Oxido y concreto
North City, Distrito 2
El humo de las nubes negras proveniente de las fábricas, cubría por completo la ciudad en donde mares de personas se movían de lado a lado bajo la penumbra de los edificios desgastados y casi hechos pedazos a su alrededor.
Algunos cubrían sus rostros con pañuelos, otros con las manos y, los qué menos suerte tenían, simplemente iban por ahí caminando con las bocas secas, la nariz ardiendo y los ojos rojos. Evans para su suerte no era uno de ellos, pero podía ver como a su lado justo una de esas personas tosia sin parar hasta que los dientes se le calleron de la boca.
— «Que asco» —Pensó Evans viendo al hombre caer suplicando ayuda entre murmuros.
Frente a él finalmente aparecía la fabrica donde como de costumbre, iría a perder 10 horas de su corta vida. Al cruzar el control de vigilancia, los guardias lo revisaron de arriba a abajo mirándolo con indiferencia, indiferencia a la que Evans regreso una sonrisita.
—Adelante. —dijo el guardia abriendo las rejas.
Evans avanzó junto a las ileras de personas hacia el interior de la fabrica. Ya dentro, las tuberías grises, las goteras y el calor asfixiante de las forjas lo golpearon, sintió su piel tan caliente como una chapa de metal al rojo vivo y al mismo tiempo gotas frías recorrer su frente y espalda.
—Evans, finalmente llegas. Necesito que te présentes a tu estación inmediatamente, tu reemplazo se volvió a volar media mano y eres el único aquí que puede operar esa cosa sin perder más de cuatro dedos.
Un hombre regordete, calvo y con ropas sudorosa se le acerco a Evans con una tabla para escribir en manos, la hoja sobre la tabla seguía manchada de sangre.
—Seguro, yo me ocupo de la enchapadora.
Dicho eso, Evans avanzó entre los pasillos grises y oxidados viendo a sus compañeros trabajar con caras apagadas hasta que llego a la estación de enchapdos; aquella máquina aun tenia rastros de sangre, piel y hueso en ella.
—«Ni si quiera pueden limpiarla bien...»
De mala gana Evans tomo un cubo de agua y esponja para al menos limpiar el suelo, pero el olor de la sangre, el olor de la piel y huesos hechos pedazos; el golpe a su nariz fue tal que para ese punto ya parecía mucho mejor respirar el aire tóxico de afuera.
—La vieja Betty no te deja volar, ¿eh? Menos mal llegaste recién. Te perdiste del espectáculo, el novato salio corriendo con la sangre aun chorreando como fuente, puedo decir que incluso, casi, por una fracción de segundo, vi al jefe acercarse a los teléfonos de emergencias.
»Pero, después el tipo se desmayo y simplemente pararon tu estación hasta que llegaras. Hoy tienes tiempo doble, Evans.
De pie, recargado sobre una vieja mesa de plomo, se encontraba un hombre con el overol lleno de aceite y una enorme cicatriz del ojo izquierdo hasta la mejilla derecha.
—Que gusto verte también, Simón. Y no, no creo que me haga falta haberlo visto si... Puedo limpiarlo.
—Nah, ya deberías estar acostumbrado. Con ese ya son 20 este mes, 22 si cuentas a los que solo perdieron unos dedos.
»Es el record más bajo de la vieja Betty. Quizás por fin se vaya a jubilar, quien sabe; en fin, ¿Y qué tal tus vacaciones por "accidente laboral"?
Evans se levantó y sonriendo desabrocho su overol, la camiseta blanca debajo de el ya podía dejar entre ver lo que quería demostrar.
—De milagro no perdí el hígado y no podre comer papas fritas de nuevo, pero al menos estoy vivo. —Al levantar la camiseta, una enorme cicatriz circular se extendía por casi todo su abdomen hasta las costillas.
—Mierda, parece como si en cualquier momento fuese a abrirse de nuevo. ¿Cómo te sacaron la varilla sin que quedaras como pasa deshidratada en segundos?
—Bueno, yo tampoco lo se. Solo me durmieron y al despertar me habían puesto un injerto de piel; aunque sospecho que dejaron un pedazo adentro, a veces siento como si algo me raspara la piel desde dentro. —dijo Evans acomodándose la ropa nuevamente.
—Bueno, eso es mejor a tener una varilla atravesandote de lado a lado. En fin, volveré a mi trabajo o el jefe me descontará la paga de hoy.
»Suerte limpiando pedazos de manos, amigo.
* * *
El chillido constante del metal ya eran casi una melodía de paz para Evans mientras veía los pedazos de metal caer desde la maquina. Incluso el ardor en los ojos por los pedazos mas pequeños eran reconfortantes de alguna forma.
