Las escondidas.
Busqué el mejor escondite, no quería que me encontraran. Pasé por todas las habitaciones.
Estaba todo oscuro, la luz se había cortado. Estaba demasiado agitada. Corrí lo más rápido
posible mientras pensaba en mi plan. Las escondidas era mi juego favorito de niña, solía
jugar con mi hermano. Estaba entrenada. Sabía los mejores lugares para esconderse allí.
No podían encontrarme, les sería imposible.
Me detuve en un pasillo largo, con cinco puertas, cinco habitaciones dentro de cada una de
ellas. Una era la mía. Fui directo a esa.
Mi cuarto tenía un armario, pero casi invisible a la vista, no se notaba que estaba. Oculto.
Solo tenía que empujar la pared para abrirlo. Me metí. Debía actuar rápido o perdería.
Empecé a escuchar pasos, pisoteadas fuertes de alguien. Estaban en el pasillo. Se
aproximaban. Cada vez más y más. Toqué mi pecho. Mi corazón latía y latía, muy progresivamente. Cada vez los
pasos se escuchaban más cerca, en la puerta de la habitación. Trate de no respirar, de no
hacer ningún ruido, de no tocar nada. Tapaba mi boca con mis dos manos.
Abrieron la puerta. Pude escuchar como lentamente entraban, escuchaba sus
respiraciones, comenzaron a hablar entre ellos. Decidían qué hacer. Si seguir buscando o
no, si buscar mejor ahí o ir a otro lado.
Tenía miedo, quería que se fueran, quería escapar, pero no quería arriesgarme. Deseaba
tener el suficiente coraje como para salir de mi escondite, verles las caras y asustarlos así
se iban, pero era inutil, solo era una simple chica, y ellos eran dos. No podía contra ellos.
Tenía que esperar, era lo único que debía hacer si quería sobrevivir. Pero ocurrió algo.
Moví sin querer una percha, hizo ruido con las de atrás. Mi corazón se detuvo. Y de pronto…
¡Pum!, sonó mi armario. ¡Pum!, lo estaban golpeando.
Tuve que actuar rápido. Abrí el armario. Lo primero que vi fue a él, vestido de negro. Lo
empujé. Logré que cayera al piso, y salí hacia el pasillo.
Corrí hacia la puerta principal de mi casa. Volví a ser una niña otra vez, jugando con mi
hermano, queriendo escapar de él. Pero esta vez, tenía que ganar sí o sí. No podía quedarme ahí para siempre.
Salí hacia la noche estrellada y fría, el aire estaba pesado, había mucho humo en el suelo. Estaba todo oscuro, pero la luna llena alumbraba perfectamente todo. Una noche magnífica para morir, pero no sería mi caso.
Corrí hasta mi auto, me subí y lo arranqué. A los lejos, volví a divisar mi casa. Estaban ellos en la
puerta. Avance manejando, esperando no volver nunca más. Esperando no volver a ver
más a mi familia.
FIN.








