Capítulo 1. ¿Quien es ella?
Louis:
—Vamos, señor Takamura, por favor. Solo cinco minutos. Si después de eso sigue pensando que estoy perdiendo su tiempo, me iré.
—Muchacho ya te dije que no tengo tiempo para ti, tengo una reunión ahora, a la cual me estás retrasado. Más tarde voy a recibir a un socio muy importante.
—Por favor señor, no se arrepentirá. Soy bueno en mi trabajo, solo deme una oportunidad y se lo demos…
—Si tanto quieres una oportunidad, espera con los demás. —cierra la puerta en mi cara.
—Me parece que el señor Takamura no está de humor —comento.
—Jamás lo esta. Si quieres perder otro día siendo ignorado, solo siéntate.— me dice la recepcionista.
Le sonrío y ella solo se gira y vuelve a lo suyo.
Supongo que ya vio demasiados tipos como yo sentados aquí.
Me siento en uno de los sofás de la sala de espera y miro fijamente el logo dorado del despacho bien colocado en la isla de mármol que es el escritorio de la recepcionista.
Tres visitas en dos semanas.
Dos rechazos.
Creo que para este punto van a poner una foto de mi cara con una X en la entrada.
Pero aquí estoy, sentado en la sala de espera esperando que esta vez el señor Takamura pueda regalarme solo un poco de su tiempo.
La verdad es que ya no sabía cuántas veces podía volver sin empezar a parecer desesperado.
Pero necesitaba ese trabajo. Y no solo por el sueldo.
Un olor a detergente barato llama mi atención. Sigo el rastro del desagradable aroma y lo percibo en mi ropa.
Mierda.
Estaba tan concentrado en llegar a este lugar que olvidé por completo ponerme loción.
¿Se nota que este traje no es mío?
¿Se nota que estoy intentando encajar?
Agh, estúpido traje rentado.
El sonido de la música clásica que tienen en esta sala de espera me pone de nervios, creo que sería mejor que me pusiera mis audífonos y escuchara mi propia música, pero eso no se vería muy profesional de mi parte. Olvida los tontos audífonos, hay que causar una buena impresión, ya fue suficientemente patético que me rechazaran, dos veces, no puedo fallar. La tercera es la vencida.
—Disculpe, pudiera regalarme una botella de agua. —pido a la señora recepcionista.
—Están en la canasta, por allá. —señala la dirección sin mirar.
Comienzo a repasar mentalmente el pequeño discurso que tengo preparado para hablar con el señor Takamura mientras bebo de la botella de agua, cuando el ruido de unos tacones golpeando el piso invade la habitación sacándome de mi repaso mental.
Dirijo la mirada inevitablemente hacia la fuente del sonido, para encontrarme con la imagen de una mujer caminando con confianza y determinación hacia el escritorio de la recepción. Lleva una carpeta con lo que parece ser muchos papeles.
La señora recepcionista al verla inmediatamente levanta el teléfono y escucho las palabras. “Ella está aquí”
¿Ella? ¿Quién es ella?
—Hola Gladys ¿Cómo estás? —dice ella al llegar a su sitio con una sonrisa.
—Señorita, no la esperábamos. ¿a que se debemos el honor de su visita?.
—Solo vine a entregar estos documentos al señor Takamura. Se supone que mi hermano vendría, pero le surgió inconveniente.
El encanto y seguridad que emana esta mujer con cada palabra es impresionante. No parece sorprendida por la manera en que todos reaccionan ante ella, como si estuviera acostumbrada a que una habitación cambiara cuando entra.
Tiene un porte empresarial, eso se nota. Y la elegancia con la que camina sobre esos zapatos solo lo confirma.
La puerta de la oficina del señor Takamura se abre de golpe, y aparecen algunos hombres trajeados hablando de grandes cantidades de dinero como si estuvieran jugando Monopoly en la sala de su casa.
¿Qué está pasando aquí?
—Buen día linda. Qué gusto verte.— dice el hombre mayor. —¿Cómo está tu padre?
—Él está bien gracias por preguntar, señor. Tenemos que revisar unas cuentas y presupuestos. El presidente Maslow está inquieto por un par de detalles que él mismo encontró.
—Por supuesto linda, pasa a mi oficina, charlemos allá. —contesta el hombre.
Una risilla sale de ella. —Gracias pero aún no es mi turno. Me parece que ya había alguien por delante de mí. No es así, caballero?
Todos dirigen sus miradas hacia mí, al parecer se habían olvidado de mi presencia.
Incluso yo me olvidé de mi propia presencia desde que ella entró a la sala.
—Tú no te preocupes por él, él no es importante.
Claro. No es importante.
—Qué grosería señor Takamura. Por supuesto que es importante, él estaba antes que yo y no pienso quitarle su turno. —de todas las respuestas que esa mujer pudo dar jamás esperé esa.
No sabía quién era ni por qué todos parecían conocerla, pero acababa de hacer algo que nadie más había hecho en las últimas dos semanas.
Me había visto.
Se acerca a mi dirección y toma asiento en el sofá a mi costado.
Cuando su vista está fuera de mí siento que el aire vuelve a entrar a mis pulmones.
¿En qué momento dejé de respirar?
—Puedo esperar señor Takamura, primero atienda al caballero. Si no lo hace me molestaré mucho con usted y lo notificaré al presidente Maslow.
Maslow.
¿Por qué siento que ya he escuchado ese nombre antes?
—Como diga, señorita —dice el hombre mayor con una sonrisa apretada.
No sé qué hacer, no sé qué decir. Estoy congelado, parado con una botella de agua en las manos y en el momento en el que ella se acercó olvidé todo lo que tenía para decirle al señor Takamura.
