La Leyenda De Castel: Espada Y Nombre by Ricardo at Inkitt
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La Leyenda de Castel: Espada y Nombre

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Summary

¿Qué harías si despertaras en un mundo de fantasía… pero no fueras el héroe? Tras recibir un disparo, Castel abre los ojos en Ordelia, una tierra de magia, monstruos, razas, nobles y reinos en guerra. Sin un sistema ni poderes regalados, deberá tomar un nuevo nombre y aprender a sobrevivir con una espada. Entre aventuras, torneos, amistades y romances, descubrirá que todo poder tiene un precio… y todo nombre, un destino.

Genre
Fantasy
Author
Ricardo
Status
9h ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Las horas pasaban y aún no terminaba de decidir qué ropa ponerme. Los nervios se apoderaban de mí con tan solo pensar que lo que eligiera no me quedaría bien. Sabía que solo iba a ser una cena con los demás, pero, aun así, me sentía tan estresado como si se tratara de un trabajo final de la universidad. Ni Pinterest ni Google lograban convencerme con la innumerable cantidad de conjuntos que me mostraban.

«Ya, solo sé tú mismo y todo va a estar bien», pensé. Y tenía razón: no debía esforzarme por mostrar una imagen que no se sintiera natural. Sin embargo, en el fondo también era consciente de que impresionar a Naya era uno de los objetivos más importantes de la noche.

Después de treinta minutos y de haber desordenado mi habitación más de lo que ya estaba, decidí vestir una camiseta blanca sin diseño, una chaqueta negra, un pantalón jean holgado del mismo color y unas zapatillas negras que hacían juego con todo. Me puse al cuello mi cadena favorita, cuyo dije era una media luna. Agarré mi maleta y me la eché al hombro. Luego me eché cuatro pufs de mi perfume más caro y me sentí listo para salir.

—¡Mamá, ya me voy! —grité mientras me dirigía hacia la puerta.

—¡Está bien! No llegues muy tarde y cuídate —respondió desde su habitación, como solía hacer cada vez que salía—. Me traes algo rico para comer; no te olvides. Te amo.

—Veré qué puedo traerte. No tardaré y tú tampoco te duermas muy tarde —dije mientras abría la puerta, listo para salir—. También te quiero.

Mi relación con mi madre no era la mejor, pero, desde que se separó de mi padre, podría decirse que había mejorado. Habíamos comenzado a hablar más, a salir de vez en cuando e incluso a decirnos «te quiero», lo cual resultaba curioso, porque se supone que todas las familias deberían poder decírselo con naturalidad, ¿no?

En fin, lo importante era que ya me dirigía a la cena con los de la facultad. Estudiar en la universidad a veces resultaba agotador, pero, en ocasiones como aquella, podía ser lo mejor del mundo. Hubiese preferido que fuéramos a una discoteca, aunque, aparentemente, la mayoría quería un plan más tranquilo. Tampoco podía quejarme: cualquier plan en el que estuviera Naya se convertía inmediatamente en un buen plan.

Debo admitir que tuve suerte de que el restaurante donde se encontraban los demás quedara a solo quince minutos a pie. Caminar de noche mientras escuchaba música era una de mis actividades favoritas. Me ayudaba a conectar conmigo mismo y a levantarme el ánimo; o a bajármelo, claro está, porque todo dependía de la canción que estuviera sonando.

Mi celular comenzó a vibrar, así que tuve que interrumpir aquella conexión que tanto apreciaba para comprobar quién me escribía.

«¿Castel, dónde estás? Ya pedimos la comida y te vas a perder todo», preguntó Matt.

«Ya estoy a unos cinco minutos. Disculpa la demora, tuve un pequeño problema», respondí, consciente de que aquel “problema” había sido no poder decidir qué ponerme.

«Está bien, apúrate, porque no podré guardarte por mucho más tiempo el sitio al costado de ya sabes quién», escribió Matt. «Algunos chicos también quieren sentarse junto a Naya, y me incluyo en ese grupo, así que no tardes».

Solté una ligera risa al leer el mensaje y guardé el celular para acelerar el paso. Sin embargo, antes de que pudiera avanzar demasiado, escuché un grito de auxilio que atravesó la música de mis audífonos.

Me detuve en seco y me retiré el auricular derecho para escuchar con mayor atención. No pasaron ni cinco segundos antes de que el grito volviera a oírse, esta vez con mucha más claridad, lo cual dejaba apreciar el terror que sentía esa persona. «Es una mujer», me dije a mí mismo. Procedí rápidamente a seguir el grito que provino del callejón que estaba al lado derecho del final de la calle. Si bien no era un barrio peligroso, uno siempre tenía que tener cuidado, ya que nunca se puede estar totalmente protegido. Llegué al callejón. Estaba oscuro, como era de esperarse, pero alcancé a ver cómo una joven que aparentaba mi edad, o quizás un par de años más, se encontraba acorralada contra la pared, casi al costado de un contenedor de basura, por otros tres hombres que no parecían ser delincuentes ni personas de bien. «Probablemente estén ebrios y la estén acosando», pensé. El saber que no tenían apariencia de delincuentes me tranquilizó un poco porque, sinceramente, si hubiesen tenido algún tipo de arma, mi intervención no habría sido de ayuda. Probablemente me hubiese limitado a hacer un escándalo, llamar a la policía y ver alguna manera de apoyar, pero, como este no fue el caso, decidí ponerme en acción y me acerqué. Mientras acortaba la distancia, podía ver que la mujer tenía cabello lacio de color negro y un cerquillo, aunque sus cabellos se encontraban despeinados por la fricción de haber apoyado su nuca contra la pared, porque los tres hombres la tenían acorralada y dejar que se fuera parecía no encontrarse dentro de sus planes.