Hasta que finalmente sono el timbre para el almuerzo. Evans avanzó hasta el comedor en la misma fila del resto.
Al sentarse, en su cabeza comenzó a hacer cuentas, una nueva deuda se había sumado a su extenso historial.
—Ey, amigo, que milagro verte aquí. Creí que el jefe te dejaría encerrado en el taller hasta que acabarás lo que tu sustituto dejo incompleto.
Evans dejo escapar una sutil risa y la cuchara en su mano cayó sobre el pure.
—Ah, sí, sí. Pensé lo mismo, pero soy tan indispensable ahora, que el jefe se apiado de mí.
»Aunque ahora preferiría que esa varilla me hubiera matado.
—Wow... ¿De donde vino eso? Estas más pesimista de lo normal, y fijate que te lo digo yo.
—Ah... No es nada especial, ya sabes, deudas. Ni aunque me pagaran las horas extra de las próximas semanas podría cubrir y diez por ciento de ellas.
»A este ritmo... Posiblemente acabe en la nota roja.
Simón coloco la mano sobre el hombro de Evans, cosa que atrajo su atención y cundo levanto la mirada, ya había una tarjeta frente a él.
—Necesitas relajarte. Toma esto, oí que cerca de las afueras en un viejo almacén hay un... Lugar muy famoso para olvidarse la mierda de las ciudades.
»¿Qué dices si vamos al acabar la semana? Puede que te ayude a aclararte la mente y quizás, conseguir una chica. Creeme, lo necesitas.
Evans lo pensó por unos segundos, observó la tarjeta, no era muy increíble, era bastante minimalista; solo una dirección y un mini mapa borroso con la ubicación.
—No lo se. Se ve exactamente como el lugar al que iría la gente a la que le debo dinero. Además, estoy quebrado, aunque quisiera beber algo, no tengo ni para pagar un vaso de orina.
—Ah... Evans, Evans, Evansito. Tu tranquilo, iré contigo, ademas no necesitas pagar una entrada o consumir adentro para quedarte, puedes entrar solo a oír la música o bailar.
Por unos segundos, Evans levanto la vista de más, lo que de inmediato hizo sonreír a simón.
—Bien... Pero solo hasta la media noche, ¿de acuerdo? Yo no... Quiero saber como supiste del lugar, ni nada más.
—¡Esas son las palabras que quería oír amigote! Vas a ver que te vas a divertir y olvidar de tu miserable vida mientras este s ahí adentro.
—Seguro...
* * *
Esa misma tarde, el trabajo paso más rápido y con menos lisiados de los normal. Casi había sido un... Día perfecto, incluso la salida fue tranquila, solo uno o dos golpeados por intentar robar mercancía de la fabrica.
Esa noche, Evans camino hasta su departamento, la nieve ya cubría las calles negras y la iluminación de esas mismas calles era tan opaca, que parecía un lente de cámara antigua.
Pero Evans seguía hundido en su mente, tanto que no se dio cuenta cuando chocó accidentalmente con un tipo que iba corriendo con un fajo de billetes en la mano. Lo pedazos de papel volaron y ambos cayeron al suelo.
—¡Oye idiota, deja de caminar como un retrasado y mira por donde vas!
—¿Qué carajo...? Oye, para tu información, yo venía caminando en la acera, tú eres el imbecil que choco conmigo... ¿Y todo ese dinero?
Evans señaló el fajo, momento en que el hombre lo oculto rápidamente para sacar de su bolsa una navaja.
—Eso no te interesa. Largate o te cortare esa cara de imbecil para que no vuelvas a chocar con la gente... ¡¿Qué esperas?!
Evans alzó las manos y se levantó rápidamente del suelo retrocediendo varios pasos hasta quedar a una docena de metros. En ese instante aquel hombre se mecho a toda priza otra vez, Evans solo escupió al suelo y dio media vuelta para seguir su camino, hasta que noto que en el suelo había una tarjeta idéntica a la que simón le había dado.
Al poencipio no le interesó, solo la recogió pensado que era la suya, pero al meter la mano en su chaqueta, noto que... En realidad era una segunda tarjeta, quizás perteneciente a aquel hombre raro.
—¿Eh? Ambas van al mismo lugar pero... ¿Por calles diferentes? Espera... Esa calle... ¡¿Es la de mi edificio?!
»«¿Qué carajo son estas tarjetas?»
Al revisar la tarjeta del hombre, Evans noto que esta tenia un sellado, un cartucho de escopeta rodeado de un círculo rojo.
— «¿Qué lugar visitaste, Simón?»








