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⠀⠀⠀⠀La mañana estaba sumamente tranquila cuando Seokjin abrió los ojos.
⠀⠀⠀⠀Los gruesos ventanales de doble acristalamiento filtraban la luz de la mañana convirtiendo los primeros rayos del sol en un resplandor dorado y perezoso que apenas lograba atravesar las cortinas traslúcidas. Aislándolo en un silencio envolvente del frenesí exterior, permitiéndole descansar hasta que el sol alcanzara su cenit sin interrupciones.
⠀⠀⠀⠀Su primer parpadeo fue lento —con las pestañas rozando la delicada piel de sus pómulos— y él aún estaba adormilado, flotando en ese espacio liminal entre los sueños y la vigilia. Su cabello, de un tono castaño pelirrosa, era un desastre encantador de mechones alborotados brillando contra la oscuridad de las sábanas, una evidencia muda de las fricciones que vivió la noche anterior. Su cuerpo yacía capullado bajo las sedas negras que cubrían la inmensa cama matrimonial; siendo un lujo sobre su piel desnuda, reteniendo el calor de ambos y abrazándolo con una calidez reconfortante que lo invitaba a ceder al sueño.
⠀⠀⠀⠀A pesar del letargo que pesaba en sus extremidades y de la exquisita comodidad de su nido, Seokjin no tenía sueño. Esto era una rareza; por lo general, siempre era el primero en quejarse si el despertador sonaba antes de las diez, enterrándose bajo las almohadas como un niño pequeño. Pero hoy era diferente. Apenas entreabrió los ojos, espió por encima del borde de las sábanas que subió hasta su barbilla y se removió bajo la misma durante unos largos minutos, permitiendo que su cuerpo despertara.
⠀⠀⠀⠀Una ola de entusiasmo lo recorría al recordar la fecha: era el cumpleaños de su esposo, Kim Namjoon.
⠀⠀⠀⠀Con un suspiro suave que sonó inusualmente fuerte en la quietud de la habitación, apoyó las palmas en el colchón para enderezarse despacio. El movimiento hizo que la sábana —pesada y resbaladiza— cayera desde sus hombros hasta su cintura, abultándose en su regazo en un mar de pliegues sombríos. La caída dejó al descubierto su espalda, una extensión de piel lechosa y suave que brillaba con un ligero sudor matutino.
⠀⠀⠀⠀No obstante, su palidez no era inmaculada. Estaba adornada con un mapa de marcas que contaban la historia de aquella madrugada. Cerca de sus caderas, donde su cintura se curvaba con una feminidad que a su marido le enloquecía, florecían hematomas de tonos amoratados y rojizos, huellas claras de los agarres posesivos de Namjoon. Mientras sus glúteos —redondas esponjitas que el moreno solía usar de almohadas— dolían con un latido placentero, recordando la devoción con la cual se permitió ser follado.
⠀⠀⠀⠀Esa era la evidencia cadente —hermosa a los ojos de ambos— de que el deseo entre ellos seguía tan vivo como el día que se pararon frente a un altar y se unieron en matrimonio.
⠀⠀⠀⠀Seokjin bajó la mirada hacia lo que quedaba del vestido de satén blanco que llevaba puesto. Los delgados tirantes habían caído por sus hombros, revelando su clavícula y parte de su pecho, donde sus senos —duros e hinchados— yacían sensibles por la estimulación. El contraste del satín claro contra las sábanas oscuras y las marcas rojizas talladas en su piel creaban una imagen de una sensualidad abrumadora: la de un esposo profundamente amado, mimado y deseado.
⠀⠀⠀⠀Una pequeña risa, apenas un soplo de aire, escapó por su nariz. Fue un sonido demasiado bajo, calculado para no perturbar la paz de la habitación. A su lado, Namjoon estaba durmiendo con una profundidad que a Jin le resultaba inmensamente grata. Su esposo respiraba de forma lenta, rítmica, un ascenso y descenso constante de su enorme pecho que transmitía una paz hogañera.
