Capítulo 1
La Ultima Carta
Mi nombre es Michelle y esta no es una historia echando flores de mis inicios y cómo me hice famosa. Es la historia de cómo por cantar entre amigas, terminé con una beca, un viaje a Londres y más sucesos que ya te puedes imaginar si leíste el resumen, así que empecemos con los sucesos:
Detroit, Michigan. Verano de 1985.
Hoy, la tienda de discos “Vinyl Dreams” acababa de anunciar la fecha en la que abrieron sus puertas en la ciudad, quizás no era el super suceso del año o de la ciudad, pero para mi y mis amigas era la oportunidad perfecta para hacer lo que teníamos planeado como broma hace algunos meses entre pijamadas y salidas a centros comerciales para matar el aburrimiento.
Habíamos planeado algo diferente para la inauguración de aquel nuevo punto de encuentro, una idea que no trataba de ser lo típico a lo que se conoce como una locura de fans, no era un concierto, era llegar, colocarnos en la acera de la calle principal como cuatro amigas juntas enamoradas aún de sus príncipes de los 60’. Ese día era Viernes, íbamos por las calles de Detroit arregladas como si estuviéramos en aquellos años que amaríamos haber podido vivir por nuestro fanatismo, las cuatro llevábamos botas altas, vestidos a juego, diademas blancas y maquillajes con colores a juego.
Vinyl Dreams apenas tenía un letrero de cartón que decía “GRAND OPENING! 10% OFF” y nosotras llegamos una hora antes de la apertura con todo lo que habíamos preparado, los carteles pintados a mano por la mañana de Lisa, al igual que todas tenía a su favorito y el de ella era el baterista, Tom Bennett que parece compartir su gusto con el arte con ella y se podía ver en los carteles que decían en letras grandes tan visibles desde la esquina de aquella calle la frase: “THE VELVET HEARTS FOREVER”
— Lo hice inspirado en el arte que Tom hizo para Paper Stars — dice orgullosa
— ¿Sí se nota lo artístico o no?
— Se nota que no dormiste — se ríe Jenna, afinando las tres cuerdas buenas de la guitarra que trajo prestada de su hermano mayor que ninguna sabía tocar bien, pero como ella tenía como su favorito a Ade, el guitarrista principal de la banda pidió ese rol para lucirse ese día.
— Yo solo espero que si mi Ade escucha esto desde donde esté, sepa perdonar cómo voy a tocar su solo.
Nos encontramos en el parque antes de ir a la tienda, asegurarnos de tener todo y bromear un poco, emprendimos nuestro camino a la tienda y al llegar a la calle principal pudimos ver que era momento de empezar a hacernos espacio delante la puerta de aquel negocio.
— ¿Y si nadie se queda? — susurraba Jenna con temor hacia nosotras, acomodándose la chaqueta de cuero que se supone y era como la que solían usar los miembros de la banda en sus presentaciones en el 63.
— ¿Y si se burlan? — dice Lisa un poco temblorosa y las manos aun pintadas de colores.
Me reí de manera burlona sin decir más para tratar de lucir segura ante ellas por lo que estábamos a punto de hacer, a duras penas podía sostener un micrófono que había llevado para la presentación, me sudaban las manos y la risa llegaba a ser incontrolable, llevaba puesto el vestido de terciopelo azul que mamá siempre me había dicho que era “inadecuado usar para una chica de mi edad” pero que en esta ocasión era ideal para causar impacto en quienes nos vieran.
— Ok, plan — dice Jenna, poniéndose seria en medio de todas en plan de manager.
— Cantamos Honey Morning, luego seguimos con Paper Stars y cerramos con Midnight Letter porque esa es la canción que Michelle se sabe hasta dormida.
— ¿Y si nos va horrible? — susurra Mima, que ya está toda roja en el piso tratando de prender y colocar el casete en la grabadora.
— Nos va a ir horrible — dice Lisa acomodando su diadema y pintándose los labios.
— Pero divertido. Esa es la idea chicas, ¡a darlo todo!. – interrumpí justo antes de que alguien más dijera algo.
