Cap 1 Bienvenidos a Wickerdale
El cartel apareció entre los árboles justo cuando comenzaba a oscurecer.
BIENVENIDOS A WICKERDALE
Las letras blancas estaban un poco desgastadas y algunas de ellas parecían haber perdido su brillo hacía años. Debajo había una pequeña frase:
Una ciudad para quedarse.
Elena apoyó la frente contra la ventana del automóvil.
—Qué acogedor —murmuró.
Su padre soltó una pequeña risa desde el asiento delantero.
—Dale una oportunidad.
—Papá, llevamos cuatro horas conduciendo para llegar a un lugar donde el cartel parece estar pidiendo ayuda.
Su madre negó con la cabeza.
—Elena.
—¿Qué? Estoy siendo sincera.
Volvió a mirar por la ventana.
Wickerdale no parecía una ciudad grande. Era más bien una de esas comunidades estadounidenses rodeadas de árboles, calles tranquilas y casas antiguas con jardines delanteros.
Había pequeñas tiendas, una iglesia de ladrillos, una estación de bomberos y varias cafeterías.
Y, aunque todavía faltaban algunos días para Halloween, ya podían verse calabazas decorando algunas entradas.
Eso sí le gustó.
Al menos tenía algo de ambiente.
El automóvil finalmente dobló por una calle estrecha.
—Aquí es —dijo su padre.
Elena levantó la cabeza.
La casa estaba al final de la calle.
Y definitivamente no era como la había imaginado.
Era grande, de dos pisos, con las paredes de madera pintadas de un color gris pálido. Algunas ventanas estaban cubiertas de polvo y el jardín delantero había crecido demasiado.
Una de las ramas de un árbol rozaba el techo con cada movimiento del viento.
Elena miró a sus padres.
—¿Esta es nuestra casa?
—Sí.
—¿Seguros?
—Completamente.
—¿Y no había otra?
Su madre sonrió.
—Nos vamos a acostumbrar.
Elena bajó del automóvil.
El aire era frío.
Mucho más frío de lo que esperaba.
Se quedó unos segundos observando la casa.
No sabía explicar por qué, pero había algo extraño en ella.
No aterrador.
Solo...
silencioso.
Como si llevara demasiado tiempo esperando a que alguien regresara.
Su padre abrió la puerta principal.
—¿Vienes?
Elena tomó una de las cajas del automóvil.
—Ya voy.
Entró.
El interior olía a madera vieja y a polvo.
El recibidor era amplio. Había una escalera que conducía al segundo piso y un enorme reloj de pared detenido.
Elena se acercó.
—¿Está roto?
Su padre lo observó.
—Probablemente.
Las agujas marcaban las 11:59.
—Qué específico.
—Es un reloj, Elena.
—Ya sé.
Continuó recorriendo la casa.
La sala tenía una chimenea cubierta de polvo. La cocina era bastante grande y desde una de las ventanas podía verse el jardín trasero.
Subió las escaleras.
A la izquierda había dos habitaciones.
La primera estaba vacía.
La segunda sería suya.
Elena abrió las cortinas.
Desde allí podía ver prácticamente toda la calle.
Casas antiguas.
Árboles.
Farolas.
Y, al fondo, una pequeña cafetería con un letrero naranja sobre la puerta.
THE PUMPKIN CUP.
Sonrió.
—Al menos hay una cafetería.
Dejó la caja sobre la cama.
Su madre apareció detrás de ella.
—¿Qué piensas?
Elena miró nuevamente por la ventana.
—Creo que sobreviviré.
Su madre soltó una carcajada.
—Eso espero.
---
Una hora después, Elena decidió salir.
Sus padres todavía estaban organizando cajas y ella necesitaba escapar antes de que le pidieran que ayudara.
Se puso una chaqueta, tomó su teléfono y salió.
La calle estaba tranquila.
Demasiado tranquila.
Caminó sin rumbo durante unos minutos.
Pasó frente a una tienda de disfraces, una pequeña librería y una tienda de antigüedades.
Halloween parecía ser importante en Wickerdale.
Había telarañas falsas en las ventanas, calabazas en los jardines y pequeñas luces naranjas colgadas en algunos árboles.