⠀⠀⠀⠀«Dormilón...», pensó al sentir un calor familiar recorrer su vientre, recordando la razón de aquel agotamiento. Se mordió el labio mientras las imágenes de la noche anterior volvían nítidas a su mente: Namjoon literalmente se lo había follado. No había otra palabra para describirlo. Lo consumió con una intensidad feroz y primitiva para darle la bienvenida a su cumpleaños.
⠀⠀⠀⠀El plan original había sido diferente, por supuesto.
⠀⠀⠀⠀Seokjin, en su papel de esposo devoto, había organizado una velada elegante. Imaginó una cena exclusiva, música jazz y velas proyectando sombras largas, pero la realidad laboral era implacable y Namjoon tuvo que acudir de emergencia al estudio para finalizar unas grabaciones que lo retuvieron hasta altas horas de la noche. Arruinando su ideal principal, el pelirrosa tuvo que adaptar sus planes, y viéndolo en retrospectiva —con el dolor residual en sus piernas—, transformar su frustración en anticipación fue una jugada acertada.
⠀⠀⠀⠀Compró listones de seda negra, cortándola con cuidado para usarla como lazos restrictivos en partes específicas de su cuerpo; se aplicó una loción de cítricos que fascinaba al moreno y dejó un frasco nuevo de lubricante listo cerca a la cama. Tras una ducha caliente para relajarse, limpiando con especial atención a su lampiño y gordito coño —zona que sabía su esposo tocaría hasta quedar exhausto—, eligió del armario de dos puertas un vestido de satén blanco que resaltaba sus curvas y sus tetas, sabiendo exactamente cómo rendir a Namjoon sin mover un solo dedo.
⠀⠀⠀⠀Cuando finalmente arribó al departamento agotado y disculpándose por haberlo abandonarlo, la imagen de su cónyuge esperándolo entre sábanas negras, vestido de blanco y con aroma a cítricos frescos, borró cualquier rastro de cansancio o miseria de sus ojos.
⠀⠀⠀⠀Un «maldición» sin aliento fue lo único que pronunció antes de entregarse por completo a la lascivia del momento. Lo que siguió no fue una sesión de sexo suave, sino una entrega abrumadora de siete rondas y siete demoledoras posiciones donde Namjoon decidió ignorar olímpicamente el paquete de preservativos llenándolo de semen por completo, reclamando cada pulgada de su cuerpo hasta que la madrugada se convirtió en un borrón de jadeos roncos, pieles sudorosas y un constante chapoteo de su polla profanando la vagina de su amado.
⠀⠀⠀⠀Ahora, amanecía en el mismo colchón, sintiendo los estragos de esa batalla. Seokjin tenía el cuerpo más flexible que de costumbre, una laxitud consecuente del sexo que lo hacía sentir como si estuviera hecho de miel derretida. Asimismo, el pelirrosa sentía una pesadez profunda y viscosa al interior de todo su canal vaginal, recordándole la cantidad de semen que su esposo había eyaculado dentro suyo antes de caer rendido sobre su pecho, frotando su rostro entre sus senos e intentando sacarles leche.
⠀⠀⠀⠀El pálido parpadeó, sacudiendo levemente la cabeza para despejar la neblina de excitación que amenazaba con nublar su juicio matutino. Volvió a mirarlo. Namjoon emitía un ronquido suave por la nariz, nada escandaloso, solo un murmullo constante como un motor calentándose, mientras su mejilla yacía aplastada sin gracia contra la almohada, haciendo que su rostro se hinche de un lado empujando sus labios hacia fuera.
⠀⠀⠀⠀Una sonrisa atontada suavizó sus facciones y sintió que su pecho se expandía dolorosamente ante el vasto amor que llenó su corazón, casi dejándolo sin aire. Maldito Kim Namjoon y su ternura inherente. Ese hombre —su hombre— era líder de toda una industria desde hacía diez años, pero en la privacidad de sus sábanas era simplemente su Joonie: el hombre que babeaba un poco en la almohada, necesitaba abrazarlo fuertemente por las noches para dormir sin tener frío y lo follaba hasta dejarlo sin habla.