— Solo es por diversión, ¿ok? y saldrá bien, hemos pasado varios días cantando esas canciones, no creo que nos salga tan mal. — dije a manera de darles ánimos a mis chicas.
La música empezó a sonar en la grabadora que habíamos sacado de la casa de Mima sin haberle dicho nada a su hermano, su favorito el bajista de la banda Jules Mercer que también tocaba el piano, pero como no había el presupuesto para comprarle alguno de esos instrumentos a Mima, le propusimos se encargue del sonido como también lo hacía Jules en las grabaciones del grupo.
Era el momento y así comenzaba nuestra presentación con la primera canción del casete “Honey Morning”. Al principio nadie se paraba a escuchar o ver lo que estábamos haciendo, de repente pasan dos señoras con bolsas de la compra de aquella tienda cercana y solo nos miran de reojo, un señor que dobló la esquina nos miraba raro, que hacía que ni siquiera nos mirasen 5 minutos? en eso, Jenna se equivocaba de acorde en medio de la intro y Lisa no pudo evitar reírse tan fuerte que casi se cae.
— ¡Perdón, perdón! — grita Jenna, muerta de risa con su cara roja
— ¡Otra vez, otra vez!-- agarró la guitarra con fuerza y la acomodo nuevamente
Volvemos a empezar la presentación con el cassette de Mima dándose vuelta.
— 1, 2, 3!!
Ahora sí íbamos por buen camino, Mima hacía los coros con su dulce voz a la perfección y la gente se empieza a acercar de a poco, un niño comiendo helado se sienta frente a nosotras en la acera a mirarnos detenidamente. A la mitad de Paper Stars ya podíamos ver como había al menos 8 personas, una señora nos aplaude animadamente con una sonrisa en su rostro mientras que la que se encontraba a su lado se rió tiernamente por vernos allí en nuestro espectáculo pero con cariño
— “Ay qué lindas estas niñas”.---
— ¡Vas tú, Mich! — me empujó Lisa haciendo que me quedara cara a cara con la gente.
Sabía a qué se debía, habíamos llegado a Midnight Letter, mi canción y la que más amaba de la banda, ya que era la favorita del amor de mi vida Elliot Reid, la grabadora sonaba con un volumen un poco más bajo, cerré los ojos para no pensar en toda la gente que nos miraba en aquel momento y en ese momento comencé a cantar, no como lo hacía regularmente en mi cuarto, estaba cantando como si él pudiera escucharme, sintiendo como si esa letra que él escribió a los 22 años fuera mía, cuando abrí los ojos, Jenna me estaba mirando con la boca abierta.
— ¿Qué? — le hago con mímica y moviendo mis ojos tratando de no perderme en la pista
— Nada, sigue, sigue, la gente ya no se ríe.
Estaba tan metida en el papel de cantante que no había notado a la gente, en especial alguien parecía estar entre el público, un muchacho que había dejado de caminar estaba observando la presentación con una libreta nos comenzó a observar de pies a cabeza lo que provocó que tragué saliva pesadamente en eso el señor dueño de la tienda salió también y se cruzó de brazos concentrado en escucharme cantar con tanto fervor.
Ya para finalizar, en toda la calle se escuchaba solo mi voz y la guitarra de Jenna que ahora sí sonaba bien, la música estaba por terminar y ya habían más personas a nuestro alrededor, aunque quizás era solamente la gente que se había reunido a hacer fila para conocer la tienda de vinilos, sonó el último acorde y ya habíamos logrado nuestro plan, la gente nos aplaude y animaba.
Estábamos tan nerviosas que solo nos reíamos y agradecemos aun nerviosas a las personas, comenzamos a recoger nuestras cosas cuando en un instante, Mima se fijó en que nos estaban enfocando con una cámara grande, antes de que presionaran el botón nos juntamos las cuatro y entre nuestros intentos de acomodamos ya nos habían tomado una foto, no nos dimos cuenta hasta sentir el flash cegarnos momentáneamente.
Quizás habíamos quedado con una cara no tan favorable o con poses graciosas, quisimos detener a aquel hombre de la libreta para que nos tomará otra foto pero se fue tan rápido que no pudimos ver a qué dirección se fue.
— Espero no haber cerrado los ojos. — dijo Lisa entre risas.
