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Nunca conocí a mi marido

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Summary

Hola, soy Sarah. Si estás leyendo esto, todavía no sabes nada de mí. Mejor así. Porque cuando empezó todo, yo tampoco sabía demasiado de mí misma. Creía saber lo que quería, quiénes eran las personas importantes de mi vida y cómo sería mi futuro. Joder, qué equivocada estaba... No voy a contarte lo que ocurre. No tendría gracia... Solo te diré una cosa: vas a reírte conmigo, a enfadarte conmigo y, probablemente, alguna que otra vez querrás gritarme: ¡NO LO HAGAS! Conocerás a personas que querrás, otras que no soportarás y alguna que te hará cambiar de opinión más de una vez. Esta es mi historia. La que empezó cuando todavía era una cría y terminó años más tarde, haciéndome entender algo que jamás imaginé que diría: Nunca conocí a mi marido. Espero que te sirva para no cagarla tanto como llegué a cagarla yo. En serio, vigila a quién llamas amor.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Es curioso que, si pienso en un momento perfecto para empezar, lo haga así.

Con David.

En realidad, él lo ha sido todo para mí; desde el principio, hasta el final. Así que sí, creo que es lo más apropiado y… sensato.

Porque antes de conocer a mi marido, fui una niña que aún no había descubierto muchas cosas y creía que todo era fácil y sencillo. Que solo tenía que centrarme en trabajar, ganar dinero, experimentar, descubrir qué quería en la vida, construir mi persona, estudiar y… volar.

De hecho, así lo hice con David, mi mejor amigo y cómplice, pero parece que me olvidé de eso que tanto me advirtieron.

El amor.

De lo mucho que llega a doler, de lo importante que es no brindárselo a cualquiera y, la relevancia que tiene conocer bien a la persona con la cual decides compartir tu vida.

Como empezarás a deducir, yo, no lo hice.

Me guste más o me guste menos, ese ser forma parte de mi historia y… tengo que contarlo, aunque por dentro desee olvidar todo lo que he pasado a su lado y quiera prender fuego a todo lo que construimos juntos, de la mano, creyendo que éramos felices y que lo teníamos todo.

No pudimos ser más ingenuos…

Él, por creer que así lograría retenerme.

Yo, por creer en sus mentiras.

Pero antes de que empiece a narrarte cómo empecé a darme cuenta de que realmente nunca conocí a mi marido, déjame contarte cómo era mi vida, antes de él.

Cómo era yo, antes de sus mentiras.

Cómo éramos todos, antes del caos.

Capítulo 1

Jorge se asoma por el hueco de la puerta, diciendo:

—Arréglate que nos vamos.

No me da tiempo a contestarle, tal y como dejo la mochila y el casco de la moto sobre el escritorio, veo que da media vuelta y se aleja de mi habitación. No tengo ganas de hacer nada, he tenido un día de mierda y lo único que quiero hacer es apalancarme en el sofá y descansar. En otro momento y en otras circunstancias, no hubiera hecho ni caso a mi hermano, pero hoy es mi cumpleaños y, supongo que debo animarme. Me ducho y me visto con lo primero que encuentro. Bajo al salón ya preparada y mi cuñada me recibe con un buen piropazo de los suyos, de esos que son tan exagerados que no se los cree ni ella, pero ahí están. Bloquea el teléfono, lo guarda en el bolsillo de su chaqueta de cuero rosa y se acerca a mí, sonriendo de oreja a oreja.

—¿Nos vamos ya?—pregunta, agarrándome del brazo.

—¿Adónde?

—Ahora lo verás. —Empieza a caminar y a tirar de mí.

Salimos de casa y subimos al coche de Jorge, que nos está esperando. Conduce hacia algún lugar mientras Ashley toquetea la radio y hace que el rock retumbe entre la chapa que nos rodea. Me río al verla menear enérgicamente la cabeza al son deAmerican Idiot de Green Day. Así estamos hasta llegar a la calle donde vive Valeria. Jorge aparca justo delante y ella, al ver el coche parándose justo delante de su edificio, sale del portal, se acerca y entra con nosotros.

—¡Felicidadeees!—Me achucha fuertemente entre sus brazos.

—Gracias. —Sonrío y veo cómo se acomoda en su sitio y se pone el cinturón.

