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Año 1430

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Summary

Un grupo de disidentes del presente viaja al pasado para comenzar de nuevo y reescribir la historia... pero no todos están de acuerdo en cómo.

Status
5h ago
Chapters
1
Rating
n/a
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18+

Capitulo 1. El portal

Julio del 2026

Sala Alelí

Hotel Hilton Garden Inn Montevideo

-¿Ya están todos?-Dijo Fernanda a Alexander Surenián, su testaferro, que estaba esperándola afuera de la sala.

-Sí, están... impacientes. Ya pedí que les trajeran algo de comer, están tomando café y agua sin parar. Y Arriaga se quejó que elegiste este "hotelucho" en vez del Radisson o el Sofitel...

-Que lo pague él entonces. ¿Cómo me veo?

Ella estaba como siempre, elegante pero sin nada demasiado ostentoso. Pantalón de sastre ajustado, una camisa de seda negra y un saco de paño negro. Cola alta en el pelo y los lentes algo gruesos de color marrón oscuro. Hermosa pero discreta.

-Si te vé Ambrose, se casa-le dijo Alexander luego de verla de arriba abajo rápidamente. Aunque no era ciego, Fernanda no era su tipo. Lo de él eran las gorditas.

-No le da el cuero para pedírmelo. Vamos-respondió ella, y abrió la puerta de golpe.

-Hola, como están, todo bien? Hi, how's it going? - y saludó con un beso a todos los presentes.

-¿No había lugar en el Sofitel?

-Este es mucho más discreto, Arriaga.

-Excepto por el Mossad...-dijo él, señalando la embajada de Israel cruzando la calle.

-No te preocupes, no están interesados en pelotudos-contestó y varios se aguantaban la risa, excepto Arriaga que estaba furioso.

-Sabés que te quiero Arri- le dijo después tocándole la mano. Él le hizo una sonrisa burlona.

-¿Por qué nos citaste?-pregunto George, un empresario inglés con billetera grande, y contactos turbios. Su socio, el sueco Friederikson, afincado en Punta del Este, lo acompañaba.

-Porque a todos nos está yendo como el traste...a very bad year, Sonia- interpretó para la accionista americana que aún le costaban los modismos rioplatenses.

-El bloqueo de Ormuz me llevó a la bancarrota. Tengo cuatro barcos en Omán esperando hace dos meses para cruzar, y mi socio no quiere arreglar con los iraníes-dijo Julian Gonçalvez, un brasilero paulista gordo y piel café con leche.

-Tiene miedo de los americanos-dijo Sonia.

-Si, de que los hundan con un misil!-respondió el brasilero.

-Necesitamos una solución, cualquier cosa es mejor que esto-remató Arriaga, y todos estuvieron de acuerdo. El ex general argentino, veterano de Malvinas y ahora importador, habló por todos. Fernanda, que quería que hablaran primero, decidió increparlo a él.

-¿Cualquier cosa, dijiste?- respondió Fernanda mirándolo fijamente. Arriaga dudó por unos segundos.

-Cualquier cosa es mejor que la víspera de la tercera guerra mundial-le respondió.

-Hablas como Ambrose-le replicó ella sonriendo.

-Tu novio suele tener razón, sobre todo últimamente-le respondió Arriaga y todos asintieron.

-Tengo una solución. Pero es cara, y... arriesgada

-¿Un búnker en Nueva Zelanda?-se burló Julian.

-Mejor... y sin invierno nuclear.

-Te escucho-replicó Arriaga, atento.

-Ambrose está investigando para el CERN, no me preguntes qué. Algo sobre agujeros de gusano, materia oscura, en fin cosas de ciencia cuántica...

-Física cuántica-corrigió su secretario, y ella le sonrió.

-Eso, gracias Alexander. Bueno, están convencidos que pueden hacer un túnel... al pasado.

-Pensé que ibas a decirme a otro planeta-dijo Arriaga y varios rieron.

-Es en serio.

-¿Viajar en el tiempo? ¡Nos estás jodiendo!-le retrucó el argentino.

-Yo SIEMPRE hablo en serio, vos lo sabés. Y sabés que Ambrose sabe de lo que habla.

-Por algo lo llaman del CERN a cada rato. Y de Harvard.

-Exacto, gracias Alexander.

Julian, el CEO de la naviera Southern Seas, estaba pálido. Era el único que ya no estaba sonriendo.

-Fernanda, yo lo conozco a Ambrose. Y créeme que te digo que ya estaba pensando en pegarme un tiro, porque entre el seguro y el préstamo que pedimos por esos barcos de mier... en Medio Oriente ya debo como tres mil millones- y ahí varios suspiraron.