⠀⠀⠀⠀La mirada de Jin vagó por la ancha espalda de su esposo, atenta a la particularidad tallada en ella. A partir de los omóplatos hasta la curva de la cintura, se extendían rasguños rojos —terriblemente profundos— que dejaban entrever la fiereza y desesperación con la que se había aferrado a él, mientras que en su cuello aún destacaban las marcas —hematomas no tan evidentes— que le dejó con los dientes en los momentos de mayor éxtasis.
⠀⠀⠀⠀— Cielos... —siseó para sí mismo con una mezcla de sorpresa.
⠀⠀⠀⠀Ver esas marcas sobre la piel morena revivió la sensación visceral de la madrugada: él cubierto por la sombra de su esposo, sus piernas temblando abiertas mientras él se hundía con embestidas profundas dentro de su húmedo coño. El ruido de sus pieles chocando —rítmico y obsceno— acompañados por los gemidos roncos contra la cama crearon un ambiente íntimo y sin vergüenza, lleno de sonidos para una melodía que Namjoon nunca publicaría y guardaría egoístamente en su memoria. A menos que —por supuesto— quisiera molestarlo o sonrojarlo en medio de una cena pública.
⠀⠀⠀⠀— Ocioso...
⠀⠀⠀⠀El moreno seguía acostado para el lado izquierdo de la cama, desparramado en la misma posición laxa y agotada como había caído rendido tras su última ronda. Jin se quedó quieto un momento mientras su vestido terminaba de resbalar por sus hombros. Pudo preferir apreciarlo por más tiempo. Habría sido muy fácil acurrucarse contra esa espalda, rodearle con sus brazos la cintura e inhalar el aroma almizclado de su piel dejándose llevar por el descanso de la mañana.
⠀⠀⠀⠀Sin embargo, Seokjin tenía otros planes: quería que el primer instante de lucidez de Namjoon al despertar en su cumpleaños estuviera lleno de placer. Quería verlo disfrutar de un buen espectáculo.
⠀⠀⠀⠀Con un movimiento fluido tan bien disimulado que apenas movió las sábanas, el pelirrosa comenzó a desplazarse por la cama. La seda crujió suavemente bajo sus rodillas mientras gateaba acercándose a la forma masiva de su esposo. Apoyó las manos a ambos lados de la cabeza ajena y se inclinó quedando a escasos centímetros de su cara, sintiendo su aliento cálido en la clavícula.
⠀⠀⠀⠀— Joonie-ah... —jadea cerca de su oído, su voz saliendo ronca, cargada de una intención sensual y melosa.
⠀⠀⠀⠀El aliento caliente hizo cosquillas en la oreja opuesta, pero la única respuesta que obtuvo fue un murmullo ininteligible. Namjoon sacudió la cabeza con pesadez, arrugando su nariz antes de hundir el rostro aún más en la almohada, obstinado en no despertar. Seokjin sonrió con picardía; no pensaba rendirse tan fácilmente. Volvió a acercarse, esta vez delineando con la nariz la marcada mandíbula de su esposo.
⠀⠀⠀⠀— Nammie... feliz cumpleaños... —insiste casi en un gemido, plantando un beso húmedo justo debajo del lóbulo de su oreja.
⠀⠀⠀⠀Pero eso sólo logró empeorar las cosas para sus planes. El contacto hizo que el pelinegro soltase una serie de gruñidos graves desde el fondo de su garganta —una protesta indirecta— y se moviera bruscamente para acomodarse y librarse de las molestias táctiles. Seokjin tuvo que retroceder rápido para no recibir un golpazo accidental con las extremidades ajenas.
