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El Diario de Marcos: Entre 2 Mundos

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Summary

Marcos siempre ha sido un chico sociable, pero su relación más extraña—y tal vez más divertida— es con Valeria: su amiga tsundere que insiste en que no son amigos, aunque no puede pasar un día sin discutir con él (y golpearlo aveces). Todo iba bien en su caótico equilibrio… hasta que apareció Regina, la impecable presidenta del consejo estudiantil, que ve en Valeria una abusadora y en Marcos, una víctima que necesita ser salvada. Entre malentendidos, celos y sesiones de mediación obligatorias, Marcos se ve atrapado entre dos mundos: el de los golpes con cariño de Valeria y las reglas estrictas (y miradas intensas) de Regina. ¿Podrá sobrevivir al drama escolar y al mismo tiempo descubrir lo que realmente siente?

Status
8h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Mi Peculiar Amistad con Valeria


Siempre he sido el tipo de persona que puede hablar con cualquiera. Mi padre dice que nací con el "don de la palabra", aunque yo prefiero pensar que simplemente disfruto conociendo gente. El instituto siempre ha sido mi hábitat natural: los pasillos llenos, la cafetería ruidosa, incluso las aburridas clases de matemáticas se vuelven soportables cuando puedes intercambiar miradas cómplices con media docena de amigos.


Y entonces está Valeria. Mi amiga que no quiere admitir que es mi amiga.


La conocí el primer día de clases hace dos años. Yo acababa de transferirme y me senté a su lado porque era el único asiento libre. Intenté presentarme con mi mejor sonrisa, y ella respondió con un "no me interesa" tan cortante que casi me hizo sangrar. Cualquier persona sensata habría captado la indirecta y la habría dejado en paz.


Pero nunca me han acusado de ser sensato.


Durante semanas, insistí en saludarla cada mañana. Le prestaba mis apuntes cuando faltaba. Le guardaba un lugar en la cafetería aunque ella jamás me lo pidiera. Y poco a poco, sus "déjame en paz" se transformaron en "como quieras, idiota". Para Valeria, eso era prácticamente una declaración de amistad.


Déjenme contarles cómo funciona nuestra dinámica:


***


—¡Eh, Val! Te guardé un yogur de fresa, sé que son tus favoritos —le dije un día, extendiendo el postre como quien ofrece un tesoro.


Ella miró el yogur, luego a mí, y sus mejillas se tiñeron ligeramente de rosa.


—¿Quién te dio permiso de llamarme Val? Y no necesito tu estúpido yogur, puedo comprar los míos —gruñó, pero tomó el yogur de todas formas.


Cinco minutos después estaba disfrutándolo con una pequeña sonrisa que trataba de ocultar.


***


O esta otra vez, cuando se me ocurrió invitarla al cine:


—¿Quieres ir a ver esa nueva película de misterio el sábado? He oído que es buenísima.


—¿Por qué querría desperdiciar mi sábado contigo? —respondió, cruzando los brazos y evitando mi mirada.


—Vale, entonces le preguntaré a Ana si quiere ir...


—¡Idiota! —exclamó, golpeándome en el hombro con un cuaderno que tomo de su escritorio—. No he dicho que no iría. Solo cuestiono tus motivos para invitarme.


—¿Entonces es un sí?


—Es un "más te vale no llegar tarde", estúpido.


***


Para cualquier observador externo, nuestra amistad parecería tóxica. Pero yo entiendo a Valeria. Detrás de esa fachada de dureza hay una chica brillante que simplemente no sabe cómo manejar sus emociones. Sus golpes nunca duelen de verdad; son más bien toques nerviosos, como si no supiera qué hacer con sus manos cuando está incómoda.


Y yo... bueno, yo disfruto provocándola un poco. Ver cómo sus ojos se encienden cuando la molesto, o cómo intenta ocultar una sonrisa cuando digo algo particularmente ridículo. Es nuestro juego, nuestro código secreto.


Todo iba perfectamente en nuestro pequeño mundo. Hasta que un día apareció Regina.


***


Era un martes normal. Valeria y yo estábamos discutiendo sobre quién tenía razón acerca del final de un libro que ambos habíamos leído.


—Claramente el autor quería decir que el protagonista murió al final —insistí.


—¿Acaso sabes leer? —replicó Valeria, visiblemente frustrada—. Está claro que todo fue una metáfora sobre su renacimiento espiritual.