Finalmente llegó a la cafetería que había visto desde su habitación.
Entró.
Una pequeña campanilla sonó sobre la puerta.
—Hola —dijo una voz.
Elena levantó la mirada.
Una chica estaba detrás del mostrador.
Tenía el cabello recogido y llevaba un delantal oscuro con una pequeña calabaza bordada.
—¿Eres nueva? —preguntó.
Elena sonrió.
—¿Se nota tanto?
—Un poquito.
—Me mudé hoy.
—Entonces bienvenida a Wickerdale.
—Gracias.
La chica señaló una mesa.
—Puedes sentarte donde quieras.
Elena se acercó al mostrador.
—Soy Elena.
—Elysia.
—Bonito nombre.
—El tuyo también.
Elysia tomó una libreta.
—¿Qué quieres?
Elena miró el menú.
—Algo que no me haga arrepentirme de haber venido.
Elysia se rio.
—Entonces definitivamente no pidas el café de la casa.
—Anotado.
Elysia terminó recomendándole una bebida fría y una rebanada de pastel.
Mientras esperaba, Elena miró alrededor.
La cafetería era pequeña y acogedora. Había luces cálidas, fotografías antiguas de Wickerdale y decoraciones de Halloween por todas partes.
Una fotografía llamó su atención.
Mostraba la calle principal muchos años atrás.
—¿Qué tan antigua es esa foto?
Elysia miró hacia donde señalaba.
—Bastante.
—¿Cuánto?
—No sé. Mi jefe dice que tiene más de cincuenta años.
Elena volvió a observarla.
Había algo extraño en la fotografía.
Pero no sabía qué.
—¿Siempre decoran así por Halloween?
—Aquí nos encanta Halloween.
—Ya me di cuenta.
Elysia sonrió.
—Es una tradición.
Antes de que Elena pudiera preguntar más, alguien entró en la cafetería.
Era un chico aproximadamente de su edad.
Llevaba una mochila llena de libros y tenía varios papeles sobresaliendo de ella.
Elysia lo miró.
—Ah. Perfecto.
El chico se acercó.
—Hola.
—Elena, él es Evan.
Evan hizo un pequeño gesto con la cabeza.
—Hola.
—Evan es...
Elysia hizo una pausa.
—Raro.
Elena levantó una ceja.
—¿Así presentas a tus amigos?
—Estoy siendo amable.
Evan suspiró.
—Ella lleva diciendo eso desde que nos conocemos.
—Porque es verdad.
Elena sonrió.
—Mucho gusto, raro.
Por primera vez, Evan sonrió.
—Mucho gusto, nueva.
Elysia dejó la bebida de Elena sobre el mostrador.
—Y sí, estudia demasiado.
—No estudio demasiado.
—Ayer te quedaste hasta las nueve en la biblioteca.
—Tenía que terminar algo.
—Exactamente.
Evan dejó sus libros sobre una mesa.
Elena lo observó durante unos segundos.
No parecía tan raro.
Solo parecía...
curioso.
Como alguien que siempre estaba buscando respuestas.
Elysia se acercó a Elena.
—Si vas a vivir aquí, te conviene conocerlo.
—¿Por qué?
Elysia miró a Evan.
—Porque probablemente sea la única persona de Wickerdale que se hace preguntas sobre este lugar.
Evan levantó la mirada.
—No empieces.
Elena sonrió.
—Ahora tengo curiosidad.
Evan cerró lentamente uno de sus libros.
—Eso puede ser un problema.
Afuera, una ráfaga de viento hizo temblar las ramas de los árboles.
La campanilla de la puerta sonó aunque nadie había entrado.
Elena miró hacia la entrada.
La puerta estaba cerrada.
Elysia dejó de sonreír durante un instante.
Evan también miró.
Después, todo volvió a la normalidad.
—Debe haber sido el viento —dijo Elysia.
Elena asintió.
Probablemente.
Al fin y al cabo, acababa de llegar a Wickerdale.
Todavía no tenía motivos para pensar que había algo extraño en aquel lugar.
Todavía.
![Werewolf Hollow [GALATEA DATE TBA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_76bbf380fa2e8dc2f70694197487ab81.jpg)







