Customize readability
Aa

Ergy

All Rights Reserved ©

Summary

En un mundo donde una energía conocida como Ergy forma parte de la vida, el deporte y el poder, los combates no son simples peleas: son una forma de demostrar talento, disciplina y hasta el lugar que cada persona ocupa en la sociedad. Joss Vileri llega a la prestigiosa Academia Solaris con un objetivo claro: convertirse algún día en campeón mundial. Allí deberá aprender a controlar su Ergy Vital, enfrentarse a otros jóvenes extraordinariamente talentosos y sobrevivir a la exigente vida de una academia donde cada combate puede cambiar la percepción que los demás tienen de él. Pero Joss pronto descubre que la Academia Solaris es mucho más que un lugar para entrenar. Mientras los estudiantes compiten en torneos, perfeccionan sus técnicas y forman amistades y rivalidades, comienzan a aparecer preguntas sobre la verdadera naturaleza del Ergy. Existen poderes que no deberían ser utilizados, antiguos linajes capaces de manipular una energía oscura y secretos que las autoridades prefieren mantener lejos de los estudiantes. Entre entrenamientos, torneos, amistades y combates cada vez más intensos, Joss y sus compañeros tendrán que descubrir hasta dónde llega el mundo que creían conocer. Porque en un lugar donde el Ergy puede decidir quién gana una pelea, quién tiene poder y quién queda olvidado, la verdadera batalla quizá no se esté librando dentro de la arena.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo I: Sueños

Joss, un chico de 12 años, se encontraba encerrado en su habitación, mirando de forma desafiante a un oso de peluche recostado contra la puerta. Tenía un ojo caído y el color gastado por los años.

—Tú —lo señaló—. Escuché que eras fuerte. Bueno… —dio unos pasos al frente— por algo te llaman la bestia de las llamas.

El oso no respondió.

Joss entrecerró los ojos.

—No te tengo miedo, ¿sabés? ¡porque tengo estos!

Apretó los puños con fuerza.

—Aunque… —añadió— si te derroto, seré campeón del mundo… y le traeré de vuelta la gloria a este país. Igual que el hijo del sol.

El peluche se inclinó levemente hacia adelante.

Joss abrió los ojos de golpe y ladeó la cabeza.

—Fui… —murmuró, inclinándose— esa casi me da. Eres de esos que atacan sin avisar, ¿eh?

Se enderezó.

—¡Muy bien! Ahora es mi turno.

Se lanzó hacia el peluche con el puño en alto.

La puerta se abrió en ese instante.

—Joss, ¿podés bajar a co—

El golpe aterrizó directo en el estómago de su padre.

—Ups.

—Joss —dijo, llevándose una mano al vientre—. ¿Qué te dije de jugar a las peleas?

—Que estoy muy grande para ello…

Respondió entre dientes, con la cabeza agachada.

Su padre suspiró. Luego le desordenó el cabello.

—Ya estás en esa edad, ¿cierto?

Joss asintió, dejando que su padre siguiera alborotándole el pelo.

—Yo solo… —musitó— quiero ser como tú.

—¿Un ingeniero mecatrónico?

—¡No! Me refiero a eso.

Señaló una chaqueta colgada en diagonal junto a la cama.

—Ah… eso. —murmuró el padre—. ¿Quieres ser un luchador profesional?

—¡Exacto!

Su padre lo observó en silencio, recorriéndolo con la mirada.

—Pero Joss… Esto no es solo ganas.

—¡N-no importa! Sé que con algo de ritmo estaré en forma rápidamente.

El padre exhaló por la nariz.

—Eso mismo dijiste hace dos semanas.

…

Durante la cena, Joss dejó una parte de su comida.

—Eh, Joss. ¿Te sientes mal? —preguntó su padre.

—No, papá —respondió rápido—. Quiero empezar a entrenar en serio… para ponerme en forma.

Su padre lo miró unos segundos.

—Hijo… —negó con la cabeza, sonriendo apenas—. Las cosas no son tan sencillas.