— Creo que tengo el maquillaje un poco corrido, mi delineado sigue bien?--- dijo mima poniéndose cara a cara con Jenna para que la pudiera ver.
— Yo ni siquiera pude sonreír para esa foto, no se quejen y solo tienes un poco de rímel en tu mejilla Mima.
— Michelle estás bien? pudiste posar bien para la foto?--- dijo Mima mientras Jenna se sacaba la correa de la guitarra.
— Me imagino que si, no tengo idea, no recuerdo que estaba haciendo en ese momento, de hecho creo que no distingo nada, el flash estuvo muy fuerte.--- dije entre risas mientras me tambaleaba entre ellas.
La presentación fue divertida, nos detuvimos en una estación de bus cercana a nuestras casas que nos ocupamos para desmaquillamos y cambiamos de ropa para pasar desapercibidas en el barrio, nos abrazamos y cada una se fue a casa, aún no podía creer lo que había hecho, cantar frente a tantas personas se sentía genial. Abrí la puerta de mi casa y no mire a nadie dentro, corrí hacia donde se encontraba mi vida real, mi habitación lleno con posters de The Velvet Hearts, no eran los mas nuevos porque no era posible tener algo actual de ellos como banda, eran los posters viejos, de cuando Elliot tenía 21 y tenían esas sesiones de fotos que me encantaba admirar.
Discos rayados esparcidos por la habitación, recortes de periódicos y lo más importante, una foto antigua de Elliot que había recortado de una revista Rolling Stone del 69 y lo que siempre escondía debajo de mi cama, una caja de zapatos Converse forrada con papel. Dentro: stickers, plumas, sobres, hojas de colores y algo que podía delatarme, plantillas de sellos postales que había guardado, si te interesa un poco te podías dar cuenta que habían 83 sellos usados, ósea anteriormente había sido la autora de esa cantidad de cartas y yo misma de las había enviado a esa persona especial.
Tome uno de los discos al azar, lo coloque en el tocadiscos y empezó a llenar la habitación de música eso me animó mucho así que hice lo que mejor hacer a estas horas, tome una hoja que tenía reservada para ese día y me dispuse a escribir encima de mi cama, tenía que enviar una carta para contarle a Elliot lo que sucedió hoy, aunque sea muy difícil que lo lea pero deseo contarle a alguien toda la emoción que siento:
Querido Elliot:
Han pasado siete años desde la primera vez que te escribí.
Tenía dieciséis años en ese entonces, no conocía tu rostro entonces, solo tenía tu voz en un disco rayado de mi papá que sonaba todas las tardes y poco después pude conocerte a través de revistas y posters que poco a poco llegaron a adornan mi habitación en
Hoy tengo veintitrés años, hice algo que me enorgullece y quería contarte! Hice un concierto con mis amigas cantando tus canciones frente a Vinyl Dreams, un nuevo local de música que abrirá en mi ciudad y fui la voz principal jeje, y te quería decir que como siempre, pensé en ti.
Fuiste el primero en hacerme amar cantar y la música. Sigo escribiéndote como si en algún momento fueras a contestar…
Siempre tuya, M.
Doble el papel y lo metí en un sobre decorado por mi misma como siempre lo hacía, lo guarde dentro de la libreta que tenía y busque los sellos del correo antes de ser enviadas a la única dirección que sabía de memoria, saque el librito de sellos y allí pude darme cuenta que esa era la carta número 84 que tenía planeada enviar a ese hombre que hace palpitar mi corazón y robar suspiros llenos de esperanza, se trataba de Elliot Reid, el mejor guitarrista al que he podido escuchar en mi vida y a pesar de que ya no era tan público yo lo seguía devotamente en su actual carrera solista.
La música estaba a un volumen alto, quizás salía hasta el pasillo pero eso no me impedía bailar y cantar a todo pulmón como lo había hecho aquella tarde, no me había percatado que alguien más estaba allí observando desde el marco de la puerta, se trataba nadie más que mi mamá que como siempre entra sin tocar a mi recamara, tenia su mirada fija en el tocadiscos sonando y al verla corrí a bajar el volumen por lo que me dijo sin más.
