Vagando en la mente
Pienso en ti. Te pienso por momentos, pero no te recuerdo. Ha pasado ya tiempo. La última vez que te vi fue hace tanto que las fechas las confundo entre meses o eones; es confuso porque sí, bastantes lunas llenas han pasado, pero está tan vacío el tiempo en medio de cuándo fuimos nosotros y ahora, donde soy solo yo, que es como si no hubieran existido tantos días. Claro está que tampoco te recuerdo. Tengo memorias, pero no de ti, sino de nosotros. No recuerdo tu cara, recuerdo tu presencia y la suavidad de tu mirada.
Sabes... a veces dibujo; no siempre sé qué dibujo exactamente. Pero sé que, en esos instantes al dibujar, no dibujo nada exacto; mi lápiz y mi hoja solo existen para buscar la forma de lo que sea que busco en mis líneas. Ellos también saben que no dibujo por gusto. Para ser honesto: te busco en mis trazos sobre esa hoja... con ese lápiz. Busco tu mano, que acompañaba delicadamente la mía. Busco, al menos, una pista de tus rasgos faciales que te haga volver en sueños a mí, pues, incluso dormido, me obligo a perseguirte para traer conmigo tu imagen.
Puedo mentirme a mí, puedo mentirle a mi mente, a mi corazón e incluso a otras personas. Puedo simular distraerme en mil cosas, pero, al final, lo único que ocupa mi mente -además de lo que hago- eres tú. No precisamente tú, sino tu existencia: tu presencia en mis días o en alguno de los que tuvimos.
De cierta forma, estás en cada uno de mis días. No físicamente, aunque me encantaría; estás conmigo en cada lugar en el que me encuentro, porque lo poco que me queda de ti lo llevo conmigo.
En ciertos momentos me invade una soledad que no llega a ser deprimente, pero tampoco puedo decir que me mantiene neutro emocionalmente. Es un sentimiento raro; yo lo entiendo como la falta de algo que no sé con exactitud qué es. Prefiero pensar que, en lugar de ser algo... es alguien, y elijo creer que ese alguien eres tú; eso hace que me pese menos la soledad, porque es como tenerte sin tenerte realmente. Creo que mis pensamientos contigo dan más alivio que buscar una razón a la soledad de mi corazón.
A veces me entretengo pensando o con una pausa mental: miro un punto fijo en el que, vagamente, creo en mi cabeza algún momento bonito con una mujer que elijo pensar que eres tú. En una de mis tantas imaginaciones juntos, estábamos en un parque, sentados sobre una manta; se acercó un perro negro con manchas marrones y tú lo acariciaste, yo solo sonreí. Lo hiciste tan delicadamente y con un roce tan dulce que el corazón se me llena de solo imaginarlo. Ciertamente, sería una hermosa experiencia contigo si hubiera sido real.
Uno creería que, a este punto, no debería ni poder recordar tu existencia. Creerían que olvidar tu rostro o tu cuerpo es olvidar que estuviste. Pero parece que mis ojos tienen una memoria aparte, una que no te deja y que te retiene pese a ser borrosa; casi como si quisieran tener prisionero a un recuerdo que lucha por irse de mí. Extrañamente, buscarte no me lastima, hasta es bonito: tengo un motivo para soñar, para dibujar e incluso para escribir. Supongo que... tampoco es tan malo esto de ser uno solo.
Estoy aquí, vagando en mi mente. No sé si algo de lo que pasa por mi cabeza tendrá sentido. Bueno, tampoco debe tenerlo, ¿no? Después de todo, solo son pensamientos que hoy te buscan mediante estas palabras. Quizá no soy digno de tenerte ni siquiera en recuerdos -eso tendría sentido-.
Segundo Capítulo Pronto ♡

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