

Read Now
No scent

Josephine Afful: Great first book on the app. Easy to read, great writing and excellent grammar. Fast moving storytelling too!

Read Now