—¡Ey! Déjenla en paz, ¿qué les pasa? —dije, aún terminando de acercarme, y los tres voltearon sus cuerpos y miradas hacia mí.

—Lárgate de aquí, no es tu problema y no te metas —respondió, con un tono agresivo, el que se encontraba en medio de los tres.

De cerca pude confirmar que dos de ellos y yo teníamos el mismo tamaño, pero el que me había contestado sí era un tanto más alto; medía 1,8 m, quizás. La chica tenía un gesto de miedo y estaba con lágrimas en los ojos, mientras sujetaba las asas de su bolso negro con ambas manos y se encogía, tapándose con su saco crema, el cual era más largo que su vestido negro, llegando casi hasta sus botas.

—Sí, vete de aquí si no quieres problemas —secundó el que se encontraba al lado izquierdo.

—Cierra el hocico, maldito fracasado —respondí con tono agresivo mientras lo miraba despectivamente.

El comentario desató miradas y expresiones de enojo en el grupo, haciendo que el más grande se acercara para, claramente, pelear. No era la primera vez que peleaba, tanto en la calle como por hobby, puesto que había entrenado artes marciales mixtas durante dos años, no totalmente consecutivos, pero igualmente tenía algo de experiencia tanto ganando como perdiendo.

Cuando el hombre de 1,8 m se encontraba al alcance suficiente, procedió a intentar darme un derechazo, el cual no fue tan rápido como esperé, ya que antes de lanzar el golpe hizo el gesto de mandar su brazo, su puño, hacia atrás, lo cual me dio suficiente tiempo de reacción y confirmaba que probablemente no tenía conocimiento de artes marciales, porque el hecho de «recargar» un puñetazo, en la práctica, es una pérdida de tiempo. Esquivé el golpe mandando mi cuerpo hacia mi lado derecho y, seguidamente, le lancé un cruzado con mi brazo izquierdo, el cual le dio de lleno en la quijada, lo suficiente para hacerlo retroceder y que llevara su mano hacia la parte golpeada de su rostro, pero no tanto como para hacerlo desistir de la pelea, ya que yo soy diestro y mis ataques con mi brazo izquierdo no suelen ser los más fuertes.

—¡Vas a ver, idiota de mierda! —gritó el que se encontraba a su izquierda mientras se lanzaba contra mí.

La adrenalina comenzó a surtir efecto. Los brazos me comenzaron a temblar, más que las veces que peleaba durante un entrenamiento, porque en estos uno podía simplemente decir «alto» y escuchar la pregunta «¿todo bien?», reírse un rato y luego seguir con el entrenamiento. En cambio, en una pelea callejera nunca sabes lo que podría suceder, si alguno se cae y si el otro tiene los suficientes modales de caballero para evitar golpearlo en el piso y seguir como hombres.

—¡Ayúdame! ¡No te quedes ahí parado, imbécil! —volvió a gritar el que se había abalanzado sobre mí mientras sus brazos rodeaban mi cuerpo y agachaba su cabeza con el intento de levantarme y hacerme un suplex.

Me quedé congelado por unos instantes, ya que en una pelea todo pasa muy rápido y, a veces, uno no tiene la oportunidad de reaccionar, pero volví a mis sentidos y, ante la falta de técnica para sujetarme, procedí a lanzarle tres fuertes golpes con mi codo derecho directamente en la nuca, ya que su cabeza estaba totalmente desprotegida mientras hacía el intento de alzarme. Tras este último codazo, procedió a soltarme y apoyarse con una mano sobre el piso y con la otra sobre la nuca, porque el último golpe había surtido efecto y generó que su nuca comenzara a sangrar. El tercero se quedó inmóvil al frente, observando todo, aún al costado de la joven, cuyas manos ahora cubrían su boca por el miedo y la sorpresa de lo sucedido. El joven alto se levantó y se reincorporó al combate nuevamente y con mayor furia, porque el primer cruzado que le propiné le había hecho sangrar el labio.

—Maldito hijo de puta —exclamaba mientras intentaba nuevamente golpearme.

—No sabes ni pelear, maldito imbécil —respondí, poniéndome en guardia y levantando ambos puños para pegarlos a mis sienes mientras me movía rápida, ligera y cortamente de lado a lado para tener los sentidos activos y estar preparado para esquivar o golpear.

