Capitulo 1
El olor a tierra mojada siempre había logrado relajarla.
Sin embargo, esa tarde no lograba calmarla en lo más mínimo.
Estaba emocionada.
Después de escuchar tantas historias sobre Lord Sören Silverthorn, por fin tendría la oportunidad de retarlo a un duelo. Se decía que era increíblemente tenaz en combate y que había destacado en numerosas batallas en la frontera. Muy pocos hombres se atrevían a enfrentarlo, y mucho menos a provocarlo, pues también tenía fama de poseer un terrible mal genio.
Aquello la hacía preguntarse:
¿Se molestaría si le pido un duelo?
Incluso Su Alteza, la Reina Leonora, había hablado de él en más de una ocasión.
Pero las historias no le eran suficientes. Quería conocerlo por sí misma y poner a prueba su reputación.
Por eso llevaba varias horas escondida cerca de la entrada al palacio.
No le importaba que estuviera lloviendo, que sus botas se llenaran de barro o que su ropa terminara empapada. Tampoco le importaba que la reina le hubiera advertido que debía comportarse de manera adecuada y digna de una Capitana de la Guardia Real.
Quería conocer al famoso guerrero.
Y, si este le daba la oportunidad, quería enfrentarlo.
Finalmente, el sonido de unas ruedas sobre el camino de piedra hizo que levantara la cabeza.
Un carruaje se detuvo frente a la entrada.
Se incorporó de inmediato, con el corazón latiéndole con fuerza.
-Por fin...
La puerta del carruaje finalmente se abrió y un joven salió de este.
Era mucho más alto de lo que había imaginado.
Astrid entrecerró los ojos y lo observó con atención.
Así que ese era el famoso Lord Sören.
Por alguna razón, había esperado encontrarse con alguien más intimidante.
Sus ojos recorrieron rápidamente su figura. La postura relajada. Los hombros anchos. Las manos. La espada que llevaba consigo.
No parecía alguien particularmente peligroso.
De hecho...
Parecía bastante delicado.
Astrid sonrió.
Aquello iba a ser interesante.
Cuando volvió a poner atención, se percató de que el joven ya había bajado del carruaje y estaba hablando con un par de soldados.
Decidió no desaprovechar la oportunidad y, sin ningún pudor, se acercó hacia él.
-Buenas tardes, Lord Sören. He escuchado hablar mucho sobre usted. Soy Astrid Rosenthal, Capitana de la Guardia Real. Sé que apenas llegó, pero... ¿me concedería un duelo?
Ella observó cómo el rostro de aquel hombre se llenaba de... ¿sorpresa?
Parecía querer contestar, cuando una voz lo interrumpió.
-¡Querida Astrid! ¿Qué fue lo que te dije sobre que no tenías que esperar en la lluvia? Te prometí que te lo iba a presentar...
Reconocía esa voz.
Su reina había ido a buscarla.
Sin pensarlo, se dio la vuelta, pero tan pronto lo hizo, sintió que le jalaban la oreja.
-¡Sören! Es agradable verte después de tanto tiempo. Disculpa a Astrid, simplemente le emocionaba mucho conocerte... ¿Qué tal tu viaje, hermano?
Sören apartó por un momento la mirada de Astrid y observó a su hermana.
-Largo -respondió con tranquilidad-. Pero tranquilo.
Leonora lo miró de arriba abajo.
-¿Tranquilo?
-Sí.
-¿Estás seguro? Recibí un informe que decía que hubo un enfrentamiento cerca de la frontera.
-Lo hubo.
-Entonces no fue tranquilo.
Sören se encogió de hombros.
-Podría haber sido peor.
Leonora suspiró.
-Siempre dices lo mismo.
Astrid observaba la conversación en silencio.
Había escuchado hablar mucho de Sören, pero nunca había imaginado que fuera así.
No parecía tener la actitud arrogante que esperaba de alguien con semejante reputación. Tampoco parecía particularmente intimidante. Al menos no mientras hablaba con Leonora.
De hecho, parecía bastante tranquilo.
Astrid inclinó ligeramente la cabeza.
Quizá los rumores estaban exagerados.
-¿Y tú? -preguntó Sören de repente.
Astrid parpadeó.
-¿Yo?
-Sí. -Señaló con la mirada su uniforme-. ¿Eres realmente la Capitana de la Guardia Real?
Astrid sonrió con orgullo.
-Desde hace tres años.
-Eres más joven de lo que esperaba.
-¿Eso es malo?
-No he dicho eso.
Astrid lo observó unos segundos.
