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Blue Light 2

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Summary

Dos años después de los acontecimientos de la primera temporada, Jason ya no es el novato que alguna vez fue. Con mayor dominio de sus poderes eléctricos, experiencia viajando entre dimensiones y una personalidad mucho más arrogante, directa y provocadora, Jason recorre distintos universos en busca de adversarios capaces de llevarlo al límite.

Genre
Action/Scifi
Author
Suiæ
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Blue Light 2: Jumping Between Multuverses

Capítulo 1: Ecos

“Supongo que, después de todo, disfruté más de lo que pensé mi corta amistad con Kronno. Ese tipo tenía algo... no sé, algo que lo hacía diferente. No era solo su poder, era su historia, su dolor. Nos entendíamos sin necesidad de hablar demasiado, y aunque nunca lo admitiría en voz alta, me gustaría volver a verlo alguna vez. Quizá incluso hacer equipo otra vez... quién sabe. Pero bueno, el show debe continuar.”

Mientras saltaba entre universos, no podía evitar sentir cómo mi arrogancia crecía con cada victoria. Me estaba convirtiendo en algo más que un simple guerrero. Me gustaba provocar, llevar a mis oponentes al límite antes de aplastarlos. La pelea era lo único que me importaba ahora. Ya no era el mismo chico que se quedó solo y traicionado. No, ahora era el cazador, el que buscaba a los más fuertes y los hacía caer.

En uno de esos saltos, aterricé en una dimensión que, a primera vista, parecía demasiado tranquila. Pero algo en el aire me dijo que esto no era lo que aparentaba. Algo raro se escondía en esa paz aparente, y yo podía sentirlo. El hormigueo en mis dedos me decía que un oponente fuerte me esperaba en algún lugar cercano. Un enemigo digno. La idea de una buena pelea me hizo sonreír.

“Ya estoy aquí,” murmuré, más para mí mismo que para nadie en particular, mientras caminaba por una calle desierta.

No tardé mucho en encontrarlo. O, más bien, él me encontró a mí. Estaba apoyado contra una pared, como si no le importara el mundo. Tenía una chaqueta de cuero que le daba un aire despreocupado, unos jeans desgastados, y sus brazos... esos brazos parecían estar cubiertos por algún tipo de parásito, como si una sombra viviente se hubiera aferrado a su carne. Se me vino a la mente a Venom, pero esta cosa parecía aún más siniestra.

Sus ojos se cruzaron con los míos, y supe al instante que él también sentía lo mismo que yo. Esa hambre de batalla, esa necesidad de medir fuerzas con alguien que realmente valiera la pena.

“Mira nada más, alguien se perdió y terminó en el lugar equivocado,” le solté con una sonrisa burlona. “O tal vez en el lugar perfecto, ¿eh? Vamos, sé que estabas esperando a alguien como yo.”

No me molesté en ocultar mi arrogancia. ¿Para qué? Sabía que lo provocaría, y eso era justo lo que quería. Mis palabras hicieron efecto, porque en un instante, él se lanzó hacia mí, sus brazos estirándose y deformándose, como si fueran extensiones de esa sombra parásita que lo cubría.

El impacto fue brutal. No estaba jugando, y eso me encantó.

La pelea comenzó, y cada golpe que nos lanzábamos resonaba como un trueno en la tranquila dimensión que, sin duda, no estaba preparada para el caos que habíamos traído con nosotros. Sentí el poder fluir por mi cuerpo, la electricidad corriendo por mis venas mientras me lanzaba hacia él con la misma energía, una patada aquí, un puñetazo allá, probando sus defensas, buscando ese punto débil que sabía que tenía que estar en algún lugar bajo esa capa de oscuridad.

“Vamos, ¿eso es todo lo que tienes?” me burlé entre golpes, provocando su furia. “He luchado contra seres mucho más fuertes que tú. ¡No me decepciones!”

Pero él no retrocedió, y eso me hizo respetarlo, al menos un poco. Cada vez que me acercaba, esa sombra que lo envolvía se movía con una rapidez casi imposible, bloqueando mis ataques, contraatacando con una fuerza que me hacía sentir un verdadero desafío. Y eso... eso era justo lo que estaba buscando.

El tipo, con su semblante endurecido por la ira, me miró fijamente mientras se recuperaba de nuestro último intercambio de golpes. Sus brazos, cubiertos por esa sombra parásita, temblaban ligeramente, no de miedo, sino de pura rabia contenida.

“¡Me enfermas! ¿Quién carajos eres? ¿Y por qué estás aquí?” gritó, su voz impregnada de una furia palpable que casi pude saborear en el aire.

Sonreí de medio lado, sin perder la calma. Me encantaba ver a mis oponentes perder el control, y este tipo no era la excepción. Mis dedos comenzaron a brillar con un tono celeste, una chispa de electricidad que corría desde mis uñas hasta la palma de mi mano.

“¿Quién soy?” repetí, dejando escapar una pequeña risa. “Soy Jason, y estoy aquí porque puedo. Porque este universo, como tantos otros, no tiene ni idea de lo que está por venir. ¿Y tú? ¿Tienes idea de lo que has desencadenado al cruzarte en mi camino? Me siento generoso hoy, así que te dejaré en claro que, en unos minutos, vas a desear no haberme hecho esa pregunta.”

La arrogancia en mi voz no solo era intencionada, era la pura verdad. No había necesidad de ocultarlo. Mis palabras eran una invitación, una provocación que sabía que no podría resistir. Y justo como esperaba, su rostro se torció en una mueca de puro desprecio.

“Eres un maldito engreído,” escupió mientras sus brazos se deformaban, alargando esas sombras en formas grotescas, listas para atacar de nuevo. “Te voy a destrozar.”

“Inténtalo,” le respondí con una sonrisa desafiante. “Vamos a ver si puedes hacer algo más que hablar.”

En un parpadeo, la sombra de sus brazos se disparó hacia mí como un torbellino oscuro. Mis sentidos se agudizaron, y con una velocidad que parecía desafiar las leyes de la física, esquivé su ataque, sintiendo el aire vibrar a mi alrededor por la violencia del impacto que falló por apenas unos centímetros.

“¡Vaya, casi me das!” solté, riendo mientras me alejaba con un salto ágil. “¿Es todo lo que tienes? Deberías intentar ser un poco más fuerte, amigo. Estoy empezando a aburrirme.”

La burla en mis palabras era deliberada, y funcionó. Él se lanzó hacia mí con una furia renovada, su cuerpo envuelto en ese manto de sombras que se retorcían como criaturas vivientes. Cada golpe que lanzaba era feroz, implacable, pero yo estaba más que listo para él. Mis movimientos eran fluidos, eléctricos, esquivando y contrarrestando con una precisión mortal.

Mis puños, cargados de energía, se encontraron con su carne, enviando ondas de choque a través de su cuerpo. Pero él aguantaba, y con cada golpe que recibía, la sombra a su alrededor parecía crecer, volviéndose más densa, más peligrosa.

“¿Te diviertes, o ya te has cansado?” le dije, mi tono cargado de desdén. “Porque si esto es lo mejor que puedes hacer, tengo que decir que estoy bastante decepcionado. Pero no te preocupes, soy un tipo generoso. Te daré una última oportunidad para mostrarme de qué estás hecho.”

Sus ojos, encendidos por una rabia casi palpable, se clavaron en los míos. En lugar de responder con palabras, se lanzó de nuevo a la pelea, con una furia aún mayor, sus ataques más salvajes y descontrolados. Pero para mí, eso solo lo hacía más divertido. Mi risa resonaba en el aire mientras continuaba esquivando y contraatacando, disfrutando cada segundo de la pelea.

La batalla se intensificaba, nuestras energías chocando en una tormenta de fuerza y violencia. El suelo temblaba bajo nuestros pies, el aire se llenaba de chispas y sombras mientras nos golpeábamos con todo lo que teníamos. Este tipo, por mucho que me resistiera a admitirlo, estaba demostrando ser un verdadero reto. Y eso, lejos de molestarme, solo avivaba mi deseo de aplastarlo.

“Vamos, no pares ahora,” lo provocaba, incluso cuando sentía sus ataques rasgando mi piel, dejando marcas que se curaban casi al instante. “Quiero ver hasta dónde puedes llegar antes de que te rompas. Quiero ver si tienes lo que se necesita para sobrevivir a mí.”

Y así seguimos, en una danza de destrucción que parecía no tener fin, con ambos luchando por demostrar quién era el verdadero depredador en esta dimensión. Cada golpe, cada movimiento, era un paso más en este sangriento juego, un juego que sabía que solo terminaría cuando uno de los dos cayera, y yo no tenía intención de ser el que caería primero.

Capítulo 2: Clay

Flashback - Hace Años

El hombre conocido ahora como Clay no siempre había sido esta máquina de destrucción que Jason enfrentaba. Hubo un tiempo en que era simplemente un joven llamado Aiden, un chico con sueños y esperanzas, como cualquier otro. Aiden vivía en un pequeño pueblo en una dimensión olvidada, donde la vida era tranquila, casi aburrida. Pero en su corazón, Aiden siempre había sentido que había algo más allá de los confines de su simple vida. Quería ver el mundo, explorar lo desconocido. No sabía que ese deseo de aventura lo llevaría por un camino de sufrimiento y desesperación.

Un día, mientras caminaba por los bosques que rodeaban su hogar, Aiden encontró algo que cambiaría su vida para siempre. Era una cueva, oscura y misteriosa, como un portal hacia otro mundo. La curiosidad lo venció, y sin pensarlo dos veces, se adentró en la oscuridad. Dentro de la cueva, encontró lo que parecía ser un cristal extraño, brillante, pero rodeado de una energía maligna. Aiden, con la inocencia de alguien que no conoce el peligro, tocó el cristal.

El dolor fue inmediato, una agonía indescriptible que atravesó su cuerpo y su mente. Algo salió del cristal, una sombra oscura, viva, que se aferró a su brazo como si fuera un parásito. Gritó, tratando de arrancárselo, pero era inútil. La cosa se hundió en su carne, fusionándose con él, cambiando su cuerpo, su mente... y su alma.

El parásito, una entidad antigua y malvada, comenzó a corroer a Aiden desde adentro. Sus sueños, su inocencia, fueron devorados por el hambre insaciable de esa sombra. La entidad se alimentaba de sus miedos, sus odios, sus debilidades, transformándolo en algo nuevo, algo monstruoso. Con el tiempo, Aiden dejó de existir. Todo lo que quedaba era Clay, una criatura de pura rabia y poder, con un único deseo: destruir. Destruir todo lo que se interpusiera en su camino.

Clay fue expulsado de su propio pueblo cuando comenzaron a notar los cambios en él, primero con miedo, luego con horror. Aquellos que alguna vez lo llamaron amigo, lo abandonaron, y su familia... su familia lo trató como una abominación. Expulsado, sin hogar ni propósito, Clay vagó por los mundos, buscando algo que calmara el dolor que sentía, pero nada podía saciar la oscuridad que lo consumía por dentro.

Y así, Clay se convirtió en un ser errante, con sus brazos deformados por esa entidad que ahora lo controlaba. La sombra que lo habitaba crecía con cada batalla, con cada alma que devoraba. La criatura en su brazo había encontrado el huésped perfecto: alguien cuya desesperación y odio eran tan profundos que podían alimentar su insaciable hambre por la eternidad.

Fin del Flashback-

La batalla continuaba con una intensidad que hacía vibrar el aire a nuestro alrededor. Cada golpe que intercambiábamos hacía temblar el suelo, como si la mismísima dimensión no pudiera soportar la furia desatada entre nosotros. Pero había algo más en este tipo. No era solo un enemigo cualquiera. Había algo roto, algo oscuro y profundamente trágico que latía bajo su ira.

En medio de uno de nuestros intercambios de golpes, noté que sus ojos, esos ojos rojos y encendidos de furia, tenían una tristeza que no podía ignorar. Esa mezcla de desesperación y rabia... era algo que había visto antes, algo que reconocía. Me di cuenta de que, detrás de todo ese poder y violencia, había una historia. Una historia que había llevado a este tipo a convertirse en lo que era.

“No sabes nada de mí,” gruñó, su voz saliendo entre dientes mientras sus brazos, deformados por esa cosa que lo había consumido, se movían como si tuvieran vida propia.

“Todo lo que soy, todo lo que ves,” continuó mientras lanzaba otro ataque con una furia renovada, “es porque alguien como tú decidió jugar con algo que no entendía. Y ahora... ¡ahora estoy condenado a ser esto para siempre!”

Sus palabras resonaron en mi cabeza, pero no como una queja o una excusa. Eran como un eco de algo que reconocía muy bien, un eco de mi propia experiencia. Porque sí, había algo en su voz que me recordaba a mí mismo, a lo que sentí cuando Akara me traicionó, cuando todo lo que creía conocer se hizo pedazos.

Sentí un extraño nudo en el estómago. Podría haberme dejado llevar por esa empatía, podría haberlo dejado influir en mis acciones, pero no soy el mismo de antes. Mi humanidad se había hecho añicos hace tiempo, y lo que quedó en su lugar es una bestia, una máquina de combate que solo busca una cosa: satisfacción.

“Es una historia triste, amigo,” le dije, con la arrogancia que se había vuelto mi segunda piel, “pero no eres el único con cicatrices. Así que, ¿qué tal si dejamos las lágrimas y seguimos peleando? Porque esto apenas comienza.”

