"La noche que entró por mí ventana"
Prólogo
- POV: Bastien -
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Siempre supe que la muerte tendría pasos silenciosos.
Me lo enseñaron desde pequeño, entre lecciones de protocolo y reverencias frente al espejo. Un príncipe debe anticipar todo, decía mi tutor con esa voz aburrida que tenía. Todo movimiento, toda intención, toda mentira. Yo asentía con la cabeza inclinada y los ojos bajos, como se esperaba de mí. Y aprendí. Vaya que aprendí.
Lo que nadie me dijo es que la muerte podría ser tan... pequeña.
Esa noche lo escuché antes de verlo. Un crujido casi imperceptible junto a la ventana, el roce de unas botas contra la piedra fría del palacio. Cualquier otro habría seguido durmiendo. Yo apoyé la mejilla contra mi peluche y esperé, con los ojos cerrados y la respiración pausada, fingiendo ser exactamente lo que él esperaba encontrar: un príncipe dormido, indefenso, fácil.
Nunca fui ninguna de esas cosas.Sentí el frío del metal cerca de mí. Tan cerca que podría haberlo contado como un suspiro. Y entonces actué, no por miedo, sino porque algo en ese momento me pareció curiosamente... interesante. Lo tomé del brazo y lo atraje hacia la cama con la misma naturalidad con la que abrazo mis almohadas en las noches de invierno.
Él se quedó inmóvil. Yo sonreí contra su hombro.
« Tu es à moi, maintenant. »Eres mío, ahora.
No lo dije en voz alta, claro. Eso habría arruinado todo. En cambio murmuré algo sobre no poder dormir y le pedí que fuera mi almohada esa noche, con la voz adormilada de alguien que no sabe nada. Y él, este hombre frío que había entrado a mi cuarto con un cuchillo en la mano, se quedó ahí. Paralizado. Rojo hasta las orejas.
No sé exactamente cuándo decidí quedármelo. Quizás fue esa noche, sintiendo cómo su respiración se volvía cada vez más tensa mientras fingía que podría escapar en cualquier momento. Quizás fue antes, cuando lo vi por primera vez con esa expresión seria que usaba como escudo. Quizás fue siempre, y simplemente todavía no lo sabía.
Lo que sí sé es esto: él vino a usar un arma contra mí.Y yo decidí usar la suya contra él.Sus sentimientos.
Esos pequeños destellos que se le escapaban sin querer. El rojo que le subía por el cuello cuando le hablaba en francés. La forma en que espiaba de reojo cuando creía que no lo miraba. El instante exacto en que dejó de ser mi asesino y se convirtió en algo que ninguno de los dos sabíamos nombrar todavía.
Mí-sha.
Incluso su nombre suena diferente en mi boca. Como algo que merece ser pronunciado despacio, con cuidado, como si pudiera romperse. Aunque él jamás lo admitiría. Él, que cruza los brazos y frunce el ceño y dice prefiero morir en batalla con esa voz seca que uso para no caer. Él, que cae de todas formas.
Siempre cae.
Esto no es una historia de amor inocente. No soy inocente, nunca lo fui. Soy un príncipe que aprendió muy joven que el poder más grande no está en las armas ni en los ejércitos, sino en hacerle creer a alguien que tiene el control... mientras tú sostienes todos los hilos.
Pero hay algo que no calculé.
Que mientras usaba sus sentimientos como arma, los míos también empezaron a sangrar.
Fin del prólogo · Bastien