-Lo sé, por eso te llamé. A todos. Sonia, vos sabés mejor que yo qué va a pasar con tus inversiones en Alemania cuando empiecen a llover los Oreshnik. Y George, las tuyas en Canadá si Trump sigue con sus... delirios.

-Quiero evidencia. Si voy a creer que tenés una máquina del tiempo, quiero pruebas-dijo el argentino.

-Yo también -agregó Friederikson, y se levantó, y se tomó una selfie con los demás en el fondo, sorprendidos.

-Se la mandé a tu novio. Si tiene una máquina del tiempo, que la imprima y la mande al pasado, y que aparezca en una maleta, que tiene que estar ahora mismo guardada en el guardabultos de este hotel. Hacelo, y te consigo hasta una bomba atómica si querés.

Fernanda lo miró fijo con una ceja levntada. Luego miró a Alexander, y éste salió.

Al rato Alexander volvió con el guardia de seguridad del hotel, el cual traía una maleta negra. Y dentro, estaba la foto.

-¿Satisfecho?

-¿Hace cuánto está esa maleta ahí?-le preguntó el sueco al guardia. Éste, extrañado por la pregunta, contestó inmediatamente.

-Desde el martes pasado. Dijeron que el señor Surenián la iba a levantar hoy.

-Quiero ver las cámaras-dijo el empresario, incrédulo.

-Ah, come on! This is an hotel, they don't have a freaking printing shop in the front desk, Fred!-le gritó la americana.

-Tiene razón Sonia, no les dió el tiempo de imprimirla.

-Fernanda, no le des bola. ¿Qué necesitás?-le dijo Arriaga.

-Tu opinión. Y que organices. Sé que te gusta el Age of Empires-. Esto último le cambió la cara a Alexander. Pero Arriaga sonrió.

Lobby del Hotel Hilton. Una hora después.

-Mon amour...

-Fer... como estás?

-Bien, lindo. Tu reputación hizo todo el trabajo, ni tuve que explicar nada...

-Mejor. Lo de la maleta casi causa un apagón. Y por ahora ningún efecto mariposa...

-Tranquilo, ya se: nada de cambios grandes...

-Porque el presente desaparece. Y en el otro no vamos a estar... o no seremos nosotros-nosotros...

-Bueno, tranqui. Alexander está yendo a Rumania mañana a conseguir cosas...

-Si sale todo bien, esos viajes de él serán cosa del pasado... o del futuro. Bueno, te amo. Besos

-Besos, mon amour. Je t'aime.

Se quedó pensando en su novio francés. Ese pelo enrulado y su cara de modelo de revista. Pero sobretodo esa alma sensible que vió demasiadas cosas. Capaz podían evitar que esas cosas pasaran. Ahí recordó lo que dijo Gastón, hace sólo tres días...

Iglesia Distrito Oeste

Villa del Cerro, Montevideo

Tres dias antes de la reunión

Fernanda bajó de su BYD. El pastor la recibió con un abrazo.

-Negra, hace tiempo que no venías por el barrio. ¿Alexander?

-Todos bien, negrito. Necesitaba hablar un rato, ¿tenés tiempo?

Al rato Gastón ya estaba cebando el mate y preparando bizcochos.

-¿Qué me dirías si te digo que puedo cambiar la vida de muchos, para bien?

-Te diría lo que dijo Santiago, el hermano de Jesús, no el de los Doce. "El que sabe hacer el bien y no lo hace, le es pecado". Pero vos ya hacés un montón por nosotros-le dijo él alcanzándole el mate.

-No es suficiente-dijo ella, y sorbió el mate.- ¿Y si pudieras cambiar la historia?

El pastor la miró con el ceño fruncido. Bajó la mirada y se cebó un mate.

-Yo iría a Galicia, pero antes de Colón. Mucha miseria e ignorancia. Sería el Pedro Valdo de España, la Reforma cien años antes. Los católicos españoles eran de los sinceros, Roma y el Sacro Imperio los usaron como peones. ¿Pero por qué la pregunta?

Al día siguiente de la reunión.

En el Hilton Fernanda solicitó un almuerzo buffet. Alexander ya no estaba. Se fue a la embajada de Estados Unidos en la Rambla. Él tenía contactos por todos lados, y era hora de usarlos.

Arriaga en cambio estaba con la comida sin tocar. Había logrado mucho pero el fracaso de Malvinas todavía no lo dejaba dormir. Y desde que Fernanda sembró la idea de cambiar la historia, no podía ni comer.

Embajada de Estados Unidos

Barrio Sur

En su oficina en el tercer piso, Herbert Dobson, agregado de negocios, lo recibió.

-Tomá asiento. ¿Todo bien? ¿Cómo está Jean Pierre?