⠀⠀⠀⠀Finalmente, con un suspiro pesado que movió las sábanas, Namjoon terminó girándose por completo hasta quedar boca arriba, con los brazos extendidos a los lados y el rostro apuntando hacia el techo de estuco blanco. Seguía dormido, con el pecho subiendo y bajando a ritmo constante, desinteresado a los intentos de Jin por felicitarlo y solo aferrado límbicamente al descanso.
⠀⠀⠀⠀Arrodillado junto a él, Seokjin hizo un puchero de frustración genuina con sus labios magullados y rositas que contrastaba con la obscenidad de la situación, la lencería vestía e incluso con su explícita actuación de madrugada. Cruzó los brazos sobre su pecho, sintiendo cómo sus tetas hinchadas rozaban dolorosamente. No obstante, su expresión cambió de inmediato al notar un detalle particular sumido bajo la tela: una prominente elevación anómala en la zona media de Namjoon que, a pesar de que las sábanas eran de tonalidad negra y de una calidad aplastante para cualquier cuerpo debajo suyo, Jin logró reconoció su erección matutina. Aquella típica carpa de proporciones groseras que manejaba de mil y un maneras diferentes.
⠀⠀⠀⠀Namjoon suspiró y, con torpeza somnolienta, llevó vagamente una de sus venosas manos a su abdomen para rascarse. Cuando Jin vio aquellos dedos —sobre los cuales saltaba— rozar su piel morena, algo detonó en su propio cuerpo. Su esposo relamió sus labios maltratados, doblegando con su sensualidad la pereza de estar agotado. Él quedó petrificado, fascinado por la escena sin decir una palabra.
⠀⠀⠀⠀Apenas gesticuló una sonrisa lasciva y maliciosa asomándose en sus labios. Sin emitir un solo ruido, el pálido continuó sumergiéndose en el horno personal del calor corporal de Namjoon, el aroma a sexo y almizcle. Se acomodó entre sus muslos, cuidando de no aplicar demasiado peso de golpe, justo sobre la pelvis de este. Poco sorprendido por ver la polla de su esposo aún palpitando de forma independiente bajo la tela, erguida en su totalidad y ajena al cansancio o a las siete rondas anteriores.
⠀⠀⠀⠀Seokjin agradecía que Namjoon solo fuera su ninfómano y no un promiscuo en busca de sexo. El solo hecho de hacerse idea que alguien lo chupara, besara o montara le generaba una repulsión profunda. Juntó sus manos en señal de oración, sintiéndose afortunado de que ese increíble milagro biológico fuera únicamente suyo.
⠀⠀⠀⠀Ahora, a horcajadas sobre las caderas de su esposo, Jin sentía el agotamiento residual de la madrugada recorriéndole el cuerpo. Sus hebras caían sobre su rostro mientras lo contemplaba dormitar tranquilamente. No intentó despertarlo otra vez o preguntarle si lo deseaba, mucho menos se molestó en alistar su cuerpo con más lubricante; la memoria de la noche anterior existía al interior de su coño, aún inflamado y resbaladizo con el semen que pertenecía enteramente a su esposo.
⠀⠀⠀⠀Con manos temblorosas pero decididas, el pelirrosa alineó la punta erecta del pene contra su entrada —empapada en sus fluidos de anticipación—, bajando de forma lenta y pausada. Respiró por la boca apretándose los dientes, estaba siendo piadoso para mantener su autocontrol. No ejerció brusquedad en el movimiento, sólo un descenso continuo que le permitió a su coño dilatado abrazar el grosor familiar, llenándolo hasta el punto más sensible.
⠀⠀⠀⠀Mientras mecía su cuerpo, Seokjin llevó una mano hacia adelante, apoyándola con firmeza sobre el pecho moreno. Pudo percibir los latidos rítmicos bajo el músculo pectoral, un tamborileo que lo anclaba a la realidad mientras su mente comenzaba a flotar con cada movimiento que daba.
⠀⠀⠀⠀— Oh... —se le escapó un gemido roto al quedar ensartado a Namjoon hasta la base.
