CARRERA
Aún recuerdo ese cálido aroma a verano, Una vida “común” para alguien “común” , pero todo comienzo tiene su fin.
Mi nombre es Marck Lorcks, un estudiante de una institución de reputación prestigiosa (al menos eso dice la directora) con una infraestructura “decente” y unos profesores que mas que caer mal… daban lastima.
Retome el colegio en 4to año secundaria, las vacaciones se habían terminado y, por ende, también la diversión, pero eso no impediría que no la pase bien el colegio, hasta que me cambiaron de salón. Fui traslado al aula 2, dejando atrás a mis amigos, quienes aún seguían en el aula 1, al llegar a mi nueva aula me di percate que también había otros compañeros con los cuales habían intercambiado algunas palabras, no tantas, pero al menos si sabia quienes eran. Era un aula grande, las ventanas rodeaban la parte derecha, los casilleros algo viejos pero funcionales y una gran brisa que entraba desde la puerta, al entrar tenías que elegir donde sentarte, había 5 filas de carpeta, cada una de ella con 10 asientos, decidí sentarme en la primera fila, en el lado izquierdo justo en el primer asiento. no para prestar atención a clase, si no, para que me de el viento.
Al momento de sentarme, por delante de mi paso una chica , de pelo negro, ojos castaños, piel morena, una figura que le causaría envidia a cualquier mujer y la fragancia de su perfume que dejo estupefacto mi sentido del olfato, su nombre era Violeta Skins, la primera vez la que la vi, algo despertó dentro de mi corazón. Al llegar se sentó en la otra esquina de salón, me quedé embobado con su belleza tan fina y refinada, empecé a sentir alguno dentro de mí ¿sentimientos? Quizás pero no tengo ni idea, al pasar de los días… no paso absolutamente nada, tanto ella como yo, no teníamos intenciones de hablar, ella por que no me conocía y yo por que cada que la miraba me cagaba de nervios, pero una mañana durante la clase de educación de física…
—Buenos días, chicos, en el día de hoy haremos carreras en pareja, se amarrarán los tobillos y correrán todo el campo del colegio (21 metros) — explico la profesora antes de realizar las pruebas.
Yo no sabía con quién me tocaría, después de todo la profesora nunca escoge las parejas por orden alfabético, las escoge como le da la gana.
De un momento a otros escuché decir a la profesora;
—Violeta y Lorcks, pareja número 7, correrán junto con Rogers y ….
—A esta bien— dije entre mí, en ese momento yo estaba medio adormitado, eran las 7am y había llegado al colegio casi rozando la tardanza, las únicas dos neuronas que tenía funcionando estaban ocupadas, una medio dormida, y la otra intentando despertarla.
—Oye Marck, despierta hermano, ya te toca correr— decía mi mejor amigo Edwar Philis, mientras sacudía mi cabeza con mucha fuerza.
—Ya pará, que no te das cuenta de que ya desperté— exclame mientras evitaba que me arrancara la cabeza
—¿No deberías estar feliz? Te toca correr junto con Violeta—me dijo con una sonrisa en su cara.
—¿Violeta? ¿La hija de Mr. Increíble? — dije después de bostezar.
—Si como no, si ella fuera real ni siquiera te miraría.
—Eso no te lo voy a negar, jajaja— me reía para evitar que se note que me dolió su comentario.
—¿Y bien, ya estas preparado?
—¿Preparado para qué?
—Ya te dije, para correr junto con violeta
—Ah si… QUEEEEEEEEEEE — grite, mientras mi cabeza colapsaba y mis dos únicas neuronas se morían.
—Ponte de pie, Violeta te está esperando— Edward me ayudo a levantarme, luego camino hacia la tienda, compro, y enseguida fue en dirección hacia las gradas, no se quería perder de este espéctalo.
Me acerque rápidamente hacia Violeta, ella me dio dijo que amarrara rápidamente nuestros tobillos.
Con los nervios a flor de piel, intenté a anudarlos lo menos apretado posible, pero hice todo lo contrario.
—¿Me estas encadenando o qué? —bromeo Violeta
—No,no,no,no,no,no, no es lo que parece— dije apresuradamente mientras me trababa al hablar
—Es solo que, nunca había hecho esto y estoy muy nervioso…
—¿Ah, nunca has amarrado nada? ¿Entonces cómo te atas los zapatos para venir a la escuela? — Violeta puso cara seria, mientras por dentro se mataba de risa.
—Eh bueno… ajajaja.
Me avergoncé muchísimo con su comentario, aunque ella soltó una pequeña sonrisa, que me hizo olvidar mi pena.
La profesora estaba lista para dar el silbato inicial, el cual daría comienzo a la carrera, eran 3 equipos el numero 7, el numero 8 y el 9.
Todos tenían sus cabezas frías, querían ganar, ser los primeros…
Y la verdad es que yo solo quería evitar tropezarme.
El silbato sonó, dio comienzo la carrera, para mi sorpresa, Violeta tenía una gran capacidad física y yo… estaba de apoyo moral.
Íbamos en primer lugar, el equipo numero 8 nos pisaba los talones, pero, aun así, habíamos logrado sacarles algo de ventaja, estábamos a nada de conseguirlo, y si, lo logramos o mas bien, ella lo logro, yo llegue casi muerto y con mis dos piernas acalambradas.
Pude ver de lejos la desilusión en la cara de Edwars al ver que no paso nada interesante, me confeso en los vestidores, que esperaba que me cayera o desmayara.
—Nada mal eh— exclamo Edwars, con una gran expresión de decepción en su cara.
—Así es hermano, nada mal…
—¿Oye y Violeta no te felicitó? — pregunto Edwars con gran interés.
—¿Felicitar? ¿Qué cosa?
