Capitulo 1:And The You Appeared
La cafetería de la novena planta del Hospital Universitario Sangmyung olía a dos cosas a las seis de la mañana: grano de café quemado y antiséptico industrial.
Gun-woo Carter mantenía el vaso de papel apretado entre los dedos mientras observaba la niebla matutina disolverse sobre el horizonte de Seúl. Traía la bata blanca desabrochada sobre una camiseta negra de algodón y los pantalones del quirófano. Tenía veinticinco años, una mirada enérgica que combinaba la astucia callejera del norte de Nueva York con la disciplina severa del sistema médico coreano, y una sonrisa que a menudo rozaba la arrogancia.
—Dígale al doctor Park que si quiere revisar las angiografías del paciente de la cama cuatro, los resultados ya están en su escritorio desde las cinco y media. Y que la técnica que usé en la sutura vascular fue perfecta, así que no hay nada que debatir en la junta.
La enfermera asintió, ahogando una sonrisa nerviosa antes de hacer una breve reverencia y retirarse rápidamente.
Gun-woo sonrió para sí mismo, ajustándose el estetoscopio alrededor del cuello. Sabía exactamente lo que decían de él en los pasillos. "El chico de Brooklyn", lo llamaban algunos con envidia; "el protegido del director", decían otros. Había crecido en Nueva York con su padre y su madrastra, estudiando entre el bullicio de Flatbush y la rigidez de las academias americanas, hasta que decidió mudarse a Corea para estar cerca de su madre y su padrastro.
En menos de dos años desde su llegada, Gun-woo Carter no solo se había adaptado al exigente ritmo de Seúl, sino que lo había conquistado. Era médico general, pero su destreza en urgencias, su precisión quirúrgica y su capacidad para diagnosticar en segundos lo habían convertido en una leyenda joven dentro del hospital. Era el orgullo de sus padres, la envidia de los residentes de su edad y el recurso favorito del director general para los casos complejos.
El problema era que Gun-woo lo sabía. Y le encantaba.
A las ocho de la noche del mismo viernes, el ambiente no podía ser más distinto. Las luces fluorescentes del hospital quedaron atrás, reemplazadas por las luces de neón rojas y azuled del distrito de Itaewon.
El bajo de la música retumbaba contra el suelo de madera del bar. Gun-woo estaba sentado en un sillón de piel, rodeado por un grupo de residentes y un par de amigos de la universidad. Tenía un vaso de whisky con hielo en la mano, la camisa ligeramente desabrochada en el cuello y la barbilla limpia, afeitada al ras, reflejando la frescura de sus veinticinco años.
—¿De verdad detuviste la hemorragia con compresión directa mientras el residente de segundo año entraba en pánico? —preguntó una chica sentada a su lado, mirándolo con genuina fascinación.
Gun-woo soltó una carcajada suave, inclinándose un poco hacia adelante.
—El tipo estaba temblando tanto que parecía que tenía Parkinson —respondió Gun-woo, haciendo un gesto con la mano libre mientras sus amigos se reían—. Tuve que tomar sus manos, apartarlo con cuidado y decirle: "Si te desmayas ahora, voy a tener que operarte a ti también". En tres minutos la arteria estaba pinzada. Es cuestión de control, nada más.
—Hablas como si fuera tan fácil salvar una vida —comentó Bae Geon-woo, quien en ese entonces ya era su residente sénior y amigo cercano. Geon-woo lo observaba desde el otro lado de la mesa con una mezcla de orgullo y leve exasperación.
—Para mí lo es, Geon-woo —contestó Gun-woo guiñándole un ojo antes de tomar un trago de su vaso—. Algunos nacieron para dudar; otros nacimos para intervenir.