—Pero es mi forma de decir que estoy listo para lo que venga.

El padre parpadeó un par de veces, como si no esperara esa respuesta.

—Vaya… —murmuró—. No sabía que estabas tan decidido.

—Jejeje… eso es porque encontré esto.

Le acercó el celular.

—Joss, deja de tomar mi teléfono sin permiso.

—Perdón… pero mira esto.

Su padre suspiró, pero terminó mirando la pantalla.

La lluvia caía con fuerza sobre una plataforma lodosa. Dos figuras se movían con velocidad, intercambiando golpes hasta que una quedó en pie.

—Y el ganador es—

—¿Ese eres tú? —interrumpió Joss.

El padre no respondió de inmediato.

Luego asintió.

—Sí.

Joss no apartó la vista de la pantalla.

—Guau… —murmuró—. No me parezco en nada.

Su padre soltó una pequeña risa.

—Tu madre tiene la culpa de eso.

Pero no dejó de mirar el video.

…

Más tarde, mientras Joss se lavaba los dientes, su padre tocó la puerta del baño.

—Sigue.

—Eh, Joss. Te tengo buenas noticias —dijo, entrando—. Mañana iremos a una entrevista en la academia.

Joss casi se atraganta con la pasta.

—¿Qué?

—Así es. La mejor academia para nosotros.

—Aww… qué mal. Yo quería aprender a sacar rayos por los dedos.

—Ay, hijo… —le revolvió el cabello—. Sabes que no podemos.

—Sí, papá. Solo debo confiar en mi fuerza.

Rodó los ojos.

—No —lo interrumpió—. Golpear fuerte no sirve de nada si no sabes cómo hacerlo.

Joss escupió la espuma, se enjuagó y se secó la cara.

—Bueno… ¡Le demostraré a esa academia que tienen al próximo campeón mundial!

Su padre sonrió de lado.

—Está bien tener metas grandes, Joss. Pero… ¿no crees que deberías empezar por algo más pequeño?

—¿El nacional?

—Más abajo.

—¿El regional?

—Un poco más.

Joss suspiró. Ya sabía la respuesta.

—El interacadémico.

—Exacto… —asintió—. Es por donde se empieza.

…

Al día siguiente, cuando el sol apenas comenzaba a asomarse, Joss ya estaba listo. Uniforme impecable, cabello ordenado… y los nervios a flor de piel.

Desde el baño, se escuchó el grifo abrirse.

—¡Papá! ¡Se nos va a hacer tarde!

—Joss —respondió su padre con calma—. Son las 5:50. La reunión es a las 8.

Joss abrió los ojos como platos. Sintió el calor subirle a las mejillas.

—Oh… ya veo… —murmuró, rascándose la nuca.

Su padre salió del baño, secándose las manos.

—Eso sí —añadió—. Mejor que estés listo desde temprano.

Joss asintió, más por reflejo que por convicción.

Minutos después, estaba sentado en la mesa, con un plato frente a él que apenas tocaba.

—¿Otra vez? —preguntó su padre, alzando una ceja.

—Estoy bien.

—Claro.

El silencio se instaló unos segundos.

—¿Y si no paso? —soltó Joss de repente.

Su padre no respondió de inmediato.

—Entonces no pasa nada —dijo finalmente—. Se intenta de nuevo.

Joss bajó la mirada.

—Pero quiero pasar.

—Lo sé.

El motor del auto rompió el silencio poco después.

Durante el trayecto, Joss no dejaba de mirar por la ventana.

La ciudad se despertaba lentamente.

Personas caminando rápido. Puestos abriendo. Ruido creciendo.

El auto avanzaba por calles que Joss conocía bien.

Casas amplias. Jardines cuidados. Silencio.

Nada fuera de lo normal.

Hasta que llegaron.

La academia no era más grande que otras construcciones de la zona… pero se sentía distinta.

Demasiado limpia.

Demasiado ordenada.

Como si nada ahí pudiera salirse de control.

Joss frunció el ceño.