Jorge retoma la conducción y vamos a la zona donde vive David. Aparca en el primer sitio que ve, bajamos del coche y nos acercamos al portal. Cuando llegamos, mi hermano llama al timbre una y otra vez de manera insistente.Escuchamos cómo descuelgan el telefonillo y a David resoplandoal otro lado mientras nos abre. Riéndonos con las tonterías de Jorge, subimos con el ascensor y David nos recibe en la puerta junto a Sebastián. Me abrazan y me felicitan, y David, que ha sido el último en hacerlo, me coge de la mano y me adentra en su piso. Me sorprende colocándose detrás de mí, tapándome los ojos con una de sus manos.

—¿Ves algo, niña? —me pregunta con su acento andaluz.

—Nada de nada.

—Guay, pues pa’lante.

Guiada por él, caminamos torpemente hasta entrar en el salón. Descubre mis ojos y me encuentro con una fiesta preparada y la mesa repleta de aperitivos y bebidas. Sebastián entra detrás de nosotros, diciéndome:

—Lleva todo el día preparándolo.

Sonrío agradecida y lo veo de espaldas; está toqueteando la cadena de música.

—Gracias, David, no tenías por qué molestarte tanto…

La música empieza a sonar.

—No es molestia ninguna —David se aleja de la cadena—, es tu cumpleaños y hay que celebrarlo.

Ashley y Jorge entran en el salón.

—Uno no se hace mayor de edad todos los días, cuñadita —comenta Ashley.

Valeria viene detrás de ellos y va directa aSebastián, que está abriendo la botella de champán. Llega a él y pone su mano derecha en uno de sus anchos hombros. Sebastián, al sentir el contacto, baja la mirada y le regala una sonrisa cómplice.

—No podremos hacer una fiestecita de las nuestras, pero nos quedamos con este ratito juntos, ¿no? —dice Valeria, mirándome con una sonrisa.

Está en lo cierto, ahora mismo no necesito nada más. Tengo la compañía de mi hermano y mis mejores amigos, soy profundamente feliz y me alegro de haber hecho el esfuerzo de animarme y venir. Sebastián abre la botella y hace que el corcho salga volando.Llenamos las copas, damos los primeros tragos y empezamos a comer y a hablar. Al estar aquí, es inevitable que me pregunte dónde está Montse, la madre de David. A estas horas siempre está en casa y no verla me resulta raro.

—¿Dónde está tu madre? —le pregunto a David.

—Está de vacaciones en Málaga —responde él—. Estará ahí unos días.

—¿Y tú no te has ido con ella, con lo que te gusta el sur? —pregunta Sebastián.

—Me hubiera gustado y se lo comenté a mi jefe, a ver si caía la breva y me adelantaba las vacaciones, pero qué va, qué va…—Niega con la cabeza.

—Bueno, crack, piensa en la pasta que te llevas currando y que estos días tienes el piso para ti solo —murmura Jorge.

—Pues sí, colegas. —David alza su copa—. ¿Brindamos?

Cogemos todos nuestras copas y miramos al anfitrión de la noche.

—Por más momentos como este, porque nunca nos falte nuestra compañía, el trabajo y la salud—menciona David.

—Amén. —Chocamos nuestras copas.

Cenamos, caen unos chupitos y llega el pastel. Qué incómodo es esto de que te canten el cumpleaños feliz; no sabes qué decir, ni adónde mirar. Ashley grabándome a escasos centímetros de la cara tampoco es que ayude mucho, pero Valeria lo arregla rápido emitiendo unos cuantos gallos al terminar de canturrearme. Me río con ella y pido un deseo al soplar las velas. Me llenan de besos y abrazos antes de sorprenderme con unos cuantos regalos. Para no perder la costumbre, me emociono muchísimo; me da igual lo que me regalen o me hagan, ya puede ser un dibujo o simplemente dedicarme unas bonitas palabras, si está hecho o dicho con amor, lo siento, lo aprecio y lo recordaré toda mi vida. Soy Piscis y admito que soy muy intensa; algunos lo llaman dramatismo y otros exageración, pero no me caen bien ni uno, ni otro. Mis amigos y hermano han acertado con lo que me han dado, sobre todo David, que me ha comprado unas entradas para ver a uno de mis DJ favoritos. Después del pastel, nos preparamos unos cócteles y jugamos a juegos de mesa. Estamos un buen rato jugando, al menos Ashley, David, Jorge y yo. Valeria y Sebastián, después de jugar enla primera partida, han dejado de participar y se han ido al sofá. Entre tirada y tirada, nos damos cuenta de que,en algún momento, han empezado a liarse. Jorge y David, al verlos, empiezan a cachondearse en silencio ante esa fogosidad inesperada. Ashley y yo, más allá de sorprendernos porque jamás hubiéramos imaginado que alguien como Valeria pudiera tener algo con Sebastián, decidimos dejarlos en paz. Habrán aprovechado que estamos distraídos y que no mirábamos, así queintentamos ignorarlos, pero claro, los chicos no paran… Mi cuñada, al ver que no cesan las tonterías, les da una buena colleja a cada uno para que dejen de mirar y así poder terminar de una vez la partida.