⠀⠀⠀⠀Al abrir los ojos y mirar hacia abajo, notó que su esposo apenas fruncía el ceño, una pequeña línea de tensión formándose, ligeramente perturbado en entre sueños por la repentina invasión en su espacio y la presión sobre su pelvis. Casi por una inercia boba, la misma fuerza de los sentones hizo que el líquido ajeno —tiras de semen residual que descargó horas antes— comenzara a salir, resbalando por los muslos de ambos y empapando la base donde se unían, actuando como un lubricante alternativo entre sus cuerpos.
⠀⠀⠀⠀— Es un buen regalo, Nammie... —susurró para sí mismo, dejándose llevar por la sensación.
⠀⠀⠀⠀Sin perder más tiempo, puso ambas manos sobre el pecho de su marido para usarlos como sus puntos de apoyo, apretó los muslos y comenzó a cabalgarlo con mayor ritmo. Al inicio optó por una frecuencia vacilante, un suave subir y bajar, probando la resistencia de su propio cuerpo y la profundidad a la que podía llegar sin despertarlo de inmediato.
⠀⠀⠀⠀Por un instante cruzó por su mente que tal vez estaba abusando del estado somnoliento en el que se encontraba Namjoon —una toma de control que rara vez ejercía—, pero tampoco podía negar el morbo que le producía tenerlo a su merced, completamente vulnerable y sometido ante sus saltos. Al igual que a él vivía obsesionado con follarlo casi a diario —mínimo diez veces por semana—, por ende, ahora se sentía entusiasmado por tomar el control.
⠀⠀⠀⠀— Deberías despertar... —bisbisea al aire, con sus ojos oscureciéndose mientras aceleraba la marcha—. ...y disfrutar de tu regalo.
⠀⠀⠀⠀Movió las caderas con desesperación, elevándose lo suficiente casi al límite de la punta del pene fuera antes de dejarse caer de golpe hasta la base, provocando un chasquido entre su culo y la pelvis ajena. Con cada flexión y contracción podía sentir cómo el éxtasis lo hacía perder la razón.
⠀⠀⠀⠀— Mhmg... —se escuchó de repente desde abajo.
⠀⠀⠀⠀El sonido fue grave, ronco, vibrando contra las palmas que Jin mantenía sobre aquel pecho. Detuvo sus caderas por una fracción de segundo, con el corazón reberberando en la garganta. Al bajar la mirada —con los ojos muy abiertos—, notó cómo la pasividad de Namjoon comenzaba a transformarse. Sus manos, antes inertes a los lados, movieron los dedos torpemente en busca de un agarre definitivo en sus bonitos glúteos magullados, dejando que las yemas —coordinadas a medias— se deslizaran con pereza sobre la piel suave sin lograr afianzarse.
⠀⠀⠀⠀Seokjin no pudo evitarlo; rió. Fue una risa genuina, cargada de cariño al ver a su esposo luchar contra el letargo para corresponder al estímulo sexual. Observó sus labios, Namjoon soltaba pequeños gruñidos de satisfacción por la boca entreabierta, mientras sus ojos se movían con rapidez bajo los párpados obstinadamente cerrados, atrapado en ese trance entre el descanso y la realidad de estar follando a su marido.
⠀⠀⠀⠀Pero el pelirrosa tampoco quería que despertara por completo, no todavía. Deseaba llevarlo al límite justo en ese estado. Retomó el ritmo renovado, soltando un gemido agudo mientras echaba la cabeza hacia atrás y dejaba su cuello al descubierto. El vaivén constante de sus caderas hacía que sus tetas—de proporciones perfectas para que Namjoon pudiera apretar— rebotaran al compás de su cabalgar, viéndose indecentes desde un ángulo contrapicado, pero perfectos como espectáculo mañanero para que su esposo se regocijara.