—¿Siempre se ve así?

Su padre no respondió de inmediato.

—Depende de quién la mire.

El auto se detuvo frente a la entrada.

Había otros estudiantes.

Algunos conversaban. Otros revisaban sus cosas.

Pero ninguno parecía nervioso.

Joss tragó saliva.

—Papá…

—¿Sí?

—Creo que sí se me hizo tarde.

Su padre soltó una pequeña risa.

Luego, le acaricia el pelo. En un intento de calmarlo.

—Mientras pregunto por el parqueadero, baja y saluda un poco.

Joss hizo una mueca.

—Pero papá… no tengo la confianza para eso.

Su padre le revolvió el cabello con suavidad.

—Mira este examen como tu forma de enseñarle al mundo de qué estás hecho. Pero recuerda… nunca seas irrespetuoso.

Joss lo miró, asintió y bajó del auto.

Al cerrar la puerta, sintió varias miradas sobre él.

Bajó la vista.

Caminó hacia la portería.

—Hola, pequeño —dijo la guardia—. ¿Vienes por el examen?

—Sí.

—Nombre completo.

—Joss Daniel Vileri Besse.

—Veamos… —pasó el dedo por la lista—. Vileri… aquí estás.

Joss sonrió.

—¡Así es! —dijo con entusiasmo—. Pronto escucharán mi nombre.

—¡¿Dante Vileri?! —gritó un guardia desde el parqueadero—. ¿Usted qué hace aquí?

—Acompañando a mi hijo —respondió con calma.

El guardia se acercó rápido, claramente emocionado.

—Es un honor tenerlo aquí, señor.

—Gracias.

—¿Dónde está su hijo?

Dante señaló hacia la entrada.

El guardia siguió la dirección… hasta detenerse en Joss.

Lo observó unos segundos.

—No se parece mucho a usted…

El guardia parpadeó, como si se diera cuenta tarde de lo que acababa de decir.

—Bueno, eh… físicamente —añadió rápido—. Ya sabe… esas cosas no importan mucho.

Joss bajó la mirada.

—Sí… me lo dicen seguido.

El guardia rió, incómodo.

—Seguro tiene lo suyo, ¿no?

Hubo un breve silencio.

—¿Podrías indicarme dónde estacionar? —intervino Dante, con tono tranquilo.

El guardia se tensó al instante.

—¡Sí, claro! Disculpe.

Le entregó una ficha y abrió el portón.

…

Minutos después, Dante y Joss caminaban por los pasillos.

Las miradas no tardaron en caer sobre ellos.

Algunos alumnos susurraban. Otros simplemente observaban.

Joss se aferró a la manga de su padre, como si eso bastara para pasar desapercibido.

Mientras tanto, en la portería…

—Oye… ¿por qué hiciste tanto alboroto por ese señor de apellido Vileri?

El guardia la miró como si hubiera preguntado algo obvio.

—¿No lo reconociste?

—¿Debía hacerlo?

—¡Pues claro! Estamos hablando del tipo que puso a este país en el mapa.

En paralelo, padre e hijo entraron a un edificio más pequeño, sobrio, lleno de oficinas.

Una joven de traje formal les hizo una leve reverencia.

—Tú sabes lo que significa ganar el mundial, ¿no? —continuó el guardia.

Su compañera asintió.

—Bueno… él no solo lo ganó. Fue el primero de aquí en lograrlo.

La guardia tomó un sorbo de café, tranquila.

—¿Y? Hace poco alguien más también lo hizo, ¿no?

El guardia negó con la cabeza.

—No es lo mismo… él es—

—Bienvenido, señor Vileri… —dijo la secretaria—. Es un honor recibir al tricampeón mundial.

Dante y Joss hicieron una leve reverencia.

Joss lo hizo por instinto, haciendo una mueca al enderezarse.

—No es necesario tanto protocolo —dijo Dante, moviendo la mano con ligereza.

La secretaria alzó la suya, deteniéndolo.

