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Repression=Depression - Curesing

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Summary

Runi sabe que los adultos tienen opiniones muy firmes sobre lo que importa en la vida. El trabajo importa. El dinero importa. Ser práctico importa. Combinar los calcetines importa muchísimo más de lo que debería. Pero Runi también sabe que una varita luminosa con purpurina y música puede mejorar una mañana entera, que una cinta brillante merece ser usada en una ocasión normal y que llenarse el pelo de adornitos es también, un acontecimiento importante. Por eso nadie parece entenderla. Mucho menos cuando se encapricha de Maxim, un chico difícil de leer, experto en arrugar el entrecejo. A Runi no le molesta que sea complicado. Al contrario: le parece interesante. Maxim es como una caja cerrada con una etiqueta que dice “no abrir”, y Runi jamás ha respetado demasiado las etiquetas. Mientras intenta descubrir qué esconde él, Runi empieza a notar cosas extrañas a su alrededor: el mundo no parece ser como ella creía y le insisten en que ciertas cosas “no son importantes”. Sin embargo, cada vez que alguien desprecia aquello que ella considera hermoso, una parte de ella se pierde. Runi deberá decidir si sigue las reglas de quienes creen haberlo entendido todo o si confía en su propia manera de ver el mundo...

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Alrededor de Runi

Represión = Depresión

A Runi le gustan mucho las experiencias estéticas. Hay muchas cosas en el mundo que se pueden combinar para que luzcan de ciertas maneras. Últimamente le llaman mucho la atención las cosas lindas y brillantes. A veces se queda mirando fijo las tiendas de juguetes. Es que, para su criterio, tienen cosas tan adorables. Así fue como empezó su colección. Ella considera su cuarto un santuario, donde tiene y puede ser libremente todo lo que le gusta. Desde peluches, bisutería, juguetes, decoración, su cama e incluso su ropa, todo es muy lindo y así le encanta.

Por mayoría, se entiende lindo como sinónimo de tierno, adorable. Sin embargo, algunas personas difieren en cuanto a, si otras cosas, podrían ser consideradas lindas o no. Como este compañero de trabajo de Runi. Es un tipo serio, no muy alto, con el cabello verde oscuro. Sus ojos son rasgados y no sonríe mucho, bueno, nunca. O al menos eso parece. Runi no lo puede asegurar, ya que ella no está todo el tiempo cerca de él y no sabe lo que hace cuando está en casa, o en otro sitio. Su mirada es gélida y sus expresiones, inexistentes. Por lo que a Runi a veces se le pasa por la cabeza hacer algo que lo obligue a reaccionar y mostrar algo de vulnerabilidad humana. Algo más que un levantado de ceja por desaprobación. A pesar de estos rasgos poco amistosos de Maxim, su compañero de trabajo, Runi lo considera... lindo.

Dejando de lado el significado de lindo, Runi ha tenido ciertos problemas para acercarse a él. El problema no es hablar. Ella le va a decir cualquier cosa que le salga de la boca en el momento, así sea una tontería. El problema era otro... Un dia, caminaba por un pasillo, lo vio a lo lejos y le pareció notar que él dio un sobresalto al verla. De todos modos, ninguno se detuvo. Pero ese también fue el problema, porque tampoco lo hicieron cuando estuvieron cerca. Runi pensó que debía ser sutil al acercarse a este sujeto, debido a su naturaleza tranquila. Entonces la vez siguiente a esa sólo lo saludó con la mano. Pero este se quedó mirándola, giró la cabeza, el cuerpo y se alejó. Ella pensó que tal vez estaba abrumado debido a la presión del cierre contable en las oficinas. Pero ese día, más tarde él se detuvo junto a ella con la boca abierta, durante unos incómodos segundos y luego se fue. Cada vez que Runi lo recuerda se ríe de la confusión. Unos días después de no intentar acercarse, entró a la oficina del muchacho y le tocó la espalda. Él se giró e hizo una pose defensiva. Le lanzó una mirada más hostil que de costumbre y eso hizo que Runi se pusiera un poco tímida con él. Desde ese momento, ella trató de no acercarse más. Casi llora ante la percepción del rechazo de Maxim hacia ella. Pero, por suerte, o por desgracia, ese día recibió consejos de Ángela y Hannah.