—Bua, estoy muy cansado —dice Jorge, yendo hacia la butaca reclinable—, voy a echarme un rato y nos vamos, que mañana hay que currar. —Va hacia allí y se desploma, sentándose de culo.

Se enciende un cigarro y Ashley se termina su copa, la deja en la mesa y va con él. En su caso, va directa al sofá que está al lado de la butaca y se pone a ver la tele. Miro a David; está a mi lado, bebiendo tranquilamente.

—¿En qué piensas, ricitos?

—En esto, que ya va en decadencia. —Mira a nuestro alrededor y termina poniendo sus ojos en los míos.

El contacto visual con él siempre provoca que esboce una sonrisita tontorrona.

—Es que hoy es muy tarde y entre semana ya se sabe… —justifico sin darle demasiada importancia—. Pero bueno, hemos aguantado bastante y me lo he pasado genial. —Sonrío.

—Pues es lo que cuenta —dice, devolviéndome la sonrisa.

Presto atención a Valeria y Sebastián; siguen descubriendo sus cavidades bucales como si no hubiera un mañana. Mi hermano y mi cuñadaestán distraídos viendo la tele. Vuelvo a poner la vista en David, sigue pendiente de mí.

—¿Te apetece que echemos la última? —Señalo el juego de mesa.

—Guay, ¿llevamos todo al balcón y jugamos allí?

Asiento animada, nos levantamos de la mesa cogiendo todo y lo trasladamos a la mesa del balcón. Nos acomodamos y disfrutamos de la noche tan bonita que hace mientras jugamos la última, ahora los dos solos. Como tenemos la puerta abierta y el balcón está pegado al salón, veo que Ashley y Jorge se han quedado dormidos; uno espatarrado en la butaca y la otra con la boca abierta, babeando el reposabrazos. Me río al ver la escena y pongo la vista en Valeria y Sebastián; siguen en el otro sofá.No sé si es porque Jorge y Ashley están sobados y David y yo no estamos en su campo visual, pero deben de creer que están solos o algo, porque están dando rienda suelta a esa pasión que, al parecer, tenían reprimida. Cada vez están siendo más intensos y explícitos. Y de verdad, intento no mirarlos, pero a la mínima se me van los ojos. David, en cambio, no se entera de nada.Sigue concentrado en ganarme; o yo soy buenísima jugando al parchís o él es malo de narices, ambas posibilidades son viables. A punto de terminar la partida, me desconcentro al ver a Valeria con la falda subida y con la mano de Sebastián dentro de su ropa interior. La mueve enérgicamente y hace que Valeria jadee, agarrada a su cuello. ¿Está haciéndole lo que yo creo que le está haciendo? Debo de estar alucinando…

—¿Qué pasa? —me pregunta preocupado.

Me limito a señalarlos con la cabeza. David mira hacia allí y se le abren los ojos.

—Qué fuerte… —Se remueve en su sitio, incómodo.

Qué fuerte, pero sigue mirando…

A ver, digo mucho de él, pero yo también hago lo mismo.

—Como mi hermano y Ashley se despierten y los pillen… —Carcajeo.

—¿Y si les gastamos una broma? —Sonríe con picardía.