No lo dije solo para provocarlo, aunque sí, también disfrutaba viéndolo enloquecer. Lo dije porque sabía que, al igual que yo, él necesitaba esta pelea. Necesitaba sentir el dolor, el impacto, la fuerza bruta. Porque a veces, cuando has perdido todo lo demás, lo único que te queda es el combate. Y en ese sentido, él y yo éramos iguales.

Sus ataques se volvieron más salvajes, como si cada palabra mía fuese un disparo directo a su alma, provocando una furia más profunda. Sus brazos, deformados y oscuros, se movían con una velocidad y fuerza casi sobrenatural, pero yo estaba preparado. Cada uno de sus movimientos parecía desesperado, como si estuviera tratando de exorcizar sus propios demonios, y yo estaba más que dispuesto a ayudárselo.

Mientras luchábamos, algo dentro de mí comenzó a cambiar. No era compasión, ni siquiera lástima, pero era una especie de entendimiento. Sabía que estaba lidiando con algo más que solo otro oponente. Este tipo, Clay, no era solo un enemigo; era una víctima. Víctima de su propia sed de poder, víctima de esa cosa que lo había consumido.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentí una chispa de empatía. Pero eso no me hizo retroceder, al contrario, me hizo avanzar. No porque quisiera ayudarlo, sino porque quería ver hasta dónde podría llegar antes de romperse por completo. Quería ver si este tipo, que había sido devorado por su propia oscuridad, tenía algo más que ofrecer. Algo que me diera la satisfacción que tanto ansiaba.

“Vamos, no pares ahora,” lo provocaba mientras esquivaba sus ataques con una sonrisa en mi rostro. “Quiero ver hasta dónde puedes llegar antes de que te rompas. Quiero ver si tienes lo que se necesita para sobrevivir a mí.” dije una vez más.

Su respuesta fue otra descarga de furia, pero yo podía ver que estaba al límite. La lucha, la desesperación, todo eso lo estaba destrozando por dentro, y eso me impulsaba a seguir adelante, a empujarlo aún más allá. Sabía que la verdadera pelea, la que estaba librando dentro de sí mismo, era mucho más brutal que cualquier golpe que yo pudiera darle.

Pero aún así, no iba a detenerme. Esta pelea era tanto su castigo como el mío. Y mientras seguíamos destruyendo todo a nuestro alrededor, supe que ambos estábamos atrapados en la misma búsqueda: una batalla que nos diera algo más que solo violencia. Una batalla que llenara el vacío que sentíamos dentro.

“¿Es esto todo lo que tienes?” le grité mientras lanzaba un rayo hacia él, sintiendo la electricidad recorrer mi cuerpo y salir disparada de mis manos. “¡Muéstrame de qué estás hecho, Clay! Demuéstrame que no eres solo otro perdedor más en mi camino!”

Lo vi tambalearse, pero aún se mantenía en pie, resistiendo, luchando con todo lo que tenía. Y por un momento, un instante fugaz, me vi reflejado en él. No como soy ahora, sino como era antes, cuando aún tenía algo por lo que luchar, algo que no fuera solo el poder y la destrucción.

Pero ese momento pasó, y la batalla continuó. Porque en este juego, no hay lugar para la debilidad, y si hay algo que ambos sabíamos, era que solo uno de nosotros saldría de aquí con vida. Y yo estaba decidido a que ese alguien sería yo.

Capítulo 3: Un Caso Perdido

El aire estaba cargado de electricidad, no solo por la energía que emanaba de mi cuerpo, sino por la tensión palpable en el ambiente. Había llevado la pelea a su punto máximo, y aunque Clay aún luchaba, podía sentir que estaba al borde del colapso. Sus ataques eran menos precisos, más desesperados, y su respiración era pesada y entrecortada. Sabía que era el momento perfecto para utilizar una técnica que había aprendido en mi tiempo con Twenty.

“No te preocupes, Clay,” le dije mientras esquivaba uno de sus golpes y, en un movimiento fluido, me acerqué lo suficiente para aplicar la habilidad que Twenty me había enseñado. Sentí cómo la energía se canalizaba en mis manos, formando una barrera invisible que lo envolvía y lo inmovilizaba al instante. “Esto no dolerá... mucho.”

Clay intentó moverse, pero sus músculos no respondían. Pude ver el pánico en sus ojos mientras luchaba contra la parálisis, su cuerpo temblando bajo la presión de mi técnica. Se veía débil, vulnerable, y no pude evitar sentir un retorcido placer al tenerlo a mi merced.

“Mira, sé cómo te sientes,” comencé, mi voz baja pero cargada de una extraña mezcla de empatía y superioridad. “Sé lo que es ser traicionado, lo que es sentir que todo a tu alrededor se desmorona. Esa sed de destrucción... la conozco bien.”

Por un momento, pensé que había hecho una conexión. Vi algo en sus ojos, algo que me recordaba a mí mismo. Pero entonces, su rostro se retorció en una mueca de desesperación y odio.

“¡No juegues conmigo!" gritó con furia contenida, su voz quebrándose por la impotencia. “No tienes ni idea de lo que he pasado. ¡No somos iguales! Tú no sabes cómo se siente ser consumido por algo que no puedes controlar, por algo que te arranca todo lo que eras. ¡No tienes ni idea!”

Sus palabras resonaron en mi mente por un segundo, pero en lugar de sentir compasión, solo sentí una creciente indiferencia. El frío se apoderó de mí, y cualquier rastro de empatía que pudiera haber tenido se desvaneció en el vacío.

"Me das lástima,” le respondí con un tono gélido, mis ojos clavados en los suyos, viendo cómo la desesperación se transformaba en algo más oscuro. “Pensé que entenderías, pensé que tal vez podríamos compartir esta maldición... pero lo que está roto no se puede arreglar. Eres un caso perdido, Clay.”

La energía comenzó a concentrarse en mis manos, la electricidad zumbando a mi alrededor mientras me preparaba para dar el golpe final. Sentí el poder fluir a través de mí, y con una calma aterradora, me incliné hacia él, acercándome lo suficiente para que pudiera ver la falta de emoción en mi rostro.

“Mándale saludos al diablo de mi parte,” susurré antes de soltar la descarga.

La electricidad fluyó a través de su cuerpo, haciendo que se sacudiera violentamente. Su piel comenzó a chamuscarse, el olor a carne quemada llenando el aire mientras su vida se apagaba lentamente. Pero mi mirada permaneció impasible, fría, observando cómo su cuerpo se desmoronaba bajo el poder que yo había desatado.

Cuando todo terminó, lo único que quedó fue el cadáver humeante de lo que alguna vez fue un hombre. Pero mientras lo miraba, un movimiento captó mi atención. El parásito, esa cosa oscura que había infestado sus brazos, comenzó a deslizarse por su cuerpo, retorciéndose mientras buscaba un nuevo huésped.

Por un momento, pensé que se había extinguido junto con Clay, pero me equivoqué. Esa cosa, esa abominación, no iba a morir tan fácilmente. Empezó a cubrir el cuerpo de Clay, invadiéndolo, reconstruyéndolo con una forma más grotesca, más monstruosa. Era como si estuviera reclamando el cuerpo por completo, usándolo como un simple cascarón para seguir existiendo.

“¿Así que aún no te has rendido, eh?” dije en voz baja, una sonrisa torcida formándose en mis labios. “Bien. Eso significa que la diversión aún no ha terminado.”

El nuevo monstruo que antes era Clay se levantó del suelo, sus ojos ahora completamente vacíos, pero llenos de una ira ciega y una determinación inhumana. Estaba claro que el parásito había tomado el control, y lo único que quedaba de Clay era un recipiente vacío.

“Vamos entonces,” lo provoqué, mi voz ahora más burlona, cargada de la arrogancia que se había convertido en mi marca. “Vamos a ver cuánto tiempo puedes seguir aguantando antes de que te destruya por completo.”

La batalla continuó, pero algo había cambiado. No era solo una pelea contra un enemigo. Era un combate contra la misma esencia de la desesperación y la corrupción, algo que había consumido a Clay por completo, dejándolo vacío y sin alma.

Y mientras nos enfrentábamos, no pude evitar pensar en lo que había dicho. Que no éramos iguales. Que no tenía ni idea de lo que era ser consumido por algo que no podía controlar. Tal vez tenía razón. Tal vez había algo en mí que aún no entendía, algo que estaba más allá de la destrucción y el poder.

Pero eso ya no importaba. Porque en este momento, lo único que importaba era seguir adelante, seguir peleando, seguir destruyendo hasta que no quedara nada.

Capítulo 4: La Propuesta de Alyx

Mientras contemplaba los restos humeantes de lo que había sido Clay y el parásito que lo había consumido, el ambiente estaba cargado de una energía pesada. Me sentía frustrado, como si todo este caos no hubiera valido la pena. El suelo estaba manchado, el parásito apenas era un recuerdo, y la batalla parecía haber dejado más preguntas que respuestas.

De repente, una presencia ligera y brillante apareció frente a mí, interrumpiendo mis pensamientos. Era una figura que irradiaba poder, y a medida que se materializaba, la atmósfera cambió completamente. La diosa que se presentó ante mí tenía una actitud desenfadada y un aire de simpatía que contrastaba con la solemnidad de su aparición.

“¡Hola, hola! Soy Alyx,” dijo, con una sonrisa amistosa. “Sí, sí, ya sé, el nombre puede sonar familiar. No soy exactamente la persona más humilde del multiverso, pero es lo que hay.”

Me quedé atónito. “¿Alyx? ¿Como Alyx Heaven? ¿Tienes algo que ver con él?”

Alyx se rió suavemente, un sonido que era cálido y acogedor. “¡Exacto! Alyx Heaven es mi hermano. ¡Qué pequeño es el multiverso, verdad? No te preocupes, no voy a pedirte que le hagas un saludo de mi parte o algo así.”

“Eso explica el color de tu cabello y tu raza,” murmuré, tratando de asimilar la información. “Pero, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Qué quieres de mí? ¿Cuál es tu propósito con todo esto?”

Alyx se acomodó en el aire, cruzando los brazos con un aire juguetón. “Bueno, la verdad es que tengo una propuesta. Si me aceptas como tu diosa y compañera, te ofreceré una bendición. Nada demasiado formal, solo un pequeño empujón para que te vuelvas aún más impresionante.”

“¿Y qué es exactamente esa ‘bendición’?” le pregunté, levantando una ceja.

Alyx parpadeó con una expresión de misterio juguetón. “¡Ah, esa es la parte divertida! La bendición es algo que descubrirás con el tiempo. Cada vez que enfrentes un nuevo desafío, podrás notar algo especial que mi bendición te ha otorgado. No es como si te diera una etiqueta con un precio o algo así, ¡es mucho más emocionante!”

La forma en que hablaba, con un tono informal y un humor ligero, hizo que la oferta pareciera menos intimidante y más como una aventura inesperada. Su actitud era un cambio refrescante después de la intensidad de la pelea.

“Así que... ¿simplemente acepto y veo qué pasa?” pregunté, todavía con un tono de curiosidad y escepticismo.

“Exactamente,” dijo Alyx, guiñando un ojo. “Acepta, y juntos exploraremos esta nueva fase de tu existencia. Prometo que será un viaje interesante, lleno de sorpresas y, quién sabe, tal vez hasta alguna que otra risa.”

Una sonrisa se dibujó en mis labios. La idea de tener una bendición que se revelara con el tiempo, en lugar de un poder inmediato, parecía una oportunidad interesante. Y con Alyx prometiendo hacer el viaje divertido, sentí que podría ser algo que realmente valdría la pena explorar.

“De acuerdo,” dije finalmente, aceptando con una inclinación de cabeza. “Acepto tu propuesta y tu bendición. Estoy listo para ver qué nos depara el futuro.”

Alyx aplaudió con entusiasmo, una sonrisa amplia en su rostro. “¡Eso es lo que quería oír! Prepárate para descubrir lo que te espera. Y recuerda, si alguna vez necesitas un consejo o simplemente alguien con quien charlar, no dudes en llamarme. ¡Nos vemos en el próximo desafío!”

Mientras la diosa se desvanecía con su típico aire despreocupado, sentí una nueva energía recorrer mi cuerpo. Había algo reconfortante en su actitud y en la promesa de lo que estaba por venir.

“Vamos a ver qué sorpresas trae esta bendición,” murmuré para mí mismo mientras me preparaba para enfrentar los desafíos que el futuro tenía reservado para mí. “Y quizás, solo quizás, encontraré un poco de diversión en el camino.”

Con una renovada determinación y una ligera sonrisa en el rostro, me adentré en el próximo capítulo de mi viaje, dispuesto a enfrentar lo que viniera con la misma intensidad y curiosidad que había abordado cada batalla anterior.

Capítulo 5: La Charla entre Hermanos

En un rincón apartado del multiverso, donde las estrellas parecían brillar con una intensidad inusual, Alyx Heaven y Alyx se encontraban en una conversación profunda. El ambiente estaba cargado de una energía cósmica que parecía escuchar cada palabra que se pronunciaba. La escena era tranquila, casi solemne, pero la tensión entre los dos era palpable.

Alyx Heaven, con su aspecto imponente y su presencia dominante, observaba el horizonte estrellado. Sus ojos se enfocaban en una figura distante que parecía llamar su atención. Era un oponente potencial, uno que, en su opinión, podría convertirse en un desafío significativo en el futuro.

“Mira allí,” dijo Alyx Heaven, señalando hacia la figura distante. “Esa presencia tiene algo que puede ser un problema en el futuro. Deberíamos prepararnos para lo que se avecina.”

Alyx, con una expresión serena pero firme, le respondió. “No te preocupes por eso ahora. Lo que importa es el presente, los desafíos inmediatos que enfrentará Jason. El futuro puede esperar. Lo que realmente necesitamos es asegurarnos de que esté preparado para lo que viene.”