— ¿Ya decidiste si vas a regresar al community college, Michelle?
— No mami, cree que.. Quiero... música. — dije apenada, estaba segura de mi convicción pero no podía ser totalmente sincera con ella a lo que suspira preocupada.
— Cantar está bien como hobby, mi amor, pero necesitas algo que te permita vivir. Tu papá y yo pensamos que lo de ser secretaria bilingüe…
— Ya sé, pero no… — digo bajito porque yo tampoco estoy segura de que pueda vivir de esto y que mi familia estuviera de mi lado.
— ¿Hasta cuándo, Michelle? — dijo mientras se sentaba en mi cama.
— Tienes 23. Yo a tu edad ya te tenía a ti. Si no quieres volver allí, el Sr. Henderson llamó otra vez. Dice que si quieres tu puesto de secretaria en la concesionaria sigue libre, mi amor. Tus amigas ya están en la universidad o trabajando fijo...
— Ya sé — dije nuevamente, tenía razón pero era algo que no asimilaba aun.
Jenna era maquillista profesional y vivía con su hermano, trabajaba en una empresa de telecomunicaciones, Lisa con su talento artístico estaba estudiando para ser maestra de arte y su familia era dueña de una galería super famosa en el centro y Mima estaba por graduarse y ser modista además que estaba en planes de casarse con su pareja que trabajaba en otro estado y yo… era la que seguía viviendo en casas de sus padres y no salía de su habitación a no ser que fuera para conciertos o actos relacionados a la música.
— Hija, dejaste la carrera de asistente bilingüe hace un año por la música y sigues en el mismo cuarto. Una ya tiene que decidir.
— Sí mamá, he estado mucho tiempo indecisa pero, solo estoy esperando a que algo suceda. Hoy no. Hoy fue un día bonito, ¿sí? Por favor no le digas a papá lo de la presentación en Vinyl Dreams.
Pude ver como suspiraba y mis ojos se llenaban de lágrimas inconscientemente, no estábamos peleando o discutiendo pero no podía evitar sentirme mal con ella que solo estaba en medio de todo esto.
— Es que tu papá... ya sabes cómo se pone. Dice que no puedes seguir viviendo de posters. Aquí en Detroit si no estás en la fábrica o en una oficina…
— Ya sé lo que dice — digo bajito y mire la caja con la libreta y la carta de hoy.
— Que soy la soñadora de la familia. Que a los 23 ya debería tener todo resuelto. Solo... solo déjame descansar hoy, ma. No le digas nada. Mañana hablamos de lo de Henderson, te lo prometo. Pero hoy déjame quedarme con que lo hice bien.
Me miró con ternura y por fin eso hizo que me calmara y sonría un poquito, se acerco y beso mi frente, me acosté en la cama y ella fue para taparme con la cobija como cuando era una niña y debía dormir.
— Está bien. Hoy no le digo nada a tu papá. Duerme.
Y salió de la habitación cerrando la puerta despacito para que no se escuche la cerradura, cerré los ojos y me dispuse a dormir, mañana sería un día como cualquier otro y con eso sería un fin de semana tranquilo hasta el Lunes llegue. O eso creía.
Lunes 10 am.
Pasaron tres días y yo me había convencido totalmente de que al final ese día viernes nadie más que esas pocas personas que estaban en la calle ese día nos vieron, aquella experiencia quedaría en nada más que solo una locura nuestra. Estaba tomando el sol en el balconcito de la casa que daba directo a la calle y debía prepararme para hablar con mis padres acerca de lo que había conversado con mi madre esa noche.
Un auto pasó rápidamente y se detuvo en la casa del vecino, fue super raro, el coche que había frenado de golpe estaba retrocediendo y de aquel automóvil pude escuchar a Jenna gritar mi nombre desde el interior, me acerque rápidamente y ella bajó la ventana del copiloto:
— Michelle!! no has visto el periódico de hoy??
— ¿El periódico? No… porque Jenna?
— ¡No hay tiempo! recoge rápido ese periódico, tengo que avisarles a las demás!
— Avisarles que- …. JENNA!!!