Excelente. Estoy en blanco.
—Muchacho, ¿tu nombre?
—Louis Coppola, señor.
—Muy bien, Louis Coppola, sígueme.
—Sí, señor.
—Ahora.
Mis pies por fin se despegan del piso donde ya estaban clavados y avancé a paso firme a la oficina. No sin antes voltear rápidamente para hacerle un gesto de agradecimiento a la señorita que estaba sentada con una revista en las manos.
Leí en sus labios “suerte” el cual vino acompañado de una sonrisa exagerada y ambos pulgares hacia arriba.
Es muy amable.
Y muy bonita.
Dentro de la oficina escucho la puerta a cerrarse y doy una profunda respiración. Cálmate.
—Cinco minutos —dice Takamura sin sentarse aún—. Convénceme de que no estoy perdiendo mi tiempo.
Trago saliva pero no me siento hasta que él lo hace.
—No voy a convencerlo, señor. Solo quiero demostrarle que puedo aprender más rápido que cualquiera que ya tenga aquí.
Takamura alza una ceja. —Todos dicen eso.
—Sí. Pero la mayoría llega con experiencia. Yo llego con hambre.
Silencio.
Takamura revisa la carta de recomendación que me dio un profesor de la universidad.
—El profesor Williams habla muy bien de ti.
—Espero que no demasiado. No quiero que me contrate por lástima.
Un pequeño cambio de mirada. Takamura lanza algo inesperado:
—Si te contrato mañana, ¿qué problema crees que tendrás el primer día?
Lo pienso.
—Probablemente cometeré errores intentando demostrar que merezco estar aquí.
No quería decirlo en voz alta, pero era la verdad.
El mayor riesgo no era equivocarme, era obsesionarme con demostrar que no lo haría.
Takamura se inclina ligeramente. —Al menos eres honesto. ¿Por qué este despacho? —pregunta Takamura.
—Porque aquí trabajan personas que no necesitan decir que son los mejores. Se nota.
Y quiero aprender a ser ese tipo de profesional.
—No estamos contratando —dice Takamura finalmente.
Lo sé.
Bajo la mirada resignado hacia la superficie del escritorio.
Inconscientemente empiezo a juguetear un poco con mis dedos.
—Vuelve mañana a las ocho. Antes que todos. Si sigues aquí después de una semana sin que nadie te eche… hablaremos otra vez.
No es un sí.
No es un no.
Es una puerta.
—Gracias señor. —extiendo mi mano para estrecharla con la suya.
Mira mi mano y luego a mí y reprime un intento de sonrisa.
Finalmente nuestras manos se estrechan y el trato apalabrado queda firmado.
Dejo la silla como estaba y me retiro de la oficina. El aire fresco de la sala de espera me golpea en la cara haciéndome caer en cuenta de lo que acaba de pasar.
Lo logré.
Por un segundo me cuesta creerlo.
Después de dos rechazos, finalmente tenía una oportunidad.
Pequeña. Condicional. Casi ridícula comparada con lo que había venido a buscar.
Pero era una oportunidad.
Y por ahora, eso era suficiente.
Estoy emocionado y no sé qué hacer con esto, no sé si llamar a algún amigo y festejar o qué es lo que se debe hacer en esta situación.
Inconscientemente mis ojos buscaron a la mujer sentada en la sala de espera.
Ahí estaba ella, aún con la revista en las manos.
Se ve completamente diferente a la radiante chica que entró resonando con sus tacones y una enorme sonrisa. Ahora la noto más real; con el ceño ligeramente fruncido. Es como si fueran dos personas diferentes.
Acércate.
Sin meditarlo mis pies se movieron automáticamente en su dirección. Y al entrar en su campo de visión esa sonrisa pintada volvió a aparecer.
—¿Y bien? —preguntó conectando nuestras miradas. —¿Sobreviviste?
Una risa se me escapa del pecho sin siquiera pensarlo.
—Al parecer así fue. Me dio una oportunidad.
Sus ojos brillaron con un entusiasmo genuino, distinto al profesional que había mostrado antes.
—Sabía que lo haría.
No era una frase extraordinaria. No era una celebración ni un discurso memorable. Pero, por alguna razón, escucharla decirlo hizo que todo se sintiera real por primera vez.
Asentí, sin saber muy bien qué hacer con las manos, con la emoción o con la necesidad inesperada de quedarme ahí un momento más.
Debería irme.
Tenía llamadas que hacer, planes que improvisar, una vida que reorganizar después de lo que acababa de suceder.
Y aun así, no me moví.
Porque, mientras la observaba sonreírme como si aquello también fuera una pequeña victoria personal, tuve la extraña certeza de que salir de esa oficina no era lo único que acababa de cambiar.
Tal vez conseguir el trabajo solo había sido el inicio.
Porque mientras la observaba sonreírme, comprendí que había algo mucho más difícil de explicar que aquella oportunidad.
No sabía quién era ella.
No sabía por qué me había importado tanto que me deseara suerte.
Y, por alguna razón, tenía la sensación de que iba a tardar en descubrirlo.
Por primera vez desde que crucé esas puertas, no supe si estaba más nervioso por mi futuro profesional… o por ella.
Nota de autora:
Hola. Soy Celeste y esta es la primera vez que escribo algo por aquí.
Espero que algo de esta historia haya podido llamar su atención.
Si les gusta el chisme tanto como a mí, creo que este drama empresarial será bastante de su gusto. 👀
Acompáñenme a conocer más sobre Skyler y Louis, y todo lo que tienen por delante.
★Celeste.