Unos días después en una reunión, Runi había decidido cambiar su manera de vestir en la oficina. Pero no porque su jefa le haya dicho algo, no. A esta no le importaba lo que hicieran sus trabajadores, siempre que mantuvieran un buen ambiente laboral y el trabajo hecho como corresponde. Maxim casi se acerca a ella, podría jurar que lo sintió. Pero cuando ella lo miró es como si él se hubiese detenido y cambiado su línea de acción, a mantener cierta distancia.

Pero ahí no acaba, la última vez que lo sintió acercarse, Runi estaba practicando un baile de una banda popular del momento, con una varita en la mano y lo golpeó por accidente en la cara, con un gesto que hizo. Iba a disculparse, pero se le cruzó por la cabeza que tal vez, ella a él le parece molesta, así que sólo se fue corriendo.

Luego de todas estas experiencias, se preguntó: ¿por qué a veces se me acerca y otras no? Nunca había hablado con él, así que ella no sabe cómo piensa. Lo único que tiene para usar como criterio es lo que le dijeron sus compañeras de trabajo el día que decidió dejar de intentar hablarle al sujeto. Ángela y Hannah le dijeron que si quería tener novio y ser feliz debía dejar de usar ropas infantiles; acomodar el remolino extraño que tiene en el centro de la cabeza, o cortarlo de raíz; tener mejor gusto en hombres, Maxim parece un idiota al que le gusta hacerse el interesante; que a lo mejor la está usando para elevar su ego, porque le gusta gustar, entre otras cosas.

Runi se fue con el cuerpo inclinado hacia delante y abajo, con las lágrimas y los mocos colgando de su cara. Ángela, la rubia, pensó que fueron suaves con ella. Hannah, la pelirroja, se quedó con las ganas de criticar el estilo de cabello extraño de Runi.

¿Era esto cierto?

¿Debería Runi cambiar su estilo de vestir a otra estética, una considerada más adulta? No quería deshacerse de sus juguetes... quiero decir, colección. Le gustaba su cuarto como está, su ropa tal y como es... Incluso su escritorio, silla, portátil, aspiradora y otras herramientas de limpieza y el hogar lucían lindas... ¿Debería también dejar de intentar salir con Maxim algún día? A lo mejor él estaba avergonzado de estar cerca de ella, por culpa de su… colección...

La culpa la tenían sus posesiones infantiles. Las tomó todas y las tiró en una caja. Cuando las arrojaba, lo hacía con desdén. ¿Cómo pudo dedicar tanto tiempo a acumular cosas tan tontas? Quería desaparecer su habitación por completo, sin mirarla ni un segundo más. Estaba avergonzada de sí misma. Aún así, una parte profunda de ella le decía que no lo hiciera. Que no importa si sus cosas no le gustan a nadie. Lo que realmente importa es que ellas las disfruta y es feliz así. Trató de reprimirlo, de no escuchar ese lado suyo. Aún así le dolía. Peor fue cuando llegó al basurero. Ya estaba llorando desde antes de salir de su casa. Se le hizo un nudo desde la garganta al estómago, quería gritar. Quería no hacerlo.

Pero lo hizo.

Lanzó la caja, sin mirar hacia dónde o cómo caían sus cosas en el gran montón de basura. Se fue corriendo de la escena. Creía que iba a estar mejor cuanto más lejos se fuera de ahí.

Pero no fue así.

Al siguiente día despertó. Sentía como si no tuviera nada por dentro. Había una sensación pesada en su estómago, como si la gravedad estuviese atrayendo cualquier cosa, como su cabeza. No tenía ninguna gana de levantarse. Pasadas unas pocas horas, al no verla salir, su padre llamó a la habitación. Pidió permiso para entrar y al encontrar a su hija mirando al vacío con una expresión de derrota llamó a la jefa para informar que Runi estaba indispuesta para ir al trabajo ese día. Runi escuchó a su padre, como si estuviera a lo lejos y se levantó de la cama. Puso la misma expresión sonriente de siempre, aunque no quedó igual y se levantó para ir al trabajo. Estaba deseando regresar, quería estar tendida en su cama todo el día. Entró al edificio de las oficinas y pasó de largo, sin saludar a nadie. Caminó sin ver a dónde se dirigía y llegó a la oficina de la jefa. Esta, la mandó de regreso a su casa y le dio el día libre al ver el estado de limbo en el que Runi se encontraba.