Jenna arrancó de nuevo el auto y se alejó velozmente lejos hacia el centro, era tan raro que a esa hora estuviera en la calle, suele estar ocupada maquillando a los presentadores de noticias del mediodía para las transmisiones, me había dejado en media calle gritando su nombre pero eso no sirvió de nada, corrí hacia el interior de la casa en busca de ese periódico del día que menciono. Puse de cabeza la sala entera, estaba de suerte, nadie estaba en ese momento en casa así que podía buscar en cada rincón sin responder preguntas.
Al llegar a la cocina pude ver el tan buscado rollo de papel en el mesón, lo tomé y abrí buscando hoja por hoja algo que llamara mi atención y haya puesto así a Jenna, al llegar a la primeras páginas desde los anuncios típicos de ventas o noticias nacionales, pude leer un titular en la página 8:
“Cuatro jóvenes mantienen vivo el espíritu de The Velvet Hearts.”
Abajo del titulo habían dos párrafos sobre nosotras y una foto de ese día viernes en medio de la presentación con una frase sobre mí que me hizo correr a esconder el periódico en mi habitación:
“Michelle Carter, la vocalista del grupo, asegura que comenzó a cantar después de escuchar las canciones de The Velvet Hearts.”
Era verdad, lo que quería decirme Jenna era que habíamos logrado salir en la nota en la página 8 junto a los anuncios de noticias locales, agarre de nuevo el periódico y junto a mis tijeras recorte aquella nota completa para guardarla debajo de la cama.
Tenía que tomar un respiro después de tanta información, tome mi bolso y corri hacia la casa de Lisa, ella no estudiaba en las mañanas así que era la única que me podía acompañar, toque su puerta y sin decirnos nada entendimos la situación, también ya había visto la nota, comenzamos nuestro camino al centro por un batido para relajarnos y pensar en lo que acababa de sucedernos, estábamos felices pero nerviosas a la vez. Durante el trayecto notamos algo raro y al llegar a la cafetería y tomar asiento en una mesa cerca a la ventana, Lisa fue la primera en hablar:
-“¿No te sientes… no, ¿Por qué nos están mirando tanto?”
Una señora en otra mesa cerca al cajero del local, tenía el periódico abierto y le dijo en voz alta mientras nos señalaba para que su amiga que estaba sentada frente a ella nos viera:
-“Mira, son 2 de las chicas que estuvieron el viernes en Woodward Ave con un tributo a Velvet Hearts”
Me puse roja automáticamente y hasta que Lisa regresara con su batido, yo ya había salido corriendo de la cafetería, aún no sabía que TAN grande. Había sido la noticia en esa zona de la ciudad, ambas sabíamos a donde teníamos que ir, fuimos en camino a la tienda de discos Vinyl Dreams, la campanita de la puerta sonó a lo que entramos al local con Lisa, todavía con el periódico arrugado en la mano.
— ¡Sr. Miller!
Y allí se encontraba el dueño, el Sr. Miller, quien al vernos desde atrás del mostrador, pero cuando nos vio nos sonrió con toda la cara y salió corriendo a abrazarnos:
— “¡Mis estrellas! ¡Entren, entren!”
Lisa lo interrumpe, ya que ella nunca se aguanta una noticia o chisme:
— Señor, ¡salimos en el Free Press! ¿Ya vio?
— Claro que lo vi —
Dijo sacando OTRA copia del mismo periódico, pero más cuidada, casi nueva, sin arrugas.
— Y por eso hice algo. Espero que no se enojen.
Nos miramos yo y Lisa.
— ¿Qué hizo? El Sr. Miller se acomoda los lentes
—“Yo llamé al Detroit Free Press. Les dije ‘vinieron unas niñas y cantaron como ángeles’. Si ustedes se hacen famosas, mi tienda se hace famosa, ¿entienden? Además, yo viví 20 años en Camden Town, Londres, antes de venirme a Detroit a abrir esto. Todavía tengo amigos allá. En una revista chiquita que se llama NME. Esta mañana, muy temprano, antes de abrir la tienda... fui al correo.
Volvió al mostrador y saco de debajo de allí un recibo amarillo del correo aéreo.
