Prólogo: El comienzo
El año 2027 se había convertido en un escenario impensable. En un mundo asfixiado por la ambición corporativa y el colapso social, los desastres climáticos ya no eran noticia de última hora; eran la rutina diaria. El miedo era absoluto.
Fue entonces cuando un extraño video comenzó a viralizarse en las redes latinoamericanas. Un anciano, un brujo guajiro del norte de Colombia, lanzó una advertencia antes de desvanecerse sin dejar rastro. Su visión fue cortante:
“Las catástrofes y el caos que han visto no son comunes... nacen de la furia de un ser llamado El Zupremo, enojado por la avaricia de los terrícolas. Ese extraño planeta que nos ocultó el sol durante el último y largo eclipse fue solo el inicio. Sus ráfagas traerán esporas, partículas que se filtrarán en el aire tras la liberación de los gases de la tierra, haciendo impensable el caos. El ambiente mutará. Si los mortales buscan la salvación cuando llegue la hora, solo los elegidos por el Dios de los Duendes podrán encontrarme...”
Tras pronunciar esas palabras, el brujo desapareció. La sociedad lo trató como a un loco. Los medios lo tacharon de fanático, creando una inmensa polémica por atreverse a profetizar el fin y dividir a las religiones con menciones de “nuevos dioses”. “Es increíble cómo la gente habla sin pensar”, comentaban los escépticos en internet.
Su último aviso de que el verdadero caos comenzaría pronto quedó sepultado bajo el ruido digital. La noticia pasó al olvido y dejó de ser relevante.
Hasta que llegó ese día.








