Dedicatoria
A mis abuelos, por enseñarme el significado del amor incondicional. Por haber sido ese primer refugio donde supe que alguien era capaz de darlo todo por mí. Aunque el tiempo se haya llevado sus voces, su esencia sigue viva en cada palabra que escribo.
Esta historia es también para ti, que has tenido que aprender a convivir con la ausencia de quien más querías. Para quienes darían la vida por un abrazo más, por volver a escuchar esa risa familiar o por sintonizar de nuevo aquellos consejos que hoy valen oro.
Para quienes siguen buscando a sus ausentes en las melodías cotidianas, en los aromas inesperados, en una vieja fotografía o en un recuerdo que florece sin aviso.
Nacida de una vivencia real y del vacío transformado en memoria, esta obra recuerda que la muerte no destruye el afecto; solo lo transforma. Seguimos amando a quienes se fueron a través de lo que nos enseñaron y del valor con el que continuamos el viaje.
Para los que extrañan, y para los que guardan luto en el alma.