Alyx Heaven frunció el ceño, preocupado. “¿Estás segura de lo que hiciste? ¿Confiar en alguien como Jason, con todo lo que ha pasado y con el tipo de persona que es...?”

Alyx mantuvo su calma, su mirada fija en su hermano. “Sí, estoy segura. Jason es la clave. Para liberarnos de nuestra situación, necesitamos a alguien con su fuerza y determinación. Él es nuestro salvación en esta guerra contra lo desconocido.”

Alyx Heaven continuó observando la figura en la distancia, la preocupación en su rostro evidente. “Pero, ¿y si se vuelve incontrolable? ¿Y si la sed de destrucción que lo consume lo lleva por un camino oscuro?”

Alyx asintió lentamente, comprendiendo la inquietud de su hermano. “Es un riesgo, lo sé. Pero también es una oportunidad. Necesitamos arriesgarnos si queremos salvarnos. Jason tiene el potencial de cambiar el curso de los eventos, de hacer una diferencia. Con la bendición que le he dado, y con la orientación adecuada, puede ser la fuerza que necesitamos para enfrentar lo que viene.”

El silencio cayó entre ellos mientras Alyx Heaven asimilaba las palabras de su hermana. Finalmente, él asintió con la cabeza, aceptando su perspectiva. “Está bien. Si crees que él es la clave, entonces confiemos en tu juicio. Centrémonos en los oponentes que tiene delante. El futuro, aunque importante, puede esperar un poco más.”

Alyx sonrió levemente, satisfecha con la comprensión de su hermano. “Exactamente. Vamos a asegurarnos de que Jason esté listo para lo que le espera ahora. Su camino será difícil, pero si lo guiamos adecuadamente, podrá enfrentar cualquier desafío que se le presente.”

Con un último vistazo a la figura distante, Alyx Heaven y Alyx se quedaron en silencio, contemplando el vasto y desconocido camino que Jason debía recorrer. La conversación había terminado, pero la sensación de anticipación y determinación seguía en el aire.

El capítulo se cerró con un silencio contemplativo, mientras los dos se preparaban para los desafíos que estaban por venir, sabiendo que el destino de Jason y su camino hacia lo desconocido estaban a punto de desatarse.

Capítulo 7: “Circo del dolor”

Caminaba en ese campo desolado, la brisa seca golpeando mi cara mientras terminaba el helado que había “conseguido” en algún otro universo. Me paré en seco cuando vi algo a lo lejos. Era... un circo. O lo que quedaba de uno. Deteriorado, roto, casi tan vacío como las almas que encuentro en estos universos olvidados. No suelo detenerme por curiosidad, pero había algo extrañamente atrayente en esa escena.

Decidí acercarme, a paso lento, disfrutando de cada lamida de mi helado mientras el viento soplaba. Las carpas estaban destrozadas, los colores desgastados, pero lo más raro era la figura sentada en el medio. Un payaso. Un maldito payaso llorando.

“¿Qué demonios...?“, pensé mientras me acerqué sin prisa, realmente sin saber si sería divertido o trágico.

Al estar más cerca, lo vi claramente, vestido con su traje manchado de colores tristes. El tipo lloraba, sollozando como si le hubieran quitado el alma.

“Hey,” le dije, sin mucha emoción, mientras me llevaba otra cucharada del helado a la boca. “¿Qué haces en este lugar tan horrendo?”

El payaso levantó la mirada. Su cara empapada en lágrimas era una mezcla de desesperación y rabia. Sin decir nada, de repente, se lanzó hacia mí con un cuchillo en la mano. Lo que ocurrió después fue casi patético. El cuchillo chocó contra mí y se rompió como si fuera de cristal barato.

Suspiré, sin apenas inmutarme. El tipo estaba desesperado, y seguía intentando apuñalarme con lo poco que quedaba del cuchillo, pero ya no tenía sentido. Decidí acabar con esa escena ridícula. Una ráfaga de energía lo lanzó hacia atrás, estrellándolo contra una de las carpas destruidas.

“¿Cómo te llamas?” le pregunté, tranquilo, mientras seguía disfrutando de mi helado.

El payaso, tambaleándose para levantarse, me miró con ojos inyectados de odio y desesperación. “Soy Bill... y soy la última cosa que verás.”

Una pequeña sonrisa se me dibujó en la cara. El tipo no tenía ni idea de con quién estaba hablando.

“Bill, ¿eh?” dije, sin perder mi tono casual. “Bueno, Bill, ¿qué es este lugar? ¿Y por qué estás aquí?”

Él me miró, con sus manos temblorosas, sosteniendo lo que quedaba de su cuchillo roto. “Yo lo incendié.”

Mi interés aumentó ligeramente. Algo en su voz me decía que había más en su historia de lo que parecía.

“Ya veo,” murmuré, entre una sonrisa. “Y, ¿por qué lo hiciste?”

El payaso soltó una carcajada amarga, mientras sus lágrimas seguían fluyendo. “Lo quemé... porque vi a mi ex con otra persona. ¡Le di todo! ¡Todo lo que tenía y lo que no tenía! Y... y ella... simplemente... se fue.”

Lo observé. Había algo trágicamente familiar en esa desesperación. Me daba lástima, aunque también me causaba desprecio al mismo tiempo. Estaba roto, igual que yo en algún punto, pero había algo en él que... bueno, que me tocaba una fibra. Aunque no me gustara admitirlo.

De repente, el tipo se volvió completamente loco. Comenzó a cortarse con el cuchillo roto, como si el dolor físico pudiera aliviar su sufrimiento interno.

“¡Basta!” le grité. No soporto ver a la gente hundirse así. En un instante, lo dormí con un ligero toque de mi energía, dejándolo inconsciente en el suelo.

Me quedé ahí, en ese circo abandonado, mirando al payaso desplomado. Saqué una hoja de papel de mi bolsillo, junto con un bolígrafo, y comencé a escribir una nota.

“Bill, amigo, no soporto ver a la gente lastimándose a sí misma. Tenía pensado destruir este mundo, pero no lo hice por ti, para que al fin puedas encontrar paz. Así que, tú eres el que salvó al mundo de mi destrucción. Eres un héroe, y te lo digo yo. Es raro viniendo de mí, pero algunas personas merecen una segunda oportunidad. Nos veremos de nuevo.

P.D.: Te dejé una mochila con comida nutritiva.

Jason-.”

Dejé la nota junto a él, junto con la mochila que había preparado antes de saltar a este universo. Me alejé lentamente, mirando el circo una última vez antes de desaparecer en el abismo entre dimensiones.

Mientras flotaba en el vacío, en mi eterno viaje hacia otra dimensión, me repetía a mí mismo:

“No me arrepiento de haber llegado a ese universo.” Sonreí ligeramente. “La verdad, no lo destruí por Bill. Parecía... tan solo.”

Alyx, siempre presente en mi mente, habló suavemente.

“Jason, lo que hiciste... fue un acto de compasión. Eso es algo digno de felicitar.”

“Cállate,” le respondí sin ánimos de escuchar, aunque había una pequeña chispa de sinceridad en mi tono. “No tolero ver a la gente en ese estado, eso es todo.”

Y así, continué mi camino hacia el próximo universo, sabiendo que, aunque mi naturaleza destructiva siempre estaría presente, algo en mí aún podía reconocer cuando alguien necesitaba una segunda oportunidad, incluso si no me gustaba admitirlo.

Capítulo 8: “Sombras del Pasado y Recuerdos Perdidos”

Salté al siguiente universo sin pensarlo demasiado. Pero esta vez fue distinto. Aterrizo en lo que parecía una ciudad tranquila, como cualquier otro lugar común. Sin embargo, algo no encajaba. Un escalofrío me recorrió la espalda; una sensación de amenaza invisible me envolvía. “Mierda...“, murmuré.

Sentía miedo. Algo que no había sentido desde hacía mucho. De repente, una figura gigantesca, cargando una espada casi más grande que él, apareció de la nada, moviéndose a una velocidad que no debería ser posible con un arma de ese tamaño. Antes de darme cuenta, ya estaba sobre mí.

Mi instinto tomó el control. Por primera vez en mucho tiempo, mi reacción fue huir. Salté de ese universo antes de que la espada pudiera alcanzarme.

Aparecí en otra dimensión, cayendo , justo en el medio del camino. Mis manos temblaban. Me miré los dedos, intentando controlarlo. “¿Qué carajos fue eso?“, susurré. La adrenalina aún fluía por mis venas.

Mientras intentaba recobrar la calma, sentí una presencia. Algo familiar. Mis ojos enfocaron una figura femenina a lo lejos. La reconocí casi al instante. Allen. Esa chica... Estaba con Akara antes, pero ¿qué hacía aquí? Mi mente se arremolinaba de preguntas, pero no tuve tiempo para reflexionar. Otra sacudida interdimensional me arrastró de nuevo, llevándome a otro lugar.

Este nuevo universo parecía inofensivo. Una ciudad pacífica. Demasiado pacífica. La gente caminaba por las calles, ocupada en sus asuntos cotidianos. Todo parecía en orden. Decidí quedarme un rato, darle un descanso a mi mente después de la locura anterior. Caminé sin rumbo, hasta que encontré una pequeña tienda. Compré una barra de chocolate y comencé a comerla mientras paseaba.

Entonces, la oí. Un grito. Una chica, desesperada, pidiendo ayuda. Algo en su voz me detuvo en seco. Me acerqué, aún con el chocolate en la mano, y le pregunté:

—¿Qué pasa?

La chica estaba al borde de las lágrimas, su respiración acelerada. Me recordó a Allen... demasiado. “Esto no puede ser casualidad”, pensé. Con urgencia, ella me explicó:

—¡Mi hermano! Está colgando de un edificio, solo se sujeta con un brazo. ¡Por favor, tienes que ayudarlo!

Sin decir nada, la cargué a cuestas y comencé a volar. “¿Volar?“, me pregunté por un segundo, pero no le di importancia. Había desarrollado tantas habilidades nuevas que ya no me sorprendía.

—¿Dónde está el edificio? —le pregunté mientras volaba por los aires.

—¡Allí! —gritó señalando a lo lejos.

Pasé de largo. “Maldita sea”, murmuré mientras me daba la vuelta. Estaba concentrado en mis pensamientos. A lo lejos, pude escuchar el llanto de un niño. Cuando llegamos, allí estaba el chico, colgando por su vida. Lo salvé sin mucha dificultad y aterrizamos suavemente.

—Gracias... —susurró la chica, todavía temblando.

Le pregunté su nombre mientras el polvo se asentaba.

—Me llamo Gwen —dijo, con los ojos aún brillando de la emoción.

“Gwen...“. Repetí su nombre en mi mente mientras miraba sus ojos, su expresión. Algo en ella me hacía pensar en Allen, esa persona que, en su momento, fue importante para mí, pero que Akara había manipulado. Gwen se parecía tanto a Allen, no solo físicamente, sino también en la manera en que hablaba, su vulnerabilidad, su fuerza escondida.

—¿Estás bien? —preguntó Gwen al ver que me quedé callado.

—Sí, no es...nada —respondí, restándole importancia.

Justo entonces, vi algo al otro lado de la calle. Una figura que me resultaba terriblemente familiar. Era yo. Pero no el “yo” que soy ahora. Este tipo parecía... normal. Como si nunca le hubiese caído el rayo, como si hubiese tenido una vida tranquila. Un tipo con una vida común.

—¿Así hubiera terminado si nunca me hubiera caído ese rayo? —me pregunté en voz alta.

Gwen me miró, confundida, pero no hice caso. No tenía sentido darle más vueltas a eso. Era una realidad que nunca podría ser la mía.

Gwen rompió el silencio proponiéndome algo inesperado:

—¿Te gustaría... salir conmigo? Digo, tal vez podamos cenar o algo.

Por alguna razón, me pareció divertido. Después de todo lo que había pasado, una cita no sonaba tan mal.

—Claro, ¿por qué no? —le respondí con una sonrisa.

Y así, el capítulo terminó, no con una batalla, sino con un momento inesperado. Un respiro antes del caos que seguramente vendría después.

Capítulo 9: “Una Cita Interdimensional”

Me encontraba sentado frente a Gwen en una pequeña cafetería, los restos de la comida esparcidos por la mesa mientras bebía café, aunque no sabía ni la mitad de bien que el de otros universos. Gwen me miraba fijamente, esperando una respuesta.

—Entonces, ¿de dónde vienes realmente? —me preguntó con genuina curiosidad, apoyando el mentón sobre sus manos, los ojos brillando con un toque de emoción y algo de nerviosismo.

Me encogí de hombros. No estaba acostumbrado a responder ese tipo de preguntas, pero algo en ella me hacía querer ser un poco más... abierto.

—Es una historia larga —le dije con una sonrisa divertida—. Vengo de un lugar que está bastante lejos de lo que podrías imaginar, Gwen. Un universo donde las reglas son muy diferentes. Para que lo entiendas mejor, soy un viajero interdimensional, voy de universo en universo, buscando oponentes fuertes, destruyendo lo que ya no sirve. En algún momento, fui traicionado por alguien en quien confiaba, y... bueno, digamos que no soy el mismo desde entonces.

Gwen se quedó en silencio. Su boca se entreabrió y sus ojos se agrandaron. “Eso lo explica todo”, susurró para sí misma. Era como si hubiera encontrado la pieza que faltaba en un rompecabezas que llevaba tiempo tratando de resolver.