— Mandé esto. La foto del periódico, y el casete que grabé el viernes con mi grabadora. Donde se escucha tu voz. Clara, con todo y los carros pasando atrás.
Me quedé fría al ver como me señalaba con aquel recibo
— ¿A... a Londres? — digo bajito.
— A Londres. Allá sí escuchan estas cosas, hija. Aquí en Detroit solo ven si vendes o no vendes. Allá escuchan si SIENTES.
Pensamos que solamente se trataba de un viejito buena onda comerciante que no tuvo problema en que animamos un poco la inauguración de su tienda, pero ahora con lo que sabíamos, las piezas se empezaban a unir y recordé al hombre de la libreta, en serio no estaba por nosotras, estaba cubriendo la apertura de la tienda para el Detroit Free Press, pero se había quedado por nuestro concierto improvisado, en el momento que tomó la foto fue justo cuando cerré los ojos en el trance de estar completamente concentrada, sin saber que alguien me miraba. El Sr. Miller se acercó a ambas y nos dijo:
— “Oigan, ¿y si hacen otro toquecito aquí el sábado? Yo pongo el letrero y les pago con discos.”
Estaba tan emocionado porque salió su tienda en la foto, que nos contaba que ese mismo día mandó la copia del periódico + el casete pirata que grabó de nosotras cantando con su grabadora vieja a una revista en Londres que se llamaba NME, diciendo que lo había hecho ya que “si ellas se hacen famosas, mi tienda se hace famosa”. En eso, la campanita vuelve a sonar con fuerza ¡RING! Era Jenna, entró corriendo, casi sin aire, con el pelo todo desacomodado:
— ¡Ya lo vieron todos! — grita
— ¡Me acaba de parar la mamá de Kevin en la fila del A&P y me dijo “vi a tu amiga en el periódico”!
Detrás de ella entró finalmente Mima, quien siempre llegaba tarde aunque ahora traía donas consigo.
— ¿Ya les dijo? — preguntaba mirando al Sr. Miller.
— Ya les dije — dice él orgulloso, mostrando el recibo.
Jenna agarró aquel recibo y casi se desmaya al leer el destino de aquel correo.
-- ¿LONDRES? ¿Mandó nuestra canción a LONDRES?
Las cuatro nos quedamos calladas un segundo, seguíamos en Vinyl Dreams, oliendo a vinilo nuevo, con el periódico de Detroit en una mano y un recibo a Londres en la otra. Yo agarre la mano de Lisa sin querer ya que aun no procesaba la noticia.
— Sr. Miller... ¿y si no les gusta?
Él me mira, y por primera vez me habla como si yo no estuviera pérdida, sino como si ya desde ese momento fuera cantante de verdad.
— Michelle, hija. Si no les gusta, no pasa nada. Pero si les gusta, te van a contestar. Y cuando contesten, no va a ser con una notita en el periódico de aquí. Va a ser con un sobre grande, crema, con sello rojo que dice LONDON.
Se me erizo la piel al escucharlo por lo que Mima rompió el silencio:
— Bueno, ¿y si celebramos antes de que nos hagamos famosas y no podamos salir así otra vez? Traje donas.
Todas nos reímos. Nos abrazamos ahí en medio de la tienda, con el tocadiscos sonando. Y yo, sentí por primera vez en 3 días lo que podía traer esta sorpresa del destino, solo pensaba en lo impresionante que mi voz estaba en ese momento en un avión cruzando el Atlántico.
MOONPASS RECORDS - CAMDEN TOWN - LONDRES
Días después, a 6,000 kilómetros de Vinyl Dreams, mientras en las calles de Londres en la noche caen gotas de lluvia, en una oficina de Camden Town, llevaba algunos días en el escritorio principal un sobre crema con sello rojo aterrizó en el escritorio de Elliot Reid.
La gran oficina desprende un notorio olor a cigarro viejo, madera y vinilos con carpetas por doquier. Sarah, la encargada de mantener el orden en la oficina y funcionaria de la academia entra empapada al lugar, coloca en el escritorio la foto arrugada de Michelle que había salido del Detroit Free Press y un cassette BASF con la etiqueta escrita a mano:
Michelle Carter - Detroit - Live @ Vinyl Dreams - Mala Calidad.