—Agradezco la modestia, señor Vileri. Pero sería irrespetuoso no tratarlo con el honor que merece.

Dante exhaló por la nariz.

—Solo venimos por el examen de mi hijo.

Acercó a Joss con suavidad.

La secretaria lo observó de arriba abajo.

—Está… un poco fuera de forma —comentó—. ¿No cree?

Joss bajó la mirada. Sus dedos se tensaron.

—Puede ser —dijo Dante—. Pero está preparado para lo que venga… ¿verdad?

Joss no respondió.

Dante le apoyó una mano en el hombro.

Joss murmuró algo apenas audible.

—¿Eh? ¿Qué dijiste, campeón?

Joss respiró hondo.

—Voy a ganar… —dijo lentamente—. Les voy a demostrar de lo que soy capaz.

Levantó la mirada. Primero a su padre. Luego a la secretaria.

Ella ladeó la cabeza.

—¿Ganar?

Joss parpadeó.

Dante también.

—El examen de admisión es escrito —aclaró la secretaria—. Desde hace años.

Dante soltó una risa baja. No del todo alegre.

—Los tiempos cambian…

Joss chasqueó los dientes.

—No lo acepto. Quiero entrar como lo hizo él. Combatiendo.

Dante se inclinó hasta quedar a su altura.

—Joss… no seas necio. Tendrás tiempo para demostrarte después.

—Pero yo…

—Si me permiten —interrumpió la secretaria—. Podríamos realizar una evaluación alternativa.

Ambos la miraron.

—En casos excepcionales.

Dante suspiró.

—¿Estás seguro?

Joss asintió con fuerza.

—Este es mi primer paso.

…

De camino a la arena, atravesaron un pasillo bañado en una luz blanca intensa.

Los marcos dorados brillaban a ambos lados.

En cada cuadro, alguien levantaba un trofeo… o un cinturón… con una sonrisa que parecía no caber en el rostro.

—Este es el salón de la fama —dijo la secretaria—. Todos fueron alumnos de esta institución… salvo uno.

Se detuvo frente a un cuadro más grande.

Ahí, un joven Dante era alzado por una multitud, sosteniendo un trofeo con figuras elevando el mundo.

—Debe traerle recuerdos… ¿no?

—Claro —respondió Dante—. Sobre todo de cuando creía que ese bigote me quedaba bien.

La secretaria dejó escapar una risa suave.

Pero Joss ya no estaba ahí.

El ruido de la multitud.

Su nombre coreado.

El peso del trofeo en sus manos.

Él… levantándolo.

No era solo un trofeo.

Era el mundo… sostenido por quienes lo dominaban.

Y él quería estar ahí.

Como su padre.

Y entonces—

¡PUM!

Sus pies golpearon el suelo con fuerza.

Dante y la secretaria lo miraron.

—¡Qué emoción! —dijo Joss—. ¡Ya quiero pelear!

…

Después de eso, Joss se encontraba en el vestíbulo de la arena, terminando de ajustarse el uniforme que la academia le había prestado.

—Papá dijo que estos uniformes son carísimos… —murmuró mientras amarraba sus zapatos—. Y esta chaqueta es incómoda.

Se la quitó y la dejó cuidadosamente en una percha dentro del casillero.

Luego caminó hasta el baño.

El enorme espejo frente a él devolvió una imagen que intentó mirar con orgullo.

—Aunque… Me gustaría pelear como lo hacía papá. Sin camisa.

Se quitó la camiseta.

Y el orgullo desapareció.

El uniforme no ocultaba nada.

Ni el abdomen blando.

Ni los brazos sin forma.

Ni el cuerpo que claramente no parecía el de un luchador.

Joss tragó saliva.

Había pensado que esta vez sería distinto.

Que comer menos durante esos días haría alguna diferencia.

Aunque fuera pequeña.

Pero no.

Volvió a ponerse la camiseta rápidamente.

Exhaló por la nariz.