—¿Todo? —pregunté con una ceja levantada, sonriendo un poco—. ¿Qué es lo que explica todo?

—Tu manera de actuar. Lo que he visto en ti. No pareces alguien común, siempre lo supe, pero esto... Esto es mucho más grande de lo que imaginaba. —Su voz temblaba ligeramente, y no supe si era por miedo o por asombro.

Sonreí de nuevo, aunque esta vez con un toque más sombrío. “Si supieras la mitad de las cosas que he visto...“, pensé, pero no lo dije en voz alta. No era necesario.

La cita continuó, y poco a poco empecé a conocerla mejor. Gwen me contó sobre su vida en ese universo, cómo había llegado a estar sola, cómo su hermano había sido su única familia después de que sus padres murieran en un accidente. Era una historia triste, pero no diferente a muchas otras que había escuchado en mis viajes. Sin embargo, había algo en ella que me hacía prestar más atención. Quizá era la manera en que hablaba, la forma en que su voz temblaba cuando mencionaba a su hermano o cómo su mirada se perdía al recordar el dolor de su pasado. Me hacía recordar algo que yo ya había olvidado: la empatía.

La tarde empezó a caer, y aunque la conversación era agradable, sentía que era hora de irme. Ya no podía quedarme mucho tiempo en un solo lugar.

—Gwen, debo irme —dije de repente, dejando la taza de café sobre la mesa.

—¿Irte? —preguntó, sus ojos reflejando una mezcla de sorpresa y decepción—. ¿A dónde?

—A otro universo —respondí sin rodeos, poniéndome de pie y estirándome.

—Llévame contigo —dijo sin pensarlo dos veces, levantándose también. Su voz sonaba firme, decidida. Había algo en ella que no había notado antes, una especie de valentía oculta.

Me detuve por un momento, mirándola. Pensé en lo que implicaría llevarla conmigo. ¿Realmente podía arrastrarla a mi mundo de caos y destrucción? Aunque la idea me hacía dudar, algo en mí se sintió tentado a considerar la posibilidad.

“¿Y si pudiera?“, pensé.

Entonces se me ocurrió una idea.

—Voy a necesitar ayuda con eso —le dije, sonriendo mientras mi mente se dirigía a Alyx.

Dentro de mí, llamé a la diosa. “Alyx, ¿me escuchas?”

La voz de Alyx resonó en mi mente, como una risa suave que me hizo sentir una calidez familiar. “¿Qué pasa, Jason? ¿Estás teniendo problemas en tu cita?”

“Nah, es que Gwen quiere venir conmigo. Se me ocurrió... ¿podrías bendecirla? Ya sabes, darle la capacidad de viajar conmigo entre universos.”

Alyx se materializó frente a nosotros con gracia y elegancia que contrastaba con mi propia naturaleza. Su cabello brillaba, su aura divina era innegable. Gwen dio un pequeño paso hacia atrás, sorprendida por la aparición repentina de la diosa.

—Hola —dijo Alyx con una sonrisa amigable, inclinando un poco la cabeza hacia Gwen—. Jason me pidió un pequeño favor. Así que... tú eres la chica de la que tanto me habla.

—¿Ella... es...? —Gwen apenas podía hablar. Su asombro era más que evidente. Claro, ver a una diosa materializarse frente a ti no es algo que pase todos los días.

—Soy Alyx, y he venido a ayudarte, Gwen. Jason quiere llevarte con él, pero para que eso suceda... necesitas una pequeña bendición. —La diosa extendió una mano hacia Gwen—. No será algo permanente, pero te permitirá viajar con él, al menos por un tiempo.

Gwen miró a Alyx, luego a mí, y de nuevo a Alyx. Finalmente, asintió, aceptando la mano de la diosa. Una luz suave y cálida rodeó a Gwen por un momento, y pude sentir la energía fluir a través de ella.

—Listo —dijo Alyx, sonriendo—. Gwen, ahora podrás acompañar a Jason en sus viajes. Pero cuidado... el camino que él sigue no es fácil. Hay peligros por todas partes.

—Lo sé —respondió Gwen, sin apartar la mirada de mí—. Pero si puedo estar a su lado, eso es todo lo que necesito.

Alyx me miró y asintió con la cabeza antes de desaparecer de nuevo. Sabía que no tenía que decir más; ambos entendíamos lo que estaba en juego.

—Bueno, Gwen, parece que ahora puedes venir conmigo. ¿Lista? —le dije, extendiéndole la mano.

—Lista —respondió con una sonrisa determinada, tomando mi mano.

Y con un solo pensamiento, saltamos juntos al siguiente universo.

Capítulo 10: “Monstruos en el Disaster Event”

La ciudad que Gwen y yo acabábamos de llegar estaba sumida en una mezcla de caos y adrenalina. La atmósfera era extraña, densa, como si algo grande estuviera por suceder. Gwen y yo caminábamos por las calles, hasta que nos topamos con una figura que destacaba entre la multitud de personas que corrían y gritaban.

Ahí estaba Kanade, una chica con el cabello corto, desordenado, de un tono oscuro, vestida con ropa estilo punk, cargada de accesorios y con una actitud peligrosa que me resultaba intrigante. Tenía los colmillos afilados y unos ojos que parecían ver más allá de lo que mostraba la realidad. Una vampira. En ese momento, ella terminaba de devorar a su oponente, tragándose lo que quedaba de él con una sonrisa satisfecha.

—Granuja... —murmuró al verlo desaparecer en su interior—. Sabía que darías buen sabor.

No pude evitar sonreír al ver la escena. Esta chica... era diferente. Había algo en ella que despertaba mi curiosidad. Quizás esa energía caótica, ese desdén por las reglas, o tal vez simplemente que devoraba a sus oponentes sin más.

—Vaya, vaya, eres... muy interesante —dije en voz alta, sin pensarlo demasiado.

Ella me lanzó una mirada afilada, y su sonrisa se ensanchó aún más.

—Y tú serás Mechitas —dijo mientras señalaba mi mecha azul, en tono burlón—. Ya sabes, por el cabello.

—¿Mechitas? —pregunté, arqueando una ceja.

—Sí, suena bien: Mechitas. Pero no te equivoques, no tengo ningún interés en conocer a alguien como tú. Bueno, no de la forma que esperas.

El comentario me hizo soltar una carcajada.

—¿De verdad? Pues me encantaría conocerte, Granuja. Ver tu potencial. ¿Qué dices? ¿Nos enfrentamos?

Kanade me miró de arriba abajo, evaluándome como si fuera carne fresca.

—No gracias, Mechitas. No tengo intención de perder el tiempo peleando contigo. —Dio media vuelta, dejando claro que no estaba interesada.

A pesar de su rechazo, la conversación no terminó ahí. Decidí quedarme un rato en su mundo, junto con Gwen. Algo en este lugar, en este “Disaster Event” del que hablaba, despertaba mi interés.

—Bribón, ¿qué planeas hacer aquí? —preguntó Kanade mientras caminábamos entre los edificios semidestruidos y las calles desiertas. Su tono despreocupado contrastaba con la desolación del lugar—. En estos tiempos, no se va a poder explorar mucho. Estamos en pleno Disaster Event, un par de días en los que nosotros, los monstruos, salimos a divertirnos un poco. Aunque los cazadores nos quitan la diversión matándonos.

—¿Cazadores? —pregunté, con un toque de emoción en la voz. Era justo lo que necesitaba.

—Sí, esos imbéciles que creen que pueden acabar con nosotros. Pero bueno, para alguien como tú, Mechitas, esto podría ser divertido. Sólo ten cuidado de no morir antes de que empiece la verdadera diversión.

Una sonrisa arrogante se dibujó en mi rostro. Era exactamente lo que estaba buscando. Un par de días de caos, peleas y diversión.

—Perfecto —murmuré—, podré divertirme un poco, al menos un par de días.

Kanade me miró de reojo mientras caminábamos. Parecía que mi actitud le resultaba, cuanto menos, entretenida.

—Entonces dime, Mechitas, ¿qué eres exactamente? No pareces como los demás. ¿Y de dónde vienes?

Me detuve un momento, saboreando la pregunta antes de responder. Mi arrogancia floreció mientras abría los brazos, como si presentara algo monumental.

—Soy Jason. Un monstruo interdimensional que viaja entre universos buscando oponentes dignos de mi poder. Vengo de lugares que ni siquiera podrías imaginar, Kanade. He destruido mundos, dejado caos en mi camino, y estoy lejos de terminar.

Kanade soltó una risa suave, pero burlona.

—Vaya, qué arrogante eres, Mechitas. Aunque tengo que decir que suena interesante... pero aún así, no tengo ningún interés en una relación contigo. Pero si quieres sobrevivir a este Disaster Event, más vale que te cuides las espaldas. Y, quién sabe, puede que te saque del apuro si me siento generosa. O puede que te deje a merced de los cazadores. Eso sería aún más entretenido.

Sonreí, disfrutando del desafío que representaba Kanade. Era una vampira con un espíritu tan salvaje y libre que, por primera vez en mucho tiempo, sentí que había encontrado a alguien digno de mi interés.

—Espero que este evento sea tan divertido como dices, Kanade —respondí, mientras una sensación de emoción comenzaba a bullir dentro de mí—. A ver qué tan monstruosos son los que se me crucen. Estoy ansioso por arrancar.

Con el Disaster Event en pleno apogeo, me preparé para enfrentar cualquier cosa que este mundo decidiera lanzar en mi camino.

En una dimensión completamente diferente, apartada de todo lo que Jason pudiera imaginar, dos figuras intercambiaban palabras en un entorno donde la energía mística envolvía cada rincón del espacio. Alyx Heaven y Alyx, su hermana, se encontraban en una especie de sala de consejo celestial. Las luces suaves que emanaban de las paredes iluminaban sus rostros con una luz etérea.

Alyx Heaven caminaba de un lado a otro, inquieto. Sabía que Jason era poderoso, pero había algo que lo perturbaba. El poder desatado que había percibido en el universo hacia el que se dirigía Jason era... alarmante.

—No lo puedo ignorar, hermana —dijo finalmente Alyx Heaven, con el ceño fruncido—. El próximo oponente de Jason no es cualquiera. Es más fuerte de lo que imaginamos, y me preocupa.

Alyx, sentada tranquilamente con las piernas cruzadas, tenía una actitud más despreocupada. Jugaba con una esfera de energía luminosa que flotaba entre sus dedos, pero prestaba atención a cada palabra de su hermano.

—Lo sé —respondió ella con suavidad—. Pero ya te lo dije antes, Heaven. Esto no es algo que podamos controlar. Jason tiene que seguir su camino, por más formidable que sea el oponente que le toque enfrentar.

Alyx Heaven detuvo su andar y la miró fijamente, incrédulo.

—¿Sabes realmente con quién estamos lidiando? —preguntó con urgencia—. Esta entidad... este ser que está al acecho en ese universo... No es como los demás. No solo es fuerte, es astuto. Se mueve entre las sombras, controlando todo a su alrededor, absorbiendo poder. Si Jason no es cuidadoso, podría ser el final para él.

Alyx soltó un suspiro y dejó que la esfera de luz desapareciera en el aire.

—Heaven, te estás adelantando. Sabes que Jason es nuestro elegido. Él tiene un propósito mucho más grande que enfrentar a cualquier ser fuerte que se le cruce. Él es necesario para nuestro plan, y este oponente, por más peligroso que sea, es solo un paso más en su camino.

—Pero este “paso” —insistió Heaven, interrumpiéndola—, podría ser su fin si no se lo toma en serio. ¿Te has asegurado de que Jason esté listo? ¿De que entienda la magnitud del reto que le espera?

Alyx sonrió con un aire de confianza, levantándose finalmente de su asiento y acercándose a su hermano. Su presencia irradiaba una calma que chocaba con la preocupación que mostraba Heaven.

—Lo he hecho, y lo volveré a hacer si es necesario. Jason está más preparado de lo que crees. Además —susurró con un leve tono enigmático—, él es más fuerte de lo que incluso él mismo puede imaginar. Si quiere enfrentarse a lo que está por venir, tendrá que descubrir eso por su cuenta.

Alyx Heaven apretó los dientes, pero no pudo evitar asentir ante las palabras de su hermana. Sabía que Alyx tenía razón, aunque no pudiera quitarse de la cabeza la imagen de ese oponente, aguardando entre las sombras, lleno de maldad y poder.

—De todos modos —añadió Alyx Heaven, mirando fijamente a su hermana—, tengo que preguntar: ¿Estás segura de que él es la clave? ¿El arma que necesitamos? Porque lo que estamos jugando aquí es demasiado importante. Si fallamos...

—No fallaremos —respondió Alyx con convicción, sus ojos brillando—. Y sí, lo sé con certeza. Jason no es solo una fuerza de destrucción. Él es la salvación que necesitamos. Ese vacío que lo consume, esa ira y arrogancia... lo transformarán en el guerrero que necesitamos. Su destino está escrito. Pero antes, debe enfrentarse a este oponente y superarlo. No hay otra manera.

Alyx Heaven asintió lentamente, aunque una sombra de duda aún cruzaba por su mente. Ambos sabían lo que estaba en juego. Si Jason caía... la salvación que buscaban, su liberación, desaparecería para siempre.

El silencio llenó el aire entre los dos por un momento, hasta que Heaven, preocupado, rompió el mutismo con una pregunta final:

—¿Estás segura de lo que hiciste al bendecirlo, Alyx? ¿Estás realmente segura de que podemos confiar en él?

Alyx sonrió, pero esta vez su sonrisa era más seria.

—Lo estoy. Lo necesitamos, Heaven. Él es nuestro último recurso. Jason será nuestra salvación.

