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Tiempos De Furia: Las Tres Espadas

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Summary

Los dioses han vuelto hacer de las suyas, usan los reinos para jugar sus juegos y divertirse, ¿pero qué pasa cuando los jugadores ya no quieren ser los juguetes de los dioses? Aún así deben jugar para salvar a los reinos entre traición, guerra, venganza y furia.

Genre
Fantasy
Author
luiimic03
Status
5 mins ago
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

JACOB

La nieve estaba comenzado a caer en las montañas al norte de Naganon, cuando los primeros rayos del sol iluminaron las altas murallas de Nagantis, capital de Naganon. Aunque hacia frio por ser invierno las calles ya estaban llenas de comerciantes, artesanos y viajeros que recorrían los amplios caminos de piedra. Desde hacía cincuenta años, la paz había permitido que la ciudad creciera hasta convertirse en una de las más grandes de los Cuatro Continentes.

Las banderas del reino ondeaban en lo alto de las torres del palacio real aquel día, sin embargo, no era un día cualquiera cientos de personas se reunían en la Plaza del León, el corazón de la capital. Hombres y mujeres llegaban desde todos los alrededores de la ciudad. Algunos subían a barriles y puestos para obtener una mejor vista. Otros observaban desde ventanas y tejados, el rumor se había extendido por toda la ciudad desde el amanecer.

El rey Arcatos tenía un anuncio que hacer. Las campanas de la Gran Catedral sonaron una vez, luego otra y otra más. El murmullo de la multitud fue apagándose poco a poco, las enormes puertas del palacio se abrieron, un destacamento de guardias reales apareció primero, formando dos filas perfectas detrás de ellos caminó el rey. A sus sesenta años seguía siendo un hombre imponente. Alto, de anchos hombros y barba gris cuidadosamente recortada. La corona de hierro negro descansaba sobre su cabeza mientras avanzaba hacia el balcón principal, a su derecha caminaba su hijo mayor, el príncipe Jacob. Muchos lo observaban con curiosidad era joven, apenas había alcanzado la adultez, pero ya poseía la estatura y presencia de un gran guerrero. Su cabello oscuro caía hasta los hombros y sus ojos grises recorrían la plaza con atención, algunos susurraban que algún día sería un rey incluso más imponente que Arcatos, otros aseguraban que todavía tenía mucho que demostrar.

Algo importante estaba ocurriendo, lo había notado desde hacía semanas, mensajes urgentes llegaban constantemente desde Palamas, consejeros entrando y saliendo del salón real soldados movilizándose y un extraño nerviosismo que parecía haberse apoderado de toda la nobleza.

El rey avanzó hasta el borde del balcón, la plaza quedó completamente en silencio, Arcatos levantó una mano.

—Pueblo de Naganon.

Su voz resonó con fuerza.

—Hoy traigo noticias enviadas directamente desde Palamas por orden de nuestro rey, Norman el Unificador, Rey de Toda la Tierra.

El silencio se volvió absoluto, incluso los niños dejaron de hablar, el nombre de Norman tenía ese efecto, era una figura tan legendaria que muchos jóvenes apenas podían imaginarlo como un hombre real. Había gobernado durante cincuenta años, había terminado la Guerra de los Reinos, había unido continentes que durante siglos se habían estado en guerra, algunos decían que los propios dioses lo habían bendecido, otros aseguraban que era el hombre más peligroso del mundo. Arcatos desenrolló un pergamino sellado con cera dorada.

—Por decreto imperial...

La multitud contuvo el aliento.

—Norman el rey de toda la tierra anuncia el regreso de los Juegos de las Espadas.

Durante unos segundos nadie reaccionó, como si las palabras necesitaran tiempo para ser comprendidas, luego la plaza explotó.

Gritos, exclamaciones, preguntas, incredulidad. Los Juegos de las Espadas muchos pensaban que jamás volverían a celebrarse, la última edición había ocurrido hacia un siglo, tan atrás que gran parte de la población solo conocía las historias, historias sobre guerreros capaces de controlar tormentas, mujeres que podían caminar entre llamas, hombres que atravesaban montañas con un solo golpe, historias que parecían leyendas pero eran reales porque los Juegos pertenecían a los Cinco Dioses.

Arcatos esperó a que el ruido disminuyera.

—La Ceremonia de Adquisición se llevará a cabo durante la última luna de este año, la luna de Turim.

La multitud volvió a guardar silencio.

—Todo habitante de cualquier ciudad, pueblo, campo y lo mas lejano de Naganon podrá presentarse ante el Gran Cáliz para la ceremonial de adquisición.

Los murmullos regresaron. Campesinos, mercaderes, soldados, nobles todos.

—Y cuando llegue el primer día del nuevo año...

Arcatos hizo una pausa.

—Los Cinco Dioses elegirán a tres representantes de nuestro reino y Naganon presentará a sus tres Espadas.

Jacob observó la reacción de la gente algunos parecían emocionados otros aterrados, porque ser elegido significaba recibir un don, pero también significaba competir y en los antiguos Juegos muchos participantes jamás regresaban a sus hogares.

El rey enrolló nuevamente el pergamino, la plaza respondió con vítores, Jacob mantuvo el rostro serio había escuchado suficientes historias para saber que aquello no era simplemente un torneo, era algo mucho más grande algo que involucraba a los dioses y los reinos, algo que había permanecido dormido durante décadas y Norman había decidido traerlo nuevamente.

Entonces debía existir una razón.