⠀⠀⠀⠀Presuroso por alcanzar el orgasmo, sus manos resbalaban encima del pecho sudoroso de Namjoon. Seokjin sentía cómo las estocadas de aquel miembro torturaban su cérvix, mientras el pesado líquido seminal corría cuesta abajo y ayudaba a que su vagina —saturada por la madrugada— cediera espacio para volver a recibir su eyaculación.
⠀⠀⠀⠀— Ah... —gime él por última vez.
⠀⠀⠀⠀Sin embargo, incapaz de soportar la idea de venirse solo y algo frustrado por lo profundo que Namjoon durmió en ese lapso, decidió soltarle el pecho. Con la mano temblorosa tomó la de su esposo —que aún vagaba por sus caderas— y guió sus falanges directamente hacia el interior de su coño para presionar donde más lo necesitaba: su clítoris.
⠀⠀⠀⠀El contacto de aquellos dígitos sobre su piel más sensible y babosa desencadenó el final de su octava ronda. Jin arqueó la espalda con un jadeo demasiado pornográfico para haber salido ahogado mientras su vagina se contrajo violentamente alrededor de la polla palpitante lista para ordeñarla. La liberación del semen llegó de golpe en un torrente cálido que brotó sin control, derramándose sobre la pelvis de Namjoon casi como curioso río blanco, mezclándose con su gush y empapando la sábana negra sobre la que estaban.
⠀⠀⠀⠀Mientras su vagina daba las última succiones a su esposo con contracciones para no dejarle ni una gota dentro, Namjoon finalmente jadeó fuerte y sus caderas se empujaron hacia arriba de forma instintiva para vaciar en lo profundo lo que sea que restara de su orgasmo en esas primeras doce horas del día. Seokjin emitió un ruidito de placer puro, desplomándose agotado hasta que sus tetas chocaron contra el torso moreno. Con la respiración errática, pequeños espamos y la fuerza justa en sus codos, el pálido levantó una mano para despejar suavemente los mechones negros que se pegaban a la frente sudorosa de su marido. Sin embargo, para exasperación y diversión suya, Namjoon mantenía los ojos cerrados, con su semblante relajado al ritmo agitado de su pecho. Una sonrisa ladina se dibujó en su rostro sonrojado.
⠀⠀⠀⠀— Eres demasiado bueno fingiendo... —se dignó a decir luego de varios minutos de silencio, sonaba pastoso e íntimo, rebosante de complicidad marital.
⠀⠀⠀⠀Como si aquella acusación fuese una orden, Namjoon abrió los ojos. Al inicio se demoró de forma calculada, sus iris oscuros no mostraron rastro alguno de sueño, abrumados por la luz dorada de la mañana. Inhaló profundo, ensanchando su torso para dar una buena bocanada de aire, y fijó la mirada de inmediato en la visión que tenía encima: Seokjin despeinado, con el rostro encendido por el orgasmo, los labios hinchados y la piel lechosa totalmente marcada por hematomas que tardarían muchísimo en desaparecer.
⠀⠀⠀⠀— ¿Pude engañarte? —inquiso el pelinegro, ensanchando una sonrisa divertida que dejaba ver sus característicos hoyuelos.
⠀⠀⠀⠀Jin hizo una mueca dramática y rodó los ojos con falsa indignación— Idiota.
⠀⠀⠀⠀— Eres demasiado linda conmigo, cielo... Montándome la polla como una puta personal.
⠀⠀⠀⠀La declaración solo hizo que el pelirrosa volviese a bufar ante su comentario. Sin apartarle la mirada, tomó su mano y retiró despacio aquellos largos dedos que aún seguían enterrados dentro de su vagina hinchada. Los guio directo a su boca y con un gesto insolente, lamió el fluido blanquecino de las yemas, haciendo que la mirada de su esposo se oscureciera de inmediato.
⠀⠀⠀⠀— Tú sí me engañaste —suelta al liberarle los dedos con un sonido húmedo—, pero tu cuerpo no.