Heaven dejó escapar un suspiro, aunque no se sintió completamente convencido. Pero ya no había vuelta atrás.

El destino de Jason y su camino estaban sellados. Lo único que quedaba era observar, esperar... y rezar para que su apuesta fuera la correcta.

El futuro de muchos universos dependía de ello.

Capítulo 11: El Encuentro con el Cazador

El desastre se extendía ante nosotros. Los edificios estaban en ruinas, las calles destrozadas, y el cielo, de un gris apagado, parecía reflejar el vacío de este lugar. Pero ese caos no me incomodaba; lo conocía bien. Me movía entre las ruinas como si fuera parte de mí. Gwen seguía caminando cerca, algo nerviosa, mientras Kanade lideraba, con su andar confiado, como si todo esto fuera solo un espectáculo más para ella.

Entonces, de la nada, Kanade se detuvo en seco. La noté tensarse, sus músculos rígidos, su mirada fija en un punto delante de nosotros. Algo la había congelado.

—Espera… —susurró, su voz sonaba más seria de lo que la había escuchado hasta ahora.

La observé de reojo, algo sorprendido. Hasta ahora, no la había visto mostrar ningún tipo de miedo. Kanade no era alguien fácil de intimidar, y eso ya lo había quedado claro.

—¿Qué pasa? —le pregunté, aunque mi tono seguía siendo despreocupado.

Pero su reacción fue clara. Había algo aquí. Algo que incluso ella no podía manejar. Y eso me molestaba. Me molestaba mucho.

—Está aquí… —dijo Kanade finalmente, su voz temblando apenas.

Fruncí el ceño. Ya no me gustaba hacia dónde iba esto.

—¿Quién está aquí? —preguntó Gwen, con esa curiosidad y confusión que la caracterizaba.

Kanade, visiblemente nerviosa, me miró por un segundo antes de soltar el nombre que parecía tener en vilo hasta su alma.

—Alex Tompson.

Ese nombre no me decía absolutamente nada, pero al ver la reacción de Kanade, sabía que debía ser alguien grande. El hecho de que ella estuviera asustada me daba un indicio claro de que este no era cualquier cazador.

Cazador. Claro, había oído de ellos. Monstruos que cazaban monstruos. Y este tipo, si era lo suficientemente fuerte como para intimidar a Kanade, debía ser algo especial.

Una oleada de rabia me golpeó. No sé por qué. Algo en ver a Kanade tan vulnerable me enfurecía. Odiaba ver a la gente débil, especialmente a los que tenían potencial de ser algo grande. Y ahora, había alguien que se atrevía a hacerla sentir así. A intimidarla de esa forma.

—¿Le tienes miedo a este cazador? —pregunté con una dureza que me sorprendió incluso a mí mismo.

Kanade asintió lentamente, con la mirada fija en el suelo.

Eso fue suficiente. Mi sonrisa habitual desapareció. Ya no había espacio para bromas o arrogancia. Solo quedaba una mueca de ira, pura y fría. No era el miedo lo que me invadía, sino una necesidad casi visceral de aplastar al tipo que estaba causando esto.

—¿Dónde está? —murmuré, con la voz cargada de electricidad contenida.

Antes de que Kanade pudiera responder, apareció él. Desde lo alto de un edificio medio derruido, Alex Tompson. Una figura imponente, cubierto con una gabardina negra, que lo hacía parecer una sombra entre las ruinas. Su espada, enorme y oscura como la noche, colgaba en su espalda. Y esos ojos… esos malditos ojos fríos. Ni un atisbo de humanidad.

—No esperaba encontrarme con monstruos tan patéticos tan pronto... —dijo, su voz sonaba grave, como si disfrutara de la situación—. ¿Acaso vienes a entregarte, Kanade? Me ahorrarías el trabajo.

Vi cómo Kanade dio un paso atrás, algo que me revolvió el estómago. Esto no podía seguir así.

—No más. —murmuré, aunque nadie parecía escucharme.

Esa era la última gota. Mis puños se cerraron y sentí cómo la electricidad comenzaba a chispotear a mi alrededor, aumentando en intensidad con cada segundo.

—¡Tú! —grité mientras mi cuerpo se impulsaba como un rayo hacia él, cargado de energía y furia—. ¡No tienes derecho a hacerle esto!

Alex me miró como si yo no fuera más que una molestia pasajera. Desenvainó su espada con un movimiento fluido, bloqueando mi ataque eléctrico sin ni siquiera inmutarse.

—¿Y tú quién demonios eres? —respondió con una sonrisa sarcástica, como si ni siquiera valiera la pena saber mi nombre.

Pero no me importaba lo que él pensara. Ya no se trataba de mostrar quién era más fuerte o quién tenía más poder. Esto era algo personal. Algo que no podía dejar pasar.

—Soy quien va a matarte. —respondí, y su sonrisa burlona se mantuvo intacta, lo que solo encendió más mi rabia.

—Típico. Otro monstruo más que se cree invencible. —espetó, dando un paso hacia adelante, la espada oscura brillando con un aura maligna—. No me importa quién seas. Serás otro cadáver en mi lista.

Mis golpes llovieron sobre él como una tormenta eléctrica, pero ese maldito cazador bloqueaba todo con precisión milimétrica. Cada vez que la energía se acercaba a él, la disipaba con su maldita espada, como si fuera un juego.

—Kanade, —grité, sin apartar la mirada de Alex—. No te preocupes por este tipo. Te prometo que no verá otro amanecer.

Mis palabras eran frías, calculadas. Esto ya no era diversión. Esto era la realidad. Y en la realidad, los cazadores como Alex Tompson no merecían existir.

Kanade no respondió, pero sabía que me estaba observando. Sabía que entendía lo que estaba en juego.

El cazador sonrió una vez más, y su espada cortó el aire, intentando alcanzarme, pero lo esquivé justo a tiempo. No podía permitirme un error aquí. No con Kanade observando.

El suelo bajo nuestros pies comenzó a temblar, las chispas volaban por todas partes mientras intercambiábamos golpes. Mis ataques eran rápidos, cargados de energía, pero Alex era ágil, y malditamente preciso con su espada. Cada uno de sus movimientos parecía calculado, destinado a asesinar.

Pero yo no me detendría. No podía.

—Te lo advertí, —le dije, mientras cargaba un ataque más fuerte—, vas a pagar por lo que has hecho.

Alex sonrió, confiado.

—Eres solo otro monstruo asustado, —respondió, burlándose, pero yo ya no escuchaba.

El sonido de nuestros ataques resonó en el aire, el choque de mi electricidad contra su espada. La batalla apenas había comenzado. Y yo no pensaba perder.

Capítulo 12: El Despertar del Potencial

La pelea entre Alex Tompson y yo parecía durar una eternidad. Cada vez que me lanzaba hacia él, bloqueaba mis ataques con su espada infernal, y cada vez que él intentaba herirme, yo lograba esquivarlo. Estábamos atrapados en una danza mortal, uno tratando de superar al otro, pero ninguno cediendo ni un milímetro.

El suelo bajo nuestros pies se fragmentaba, las ruinas alrededor parecían derrumbarse por la energía que ambos desatábamos. Mis chispas eléctricas se entremezclaban con el aura oscura de su espada, creando una sinfonía de destrucción.

—Te estás cansando, monstruo, —dijo Alex con esa maldita sonrisa burlona mientras me lanzaba otro golpe que logré evitar en el último segundo.

Le respondí con una sonrisa torcida, aunque sentía el cansancio comenzar a afectar mi cuerpo.

—¿Cansado? —me burlé—. Apenas estoy comenzando.

Pero incluso mientras decía esas palabras, sabía que él tenía razón en cierta medida. Mis ataques más poderosos no parecían afectarle. Y su capacidad para mantener la calma mientras bloqueaba mi energía con esa espada me estaba llevando al límite de la paciencia. Lo odiaba. Lo odiaba con cada fibra de mi ser.

Cada vez que me lanzaba hacia él, era lo mismo: un bloqueo perfecto, un contraataque calculado. Era como si él ya conociera cada uno de mis movimientos, como si pudiera prever mis acciones antes de que las realizara. Era frustrante. No, era humillante.

Pero eso solo me hacía más decidido.

El cielo sobre nosotros estaba cubierto de nubes negras. Las chispas de mis ataques continuaban iluminando el campo de batalla en destellos intermitentes. Gwen observaba desde una distancia segura, y Kanade... Kanade parecía estar atrapada entre el miedo y la admiración, consciente de la magnitud de la pelea.

—Admito que tienes poder, monstruo, —dijo Alex, su voz resonando con un tono de burla—, pero no lo suficiente como para superarme. Te enseñaré lo que significa ser verdaderamente invencible.

Se lanzó hacia mí con una velocidad increíble, su espada cortando el aire con un silbido mortal. Apenas tuve tiempo para reaccionar, pero esquivé por instinto, sintiendo el filo rozar mi piel. La adrenalina me inundó, y por un momento, todo se volvió borroso. La lucha ya no era solo entre él y yo; era una batalla entre la desesperación y el poder absoluto.

“No... perderé,” pensé, apretando los dientes con rabia. El fuego dentro de mí, esa chispa que siempre me impulsaba, estaba a punto de estallar.

No había llegado tan lejos solo para caer aquí.

—¡Eso es suficiente! —grité mientras una corriente masiva de energía eléctrica recorría mi cuerpo, intensificándose con cada segundo. Mi poder aumentaba, y pude sentir cómo mi cuerpo absorbía cada chispazo, cada partícula de energía a mi alrededor. Ya no me contenía.

Alex parecía notarlo. Su sonrisa se desvaneció lentamente al darse cuenta de que algo había cambiado.

—¿Qué...? —murmuró, sorprendido.

—Te lo dije. —Mi voz era fría, calculada, pero llena de una furia contenida—. Estás muerto.

Concentré todo mi poder, toda la ira que había estado acumulando durante la pelea, y la liberé en una explosión de electricidad pura. Era mi límite, mi todo.

Me lancé hacia él con una velocidad que superaba incluso mi propia comprensión, envuelto en un manto de relámpagos. Mis puños golpearon con una fuerza que nunca antes había desatado. Lo que antes eran ataques calculados y medidos, ahora eran explosiones de energía brutal, golpe tras golpe, relámpago tras relámpago.

Alex intentó defenderse, su espada bloqueando mis ataques al principio, pero pronto comenzó a fallar. Estaba perdiendo el control. Cada golpe lo obligaba a retroceder más, y más, hasta que finalmente, lo vi tambalearse.

—¡Imposible! —gritó, su voz ahora cargada de desesperación—. ¡Nadie me supera!

Pero ya era tarde.

—Me superas a mí... —mi voz salió casi en un susurro, mientras levantaba mi puño para el golpe final— ...en nada.

Solté una ráfaga de energía tan intensa que el suelo bajo nosotros se desintegró, las ruinas alrededor estallaron en pedazos, y el aire mismo pareció vibrar con la intensidad del impacto. Alex apenas tuvo tiempo de levantar su espada antes de que la energía lo envolviera por completo.

La luz fue cegadora, y el sonido del impacto resonó como un trueno. Por un segundo, el mundo pareció detenerse.

Cuando la luz finalmente se desvaneció, solo quedaba el eco de mis respiraciones pesadas, y frente a mí, Alex estaba de rodillas, su espada rota a sus pies. El cazador que una vez había sido invencible ahora estaba derrotado, humillado.

Me acerqué a él, cada paso resonando en el silencio que había seguido a la destrucción.

—¿Sabes qué es lo que más me molesta de ti, Alex? —le dije mientras lo observaba con una mezcla de desprecio y compasión—. Que pensabas que podías ganar.

Sin más, levanté mi mano y canalicé una última descarga eléctrica, directa al pecho de Alex. No hubo gritos, no hubo palabras finales. Solo un destello de luz, y luego, silencio.

Miré su cuerpo inerte por un momento, asegurándome de que estaba muerto. Luego, volví a relajarme, mis músculos doloridos pero satisfechos.

—¿Lo ves, Kanade? —dije mientras giraba la cabeza hacia donde estaba ella—. Este es el tipo de basura que intento limpiar.

Kanade estaba impresionada, lo podía notar. Gwen, por otro lado, parecía más preocupada que otra cosa, pero ya me había acostumbrado a esa mirada en las personas.

Me quedé ahí, mirando el cuerpo de Alex. Había sido un cazador formidable, eso era indudable. Pero en el fondo, solo era otro obstáculo en mi camino.

Otro más que había caído ante mí.

Y mientras miraba al cielo gris, supe que vendrían más. Y yo los recibiría. Como siempre lo había hecho.

Capítulo 13: El Respiro después de la Tormenta

La batalla había terminado, pero mis fuerzas estaban al límite. La descarga final contra Alex me había dejado exhausto, y sentí cómo mi cuerpo comenzaba a ceder. Mis piernas temblaron por un momento antes de que el suelo llegara rápido a mi encuentro.

—Tsk... —intenté gruñir, pero mi visión se desvanecía mientras el cansancio finalmente me alcanzaba. No pude evitar caer de rodillas, sintiendo cómo mi energía se agotaba como nunca antes.

La luz que había llenado todo se apagó, y lo último que sentí fue el sonido de pasos ligeros corriendo hacia mí antes de perder la conciencia.

Me desperté horas después, sintiendo algo cálido y suave a mi alrededor. Mi cabeza pesaba, y mis sentidos apenas volvían cuando abrí los ojos lentamente. Gwen y Kanade estaban a mi lado, ambas profundamente dormidas. Gwen había apoyado su cabeza en mi pecho, mientras que Kanade se había acurrucado al otro lado, su cabello corto y desordenado caía sobre mi brazo.