—¿Pues que ganaron, no? Después de todo son un equipo.
—¿Quién felicitaría a su compañero solo por llegar primero en una carrera? — Marck dijo con un tono de gracia y una sonrisa irónica.
—A mí, la chica que me toco de compañera me felicito— afirmo Edwars.
—Morire solo— Marck se sentó bruscamente en la silla cabizbajo. Edwars fue a consolarlo.
De camino al salón, una gran brisa inundo el pasillo, al fondo este mismo, se encontraba Violeta, en la puerta del salón, como si estuviera esperando a alguien.
Ambos se desconcertaron, nunca había visto a Violeta ahí, por lo general, ella suele entrar al salón y estar callado durante todas las clases, despejaron sus mentes y siguieron su caminando, al estar a menos de 4 metros de la puerta, Violeta los miro y entro.
—Hermano, o te quiere a ti o me quiere a mí, no hay más chance— exclamo Edwars.
—¿Pero ¿qué dices? - exprese consternado.
—Pues claro, ¿que no te das cuenta? Ha estado afuera esperando a alguien, y somos los últimos en los vestidores.
—¿Y eso que? ¿Ahora estar afuera del salón significa esperar a alguien?
—Pues no lo sé, pero me pareció muy raro, mejor lo dejamos pasar, no tiene caso matarnos la cabeza por algo así.
—Pero si el único que se esta matando la cabeza eres tú— le dije mientras me reía a carcajadas.
El timbre de la hora de la salido sonó, me sentí como si unas grandes cadenas se desprendieran de mí, al fin, se había acabado.
Normalmente suelo tomar bus para ir a mi casa, que esta media hora, pero también está la opción de ir en tren que demora 15 minutos, lo único malo es que siempre para lleno, pero justo el día de hoy…
—Bueno Marck, aquí es mi parada— Edwars giró hacia el paradero.
—Esta bien, yo tomare el tren, mi bus no a pasado en 1 hora, y prefiero llegar a mi casa cuanto antes.
Caminé hacia la estación, tuve que pasar por el centro de la cuidad, los rayos del sol se reflejaban contras las lunas de los edificios, los anuncios publicitarios en estos mismos eran enormes y el clima era mas fresco de lo normal.
Baje las escaleras, pase mi tarjeta, aborde mi tren y por alguna extraña razón, estaba vacío, conté tres personas en mi vagón, me senté rápidamente en el primer lugar que encontré que estaba al lado de la puerta, por algún tipo de reflejo, volteo a hacia mi lado izquierdo, y ella estaba ahí.
Intenté apartar la mirada rápido para que no se diera cuenta de mi presencia, pero al igual que en la carrera, fui muy lento, nuestras miradas se cruzaron y…
—Buena carrera la de hoy ¿no crees Marck? — dijo ella para romper el silencio
—Si jajaja, aunque me hubiera gustado no acalambrarme.
—Para ser una persona, que a simple vista se puede deducir que no hace ejercicio, no está nada mal.
—¿Tu crees? jajaja — intente enmascarar mi reacción de dolor por su comentario.
—Perdóname, si te dolió lo que te dije. — dijo ella con mucha seriedad.
—Pero ¿cómo te diste cuenta?
—Por tu rostro, te pusiste cabizbajo, quisiste fingir una risa falsa, eh inmediatamente, apartaste la mirada.
Me quede atónito al escucharla decir eso, como una persona se podía dar cuenta de eso en cuestión de milisegundos, lo normal es que sea después de un largo silencio de unos 5 u 8 segundos.
—Vaya, lo por lo que puedo notar, eres muy observadora, y dime, ¿ qué otras cosas pudiste notar?
Nos pusimos a charlar todo el trayecto, bajamos en la misma estación, caminamos hacia el mismo barrio…
—¿Espera tu vives por acá? — pregunté
—Si, me acabo de mudar, vivo en la calle 14, ¿tu dónde vives?
—En la calle 16, al lado de una taberna que se cae a pedazos.
Seguimos charlando hasta llegar casi a su casa…
—Oye Violeta.
—Si, ¿dime?
—Tú no eres mucho de hablar en clase ¿verdad?
—Prefiero mantenerme al margen de lo que sucede, como ese día, que las personas de mi fila querían ir a matar el tiempo, pero me negué rotundamente, no es que no me guste salir, simplemente no me gusta congeniar con personas que no me dan buena espina, y peor aún, si proponen un plan sin un rumbo fijo.
—Ah ya veo, ¿y entonces siempre estás sola?
—La mayor parte del tiempo en el colegio, si.
—No te gustaría empezar a hablar con otro tipo de gente, yo que se como por ejemplo…
—¿Como por ejemplo tu? — dijo Violeta con un tono firme
—¿Conmigo? jajajaja.
—¿De qué te ríes?
—De lo que dices ¿Por qué quisieras hablar conmigo? — decía mientras la intriga me carcomía la mente
—No pareces mala persona… además… me llama la atención tu forma de ser… digo… la forma tan nerviosa que tienes de hacer las cosas, eso te hace ver como alguien que calcula mucho sus acciones a mi parecer… — Violeta se puso nerviosa — y siento que eso es genial … sabes… para mi siempre ha sido difícil poder encontrar alguien con quien pueda sentirme cómoda al hablar— agacho su mirada.
El resto del camino lo pasamos hablando de cosas triviales. Al llegar a la puerta de su casa…
—Gracias por la charla, nunca pensé que podría divertirme hablando con alguien del salón— dijo violeta con una sonrisa en su cara— Nos vemos mañana Marck.
—Hasta mañana Violeta— solté una pequeña carcajada de felicidad, después giré en dirección hacia casa…