Runi salió del edificio y caminó hacia su casa. Extrañaba mucho sentirse a salvo del mundo, en su cama, debajo de las mantas. Cuando entró a casa, encontró a su padre viendo la TV. En la pantalla acababa un anuncio de trenes de juguete. Su padre agarró la cobija que tenía puesta encima y la tiró con fuerza a la pantalla del televisor. Tal vez si su padre no se hubiera apresurado a cubrir la pantalla, ella no hubiera encontrado sospechosa la acción. ¿A él e gustan los trenes de juguete? Difícil decirlo, nunca lo vio con uno. Sin embargo, su padre estaba sudoroso, sonrojado y con una sonrisa sospechosa familiar. Runi se ríe por lo bajo y sale de nuevo a la calle, con la energía renovada. Dejó que pasaran unos segundos antes de volverse a asomar para encontrar al padre anotando el número de teléfono que sale en el anuncio. Él, al igual que ella, tenía gustos que otros le hicieron esconder. Poniendo a un lado lo garaciosa que encontraba la situación, ella no quería terminar de la misma manera. No quería vivir el resto de su vida avergonzada de su colecc… juguetes. Está bien llamarlos por lo que son. Se dirigió con saltos largos hacia el basurero, donde había tirado todas sus preciadas pertenencias el día anterior.

Sólo para encontrar que ya se las habían llevado.

Una gota de lluvia cayó del cielo en su gran cabeza despeinada. Luego otra y en segundos estaba lloviznando. Sin embargo, en su interior sentía una tormenta eléctrica con inundaciones incluidas. Se fue al primer parque que vio. Se sentó en el primer banco con el que tropezó y casi se golpea los incisivos. Quería llorar, dejar salir todo afuera. Pero sus pocas lágrimas se acumularon alrededor de los ojos.

Luego de unos minutos sintió como alguien se acercaba, para sentarse a su lado. ¿Quién podría ser a esa hora y con ese clima? Ahora Runi no tenía ganas de prestarle atención a nadie. Que vengan en dos meses, cuando ella se recupere. Trató de forzar las lágrimas que llevaban minutos amenazando con salir. Sin embargo su mente se desvió hacia el futuro. ¿Qué iba a pasar mañana? Ella tenía bien claro que algún día lo iba a superar. Una parte de ella pensaba que no era tan grave, a pesar de que el dolor que sentía, le decía lo contrario. Por fin sus lágrimas fluyeron. En ese instante, su llanto fue interrumpido por un golpe en la cabeza, que la dobló hacia su izquierda. En esa misma postura miró al suelo. Había un helado derretido. Se enderezó, miró a la derecha y encontró a Maxim sentado con su cara inexpresiva. ¿Qué hacía el ahí? Se preguntó y luego saltó sobre él, enojada. Le dio unos golpes en la cara. Quería soltar toda su furia con él.

Pero el peso que tenía en su estómago la detuvo. Al verlo con la sonrisa más grande y al escucharle soltar una carcajada, que ensordeció la lluvia, Runi recordó lo lindo que le parecía este sujeto. Pero ahora era diferente, estaba sonriendo. Maxim lucía como 20 años más joven: alegre, despreocupado, espontáneo. Nunca antes lo había visto así. Por un momento, Runi se olvidó de sus problemas y se rió más alto que nadie.

...

Meses después de aquella noche de lluvia ligera, Runi se encontraba en una tienda llena de accesorios coloridos. Maxim la acompañaba y le colocaba algunos... bueno, muchísimos, en el cabello. Ella disfrutaba del comportamiento de su novio respecto a sí misma. Aunque, ya para ese entonces sus gustos habían dado un giro y prefería usar algo más chic. De todos modos, tomó uno de los llaveros y se llevó el resto de los accesorios adorables que ya traía puestos porque Maxim se los colocó. Sabía que sus gustos estéticos podrían cambiar en cualquier momento. Pero ya no le iba a preocupar nunca más la opinión de los demás.

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