La situación me pareció irreal por un momento. Había pasado de una batalla descomunal a esto: una especie de paz inesperada y reconfortante. Estaban agotadas, y el alivio de haber sobrevivido había sido tanto que se quedaron dormidas a mi lado.

Miré hacia el techo de la habitación, suspirando levemente. Kanade, la vampira punk, tan llena de energía y sarcasmo, ahora dormía tranquilamente como si nada en el mundo pudiera perturbarla. Gwen, con su dulzura y valentía, también se había rendido al cansancio. Sabía que ambas habían estado preocupadas por mí durante la pelea, y verlas así, descansando, me hizo sentir algo extraño.

Quizá algo parecido a... alivio.

Por un segundo, dejé que mis ojos se cerraran de nuevo. Mi cuerpo todavía estaba cansado, y aunque normalmente no permitiría que nadie me viera en un estado tan vulnerable, no podía negar que también necesitaba descansar.

Mientras yo dormía, en algún lugar lejano, los hermanos Alyx observaban. Alyx Heaven, la figura divina que siempre había mantenido una distancia calculada, observaba mi crecimiento con un brillo particular en sus ojos. Su sonrisa, cargada de orgullo y anticipación, reflejaba algo más oscuro, algo más profundo.

—De todas formas, eso no es su poder al 100%, —comentó Alyx, mirando a su hermana.

Alyx solo asintió, sus ojos fijos en mí desde la distancia. Alyx Heaven continuó, su voz adoptando un tono cada vez más delirante:

—De hecho, si lo es. Pero... hay mucho más que eso. ¡Sí, eso es! —sus palabras estaban llenas de un entusiasmo casi maniático—. Sigue creciendo, Jason. No puedo esperar a que lo liberes todo y llegues a tu verdadero potencial. A ese poder del que hemos estado prisioneros. Crece. Crece...

Alyx giró la cabeza para observar a su hermano. La preocupación era palpable en su rostro, pero se mantuvo en silencio. Sabía que había verdades que ambos compartían, verdades que yo aún no conocía. Y aunque habían elegido guiarme, sabían que estaban jugando un juego peligroso.

Horas después, sentí el cansancio atraparme de nuevo, y me rendí, cayendo en un sueño profundo, rodeado por las dos figuras que, de alguna manera, se habían acercado a mí. Quizás por primera vez en mucho tiempo, encontré algo parecido a la paz.

Pero sabía que no duraría. Siempre había más.

Siempre habría algo más que me aguardaba.

Cambio de Escena: El Verdadero Alex

La atmósfera era pesada y sombría en un lugar oculto, donde la luz apenas se filtraba entre las grietas del techo destrozado. Alex observaba, con los ojos entrecerrados, el cadáver que yacía a sus pies. Su “imitador perfecto”, como lo había llamado antes, ahora estaba reducido a una masa de carne inerte.

Alex, el verdadero, permanecía impasible. Sus ojos no mostraban ni rastro de emoción mientras analizaba el cuerpo frente a él.

—“Eras muy débil...” —murmuró con desprecio, pateando el cadáver ligeramente, haciéndolo rodar unos centímetros—. “...como para imitarme.”

Se inclinó un poco, acercándose al rostro pálido de su fallido imitador, su voz apenas un susurro lleno de veneno.

—“Se suponía que la ibas a matar...”

Su puño se cerró con fuerza, y los músculos de su mandíbula se tensaron con furia contenida. Sabía que confiar en otros para hacer su trabajo era un riesgo, pero esta vez había sido un error colosal. Esa vampira, Kanade, todavía respiraba, y lo que era peor, ese tal Jason había sobrevivido y derrotado a la copia.

Alex se enderezó, su figura proyectando una sombra larga en el suelo. Había algo en él, una mezcla de poder contenida que hacía vibrar el aire a su alrededor. Desdén y rabia burbujeaban bajo la superficie, pero su exterior seguía siendo frío y calculador. En sus ojos, el fuego de la venganza brillaba como brasas encendidas.

—“Si quiero que algo me salga bien, tengo que hacerlo por mi propia cuenta.”

La voz de Alex ahora resonaba con resolución, la calma antes de la tormenta. Se dio media vuelta, alejándose del cadáver sin siquiera mirarlo una última vez. No había lugar para los errores, no más. Todo lo que había construido, todo lo que deseaba, se pondría en marcha con una única y simple directiva.

Antes de desaparecer por completo en las sombras, sus labios se curvaron en una sonrisa siniestra.

—“...Y a ese tal Jason...” —susurró mientras sus pasos resonaban por el pasillo oscuro, casi como un eco de lo que estaba por venir—. “...le va a caer el infierno encima.”

El aire a su alrededor pareció tornarse más frío, cargado con una promesa oscura de violencia inminente. Alex no era alguien que dejara cabos sueltos. Jason y Kanade habían tenido suerte esta vez, pero esa suerte no duraría. El verdadero Alex Tompson estaba listo para hacerles pagar por el fracaso de su imitador.

Me desperté con una sensación pesada en el pecho. No era el cansancio, aunque mis músculos dolían un poco por la pelea reciente. Era algo más. Abrí los ojos lentamente y lo primero que vi fue a Kanade y Gwen, dormidas profundamente a mi lado. No esperaba que se quedaran tan cerca, pero ambas estaban ahí, como si la tensión de los últimos días las hubiera empujado a buscar consuelo.

Kanade, con su cabello corto y desordenado, su ropa estilo punk, y esa actitud de “me importa poco el mundo”, ahora se veía tranquila. Incluso frágil. Era difícil imaginar que, hace apenas unas horas, esa misma chica había mostrado algo de miedo ante ese cazador, Alex Tompson.

—“Tch, miedo… justo cuando pensé que vería todo su potencial.” —murmuré para mí mismo, observando cómo su pecho subía y bajaba lentamente.

Del otro lado, Gwen también estaba profundamente dormida, aferrada a mi brazo como si fuera una cuerda salvavidas. Me recordaba a algo. O mejor dicho, a alguien: Allen. Había algo en la forma en la que Gwen sonreía incluso mientras dormía que me recordaba a Allen, una dulzura y calidez que hacía tiempo no sentía.

Suspiré y miré hacia el techo de la base de Kanade. No era más que un viejo refugio, lleno de graffiti en las paredes y algunas luces colgando del techo de forma desordenada. Un desastre, pero tenía su propio estilo. Caos organizado, podría decirse. La base de Kanade, o como ella la llamaba, “El Santuario de los Monstruos”, estaba en las afueras de la ciudad, un lugar donde los cazadores rara vez llegaban.

Kanade había mencionado el Disaster Event, donde los monstruos como ella salían a “divertirse” por un par de días. Una especie de purga para ellos. Me giré ligeramente, haciendo que Gwen se acomodara en mi brazo sin despertarse.

—“El ‘Santuario’... menuda ironía.” —pensé, observando las armas colgadas en las paredes y los frascos con líquidos extraños en las estanterías.

De repente, sentí algo. Una especie de vacío creciente en mi pecho, como si algo me estuviera llamando desde lejos. No era una sensación nueva. Alyx había mencionado antes que había mucho más poder dentro de mí, y que aún no lo había liberado completamente. Pero esta vez era diferente. Era una llamada, una especie de señal que me empujaba hacia adelante, como si me recordara que mi verdadera batalla estaba por empezar.

Intenté levantarme, pero el peso de Kanade y Gwen sobre mí me detuvo. Me quedé ahí un segundo más, mirando el techo, sintiendo ese llamado en mi mente. Mi mente volvió a la pelea con Alex Tompson, o más bien, su copia fallida.

“No fue él.” —pensé, recordando cómo el imitador había caído demasiado fácil—. “El verdadero Alex sigue allá afuera… y me quiere muerto.”

Sonreí, no pude evitarlo. La idea de otro enfrentamiento, de una batalla más, me llenaba de una adrenalina que apenas podía contener. Pero algo dentro de mí sabía que esta vez no sería tan sencillo. Algo en la forma en que Kanade se había detenido al mencionar a Alex me decía que este tipo era diferente. Un verdadero cazador, uno que probablemente me haría sacar todo lo que tenía.

Giré la cabeza para observar a Kanade una vez más. Su rostro, tranquilo ahora, no mostraba el miedo que había visto antes. Pero yo lo recordaba. La rabia que había sentido al ver su miedo... No era normal en mí. Me conocía lo suficiente para saber que me alimentaba del caos, del enfrentamiento, del deseo de destrucción, no de proteger a alguien. Pero, en ese momento, algo había cambiado. Había reaccionado instintivamente.

—“No es por ellas...” —murmuré, casi en silencio, mientras mi mirada volvía al techo—. “Es por mí.”

Al final del día, todo lo que hacía, todo lo que enfrentaba, era por esa sensación. Ese vacío dentro de mí, la necesidad de seguir destruyendo, de seguir encontrando enemigos más fuertes, todo para llenar algo que ni siquiera podía describir con palabras.

Sentí a Alyx, mi diosa, en mi mente, su energía reconfortante mezclada con algo más. Orgullo, tal vez. O anticipación.

—“Sigue creciendo, Jason. Sigue buscando... hasta que encuentres lo que realmente necesitas.” —su voz resonó suavemente en mi cabeza.

—“Sí, sí...” —respondí con un suspiro, sabiendo que Alyx siempre estaba observando, siempre esperando que llegara al límite de mi poder. Sabía que para ellos, los hermanos Alyx, yo no era más que una herramienta. Pero para mí... esto era todo. Un juego interminable en busca de satisfacción.

Finalmente, me acomodé un poco más, dejando que el cansancio me venciera. Sabía que, en cuanto despertara, las cosas cambiarían otra vez. Y tenía la sensación de que Alex no tardaría mucho en venir por mí, el verdadero Alex.

Pero por ahora... por ahora, podía permitirme dormir un poco más.

Y así lo hice, dejando que la oscuridad me arrastrara de vuelta al sueño, mientras en algún lugar muy lejano, las sombras se movían en silencio, preparando el siguiente enfrentamiento.

La Historia de Kanade y la Desaparición:

El aire fuera de la base de Kanade estaba extrañamente denso, como si incluso la atmósfera supiera que algo se avecinaba. Caminábamos en silencio. Kanade iba al frente, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta punk, mientras Gwen caminaba a mi lado, observando todo con curiosidad.

Finalmente, llegamos a la entrada de la base. Desde afuera, parecía una mezcla entre un almacén abandonado y un viejo club. Kanade empujó las puertas con desinterés y entramos en lo que parecía un verdadero caos organizado. El lugar estaba decorado como una especie de cuarto de juegos gigantesco. Había luces de neón parpadeando por todos lados, videojuegos antiguos, muebles desiguales, y una pared llena de pósters de bandas punk que apenas reconocía.

—“No me esperaba esto...” —dijo Gwen, sorprendida mientras miraba a su alrededor.

Yo tampoco. El lugar era un contraste total con la personalidad dura de Kanade. Todo tenía un toque más suave, más... femenino.

—“Es raro...” —comentó Gwen mientras se acercaba a un estante lleno de muñecos de peluche en un rincón—. “Con lo ruda que eres, ¿cómo es que tienes estas cosas?”

Kanade le lanzó una mirada indiferente, como si no le importara lo que pensáramos de su base.

—“Una cosa no quita la otra, bribona.” —respondió con su tono típico de despreocupación.

Yo me limité a observarla, aún procesando el caos que me rodeaba. El lugar me recordaba a Kanade de alguna forma: por fuera, parecía un desastre, pero había algo más, algo que aún no había visto en ella. No solo era una vampira punk y salvaje; había capas en esa personalidad.

Nos sentamos en un sofá que parecía haber visto mejores días, y Kanade de repente dejó escapar un suspiro largo. Miré hacia ella, algo curioso por el cambio en su comportamiento. Se notaba que algo la incomodaba, algo que no podía ocultar.

—“Tengo algo que contarte, Mechitas...” —dijo, con la mirada fija en el suelo.

Gwen me miró extrañada, pero no dije nada. Sabía que cuando Kanade hablaba de forma seria, valía la pena escuchar.

—“Tuve una hermana. Su nombre era Vex. Éramos cercanas en algún momento... hasta que decidió traicionarme.” —La voz de Kanade era firme, pero podía sentir el veneno detrás de cada palabra—. “Era codiciosa, siempre buscando más poder, más control. Se unió a Alex, el mismo cazador que acabamos de enfrentar, y juntos... mataron al Rey Vampiro.”

Mis manos se cerraron en puños automáticamente al escuchar el nombre de Alex. Cada vez que lo mencionaban, sentía una oleada de rabia dentro de mí. Ese tipo ya me había dejado una impresión terrible, pero ahora... ahora las cosas eran personales.

—“¿Y luego qué pasó?” —pregunté, mi voz grave.

Kanade apretó los dientes antes de continuar.

—“Después de matar al Rey, ella se quedó con Alex. Traicionó a nuestra raza, a nuestra familia... y a mí. Intenté enfrentarme a ellos, pero Alex es mucho más poderoso de lo que crees. Me dejó al borde de la muerte. Y desde entonces... desde entonces, no he hecho más que buscar venganza.”

Podía ver el odio en sus ojos, la misma furia que yo sentía creciendo dentro de mí. Entendía su dolor. No había nada peor que ser traicionado por alguien en quien confiabas. Era algo que resonaba conmigo profundamente, quizás más de lo que quería admitir.