Y cerró los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Mientras caminaba por el pasillo para entrar a la arena de combate, sus pasos se hicieron más lentos, pensados y erráticos. Sentía a su mente como una sopa de pensamientos donde peleaban para dominar su estado de ánimo Pero ninguna lo lograba.

Se apoyó con la pared y suspiró pesadamente. Sacudió la cabeza en un intento de calmarse.

En eso, comienza a escuchar pasos acercándose a él. Eran precisos y rítmicos. Joss, con un esfuerzo que le duele admitir, gira su cabeza hacia los pasos, encontrando a un jóven de mirada seria, cuerpo atlético y un aura imponente.

Joss puso su mejor sonrisa y dijo:

—Tú debes ser mi oponente, ¿verdad?

El chico siguió derecho sin siquiera mirar de reojo a Joss.

—¡Ey, eso es grosero! Solo quiero tener una breve charla contigo.

Entonces, el joven se detuvo y, sin girarse, exclamó:

—Voy a serte sincero, pierdes el tiempo enfrentándome.

Joss abrió los ojos como platos, su postura se puso rígida.

—¿P-por qué estás seguro de eso?

—Porque yo me esforcé para llegar hasta aquí, en cambio… —añadió, girándose hacia él—. Tú no, tu apellido lo hizo.

Joss frunció el ceño, acercándose a él.

—¡Yo estoy aquí por mi propia cuenta!

—¿Así? Entonces ya sabías de esta academia desde antes y no porque tú padre te la mencionó, ¿verdad?

—¿C-cómo sabes eso?

—No lo sabía, pero lo intuí —dijo, caminando hacia él—. Lo que ya sabía es que eres un perezoso e inútil que dejó todo a su padre.

—No es cierto… —musitó con un ligero quiebre en su voz—. Yo voy a ser el próximo campeón del mundo…

El chico frunció el ceño e hizo una mueca de asco.

—¿Y qué has hecho para alcanzar ese sueño? Nada, apuesto.

Joss bajó la mirada, sentía que la vista se le nublaba por las lágrimas que no pedían permiso para salir.

—Te equivocas…

El chico lo miró con desdén y se giró para irse.

—Si crees eso pues te espero en la arena.

Terminó de decir, alejándose con pasos firmes.

Joss esperó a que la figura del chico desapareciera al fondo del pasillo.

Estiró el cuerpo.

Necesitaba mantenerse en movimiento.

Cuando finalmente entró a la arena, el ruido lo golpeó de lleno.

Las gradas estaban repletas.

Gritos. Silbidos. Personas señalándolo.

Sus pasos se volvieron rígidos. Mecánicos.

—¡Muy buenas tardes, alumnos de Kelham! —anunció el narrador—. ¡Soy Marcus Tommy y hoy presenciaremos un encuentro muy especial!

Joss sintió un mareo repentino.

Las piernas le temblaban.

Una mano terminó sobre su pecho sin que se diera cuenta.

Al otro lado de la arena, el joven calentaba con tranquilidad.

—Porque hoy veremos el debut de Joss Vileri. Y sí… ese Vileri.

El estadio rugió.

—¡Hijo del tricampeón mundial, Dante Vileri!

La multitud estalló nuevamente.

—Pero no lo tendrá nada fácil. Enfrente tiene a alguien que jamás ha perdido un combate dentro de esta academia.

Él levantó la vista apenas.

—Tony Bullechi.

Ahora el estadio tembló de verdad.

Coros. Aplausos. Silbidos.

En la zona VIP, Dante sostenía una taza de café entre las manos.

Miraba la arena con inquietud.

—Joss…

En ese instante, un hombre mayor tomó asiento a su lado.

—Señor Vileri. Soy el director de la institución. Es un honor.

—El honor es mío.

El director sonrió apenas.

—Creo que esa frase me correspondía.

Dante dejó escapar aire por la nariz, divertido.

Pero luego su expresión cambió.

—Director… ¿cree que hice lo correcto?

—¿Con el examen alternativo?

Dante observó el reflejo oscuro del café.

—Siempre dejé que hiciera lo que quisiera… pero nunca pensé que terminaría interesado en este mundo.