⠀⠀⠀⠀Acompañó sus palabras enviándole un besito a través del aire, rompiendo la tensión erótica. Namjoon soltó una carcajada breve que sacudió su pecho y —por ende— el cuerpo de Seokjin, que continuaba sobre el suyo. Pero la chispa duró poco. La mirada depredadora del moreno descendió hacia las tetas expuestas, pues al inclinarse para hablar, Jin dejó sus ambos al alcance de su vista.
⠀⠀⠀⠀— ¿Qué miras, dormilón? —pregunta burlesco, dejando que la gravedad hiciera lo suyo—. Mis chicas no te darán un espectáculo ahora.
⠀⠀⠀⠀— Hm....
⠀⠀⠀⠀Namjoon levantó la cabeza de la almohada solo para buscar uno de los botoncitos rosados con los labios y comenzó a succionar con fuerza, envolviendo la carne sensible y acariciándola con la lengua. El pálido dejó escapar un gemido ahogado y, dándole el beneficio del cumpleañero, se inclinó más para facilitarle el acceso a sus senos. Enredó sus dedos entre las hebras negras de su esposo, embelesado del placer de la estimulación mientras este continuaba succionando rítmicamente, alternando de un montículo al otro saboreando el sazón salado de su piel hasta dejarlo complacido.
⠀⠀⠀⠀Estuvo así durante varios minutos, hasta que sus manos se afianzaron con ganas en sus caderas. Masajeó la carne blanda de su culo —ahora con voluntad—, apretando y palmeando los hematomas de la madrugada con la fuerza justa para arrancarle jadeos entrecortados. Al mismo tiempo, Namjoon utilizó sus dientes para marcar aquellas tetas de forma autoritaria, dejando nuevas huellas incriminatorias sobre la piel lechosa.
⠀⠀⠀⠀Satisfecho con esa primera muestra del día y consciente del privilegio de ser consentido así en su cumpleaños, Namjoon aflojó el agarre de su boca. Despegó el rostro de ambos botoncitos rositas, dejándolos húmedos y brillantes por la gran cantidad de saliva con la que los untó, pero mantuvo su nariz a escasos centímetros para seguir respirando el aroma embriagador.
⠀⠀⠀⠀— Gracias por el regalo, mi amor... —musita directamente contra su esternón.
⠀⠀⠀⠀Desde arriba, Seokjin lo contempló con el corazón desbordado de afecto. Se inclinó despacio, dejando un beso dulce sobre la frente sudorosa de su marido—. Feliz cumpleaños, Nammie...
⠀⠀⠀⠀Y, para dejar claro que la celebración apenas empezaba, volvió a mover la cintura. Restrogó su vagina repleta de semen contra la base erecta del pene de Namjoon, que seguía enterrado en él, haciéndole entender que —sin lugar a dudas— aún quedaban muchas sorpresas para asegurar un cumpleaños absolutamente perfecto.
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⠀⠀⠀⠀Esta es la cosa más plana, insípida y ñoña que he escrito en lo que va de contenido +18 en mi perfil —andar craneando tramas sexon’t me volvió lenta para retomar mis raíces—, ya que en los demás sí me surgen ideas mucho más rápido. Fue mi mejor esfuerzo, ¿ok? Quiéranlo tantito.

⠀⠀⠀⠀Bueno, para que se hagan una idea de cómo proyecto a Jin con busto, pues sería algo así:
⠀⠀⠀⠀Nada exagerado, solo algo bonito y de proporción mediana; el chichón es su esposo, no él. ( ᴗ͈ˬᴗ͈)ഒ
⠀⠀⠀⠀Again and again dejo el QR a mi canal, ahí comparto cositas randoms mías como mis ideas, hablo sola para que ustedes se rían de mi desgracias cotidianas. Pueden seguirme si gustan, ya quizá a futuro lo utilice para interactuar con ustedes (no muerdo, lo juro):

⠀⠀⠀⠀Hasta acá mi reporte. No se olviden de dejar su estrellita y comentarios. ¡Gracias por leer!
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