—“Esa maldita Vex...” —murmuró Kanade, perdiéndose en sus propios pensamientos—. “Ella y Alex se merecen lo peor.”

Mi mandíbula se tensó. Las palabras de Kanade me quemaban por dentro, como si ese odio, esa sed de venganza, también fuera mía.

Alex... ese nombre ya me estaba hartando.

Sin decir nada más, me levanté del sofá. Podía sentir la ira creciendo dentro de mí, extendiéndose como un veneno por mis venas. Sabía que no podía quedarme quieto después de escuchar todo eso. Tenía que encontrarlo. Alex tenía que pagar, no solo por lo que le hizo a Kanade, sino por lo que representaba. La traición, la codicia... todo lo que despreciaba en este mundo.

Gwen me miró, preocupada, pero no dijo nada. Sabía que algo se había encendido dentro de mí, algo que no podía apagar.

—“Jason, espera...” —comenzó a decir Kanade, pero ya era tarde.

Antes de que pudiera detenerme, desaparecí. Salté de la dimensión en un parpadeo, dejándolas atrás. No me importaba el hecho de que Gwen o Kanade pudieran necesitarme. En ese momento, solo había una cosa en mi mente: Alex Tompson.

—“Voy por ti, bastardo.” —murmuré mientras me desvanecía en el vacío interdimensional, en busca de ese cazador arrogante.

Cada fibra de mi ser ardía con una furia que no podía controlar. No me importaba lo que tuviera que hacer, pero iba a encontrar a Alex, y cuando lo hiciera... el infierno mismo se desataría.

Jason: Caza Imparable

El viento del vacío interdimensional se sentía más frío que nunca. Cada universo que atravesaba se desvanecía en un parpadeo, irrelevante, insignificante. Mis manos seguían temblando, pero no por miedo esta vez. Era pura furia.

Alex Tompson... ese nombre me resonaba en la cabeza como un eco implacable. El cazador que había herido a Kanade, el que había robado su venganza, su dignidad. No podía dejarlo así. Ese tipo tenía que pagar, y esta vez, no iba a jugar. No se trataba de una simple pelea; era una sentencia.

Alex estaba escondido en algún lugar, pero no por mucho tiempo. Sabía que lo encontraría. Y cuando lo hiciera, no habría escape.

Salté entre dimensiones a una velocidad vertiginosa, buscando cualquier rastro de su energía. Finalmente, llegué a una ciudad devastada por la guerra, una mezcla de ruinas y escombros, con el cielo teñido de rojo. Había algo familiar en esa sensación de caos. El aire estaba denso, y sentía esa presencia... Alex.

Aterrizando suavemente entre los edificios destruidos, comencé a caminar. Cada paso resonaba en el silencio sepulcral del lugar, pero mis sentidos estaban al máximo, listos para lo que fuera.

—“Sal de donde estés, Alex...” —murmuré en voz baja, esperando que mi voz reverberara en la atmósfera. No me importaba si me oía o no. De alguna manera, sabía que me estaba esperando.

Y entonces lo sentí. Una presencia pesada, oscura. Desde las sombras, emergió una figura alta y robusta, con una sonrisa arrogante en su rostro.

—“Vaya, vaya... mira quién decidió venir a buscarme.” —Alex Tompson habló con una calma peligrosa, ajustando su chaqueta de cazador como si se preparara para algo inevitable—. “Así que, tú eres el famoso Jason.”

Mis ojos lo taladraron, y lo único que salió de mi boca fue una única palabra, impregnada de odio puro:

—“Muere.”

No hubo más palabras después de eso. El primer golpe fue un relámpago de velocidad, una ráfaga que movió el aire a mi alrededor como un huracán. Alex apenas tuvo tiempo de esquivarlo, pero se veía que estaba preparado. Su espada gigantesca cortó el aire con fuerza, chocando con mi puño con un estruendo ensordecedor.

El choque de nuestras energías provocó una onda expansiva que derrumbó los edificios a nuestro alrededor, convirtiendo la ciudad ya en ruinas en un campo de batalla total.

—“Te crees muy fuerte, ¿verdad?” —gruñó Alex mientras retrocedía, ajustando su postura—. “Pero no eres más que un mocoso con suerte. Yo he cazado monstruos como tú durante años.”

Sus palabras eran puro veneno, pero no me importaban. Lo único que importaba era acabar con él.

La pelea era implacable. Cada golpe, cada choque de energías hacía que la tierra temblara. Alex era mucho más rápido y fuerte de lo que parecía, pero yo no iba a contenerme. No había espacio para misericordia aquí. Mi rabia era un torrente que se desbordaba, alimentando cada ataque.

Pero, por más que lo atacara, Alex seguía sonriendo. Había algo en su actitud que no encajaba, algo que estaba esperando.

Y entonces, de repente, el tiempo pareció detenerse.

—“Eres fuerte, Jason. Lo admito.” —Alex se rió entre dientes, limpiándose la sangre de la comisura de los labios—. “Pero, ¿crees que este es el verdadero yo? Lo que viste antes no era más que un imitador... uno muy débil, por cierto.”

Mis ojos se entrecerraron mientras mis puños se apretaban con furia renovada. ¿Un imitador? Todo este tiempo, había estado luchando contra una copia barata de este desgraciado.

—“Debí haberlo imaginado.” —murmuré, disgustado—. “Eres incluso más patético de lo que pensaba.”

—“Patético, ¿eh?” —Alex lanzó una carcajada oscura, y pude sentir cómo su energía comenzaba a intensificarse—. “Deja que te enseñe lo que realmente significa ser un cazador.”

Sus ojos se iluminaron con una luz demoníaca, y su espada comenzó a brillar con una energía oscura, como si estuviera absorbiendo el odio mismo del ambiente. Sabía que lo que estaba a punto de enfrentar sería diferente a cualquier cosa que hubiera visto antes.

La pelea parecía eterna. Cada vez que pensaba que tenía una ventaja, Alex encontraba una forma de igualar mis movimientos. Su fuerza, su estrategia... era como si siempre estuviera un paso adelante.

Pero yo no me iba a rendir. No podía. No después de lo que Kanade me había contado. No después de saber lo que este tipo había hecho.

La Pelea Eterna: Jason vs Alex:

El aire estaba denso, cargado de la energía acumulada de ambos lados. Mis manos temblaban, no de miedo, sino de pura adrenalina. Había enfrentado oponentes antes, pero nunca alguien como Alex Tompson. No era solo un cazador. No, era mucho más que eso. Era calculador, despiadado, y sus movimientos eran tan precisos que apenas lograba seguirlos.

Su katana se movía a una velocidad sobrehumana, y aunque mis reflejos estaban afilados, cada golpe de su espada me costaba un esfuerzo titánico esquivar o bloquear. Pero seguía en pie. Y seguiría, hasta que Alex cayera.

—“Así que, esta es tu verdadera forma...” —murmuré entre jadeos, mirando fijamente su silueta mientras sostenía su katana con esa maldita sonrisa de suficiencia.

Sabía que Alex no era como los otros cazadores. Él no solo cazaba monstruos por deporte o venganza. Este tipo disfrutaba del desafío, del poder, de sentirse superior a sus presas. Y ahora, me miraba como si fuera uno de ellos.

—“Me diviertes, Jason...” —dijo Alex con su voz tranquila, casi despreocupada. Pero no era solo desprecio. Había algo más. Un retorcido sentido de respeto—. “No esperaba que sobrevivieras tanto tiempo. La mayoría caería después de unos minutos. Pero tú… eres diferente.”

Lo observé atentamente, con mi energía aún fluyendo a través de mi cuerpo, pero mis heridas eran visibles. Cortes profundos cruzaban mis brazos y torso. No era invulnerable, y Alex se estaba encargando de recordármelo.

—“Sí, soy diferente...” —le respondí, apretando los puños—. “Pero ya lo sabías desde el principio, ¿no? Por eso estás aquí.”

Mis palabras parecían hacerlo sonreír más. Un destello de sus dientes blancos en medio de todo este caos. Estaba en su elemento. Pero no sería por mucho tiempo.

Lanzó un ataque rápido con su katana, una serie de golpes que cortaron el aire a una velocidad endemoniada. Apenas tuve tiempo de contrarrestar, desviando su hoja con una ráfaga de energía que chisporroteó al impactar contra el filo. Pero incluso así, uno de sus movimientos logró cortarme el hombro.

El dolor fue inmediato, pero lo ignoré. Había aprendido a vivir con el dolor hace mucho tiempo.

Me alejé, dando un salto hacia atrás para ganar algo de espacio. Necesitaba un respiro, aunque solo fuera por un segundo.

Alex no me dio ese lujo.

Desenfundó una de sus pistolas y me disparó, las balas salieron disparadas con una velocidad devastadora. Sabía que eran más que simples proyectiles. Cada una estaba infundida con algún tipo de energía oscura. Algo que quemaba al contacto, que te drenaba de tu fuerza.

Logré esquivar algunas, pero una de ellas me impactó en el costado. Grité de dolor mientras la energía oscura se expandía por mi cuerpo, tratando de consumir mi energía.

—“¡Maldito...!” —gruñí, concentrando mi poder en el lugar donde me había golpeado, neutralizando la maldita energía oscura que trataba de invadirme.

No podía permitirme caer ahora.

—“Ya veo que aún tienes energía para pelear, pero…” —la voz de Alex sonaba lejana, como si estuviera disfrutando del espectáculo—. “¿Cuánto más puedes soportar, Jason? ¿Cuánto tiempo más puedes seguir así?”

Me dolía todo el cuerpo, pero esa sonrisa arrogante en su rostro me enfurecía más que cualquier otra cosa. Sentí el calor de mi rabia alimentando mi poder. No podía dejar que él tuviera la ventaja. No podía ceder. No esta vez.

—“Más de lo que crees...” —respondí, mi voz más fría de lo normal.

Concentré toda mi energía en mis manos. El aire a mi alrededor chisporroteaba, vibrando con la intensidad del poder que estaba liberando. Mis ojos brillaban con una intensidad azulada mientras el suelo debajo de mí comenzaba a resquebrajarse.

Alex dejó de sonreír por un momento, evaluándome de nuevo. Sabía que había algo diferente en mí. Este no era un simple enfrentamiento para mí. Esto era algo personal.

Con un grito de furia, me lancé hacia él, desatando una ráfaga de energía tan intensa que hizo que el suelo temblara. Mi puño impactó contra su katana, y aunque logró bloquear el golpe, el impacto fue suficiente para lanzarlo hacia atrás, estrellándose contra una pared.

No le di tiempo para recuperarse.

—“¡Esto no ha terminado, Alex!” —grité mientras saltaba hacia él de nuevo, desatando una serie de golpes cargados de energía, cada uno más fuerte que el anterior.

El cazador logró esquivar algunos, pero varios de mis ataques lo alcanzaron, cortando su ropa y dejándole marcas de quemaduras en la piel.

—“¡¿Dónde está tu arrogancia ahora?!” —rugí, golpeándolo de nuevo, esta vez con suficiente fuerza para lanzarlo al suelo.

Alex cayó pesadamente, jadeando. Su rostro, normalmente imperturbable, mostraba por primera vez un destello de cansancio.

Pero a pesar de todo, aún sonreía.

—“No está mal... No está nada mal.” —murmuró, levantándose lentamente, limpiándose la sangre de la boca—. “Pero esto es solo el comienzo.”

La pelea continuó, una batalla sin fin, donde cada golpe parecía llevarnos al borde de la destrucción. Ambos estábamos al límite, pero ninguno retrocedía.

Mis manos temblaban por el esfuerzo, pero algo dentro de mí me empujaba a seguir. No podía perder. No aquí, no contra él.

Alex desató una última ráfaga de disparos y se lanzó hacia mí con su katana. Apenas tuve tiempo de reaccionar. Ambos chocamos con una fuerza monumental, y el mundo a nuestro alrededor pareció detenerse por un segundo.

La pelea parecía eterna.

Alyx Heaven y Alyx Casidy:

El silencio que siguió a las palabras de Heaven era pesado, denso, como si incluso el aire hubiera decidido detenerse un momento para procesar la información.

Heaven se cruzó de brazos, apoyándose contra la pared con esa expresión despreocupada pero llena de significado que siempre solía tener. No había prisa en su tono, y tampoco esperaba una respuesta inmediata. Sabía que había dejado caer una bomba, una que cambiaría el curso de todo.

Casidy la miraba con los ojos entrecerrados, claramente intentando descifrar las implicaciones de lo que acababa de escuchar.

—Casidy: “Limit Breaker, huh...?” —murmuró finalmente, su voz apenas audible. Sus ojos se entrecerraron, y un destello de preocupación se apoderó de su rostro—. “¿Te das cuenta de lo que significa darle esa bendición, verdad? No estamos hablando de un simple aumento de poder. Esto lo cambia todo.”

Heaven dejó escapar un suspiro, casi divertido por la reacción de su hermana. Luego se giró para mirarla de frente, dejando que la importancia de lo que había dicho se asentara bien en la conversación.

—Heaven: “Claro que sé lo que significa, Casidy. Precisamente por eso se la di. Jason no es como los demás. Ya te lo dije, hace dos años... Cuando lo vi, supe que no sería simplemente otro peón en esta guerra.”

Casidy: “Pero Limit Breaker, Heaven... Eso no es cualquier bendición. Es un arma de doble filo. Si Jason pierde el control, si va más allá de lo que puede soportar...” —Casidy dejó la frase sin terminar, su preocupación era evidente.

Heaven la miró fijamente, sin perder su calma. Sus ojos brillaban con una mezcla de confianza y algo más, algo que Casidy apenas podía leer.