La multitud continuaban resonando por toda la Plaza del León. Hombres y mujeres celebraban, los niños corrían entre la gente jugando a ser guerreros de los antiguos Juegos de las Espadas y los mercaderes ya discutían cuánto ganarían cuando miles de viajeros acudieran a Nagantis para la Ceremonia de Adquisición, pero el rey no compartía el entusiasmo, Jacob lo notó en cuanto Arcatos se volvió hacia el interior del palacio. El rey sonreía para el pueblo, pero al dar la vuelta la expresión era otra.

Una preocupación que llevaba días ocultando, los miembros de la guardia real abrieron paso mientras el rey y el príncipe regresaban al interior del palacio, atravesaron largos corredores decorados con tapices que representaban la Guerra de los Reinos. En ellos aparecía Norman el Unificador liderando ejércitos, derribando estandartes enemigos y firmando el tratado que había traído la paz al mundo. El rey Arcatos no dijo una palabra mientras caminaba, finalmente llegaron a la Sala del Consejo, las enormes puertas de roble estaban cerradas, dos guardias las abrieron inmediatamente al ver al rey, dentro esperaban los principales nobles de Naganon y también el Gran Sacerdote de la Catedral de Nagantis, Nemerio.

Todos se pusieron de pie cuando Arcatos entró.

—Tomad asiento —ordenó el rey.

Los presentes obedecieron, Jacob ocupó su lugar a la derecha del trono, Arcatos permaneció unos segundos en silencio observando a cada uno de los alli presentes.

—Ahora que el anuncio ha sido realizado —dijo finalmente— podemos hablar con libertad y planear mejor todo.

El ambiente se volvió tenso, el general Calagan rompió el silencio.

—Majestad, ¿esta de acuerdo con todo esto?

—No —la respuesta sorprendió a varios.

—Pero no tenemos elección.

Los murmullos comenzaron inmediatamente, el Gran Sacerdote apoyó ambas manos sobre su bastón.

—¿Era de esperarse, tarde o temprano pasaría?

Arcatos asintió lentamente.

—Hace dos semana recibí una carta de la capital de toda la tierra, Palamas —dijo El gran sacerdote.

La sala quedó en silencio

—El gran sacerdote de la capital de Asios informaba que había tenido una visión de los cinco, afirmaba que los juegos regresarían. —dijo Nemerio el gran sacerdote de Naganon.

—También recibimos otra carta del rey —Interrumpió Osbor.

—¿Una carta del Rey de Toda la Tierra? —preguntó el tesorero del reino.

—Sí —la escribió su consejero principal de su puño y letra y la mando a cada reino.

Jacob observó el documento, era la misma carta que había visto llegar semanas atrás la misma que había provocado tantas reuniones discretas.

—¿Qué decía? —preguntó otro noble.

Arcatos suspiro un instantes.

—Norman afirma que el mundo está cambiando y que las antiguas tradiciones no se pueden perder, pues fueron tradiciones que crecieron con los reinos y hay que rescatarlas para enseñarlas a las nuevas generaciones.

Las miradas se cruzaron.

—¿Qué significa eso? —pregunto Calagan.

—La instauración por decreto del real del juego de las espadas, el rey también asegura haber tenido una visión de los cinco en la cual le dicen que vuelva a celebrar los juegos.

—Entonces ¿por eso vuelven los Juegos? —pregunto Jacob —¿En teoría, asegura que los cinco dioses así lo exigieron?

—¿Que tan cierto es eso gran sacerdote? —pregunto el rey.

—Las órdenes de un rey tal vez podrían cuestionarse, las de los dioses es otra cosa y si en realidad los cinco le hablaron solo queda cumplir con lo dicho —dijo el gran sacerdote Nemerio —hable con Amalat el gran sacerdote de la capital de Asios y me confirmo lo ya hablado, parece ser que el rey Norman también tubo una epifanía y quiere a toda costa volver a celebrar los juegos.

—Hace décadas que los dioses no intervenian de forma tan directa —dijo el rey

—Lo sé —respondió Nemerio.

—¿Cree que existe alguna razón en específico?

Nemerio negó diciendo que no sabia.

—Creo que los dioses planean algo —dijo el rey mientras recostaba su cabeza en la silla.

Aquellas palabras provocaron un silencio en la sala Jacob escuchaba atentamente y comenzaba a comprender que los Juegos de las Espadas tal vez no eran una simple celebración sin sentido.

El rey observó a los presentes durante unos segundos.

—Sea cual sea la razón debemos prepararnos. Muy pronto comenzará la Ceremonia de Adquisición y miles de personas viajarán a Nagantis.

Los nobles asintieron.

—Duplicad las patrullas en los caminos principales y toda la capital—ordenó Arcatos al general Calagan—. Quiero seguridad en todas partes, esto sera un caos.

—Así se hará, majestad.

—También necesitaremos lugares para los peregrinos y comerciantes —añadió el tesorero Reigel Dorne —esto seria muy bueno para generar ingresos, propongo crear tiendas improvisadas a las fueras.

La reunión continuó durante más de una hora hablaron de provisiones de seguridad, de impuestos temporales, de las celebraciones, pero Jacob apenas escuchaba, su mente seguía dando vueltas a una sola pregunta.

¿Debo participar?

Cuando finalmente el consejo terminó, el príncipe abandonó la sala y caminó solo por los corredores del palacio. La tarde comenzaba a caer sobre Nagantis desde una ventana observó la ciudad, las calles seguían llenas de gente celebrando todos parecían felices, todos menos él porque sentía que algo estaba cambiando y no sabía si sería para bien.


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