-Tú también eres más joven de lo que imaginaba.
Sören arqueó una ceja.
-¿Qué edad creías que tenía?
-Cuarenta.
Leonora soltó una carcajada.
Sören se quedó mirándola.
-Tengo veintisiete.
-Ah.
Astrid pareció pensarlo durante unos segundos.
-Entonces sí eres joven.
-Gracias.
-No era un cumplido.
-Lo imaginé.
Leonora volvió a reír.
Astrid sonrió también.
No sabía exactamente por qué, pero Sören le resultaba más agradable de lo que había esperado.
Aunque todavía tenía una duda.
-¿Es verdad que peleaste durante años en la frontera?
-Sí.
-¿Cuántos?
-Cinco.
-¿Y realmente ganaste todas esas batallas?
Sören negó con la cabeza.
-Nadie gana todas las batallas.
Astrid pareció decepcionada.
-Entonces los rumores mentían.
-Los rumores suelen hacerlo.
-Eso significa que todavía tengo que comprobarlo.
Sören la miró fijamente.
-¿Comprobar qué?
Astrid sonrió.
-Si realmente eres tan bueno como dicen.
Leonora cerró los ojos durante un instante.
Ya sabía exactamente hacia dónde iba aquello.
-Astrid...
-¿Sí?
-No.
-Pero ni siquiera he dicho nada.
-No hace falta.
Sören miró a su hermana y después volvió a mirar a Astrid.
-¿Me ibas a pedir otro duelo?
-El mismo que te pedí antes.
-Ah.
Parecía que recién entonces recordaba que Astrid le había hablado apenas unos minutos atrás.
-Acabo de llegar.
-Lo sé.
-Estoy cansado.
Astrid frunció el ceño.
-¿Mucho?
-Un poco.
Ella lo estudió con atención.
Por primera vez, pareció considerar que quizá realmente necesitaba descansar.
-Entonces podemos hacerlo mañana.
Leonora abrió los ojos, sorprendida.
-¿Eso fue todo?
Astrid la miró confundida.
-¿Qué?
-¿No vas a insistir?
-No.
-¿Por qué?
-Porque si está cansado no sería un duelo justo.
Sören la observó en silencio.
Algo en su expresión cambió ligeramente.
-¿Te importa que sea justo?
Astrid pareció sorprendida por la pregunta.
-Claro.
-¿Incluso si eso significa esperar?
-Sí.
Sören asintió lentamente.
-Entonces mañana.
Los ojos de Astrid se iluminaron.
-¿Aceptas?
-Acepto.
-¡Perfecto!
Astrid extendió una mano hacia él.
-Trato hecho.
Sören miró su mano durante un instante antes de estrechársela.
La diferencia entre ambas manos era evidente.
La de Astrid estaba llena de pequeñas marcas y callos producto de años de entrenamiento. La de Sören también mostraba señales de haber empuñado una espada durante mucho tiempo.
Astrid sonrió.
-Espero que seas tan bueno como dicen.
-Espero que tú también.
Ella soltó una pequeña risa.
-Lo soy.
Leonora negó con la cabeza.
-Dioses, apenas se conocen y ya están compitiendo.
-No estamos compitiendo -respondió Astrid.
Sören la miró.
-Todavía.
Astrid sonrió aún más.
-Me caes bien.
Leonora soltó un suspiro.
-Eso es exactamente lo que me preocupaba.
-¿Por qué?
-Porque cuando alguien te cae bien, te vuelves insoportable.
-¡No soy insoportable!
-La semana pasada retaste a tres soldados a una carrera.
-Y gané.
-Ese no es el punto.
Sören dejó escapar una pequeña risa.
Astrid lo miró.
Era la primera vez que lo escuchaba reír.
Por alguna razón, le sorprendió.
No parecía el hombre aterrador de las historias que había escuchado.
Quizá había algo más detrás de aquella reputación.
-Bueno -dijo Leonora-, será mejor que entremos. Estás empapada.
Astrid miró hacia su propia ropa.
-No estoy tan mojada.
Una gota de agua cayó desde su cabello hasta el suelo.
Leonora la señaló.
-Astrid.
-Está bien.
Sören tomó su equipaje y comenzó a caminar junto a su hermana.
Astrid los siguió.
Pero después de unos cuantos pasos, miró nuevamente a Sören.
Mañana.
Por fin tendría la oportunidad de descubrir si aquel hombre realmente era tan fuerte como decían.
Y, por alguna razón, tenía la sensación de que aquel duelo sería mucho más interesante de lo que había imaginado.