La pelea parecía haberse convertido en una competencia sobre quién decía más insultos y lisuras, típico de una pelea callejera, pero esto solamente lo llenó de más ánimos y realizó su segundo intento de golpearme, esta vez intentando un supuesto combo sin técnica alguna, porque solo repetía el patrón de golpear con la derecha y luego con la izquierda repetidamente durante al menos cuatro series consecutivas. Intenté tirarle un jab con mi brazo derecho cuando se detuvo brevemente, pero esta vez él fue un poco más rápido y alcanzó a conectar su puño derecho cerca de mi oreja izquierda. Pero esto no me detuvo; más bien, dejó abierta su guardia y procedí a lanzar el jab seguido de un cruzado. El primer golpe se encontró con su nariz y el segundo, nuevamente, con el lado de la quijada que había herido al comenzar la pelea. Ambos golpes dieron grandes resultados y, aparentemente, daban por concluida esta pelea.

—¡Ya, para! Nos vamos —exclamó, ahora sí derrotado, mientras se reponía, dispuesto a retirarse.

—Me está sangrando la cabeza, vámonos de aquí de una vez —dijo su compañero, aún con la mano en la nuca.

Bajé la guardia, puesto que aparentemente todo había concluido, y solté un gran suspiro para, seguidamente, sobarme con la mano izquierda el lado de mi rostro donde había recibido el golpe. «Auch», dije mientras me sobaba, porque el golpe sí había sido fuerte, pero no me generó sangrado alguno, solamente dolor.

—No, no, no, esto no puede quedarse así —dijo el tercero, que no participó durante el combate, mientras se llevaba la mano derecha hacia un bolsillo interno de su chaqueta negra—. Ahora sí vas a ver —exclamó mientras retiraba su mano del bolsillo, dejando a la vista que ahora sujetaba un arma, y procedió a apuntarme con ella.

Mi cuerpo se llenó de escalofríos al ver el arma. No pude moverme por el miedo y sentí infinidad de emociones en tan poco tiempo. «No puede ser», pensé. El tipo también temblaba; se podía ver que el movimiento con el arma no era experimentado, lo cual solamente me aterraba más.

—¡No! ¿Qué ha...? —dijo el más alto, pero fue interrumpido por el sonido del disparo.

—¡No! ¡Ah! —gritó la joven al escuchar el estruendo del disparo, quedando casi petrificada.

Lo que acaba de suceder me desconectó de todo. No sabía lo que acaba de suceder, no sentía ni escuchaba. Sentí un nudo en la garganta, como si quisiera vomitar y al mismo tiempo. Mi cerebro procesó todo muy lentamente, a pesar de que todo lo sucedido haya sido muy rápido. Desde la pelea hasta el disparo. Pensé que no me había dado hasta que bajé la mirada y vi que mi camiseta se estaba tiñendo de rojo progresivamente por el lado izquierdo de mi estómago. «¿Sí me dio el disparo?», me pregunté internamente. No sentía dolor alguno en el cuerpo, así que llevé mi temblorosa mano hacia la herida y, al ver que mi mano se encontraba bañada en sangre, mi mente aceptó todo lo que estaba viendo y el dolor comenzó, como si la adrenalina se hubiese agotado. Me dejé caer porque sentía que me desvanecía y mis ojos giraban a su propio gusto, sin dirección fija. La joven se acercó hacia mí, se agachó e intentó sujetarme entre sus brazos mientras me decía algo que no pude escuchar con claridad porque los sentidos me comenzaban a fallar. Poco a poco dejé de poder distinguir el rostro de quien me sujetaba; ya no escuchaba ni el pitido del «humm» que me dejó el estruendo del disparo y las luces de los faros se tornaban destellos difuminados. «Realmente voy a morir aquí», pensé. «Al menos aún puedo hablar internamente», me dije, y sentí cómo a mi cabeza venían pensamientos y recuerdos de distintas etapas de mi vida. «Ah, qué manera tan estúpida de perder la vida, ja, ja. Supongo que capaz no debí meterme en lo que no me incumbe, ¿o sí hice bien? De todas maneras, ya no importa», me dije para evitar sentir la carga. «Hice mucho y poco en esta vida. Hay cosas de las que me arrepiento y cosas que no», recapacité. «Quizás no debí haber odiado tanto a mi padre. Sé que pasaron muchas cosas entre él y mamá, pero quizás él estaba intentando hacer las cosas lo mejor que pudo a su manera; quizás debí haber abrazado a mi mamá al momento de salir y no gritarle desde la puerta; quizás debí haberle dicho “te amo” en vez de un “te quiero”. No era que no la amase, sino que decirle algo muy fuerte me daba vergüenza. Quizás debí acompañarlo con un beso en el cachete, quizás...», me dije mientras todo se tornaba negro y mis ojos se cerraban por sí solos. «Lo siento, mamá. Hoy no podré regresar temprano como me pediste. Lo siento mucho por los momentos en los que me porté mal y contesté como no debía, pero, sobre todo, lo siento porque hoy no podré regresar y llevarte el chocolate que tanto te gusta. Espero puedas perdonarme».

Chapters
1. Capítulo 1
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