Alzó la vista hacia la arena.

—Tal vez fui demasiado flexible.

El director se hundió un poco más en la silla mientras encendía un habano.

—Qué complicado es ser padre… ¿no cree?

Dante no respondió.

—Mis hijos tuvieron la suerte de nacer “distintos”. Eso facilitó algunas cosas.

Dante sostuvo la taza con ambas manos.

Más fuerte esta vez.

De vuelta en la arena, Joss respiraba inclinado sobre sus rodillas.

Luego levantó la cabeza.

El reloj sobre la arena iniciaba la cuenta regresiva.

Cada segundo que desaparecía hacía más difícil mantener la calma.

Una gota de sudor recorrió lentamente su mejilla.

El sonido ensordecedor de la campana retumbó por toda la arena cuando el reloj llegó a cero.

Joss apenas logró mover el cuerpo para adoptar una pose de combate. Al otro extremo, Tony lo observaba con una calma inquietante.

Entonces, Joss salió disparado hacia él.

Apretó el puño con fuerza mientras corría.

Tony, por su parte, ni siquiera cambió la postura.

Cuando Joss lanzó el golpe, Tony se apartó en el instante exacto. Luego, en cuestión de segundos, atrapó el antebrazo de Joss y se lo dobló detrás de la espalda, inmovilizándolo.

El estadio pasó del griterío al murmullo casi de inmediato.

—¡Tony vuelve a dominar el combate desde el suelo! —anunció el narrador—. Parece que intentará ganar por derribo una vez más.

La multitud reaccionó con algunos silbidos.

Joss lanzó su mano libre hacia atrás en un intento desesperado por alcanzarlo, pero Tony simplemente barrió sus pies con el suyo.

El cuerpo de Joss cayó de pecho contra la arena.

En la zona VIP, Dante frunció el ceño y apretó la taza de café con demasiada fuerza.

¡Crack!

La porcelana estalló entre sus dedos, derramando café caliente sobre sus manos.

—¿Se encuentra bien, señor Vileri?

Preguntó el director, acercándole rápidamente un pañuelo.

Dante abrió los ojos lentamente, como si recién volviera en sí.

—Oh… me disculpo, director. Fue un acto bastante vulgar de mi parte.

Luego volvió la vista hacia la arena.

Su expresión se endureció.

—Es solo que nunca pensé ver algo así.

De vuelta en la arena, Joss se retorcía intentando liberarse de la llave de Tony, quien apenas parecía esforzarse.

Incluso lo miraba con aburrimiento.

—Solo ríndete y te soltaré.

—¡Jamás!

Tony suspiró por la nariz.

—No entiendo qué te hace pensar que puedes revertir esto.

Joss apretó los dientes con fuerza.

Sus uñas se hundieron en la arena.

—¡Si esto continúa así comenzará la cuenta regresiva! —anunció el narrador.

—¡Tres!

Joss intentó impulsarse usando la mano libre, pero Tony volvió a desestabilizarlo antes de que pudiera levantarse.

—¡Dos!

Ahora movía las piernas frenéticamente, desesperado.

—¡Uno!

Entonces ocurrió.

Un pulso seco recorrió el brazo de Joss.

Violento.

Como si algo hubiera explotado debajo de su piel.

La mano de Joss se hundió ligeramente en la arena.

Tony abrió los ojos y lo soltó de inmediato.

Joss aprovechó el instante para levantarse con dificultad.

—¡Increíble! ¡Joss acaba de liberarse de la técnica de Tony! ¡Nadie había logrado algo así!

La multitud rugió tras escuchar aquello.

Dante alzó lentamente el puño.

—Vamos…

Joss jadeaba pesadamente mientras miraba desafiante a Tony.

Tony, en cambio, observó la pequeña abolladura en la arena y frunció el ceño.

—¿Cómo hiciste eso? —preguntó, genuinamente confundido—. Nunca había visto algo igual.

Joss tragó saliva.

—No… no lo sé.