-Papá está bien, gracias. Había olvidado que lo llamaban así.

-Tu tío inventó el nombre. Vos naciste después de que se retiró, así que no inventó uno para ti. Dime, ¿qué estabas necesitando?

-Cosas, y personas. Pienso abrir una empresa, una PMC.

-Interesante. ¿Seguirás el "negocio familiar"?

-Es un... como le dicen uds.? un side-hustle- Dobson sonrió.

-Pensé que eras feliz manejando la plata de tu amiga Fernanda...

-Es un excelente trabajo... pero algo aburrido. Quiero expandir mi portfolio.

-Puedo presentarte unos amigos, conseguirte algunas cosas... pero vas a trabajar para mi.

-¿Qué tal si mejor te consigo cosas que tú no puedes conseguir?

-Te escucho.

-Si dijera que te puedo conseguir, no sé, estos drones rusos nuevos que tienen a Zelensky rogando por Patriots en todo occidente...

El americano abrió grande los ojos. No se lo esperaba.

-Tenemos sus restos para analizar...-dijo Dobson, tanteando a Alexander. La oferta era demasiado buena. Pero imposible.

-Uno o dos enteros, funcionando. Mejor que uno destrozado.

-Si me conseguís dos Geran-5, tendrás lo que quieras.

-Hecho. Quiero algunos operadores, gente que no tenga arraigos. Y un contacto con el graveyard de aviones en Nevada, necesito aviones y helicopteros viejos. Y algunos nuevos.

-Conseguime los Geran, y los tendrás.

Se dieron la mano y Alexander se fue con la sonrisa. Tomó el celular y busco el WhatsApp que decía "Tocayo".

-Alex, como estás? Te tengo un encargo.

Kiev.

Setiembre del 2026

-¡Me gustaría saber por qué estamos conduciendo entre incendios y drones kamikaze, y no en un lugar donde no estén lloviendo bombas cada cinco minutos!-reclamó Alexander. Estaba acostumbrado a tratos complicados, pero nunca en zonas TAN inseguras. Menos mal que Fernanda lo suponía en Rumania.

Ni bien dijo eso, y el ruido de un motor a reacción, seguido de una potente explosión, se sintió a lo lejos.

-Porque mi contacto está trabajando acá, Tocayo.

-¿Y qué hace, es bombero o qué?

-Es del FSB. Digamos que se encarga que las bombas caigan donde deben.

-Mierd...!-respondió el ya asustado Alexander. Iban a ver a un espía del FSB ruso en medio del Kiev en llamas. Esto era peor que Medio Oriente.

Los rusos, los esperaban con AKs y ropa de civil.

-Priviet, tavarish. Señor Alexander, supongo. Vino de muy lejos.

-Sí, bastante. Vengo a pedirle un favor. A cambio de otro.

-Tome asiento-le respondió, mostrando una mesa de metal con varias sillas que no hacían juego.

-Tengo una PMC, y estoy necesitando drones, y otros equipos. Rusos, naturalmente. Puedo pagar muy bien...y quizá ayudarlos con el frente.

-¿Qué tipo de ayuda? Nosotros no tenemos problemas de suministros o armas como nuestros adversarios.

-Qué tal si yo dijera... que puedo provocar una deserción masiva de ucranianos y sus mercenarios... digamos en Zaporizhia?

-En Lyman sería mucho mejor...-dijo, haciendo referencia al colapso de los rusos en esa ciudad y alrededores.

-Los de Azov son un poco fanáticos para eso-respondió Alex, que hasta ahora estaba en silencio.

El espía los miro a uno y otro, sucesivamente. Sabía por sus superiores que había mucha presión por acelerar el avance ruso en ese sector, que era efectivo pero espantosamente lento.

-¿Qué esta ofreciendo, exactamente?

-A traves de Alex aquí, vamos a incentivar a muchos del otro lado a buscar un mejor futuro. Y nos llevariamos sus equipos tambien.

-Es poco...pero para mover toda esa gente sin que nadie los detenga, tendrían que... neutralizar a sus superiores y sus compañeros.

-Ahora nos estamos entendiendo-dijo Alex. -Ustedes hacen lo suyo, y nosotros sacamos a los nuestros.-Alexander tragó saliva. Su tocayo estaba ofreciendo desaparecer gente, eso no lo tenía previsto.

-Me gusta. ¿Qué quieren?

-Drones, muchos, algunos de los mas nuevos. 200 millones de dolares... y cien más para que amplíen Alabuga. Y algunos vehículos.

-Creo que puede arreglarse-dijo sonriendo. Alex y Alexander se sonrieron.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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La propuesta es interesante

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