—Heaven: “Confía en mí. Jason es capaz de manejarlo. Limit Breaker no se activa solo porque sí. Yo tengo el control. Y cuando llegue el momento adecuado, cuando él se enfrente a su verdadero destino... lo liberaré. Será entonces cuando veamos su verdadero potencial.”

Casidy guardó silencio por un momento, evaluando lo que acababa de escuchar. Sabía que Heaven no tomaba decisiones a la ligera, pero darle a alguien como Jason una bendición de ese calibre... No era algo que se pudiera tomar a la ligera. Limit Breaker, en las manos equivocadas, era devastador.

—Casidy: “¿Estás segura de que Jason puede soportarlo? No todos están preparados para romper sus propios límites. Y cuando lo haga... ¿Qué será de él? ¿Seguirá siendo el mismo Jason que conoces?”

Heaven se encogió de hombros, su rostro adoptando una expresión de calma, casi filosófica.

—Heaven: “No lo sé. Pero de eso se trata, ¿no? De ver hasta dónde puede llegar. Él tiene algo que ninguno de los demás tiene, algo que incluso tú y yo necesitamos. Si queremos que las cosas cambien, necesitamos a alguien que sea capaz de romper más que solo sus límites. Necesitamos a alguien que pueda romper el ciclo mismo en el que estamos atrapados.”

Casidy suspiró profundamente, finalmente dejando que la tensión abandonara su cuerpo. Sabía que, aunque Heaven tomara decisiones arriesgadas, siempre tenía una razón detrás de ellas. Sin embargo, esta vez sentía que las apuestas eran más altas de lo normal.

—Casidy: “Espero que tengas razón, Heaven. Porque si Jason se pierde a sí mismo en este poder... Todo podría venirse abajo.”

Heaven la miró fijamente, con una sonrisa enigmática.

—Heaven: “Eso lo veremos pronto, hermana. Jason va a ser la clave para todo. Lo sé.”

El sonido de un portal resonó en el espacio donde estaban las dos. Heaven volvió su mirada hacia el horizonte, como si pudiera sentir a Jason peleando, luchando por avanzar hacia su próximo enfrentamiento.

Y en su interior, supo que el verdadero desafío de Jason estaba más cerca de lo que cualquiera de ellos podía imaginar.

Capítulo: “El Peso de la Ira”

El aire estaba cargado de tensión. Cada fibra de mi cuerpo dolía, mis músculos temblaban con un peso que no podía describir, pero no era solo el dolor físico... era algo más profundo, más visceral. Mientras trataba de levantarme del suelo, podía sentir cómo cada golpe de Alex había dejado su marca. No era un cazador cualquiera, lo sabía. Era diferente. Su presencia, su forma de luchar, cada uno de sus movimientos me estaba exigiendo todo lo que tenía y más.

Alex Tompson. Ese nombre resonaba en mi cabeza como un eco distante, recordándome lo que había hecho, lo que había infligido a Kanade, a tantos otros. Y ahora, aquí estaba yo, enfrentándolo. Pero mientras intentaba ponerme de pie, el mundo alrededor parecía tambalearse, difuminándose entre sombras.

Mis piernas cedieron, y mi cuerpo cayó pesadamente contra el suelo. No podía más. Cada respiración era un recordatorio de mi fracaso. Cada herida una marca de su victoria. El dolor..., el dolor de los cortes y disparos era insoportable, pero había algo más, algo peor: la impotencia. Me sentí pequeño, débil... algo que no me había permitido sentir desde hacía mucho tiempo.

Y entonces, todo se volvió negro.

El vacío.

No era solo la oscuridad. Era algo más profundo, más primitivo. Sentía mi mente flotar en un espacio donde no había tiempo ni lugar, solo el eco lejano de mi propio odio. Podía verlo, allí en la distancia, brillando como una chispa en medio de la nada. El odio. Siempre había estado ahí, agazapado en lo más profundo de mi ser, esperando el momento para liberarse. Y ahora... ahora parecía inevitable.

Con cada latido de mi corazón, la chispa crecía. El odio se extendía, como fuego avivándose por la brisa. Cada fibra de mi cuerpo se llenaba de esa energía oscura, y podía sentir cómo algo dentro de mí cambiaba. Algo que no podía detener.

Mis ojos se abrieron de golpe, y el mundo volvió a mí de una manera brutal. No había sonidos, no había palabras, solo el peso abrumador de la rabia. Mi respiración era irregular, mi pecho subía y bajaba con una ferocidad que no había sentido antes.

Me levanté lentamente, sintiendo cómo la energía fluía por cada rincón de mi cuerpo, más fuerte, más pura. Era diferente esta vez. No había arrogancia, no había risas ni provocaciones. No, esta vez lo que sentía era algo mucho más crudo.

Odio.

Mis ojos encontraron a Alex. Aún estaba allí, de pie, confiado, como si ya hubiera ganado. Pero algo en su rostro cambió cuando me vio. Lo vi, en sus ojos, el miedo. Lo sentí como una corriente fría que recorría su cuerpo. Y entonces lo supe: esta pelea ya no era como las anteriores.

—“No debiste hacerme eso... Alex.” —Mi voz era baja, un susurro que salía de lo más profundo de mí, pero cargada con una intensidad que ni siquiera yo reconocía.

Empecé a caminar hacia él. No era la velocidad con la que me había movido antes, ni la fuerza que había mostrado en otros enfrentamientos. Esto era diferente. Cada paso parecía hacer temblar la tierra bajo mis pies. Cada paso cargado de odio puro.

Vi cómo Alex retrocedía, sus ojos moviéndose frenéticamente. Intentaba calcular, intentaba comprender lo que había cambiado, pero ya era tarde. En el momento en que nuestros ojos se cruzaron, supe que ya había ganado. El cazador, tan seguro de sí mismo, ahora mostraba las grietas en su chaqueta.

En un solo movimiento, lancé mi puño hacia él, y el impacto fue devastador. Alex salió disparado hacia atrás, su cuerpo volando por el aire como un muñeco de trapo. Pero antes de que tocara el suelo, lo atrapé por los pies y lo estrellé contra el suelo con una fuerza que hizo crujir los huesos bajo mis manos.

El silencio que siguió fue ensordecedor. La tierra tembló bajo el impacto, y vi cómo su cuerpo se estremecía, tratando de resistir el dolor. Pero ya no me importaba. No había compasión, no había misericordia, cosa que normalmente no soy capaz de experimentar.

Lo miré directamente a los ojos. Sus labios temblaban, intentaba decir algo, pero sus palabras eran débiles, rotas.

—Alex: “Bas...tard...” —Logró murmurar, pero no le di la oportunidad de terminar. No tenía nada más que decir.

Con un movimiento rápido y preciso, levanté mi pierna y aplasté su cabeza contra el suelo, sintiendo cómo crujían sus huesos bajo mi bota. El cazador estaba muerto. Y yo... yo solo seguia sentiendo odio.

Me aparté lentamente, observando su cuerpo destrozado. No había victoria en esto, solo la inevitable conclusión de una pelea que me había llevado demasiado lejos. El odio aún ardía dentro de mí, pero de alguna manera, había empezado a apagarse, dejando solo un frío abismo en su lugar.

—Alyx: “Lo has hecho bien, Jason... Pero este no es tu verdadero enemigo. Vendrán otros, más fuertes. Y con cada pelea, te volverás más poderoso. Lo sabes.”

Las palabras de Alyx resonaban en mi mente, pero no respondí. Sabía que tenía razón, pero no me importaba. Este era solo el comienzo. El odio, la ira... todo lo que había sentido hasta ahora no era suficiente. Había algo más profundo, algo más grande esperando en el horizonte, y lo sabía.

Me giré y comencé a caminar. No tenía tiempo para detenerme. Había más batallas por venir, más sangre que derramar. Y aunque el odio se había calmado por ahora, sabía que volvería. Siempre volvía.

A medida que me alejaba, solo una cosa quedaba clara en mi mente: esto no había terminado.

Temporada 3, Capítulo 1: Furia Ardiente

El aire se cargaba de energía mientras el caos se desplegaba frente a mis ojos. Aún podía sentir el calor residual de mi furia mientras me inclinaba para inspeccionar los restos de Alex. Su cabeza destrozada bajo mi bota era un testimonio de lo que había desatado dentro de mí: un odio visceral que nunca creí poseer. Mientras el eco de mi respiración pesada se disipaba, una sola palabra resonó en mi mente:

—Patético —murmuré, con una mezcla de desprecio y satisfacción. —Morir así... ni siquiera merecía mi tiempo.

Me aparté del cadáver, limpiando la sangre de mi bota con la hierba mientras una brisa helada intentaba enfriar el ambiente cargado. Fue entonces cuando los sentí. Dos figuras emergieron de entre las sombras, una mujer de porte elegante pero amenazante y un hombre alto con una mirada férrea y una postura imponente. Podía percibir su poder incluso antes de que hablaran.

Sonreí con desdén mientras los observaba.

—¡Oh, vaya! ¿Así que se toman la molestia de aparecer después de que me encargo de su querido Alex? Díganme, ¿es ahora cuando intentan vengarlo o simplemente vinieron a limpiar su desastre?

La figura femenina dio un paso al frente. Su voz era firme, con una autoridad natural.

—Jason, no estamos aquí para vengar a Alex. Sabemos lo que hizo, y su muerte era necesaria.

—¿Necesaria? —interrumpí, soltando una carcajada burlona. —Claro, claro. Qué conveniente. Me quieren hacer creer que todo esto fue parte de su plan. Patéticos.

Antes de que pudiera continuar con mis burlas, el hombre avanzó con un gruñido. En un parpadeo, estaba frente a mí, lanzando un golpe que apenas logré esquivar. Aprovechel impulso para elevarme en el aire, dejando una estela de energía a mi paso.

—¡Deberían esforzarse un poco más! —grité desde las alturas, observándolos con suficiencia. —Es una lástima que no todos tengan el privilegio de volar como yo.

La mujer alzó la vista hacia mí, con una sonrisa tranquila pero desafiante.

—Subestimas a tus oponentes, Jason. No somos como Alex.

Para mi sorpresa, comenzó a elevarse lentamente, su cuerpo rodeado por un aura brillante.

—Interesante —admití, aunque mantuve mi actitud despreocupada. —Entonces, díganme: si Alex no era más que un peón en su juego, ¿cuál era su objetivo real? ¿Esperaban que lo matara?

—Exactamente —dijo ella, su voz cortando el aire como un cuchillo. —Su corrupción había llegado demasiado lejos. Era un humano cegado por el Rey Demonio. Tu odio era la clave para eliminarlo.

Solté una risa incrédula.

—¡Qué táctico de su parte! Pero no me digan que hicieron todo esto solo para usarme como su arma. Si es así, no son más que unos fanfarrones intentando salvarse el cuello.

Ambos me observaron en silencio, sin negar mis palabras. Decidí que había tenido suficiente.

—Les haré un favor —dije con arrogancia, dándoles la espalda. —Por ahora, los dejaré vivir. Tal vez me sean útiles más adelante.

—No habría ganado dijo Mark, el hombre lobo, observando el lugar donde Jason había estado. —No en ese estado.

—Si entrenaras más con nuestro jefe, podrías derrotar incluso a alguien como él —respondía Vex, su tono amistoso pero lleno de determinación.

Mark bufó, pero no respondió. Ambos sabían que Jason era un oponente formidable, pero también que su poder venía con un precio.

Llegué a la casa de Kanade tambaleándome ligeramente, sintiendo cómo las heridas comenzaban a cerrarse poco a poco. Gwen fue la primera en verme, y antes de que pudiera siquiera saludarla, me dio un golpe en la cabeza.

—¡Idiota! ¿Por qué no me escuchaste? —gritó, agarrándome de la oreja como si fuera un niño travieso. —¡Estaba preocupada por ti! Alex no era cualquier persona, ¡era un cazador letal!

Solté una carcajada, mostrando la bota manchada de sangre.

—Digamos que ya no es tan letal. Me aseguré de eso aplastando su carota bajo mi pie.

Kanade, que había entrado en la habitación, se quedó boquiabierta.

—¿Tú... tú derrotaste a Alex? Pero la última vez ni siquiera pudiste tocarlo.

Sonreí, encantado con su reacción.

—Supongo que nadie puede con el gran Jason.

jason

Un flashback de hace 25 años iluminó mi mente. Andrew, un hombre con una cresta celeste y un aire similar al mío, luchaba ferozmente contra un enemigo envuelto en llamas. El Agente Inferno. Ambos intercambiaban golpes, y el fuego rugía a su alrededor como una tormenta infernal.

—Tu poder ha disminuido, Andrew —gruñó Inferno, su voz como lava burbujeante.

—Lo hago para igualar las cosas —respondía Andrew con una sonrisa peligrosa. La misma sonrisa que ahora formaba parte de mí.

De vuelta al presente, el Agente Inferno observaba desde las sombras, su cuerpo envuelto en llamas que parecían nunca apagarse.

—Jason... esta vez no escaparás. ¡Te destruiré!

En casa, los gritos de Gwen me sacaron de mi sueño. Corrí hacia su habitación, pero ya no estaba. Una figura encapuchada había dejado solo el eco de su risa. Estallé en cólera, dispuesto a perseguirlo, cuando Inferno apareció frente a mí.

—¿Cómo puedes desperdiciar tanto poder en un instante? —preguntó, su mirada ardiente fija en la mía. Antes de que pudiera responder, apareció frente a mí y me dio un cabezazo que me lanzó contra el suelo.

El calor del combate apenas comenzaba a sentirse.

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