En el estudio de grabación de al lado, con la puerta entreabierta, estaba Leo Reid de 23 años, sentado frente a la consola, usando una chaqueta de cuero negra, con su pelo largo mojado, tomando té frío aburrido desde hace horas con cara de pocos amigos porque su papá lo obligó a ir a la academia ese día que era más que obvio sería lluvioso y podía dañar aquella chaqueta que tanto amaba usar.
Aquel muchacho llevaba yendo varios años en MoonPass simplemente por acompañar a su padre o a hacer uso de las instalaciones las cuales ya conocía cada rincón y el funcionamiento del sistema, aún no había ingresado oficialmente como estudiante ya que no se decidía por alguna rama en específico y ni su padre lo hacía entrar en razón para escoger que seguir y más importante era que nadie además de su padre lo impresionaba en cuanto a música se trataba.
MoonPass no era una academia de música cualquiera, su nombre llevaba años apareciendo en revistas especializadas y en artículos sobre las nuevas promesas de la música británica. Había sido fundada en Londres con la intención de reunir a jóvenes músicos de diferentes partes del mundo y ofrecerles una formación mucho más cercana a la industria que a una educación convencional.
Allí no bastaba con aprender teoría musical o aprobar exámenes, había que tocar, cantar, componer, experimentar y, sobre todo, aprender a trabajar con otros músicos, tenían estudios de grabación, salas de ensayo, pequeños escenarios para presentaciones y profesores que habían pasado buena parte de sus vidas trabajando en la industria musical. Conseguir una plaza ya era complicado; conseguir una beca internacional era todavía más difícil.
Elliot finalmente llegó y entró al estudio con el cassette y lo colocó en un reproductor de música y al ponerle PLAY se escucha en toda la habitación aquella grabación, Sarah que se había quedado en la oficina recogiendo papeles igual era oyente de lo que pasaba en el estudio:
“sssshhhhh - claxon de Detroit - la risa de Jenna se escuchaba junto a las cuerdas de la guitarra afinación de a poco - y la voz de Michelle se oía lejana, cantando Midnight Letter, casi tapada por el ruido de la calle.”
Leo ni se voltea hacia la consola, estaba mirando el cristal del estudio y de la nada soltó una risa por la nariz ya que estaba con el té en la boca, tragó aquel último sorbo y dijo:
— ¿Y eso?
Sarah llega al marco de la puerta entreabierta y lo mira mal.
— Es la chica de Detroit. La del demo que llegó hace unas semanas desde Estados Unidos.
Leo agarra la foto, la mira dos segundos con una sonrisa de burla en su rostro:
.— Otra americana que cree que por cantar con los ojos cerrados ya es Janis Joplin. Se escucha horrible. ¿Por qué la escuchas siquiera, Elliot? ¿Por lástima?
Elliot no contesta ante el comentario de su hijo, toca la consola y en el reproductor rebobina aquella cinta y sube el volumen. Ahora sí se escuchaba aquella voz temblorosa en el estribillo, Leo se cruza de brazos.
— Tiene voz, ok. Pero todas tienen voz aquí. Esta solo llega con una foto en periódico extranjero y con la historia de “la chica de la acera”. Va a creer que ya es alguien. Ya verás.
Se levanta, deja la foto boca abajo, como si no valiera nada junto a su taza de té sin terminar:
— Apuesto a que cuando la veas en persona ni siquiera va a saber afinar sin el ruido de los carros de fondo.
Y se va del estudio, dejando la puerta abierta casi empujando a Sara que aún se encontraba allí pero decidió alejarse de igual manera. Silencio en todo el estudio al fin, Elliot aún no puede creer lo que pasó y queda sorprendido porque Leo NUNCA opina nada de la academia, ya que estaba se había quedado solo, mira la foto que estaba donde Leo la había dejado boca abajo y la voltea, mira a Michelle en primer plano con los ojos cerrados cantando.
Regreso a la consola y le da al PLAY otra vez a la cinta con la foto en su mano:
— Tiene algo, aunque nadie más lo escuche. dice en voz alta para que Sara lo escuche:
— Admítanla. Beca completa. Que venga.