Tony cerró los ojos un instante y suspiró.

—Supongo que no importa.

Entonces, se abalanzó hacia Joss.

Su puño ascendió directamente al mentón.

El golpe levantó a Joss del suelo antes de lanzarlo fuera de la arena.

El estadio entero quedó en silencio.

—¡El combate ha terminado! —anunció el narrador—. ¡El ganador es Tony Bullechi!

El estadio respondió con aplausos dispersos.

—Eso significa que Joss Vileri… no ingresará a la academia Kelham.

Los murmullos comenzaron a extenderse por las gradas.

Joss seguía en el suelo, sobándose lentamente el mentón.

Levantó la vista apenas.

Las expresiones de la gente lo atravesaron peor que el golpe de Tony.

Decepción.Incomodidad.Lástima.

Sintió un vacío horrible en el pecho.

Entonces bajó la mirada.

—¿Ya… se acabó?

La pregunta salió apenas como un susurro.

En la zona VIP, Dante permanecía inmóvil.

Su expresión era extrañamente vacía, como si hubiera dejado de pensar por unos instantes.

Miraba la arena con una quietud incómoda.

Tony, mientras tanto, simplemente agradeció al público con una reverencia antes de retirarse del escenario.

Sin provocaciones.

Sin burlas.

Solo se fue.

—La vida puede ser cruel… ¿no cree, señor Vileri?

La voz del director sacó a Dante de sus pensamientos.

—Su hijo cargaba con un peso que nunca le perteneció realmente.

Dante no respondió.

—Y ese peso terminó aplastándolo.

El director se levantó lentamente y colocó una mano firme sobre el hombro de Dante.

—Si dependiera de mí, permitiría que el pequeño Joss se quedara en la academia.

Hizo una breve pausa.

—Pero sé que ni usted ni él aceptarían algo así.

Dante finalmente levantó la mirada hacia el director.

Lo observó unos segundos.

Luego dejó escapar aire por la nariz.

—Nos conoce bastante bien, director.

Se puso de pie y le extendió la mano.

El director sonrió antes de estrecharla con firmeza.

—¿Le mencioné alguna vez que soy fan suyo?

Dante soltó una risa suave.

Pequeña.

Cansada.

Pero cuando volvió a mirar la arena, la sonrisa desapareció lentamente.

Abajo, algunos miembros del personal ayudaban a Joss a ponerse de pie.

Él mantenía un brazo sobre el rostro.

Como si esconderse pudiera hacerlo desaparecer también.

Algunas personas del estadio comenzaron a aplaudir mientras Joss se retiraba.

Pero los aplausos murieron rápido.

El eco que producían dentro del estadio vacío los hacía sonar incómodos.

Dante y Joss se reencontraron cerca de la portería.

Joss mantenía la cabeza baja. Su visión se veía borrosa por las lágrimas que amenazaban con salir, pero se negó a dejarlas caer.

Subió al auto sin decir una palabra.

Dante hizo lo mismo.

Durante el trayecto, el silencio dentro del vehículo se volvió insoportablemente pesado.

Joss miraba por la ventana sin enfocar realmente nada.

Los edificios pasaban frente a él como manchas borrosas.

Cada vez que cerraba los ojos, revivía el combate.

La caída. La llave. La mirada de la gente.

Frunció el ceño y torció ligeramente la boca.

Entonces sintió el auto detenerse.

Miró alrededor confundido.

—Papá… esta no es la casa.

—Lo sé, hijo.

Dante colocó el freno de mano y apagó el motor.

—Todavía es mediodía. Tenemos tiempo para despejar la mente un rato.

Joss no tenía energías para discutir.

Así que simplemente forzó una sonrisa pequeña y salió del vehículo.

Una vez afuera, alzó la vista.

Frente a ellos había una enorme heladería.

Joss frunció el ceño.

—¿Me quieres premiar por perder?

Había algo de veneno en sus palabras.

Dante le revolvió el cabello suavemente.

—Si solo te enfocas en perder, nunca vas a avanzar.

