Nepotismo
Tailandia es conocida como la reina de las producciones Boys Love.
Para un actor que soñaba con conquistar la fama internacional, convertirse en protagonista de una producción de StarTV era prácticamente tocar el cielo.
StarTV no era simplemente una productora.
Era un imperio.
La compañía más grande de la industria del entretenimiento asiático, capaz de convertir a un desconocido en una estrella de la noche a la mañana.
Y detrás de aquel imperio había un hombre.
Saint Thirapon.
CEO y accionista mayoritario de StarTV.
Un alfa dominante cuya sola presencia podía hacer que una habitación entera guardara silencio.
Sus ojos rojos eran fríos e intimidantes. Su aroma a tabaco era tan característico que cualquiera podía reconocer su presencia antes de verlo.
Saint tenía poder.
Mucho más del que cualquier actor podía imaginar.
Sin embargo, incluso un hombre como él tenía dos grandes defectos.
El primero era su hijo.
New Thirapon.
Un omega caprichoso, irresponsable y con un talento bastante mediocre para la actuación.
El segundo era su esposa.
Geraldine.
Una omega elegante, ambiciosa y dueña de la revista más vendida de toda Asia.
Ante las cámaras, Saint y Geraldine eran el matrimonio perfecto.
Sonreían.
Posaban juntos.
Asistían a eventos.
Se felicitaban públicamente.
Pero dentro de la industria todos conocían el secreto.
Su matrimonio era una fachada.
Un acuerdo entre dos familias poderosas que habían unido sus nombres para controlar gran parte de la industria del entretenimiento.
Nadie hablaba de ello en voz alta.
Porque nadie quería convertirse en enemigo de los Thirapon.
[…]
Las manos de Ciel estaban húmedas.
Intentó disimularlo entrelazando los dedos sobre sus piernas.
Había pasado todos los filtros.
Primero la audición.
Después la prueba de actuación.
Luego la entrevista.
Y finalmente, la última prueba frente al director.
Había competido contra cientos de actores.
Y ahora estaba allí.
A unos cuantos metros de convertirse en uno de los protagonistas de la nueva producción de StarTV.
La adaptación del libro más vendido de los últimos años.
Una historia que ya tenía millones de lectores esperando verla en pantalla.
El director Jiro estaba sentado frente a él.
Sus últimas tres producciones habían sido éxitos rotundos y habían roto récords de audiencia.
A su lado estaba Saint Thirapon.
Ciel intentó no mirarlo demasiado.
Había algo intimidante en aquel alfa.
No necesitaba levantar la voz.
No necesitaba amenazar a nadie.
Simplemente permanecía sentado y observaba.
El primer protagonista ya había sido elegido.
Earth, un alfa joven y extremadamente talentoso.
El segundo protagonista estaba entre dos candidatos.
Ciel.
Y New.
Ciel sabía que había hecho un buen trabajo.
Lo sabía.
Había sentido la conexión con el personaje desde el primer momento.
Por eso, cuando Jiro cerró la carpeta que tenía frente a él, Ciel contuvo la respiración.
—Lo sentimos, Ciel.
Su corazón se detuvo.
—New se quedará con el papel.
Durante unos segundos, Ciel no escuchó nada.
Todo el esfuerzo de los últimos años pareció desaparecer en un instante.
Había sido mejor.
Lo sabía.
El director lo sabía.
Incluso los otros actores lo sabían.
Pero New tenía algo que Ciel jamás podría conseguir con talento.
El apellido Thirapon.
Ciel respiró profundamente y se obligó a sonreír.
—Entiendo.
Se levantó de su asiento y tomó su carpeta.
Entonces escuchó una voz detrás de él.
—Ay, Ciel… lo siento muchísimo.
New se acercó con una sonrisa que estaba lejos de ser sincera.
—Pero no te preocupes. Le diré a papá que te consiga un papel de extra.
Ciel se quedó quieto.
Giró lentamente la cabeza.
—Qué considerado.
New sonrió con superioridad.
—De nada.
Ciel sostuvo su mirada.
—Pero no será necesario.
—¿Ah, no?
—No.
Una sonrisa apareció en los labios de Ciel.
—Soy demasiado talentoso para conformarme con ser un extra.
New soltó una carcajada.
—¿Todavía tienes orgullo después de perder?
Ciel tomó su abrigo.
—No perdí por falta de talento.
La sonrisa de New desapareció ligeramente.
Ciel pasó junto a él.
—Perdí contra un apellido.
Y salió de la sala.
New lo observó marcharse con el rostro endurecido.
—¿Quién se cree que es?
Jiro permaneció en silencio.
Saint, en cambio, seguía mirando la puerta por la que Ciel acababa de desaparecer.
Por alguna razón, aquel omega había conseguido despertar su interés.