—Pero el último capítulo literalmente se titula "El Final"...


—¡Porque es el final de su antigua vida, idiota! —exclamó ella, golpeándome en la cabeza con el libro en cuestión.


Fue entonces cuando oímos una voz firme y autoritaria:


—¿Acabas de agredirlo físicamente?


Ambos nos giramos para encontrarnos con Regina Montenegro, la recién elegida presidenta del consejo estudiantil. De estatura perfectamente promedio, llevaba una elegante coleta baja, el uniforme impecable y una expresión que parecía haber analizado la situación antes que yo. Regina era conocida por su eficiencia implacable y su adherencia estricta a las normas del instituto.


—¿Disculpa? —respondió Valeria, claramente confundida.


—He presenciado un acto claro de violencia física —dijo Regina, acercándose a nosotros—. Como presidenta del consejo estudiantil, es mi deber intervenir cuando observo comportamientos abusivos.


Intenté intervenir:


—Oh, no es lo que parece, nosotros solo estamos...


—Por favor, no justifiques el abuso —me interrumpió Regina, con una mirada compasiva que me hizo sentir incómodo—. El hecho de que seas hombre no significa que debas tolerar violencia de ningún tipo.


Valeria se quedó boquiabierta por un segundo, antes de que su expresión cambiara a una de puro enfado.


—¿Abuso? ¿De qué demonios estás hablando? Él es mi amigo.


—La amistad no incluye golpes ni insultos —respondió Regina con tono pedagógico—. He observado tu comportamiento hacia él durante semanas. Lo llamas "idiota" constantemente, le das golpes cuando algo te incomoda. Eso tiene un nombre: bullying. Y cuando ocurre de una mujer hacia un hombre, también es violencia de género inversa que nuestra sociedad tiende a normalizar.


Mi mente daba vueltas intentando procesar lo que estaba sucediendo. ¿Regina había estado observándonos? ¿Y realmente pensaba que Valeria me estaba maltratando?


—Creo que hay un malentendido... —comencé a decir.


—El primer paso para abordar el problema es reconocerlo —continuó Regina, ignorando mi intento de explicación—. Como presidenta, voy a programar una sesión de mediación y otra sobre relaciones saludables para ambos.


Valeria, que había permanecido inusualmente callada, finalmente estalló:


—¿Quién te crees que eres para venir aquí y diagnosticar nuestra amistad? ¿Acaso te pidió alguien tu opinión?


—No necesito permiso para intervenir ante una situación de abuso evidente —respondió Regina, sin inmutarse—. Y tu actitud defensiva solo confirma mi preocupación.


—Oigan, por favor, calmemos un poco la situación... —intenté mediar, sintiendo cómo la tensión crecía por segundos.


—¡Cállate, Marcos! —me espetó Valeria, y en el momento en que lo dijo, supe que había cometido un error.


La expresión de Regina se tornó triunfal.


—¿Ves? Ahora intentas silenciarlo. Clásica táctica de intimidación.


Lo que siguió fue una confrontación que atrajo la atención de todo el pasillo. Regina citaba políticas escolares y estadísticas sobre violencia, mientras Valeria respondía cada vez más enojada, usando palabras que probablemente no debería repetir aquí.


Yo intentaba intervenir, explicar nuestra dinámica, hacer que entendieran que todo era un malentendido. Pero era como intentar apagar un incendio con gasolina; cada palabra mía solo parecía empeorar las cosas.


—¡No necesito que me defiendas como si fuera algún tipo de víctima indefensa! —le grité finalmente a Regina, frustrado.


—La negación es común en las víctimas de abuso prolongado —respondió ella con calma clínica, lo que me enfureció aún más.


Para cuando llegó un profesor a dispersarnos, el daño ya estaba hecho. Valeria se fue hecha una furia en una dirección, Regina en la otra, y yo me quedé en medio, preguntándome cómo mi perfectamente imperfecta amistad se había convertido en el epicentro de semejante tormenta.


Lo peor era que sabía que esto apenas comenzaba. La mirada que Regina le había lanzado a Valeria antes de marcharse dejaba claro que esto no era un incidente aislado, sino el inicio de una guerra.


Y yo, el supuesto "protegido" en todo este asunto, me sentía como el verdadero daño colateral.

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Great Character

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Strong Dialog

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