Capítulo 1
Cuando vi la luz por primera vez, comprendí que en algún momento ya había abierto los ojos; el cascarón que me acogía se había rajado antes de que yo mismo lo rompiera. Frente a mí no me esperaba la protección cálida de mi madre, sino un camino de tierra árida y el sonido lejano de una carreta. En el cielo azul no había nubes, dejándome expuesto al sol e incrementando el calor con cada minuto atrapado en mi huevo. Podía mover el cuerpo, así que empecé a rodar hasta que una roca me ayudó a terminar de romperlo.
Alcé la cabeza y miré con atención mis alrededores. Al otro lado del camino, se abría un inmenso bosque de pinos. Mi cuerpo se movió antes que lo decidiera, cruzando la tierra a cuatro patas y alcanzando el césped rápidamente.
Mi piel fue enfriándose de a poco con la sombra de los árboles mientras continuaba la exploración, variando entre cautela y velocidad. La sensación de mi tamaño allí me alertaba ante cualquier sonido como posible amenaza, pues mi cuerpo todavía era equivalente a una piedra, siendo pequeño, lo único de lo que disponía era una velocidad media y el instinto de supervivencia. Necesitaba hallar un escondite pronto.
Un grito lejano trajo consigo una ventisca helada hacia mi dirección. Me escabullí entre los arbustos, hasta un tronco hueco, húmedo por dentro, crecido de musgo y hongos. No era el mejor lugar o el menos llamativo, pero su oscuridad me mantendría desapercibido si los de afuera estaban muy ocupados en lo suyo.
Aguardé allí unos minutos, y varias pisadas fueron acumulándose a pocos metros de mi escondite. Eran humanos, que se detuvieron a tomar aire.
A su mando, una mujer de cabello corto y grandes colgantes en las orejas, descansaba sobre su bastón. La acompañaban dos hombres y otra muchacha más pequeña, sin armas visibles.
—¿La perdimos? —habló la mujer del bastón antes de levantar la cabeza con molestia.
—Debemos llegar al pueblo, no es seguro seguir aquí —dijo uno de los hombres.
—Está bien. Usaré mi…
—No puedes —interrumpió la más pequeña—. Podrías perjudicar a los animales, o causar un frente de congelación. Sigamos corriendo, si la bestia nos alcanza, yo me encargaré.
Lo siguiente fueron murmullos que no alcancé a discernir.
El mismo grito, un poco más extendido, terminó de ahuyentar a los humanos, que desaparecieron por donde yo había ingresado.
Tras esperar medio minuto, salí del tronco para continuar mi búsqueda. Sin embargo, aunque los humanos se fueron, un último grito erizó mi piel. Mi inquietud fue porque a pesar de que sonara como un rugido y la tierra temblara con él, parecía más bien un gemido de agonía que una amenaza. ¿Por qué huyeron los humanos de algo que ya derrotaron? ¿O es que no comprenden el lenguaje de los animales? Entonces, ¿por qué yo puedo comprenderlos a ellos?
Si se trataba de una batalla entre ellos, quizá debía centrarme en mi escondite antes de ir a su dirección, porque tal como estaban las cosas, su instinto me detectaría tan pronto me acercase. Yo aún era un recién nacido.
Bien podía escaparse y recuperarse solo, o morir en donde lo dejaron, dependiendo de su condición.
Cambié de rumbo y seguí por donde murmuraba un pequeño arrollo. Exploré los alrededores, no era el hábitat de algún depredador ni la tierra tenía agujeros que pertenecieran a otra especie de animal. Rodeado de árboles altos y angostos, comencé a cavar una cueva junto a las raíces, camuflado por la crecida vegetación. Algunos insectos fueron saliendo de la tierra, que atrapaba con mi lengua tan pronto los veía, sin pausar la labor.
Estaba oscureciendo, y las secuelas de la ventisca helada de antes comenzaban a surtir efecto. Me preguntaba qué había ocurrido con esos humanos. Habían mencionado algo sobre un frente de congelación, ¿tendría que ver con la diferencia de ambiente en el bosque y en el camino de tierra? Allí, el sol penetraba con tanta fuerza que corrí directo a la sombra en cuanto rompí el huevo.
Por el momento, debo asegurar mi guarida, y podré detenerme a pensar.
Mis patas comenzaron a chocar con algo rígido en la tierra. ¿Una raíz del árbol? Decidí simplemente rodearla, guiando mis patas a donde no sintiera esa dureza.
Quizá era por la profundidad, pero con mi excavación, la tierra iba ablandándose, al punto de que no hacía falta fuerza para quitarla del camino.
En ese momento debí detenerme. Porque al meter las patas una vez más, mi cuerpo se resbaló de lleno y terminó de empujar el último cúmulo de tierra como arena, cayendo en una enorme cueva oscura. Aquello que mis patas sintieron no fue una raíz, sino una de las piedras que conformaban el techo de la cueva.
Mi cuerpo se sumergió en un líquido viscoso, que no tardó en ralentizar mi caída. Me apresuré en nadar hacia la superficie no muy lejana, pero mi cuerpo estaba apretado, no era agua normal. Mientras más me movía, mi cuerpo dolía y se sumergía. Estaba quedándome sin aire. Dejé de moverme con la esperanza de que mi tamaño por sí solo sirviera para flotar, y no sé cuál de las razones fue, pero en cuanto me detuve, el líquido volvió a empujarme hacia la superficie, y me adherí de inmediato al suelo que bordeaba ese pequeño cráter. Estaba pegajoso, aún me era difícil moverme, como si siguiera bajo el agua. Me estaba poniendo nervioso hallarme en un lugar tan oscuro y sin movilidad, porque si apenas podía ver luz dentro del bosque, ahora sería imposible hallar la salida de la cueva. En cuanto mi cuerpo se recupere, intentaré buscar el agujero que me trajo aquí.
Eso pensé, cuando el rugido que tanto temía volvió a retumbar, esta vez, en las paredes de la cueva. Su intensidad era mayor, pero la distancia parecía la misma. Estando arriba, sonaba lejos. ¿Acaso esta enorme cueva era la guarida de esa "bestia"?
Si ese era el caso, la salida debería estar por donde vinieron los humanos.






![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)