Luego señaló hacia el otro lado de la avenida.

—Además… eso no es lo que quiero mostrarte.

Entraron a la heladería.

Aunque seguía algo incómodo, Joss pidió un helado sencillo en cono. Dante, en cambio, escogió una paleta.

Después de comprar, ambos salieron y se sentaron en una banca cercana.

Joss comía lentamente, todavía desconfiado.

Sentía que su padre estaba siendo demasiado amable con él después de semejante fracaso.

Entonces notó que Dante miraba fijamente hacia el otro lado de la avenida.

Joss siguió su mirada.

Y abrió los ojos de golpe.

—E-esa es la academia Solaris…

—Así es —respondió Dante—. La academia más prestigiosa del país.

Joss observó el enorme campus al otro lado de la calle.

—La que más campeones produjo a nivel regional y nacional… donde estudian los mejores…

Tragó saliva.

—Papá… ¿no estarás pensando que yo…?

—Eso depende de vos.

Joss lo miró confundido.

—Entrar a una academia de élite fue algo que yo nunca pude hacer.

Joss volvió la vista hacia Solaris.

El sol iluminaba el edificio principal, haciéndolo parecer todavía más imponente.

Por un instante, pudo imaginarse ahí.

Más alto. Más fuerte. Más preparado.

Escuchando personas corear su nombre.

Entonces apretó el cono entre sus dedos y volteó hacia Dante.

—Necesito mejorar mis habilidades de combate.

Su voz sonó más firme.

—No me importa entrar mediante un examen o no. Solo… quiero crecer como luchador.

Dante sonrió levemente.

—Y también como persona, hijo.

Luego añadió:

—Solo recuerda algo: no importa qué tan arrogante o despreciable sea tu rival… nunca caigas a su nivel.

Joss guardó silencio unos segundos.

Apretó los puños sobre sus piernas.

—Va a ser difícil…

Respiró hondo.

—Pero nada ni nadie va a impedir que me convierta en campeón mundial.

Terminó diciendo mientras se subía a la banca y apuntaba dramáticamente al cielo.

Dante soltó una pequeña risa.

Y por esta vez…

no corrigió el tamaño del sueño de su hijo.

Let J_Daniel0957 know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Milky Treasures on a Healing Love

Booklover_rdx: A different but good story. Basically a love story with a twist- i enjoyed every word of it

Read Now
Rebuilding After Betrayal

Adetutu Akinfaderin: I like the plot of the story in general ,though it’s a bit sad it isnt so long as I would have wanted but that’s fine , I’ll definitely recommend it to my friends whose name is actually Shay 😁😁

Read Now
The zatorian

Gabby: I’m working with **Lorey**, a platform that turns novel characters and scenes into interactive experiences readers can play.We can help you:- Turn your story into character profiles- Preserve each character’s voice and relationships- Create an interactive scene for you to reviewYour story won’t be r...

Read Now
The Alpha's Exiled Mate

Mokatoka: Say what????? God! Is it over???

Read Now
The Neighbor's Son

Geneise: I really enjoy your writing style. I loved this story and the way they found each other. I was thinking it was gping to have an obsessed stalked situation but loved the history he had. Loved that the story had some twists and showed real life situations.

Read Now
My Blacksmith Savior

jeannie2244: Such a different story from your usual love story. I love stories that aren't just a cookie cutter romance with the same story line and predictable. This is unlike any I have ever read and so nice to read something new and refreshing.

Read Now
The Orc's Pet

Mary Wilkins: This was an enjoyable short story. Well done! 😄👏🏾👏🏾

Read Now
The Cleanup Girl: A Dark Mafia Romance

Tenile Luttenegger: This is such a good book. The banter is witty and funny. And the emotions feel real. The pace of the book is great. I started and couldn’t put it down!!

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

Sharda: This reads like if it's the author's first book. There were a lot of missing things to make the story feel real. I appreciated the good grammar and the storyline was good. It just needed some more, the book felt a bit rushed.

Read Now