1. Hermano.
Estoy sentado...
Sentado solitariamente en una de las esquinas de la azotea de este edificio, con el viento frío contra mi cara, despeinándome cada vez más, viendo como todos movían sus cuerpos al son de la música. Esa canción siento que la he escuchado cien veces por lo repetitiva que es, o pienso eso porque todas tienen el mismo ritmo y letra.
Todos se alcoholizan sin precaución absoluta, dejando de pensar en la resaca que tendrán mañana.
Pero yo, Alvaro Astrid, de veinte años en este planeta, estudiante de docencia, criado en una familia con valores, con una reputación intachable, con notas ejemplares, nuevo en este edificio llenó de universitarios, yo... No soy diferente a ninguno de ellos porque no recuerdo ni cuántos tragos me he tomado ya.
No conozco a nadie de los que están aquí y es más fácil pasar desapercibido con algo de tomar en la mano, a los únicos que ubico de momento es a mis compañeros de departamento con los que no llevó más de cuarenta y ocho horas de haberlos visto por primera vez. Me siento tan extraño en un ambiente en el que me debería de sentir cómodo, ¿No? Los universitarios en estos ambientes se la pasan.
Podría quejarme sobre estar solo en este momento, por no conocer a nadie y porque todos están demasiado ebrios como para notar mi presencia, podría quejarme de mis compañeros, que fueron los que me invitaron a venir y no he vuelto a cruzar palabra con ellos desde que entramos al lugar.
Que le doy una estrella a ese servicio de bienvenida, por cierto.
Pero, no puedo quejarme porque no me obligaron a venir, si acepte voluntariamente entrar a la jungla de hormonas y alcohol.
Mi mamá no me creería si le dijera que estoy en una fiesta y sin un libro en mano. Tal vez se vuelva loca y piense en que me volveré drogadicto pronto porque hasta hace unos días esto sería impensable para mi y solo estaría estudiando arduamente sin mirar a nadie más a mi alrededor.
Eso hasta para mi suena demasiado asocial.
Para mi defensa si me gustan las fiestas, solo no me gusta estar solo sin conocer a nadie, el ruido ensordecedor y el calor que generalmente hay en todas las fiestas. Al menos aquí no hace calor, pero para mi mala suerte aun no llega un extrovertido que me adopte para al menos reírme, y para la hora que es dudo que llegue alguno.
Despegue la mirada de mi celular apagado al sentir una mirada sobre mí, mi compañero de piso, Josue, se acercaba a mí con una sonrisa y en sus manos dos vasos, que deben de contener alcohol.
—¡Hermano! —Saludo alegré, intentando darme un abrazo.
Que hipocresía, solo te conozco hace dos días y ya me llamas hermano, pero me siento querido.
—Hola...Hermano —le seguí la corriente para no parecer maleducado, intentado sonreír sin hacerlo ver tan forzado, luego mi mente imaginó lo forzada que se debía de ver esa sonrisa, de esas que dan miedo y dejé de hacerlo —¿Y qué más...hermano?
—Increíble, Esta noche no la paso solo, ¿y tu ya haz hablado con alguien?
Negué con la cabeza de manera breve, Josue frunció el ceño y empezó a mirar a su alrededor.
—¿Ya la conoces? —Apuntó con su boca a algo detrás de mi, volteó y enseguida encuentro a una chica con un pantalón y aparentemente la parte de arriba de un traje de baño.
Me quedo mirando su cabello largó, muy negro pero piel algo amarilla como un simpson, aunque creó que tal vez se vea así por la luz de ese color que tiene encima, si, no creó que nadie sea del color amarillo, ay, ahora se puso roja. Si definitivamente es la luz o es un camaleón, y si lo es que interesante sería conocer a alguien que tenga poderes de camaleón...
—Asere esta guapísima ¿verdad?, es una mamacita. —Él comentario de mi compañero me sacó de los estúpidos pensamientos en los que me había perdido, me concentre en él que solo la miraba de arriba a abajo con una sonrisa perdida.
Rasque la parte atrás de mi nuca y me apresure a intentar formular algo para decir, ¿Qué se dice en estos casos?
—Eh... Si, por supuesto, es linda, algo verde, pero linda —contesté algo nervioso por que para empezar jamás me había tocado hablar de mujeres con algún amigo, mejor dicho con alguien, y menos que la llame de esa manera algo... Incómoda, para mí, creó, tal vez sea normal, pero suena raro.
—¿Solo linda? ¿No la estas viendo?
—Es... —Hice una pausa para pensar algún buen término que no parezca ni muy intenso, usado y poco para él —¿Afrodisíaca?
—Exactamente, es Afrodisíaca esa cosita rica —suspiré con alivió al acertar con el término, no me equivoque, me salve de una mirada rara o silencio incomodo.
Él estaba embobado mirándola y también la miré para intentar descifrar ese algo que tanto le llamaba la atención, quiero decir, no es como que la chica no sea linda, si, digo no, lo que digo es que creó que para embobarte de esa manera tienes que ver algo más que el físico de alguien.
Y tal vez el sea un pretendiente de ella, o estén intentando algo, o solo este borracho y quiere sexo, tal vez es una de esas chicas que vive rodeadas de chicos guapos, divertida y pícara, tal vez con bajó promedio en sus materias... Pero no podría sacar conclusiones, no la conozco, pero seria interesante hacerlo.
No es como que quiera conocerla, a decir verdad por lo que estimó de su personalidad no es de mi agrado, pero es una persona atractiva, y aunque seamos compatibles no me crearé ilusiones estúpidas, no es bueno idealizarla y mucho menos pensar en lo lindo que seria tener alguien que me quiere conmigo, como saldríamos de esta ciudad y nos iríamos a vivir a Nueva York, viviríamos en un apartamento con grandiosa vista, tendríamos dos hijos gemelos y un perrito llamado Klaus.
Jamás haría algo tan estúpido como eso...
—¿...lo lanzamos? ¿Qué te parece?
—¿A Klaus? Estas mal —negué rápido.
—¿Quién es Klaus? —Analice lo que había dicho y una sonrisa nerviosa se apoderó de mi.
—Nuestro perro, no nuestro, de mi futura esposa y yo, no es mi futura... Solo olvídalo.
—Si creó que es mejor, entonces vamos allá mi niño. —Me levanté junto a él y sin entender a dónde íbamos solo apliqué la vieja confiable.
—¡Ey!... Hermano, voy a tomar algo de aire creó que me duele un poco la cabeza, ahora te alcanzó. —Él me mostró su pulgar como aprobación y esperé a que se alejará lo suficiente como para salir corriendo a tomar uno de los ascensores para ir a encerrarme en mi habitación.
Quería hacer esto desde que llegué aquí.
Esperé unos segundos y el ascensor de la derecha se abrió, entre y enseguida presione varias veces el botón con el diez. Siento un alivio mientras espero que las puertas se cierren, si seguía en ese lugar iba a terminar haciendo algo estúpido por el alcohol que circula por mi sistema.
Una voz femenina me corta mi introspección y al alzar la vista veo a una chica interponiéndose entre las puertas del ascensor para evitar que se cierren. La chica que mi hermano me había hecho mirar minutos antes entró con una cara de susto, no era ni verde, ni amarilla, ni roja, era de tez blanca, muy pálida, ya desapareció lo interesante.
—Buenas noches. —Saludo por cortesía, por no saber callarme y me quedo mirando el botón que presionó, piso diecisiete. Al reaccionar que esta a mi lado acomodé mi postura, sonreí, y deje de hacerlo al instante porque debía parecer un loco.
Definitivamente no vuelvo a asistir a una fiesta.