Cap 1...sueños raros
Capítulo 1: ¿Sueños raros?
En un mundo donde los alfas, omegas y betas conviven tranquilamente en una sociedad moderna, el gobierno se encarga de brindarles ciertas comodidades según su rango. Sin embargo, existe otro mundo paralelo.
De cada cien personas, algunas pueden tener a su pareja destinada en esa otra dimensión. Pero entre un millón de personas, son muy pocas las que tienen esa suerte y deben conformarse con encontrar pareja en su mismo universo.
¿Es tan importante eso?
¿Y por qué?
Pues el afortunado o afortunada que encuentre a su pareja de la otra dimensión recibe beneficios especiales por parte del gobierno: una casa nueva, mejores alimentos, medicina de calidad y acceso a escuelas privadas. Todo depende de la fuerza y el potencial que posean como alfa, omega o beta.
¿Por qué explico todo esto?
Pues verán, vengo de ese mundo y les contaré algo sobre mí.
Hola, soy Layla Rodríguez Castillo. Tengo 17 años, estudio en el preuniversitario y asisto a una institución prestigiosa, aunque mi familia es humilde y trabajadora.
Layla es una chica amable y humilde, aunque posee distintas facetas de personalidad debido a varios traumas de su niñez, de los cuales hablaremos más adelante.
Tiene el cabello castaño oscuro, abundante y ondulado. Sus ojos son de un tono morado púrpura. Mide 1,70 metros y posee una figura en forma de pera, aunque no siempre fue así. Desde los 13 años comenzó a ejercitarse en casa para conseguir el cuerpo que tiene actualmente.
Vive con su madre, su padrastro, su hermano menor y su abuela.
Además, tiene una hermana mayor, por lo que ella es la hija del medio. Ya deben imaginarse algunos de sus traumas.
Por esa razón, Layla es bastante desconfiada. Ha confiado muchas veces en su propia familia y ha sido decepcionada una y otra vez.
Su hogar es una casa sencilla con tres habitaciones, sala, cocina, baño y un patio mediano.
Su habitación está dividida por una cortina porque debe compartirla con su hermano menor. Otra habitación pertenece a su abuela y la última es de su madre y su padrastro.
Su hermana mayor ya es algo independiente y vive en un apartamento junto a su esposo alfa.
¿Por qué doy tanta información?
Para que no se pierdan en la trama.
Ahora sí, comencemos.
—¿Por qué estoy aquí? Todo está oscuro, pero... siento que ya lo he vivido antes.
Layla estaba teniendo un sueño muy profundo.
Lo extraño era que cada vez que lo soñaba se sentía familiar, como si formara parte de algún recuerdo olvidado.
De repente sintió que alguien le jalaba el cabello.
—¡Auch! ¿Quién fue?
dijo Layla molesta dentro del sueño.
Entonces escuchó una risa.
—Jajaja... qué tierna eres.
Era una voz ronca e innegablemente atractiva, aunque no podía distinguir de quién provenía.
—¡Oye! Ven aquí. Muéstrame tu cara.
Pero antes de recibir respuesta, sintió que todo a su alrededor comenzaba a derrumbarse.
Entonces despertó.
—Wow... qué sueño más raro... ¡y me duele la cabeza!
No tuvo tiempo para pensar demasiado.
Su madre entró a la habitación y la despertó por completo.
—Señorita perezosa, es hora de levantarse y ayudarme.
Layla miró la hora.
Eran las 6:57 de la mañana.
—Pero mamá, son apenas las siete. ¿Para qué me quieres despierta a esta hora? Estoy en mi semana de vacaciones.
respondió con la voz ronca por el sueño.
Pero no pudo decir nada más.
—Calla, señorita. No me importan tus excusas. Levántate y haz las tareas del hogar.
dijo su madre de mal humor mientras terminaba de vestirse para ir a trabajar al banco.
—(Ah... me tratan como la Cenicienta.)
pensó Layla mientras se levantaba con resignación.
Tras bañarse comenzó a acomodar toda la casa.
Minutos después se despertó su hermano menor, de once años.
Entonces la voz de su madre cambió por completo.
Más dulce.
Más amorosa.
—Mamá, ¿ya está el desayuno?
preguntó el niño con voz somnolienta.
—Sí, mi amor. Levántate y ven, tesorito.
respondió ella con una enorme sonrisa.
Layla puso los ojos en blanco.
Por fuera parecía indiferente.
Por dentro dolía.
Mucho.
Y luego su madre aseguraba que amaba a sus tres hijos por igual.
Ni ella misma parecía creerse esa mentira.
Treinta minutos después, la madre de Layla estaba lista para irse.
Antes de salir dijo:
—Layla, quiero ver la casa perfectamente ordenada cuando regrese, o tendrás consecuencias.
Su tono no mostraba ni una pizca de compasión.
Luego se giró hacia su hijo y su esposo.
—Adiós, tesorito. Llámame más tarde, amor.
dijo con una ternura que Layla jamás recibía.
Y finalmente se fue.
—(Uf... por fin se fue. Solo me falta fregar los trastes y podré volver a dormir.)
pensó Layla aliviada.
Su hermano salió a jugar con los amigos de la cuadra, pues también estaba de vacaciones.
Mientras tanto, su padrastro se marchó al trabajo en la albañilería y regresaría tarde.
Un rato después llegó su abuela.
Eso era extraño, porque normalmente siempre andaba visitando otras casas.
La anciana comenzó a lavar algunas prendas mientras Layla terminaba de fregar los últimos platos.
Entonces sintió unos leves golpecitos en el hombro.
Eran cálidos.
Casi juguetones.
Layla se giró inmediatamente.
Y se quedó congelada.
Frente a ella había una figura masculina alta.
Su cabello era rojizo.
Sus ojos, de un intenso color verde.
Era innegablemente atractivo.
Su presencia desprendía una mezcla extraña de diversión, arrogancia, seguridad y algo que Layla no supo identificar.
¿Posesividad?
Se quedó en shock.
Estaba segura de que jamás lo había visto en su vida.
El desconocido soltó una sonrisa confiada.
—Hola. ¿Qué tal?





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