Pero ¿por qué me gusta tanto? Sus ojos penetrantes, su gracia natural, su perilla en forma de ancla, hasta su manera de hablar… Esa tan graciosa y dulce, con ese acento andaluz que me encandila, sobre todo cuando se come letras de las palabras, me dice niña o se ríe por tonterías, justo como yo. Que se cae un lápiz y nos meamos de risa. Parecemos dos tontos, pero así se ha mantenido nuestra amistad, desde que nos conocimos. Entre colegueo, cachondeo y… ganas.

Contenidas.

Dejo mis pensamientos a un lado y me replanteo lo que ha dicho antes de que me quedara embobada, mirando la sonrisita que ha esbozado. Pero no, por mucho que me parezca tentadora la idea de gastarles una broma, no me parece correcto. Además, se trata de Valeria; de hacerlo sería capaz de pegarnos una paliza y enterrarnos en el primer terreno que pille. Ella siempre será la chunga del grupo, será mejor que no la cabreemos.

—No seas malo, pobrecillos…

—¿Pobrecillos? —repite hostil—. Yo no voy follando por ahí como un salido.

Me río con su exageración, no puedo evitarlo. Que sí, que yo tampoco voy por ahí de ese palo, pero Valeria y Sebastián tampoco. Si así les ha nacido, habrá sido por algo. Seguramente ha sido eso: creerían que no estamos cerca y, sencillamente, han dejado que pase. Tampoco es que hayan bebido mucho, ynada más entrar en casa y cruzarse, ya se les veía un rollito un tanto raro.

Así se lo intento explicar a David, pero sigue erre que erre:

—Y en mi casa, tía, con ellos delante. —Sacude la cabeza con decepción.

—Vaaa, no seas aguafiestas—le hago ojitos—, céntrate en mí y dejemos de mirarlos. Terminemos la partida; a ver si remontas, que eres más malo…

—¿Cómo que malo? —Ríe—. Acuérdate de estas palabras, te voy a meter una que no vas a querer jugar en tu vida.

—No te lo crees ni tú —me mofo, cogiendo mi copa y dándole un trago.

—Ya lo verás.

Dejo que siga soñando y disfruto viendo cómo se pica conmigo y lo serio que se pone intentando desesperadamente avanzar por el tablero, pero si se mueve, es únicamente para irse a su casa, ya sea porque le he comido alguna o porque le han salido demasiados dobles seguidos. Sea lo que sea, le gano una vez más. No soy mala, no me regodeo demasiado, aunque ganas no me faltan. Protestando, empieza a recoger las fichas del tablero y le echo una mano. Mientras tanto, por el rabillo del ojo, veo a Sebastián levantándose con una enorme erección. Ya en pie, se acomoda los pantalones y le tiende la mano a Valeria, que acepta y se levanta con su ayuda. Se coloca la falda correctamente y caminan hacia algún lugar, desapareciendo de nuestro campo visual. David, preocupado por dónde se habrán metido, decide ir detrás. Lo sigo y vemos que Valeria y Sebastián se meten en la cocina. David está en el pasillo, asomándose ligeramente por la puerta. Me acerco y me asomo yo también. Sebastián se baja los pantalones y libera a su equipo.

Ay, mi madre, ¡y qué equipo! Esto… ¿esto es real? ¡Guau!

Y así, sin más, Valeria se arrodilla y empieza a hacerle una felación. Si a David lo del salón le ha parecido demasiado, esto ya es el colmo.

—Voy a decirles algo, que se vayan a follar a su puta casa, cerdos de mierda.

Va a entrar, pero lo impido agarrándolo del brazo. Baja la mirada y se encuentra conmigo.

—Déjalos, por favor—murmuro al tener su atención—. La vas a liar, despertarás a los chicos y querrán irse. Yo todavía no me quiero ir…

Quiero pasar más tiempo contigo.

Pero eso se lo digo con los ojos; no soy capaz de expresarlo en palabras.

—Pero…

—Lo sé, lo sé—bisbiseo antes de que siga—, no está bien. Pero que nosotros estemos mirando tampoco lo está.Vayámonos de aquí y esperemos a que terminen. Ya después les dices cuatro cosas, ¿vale?

No le hace gracia y me lo reprocha con la mirada. Tras unos segundos así, termina cediendo a mis peticiones, haciendo que me relaje y le regale una sonrisa agradecida. De pronto veo que Valeria se levanta de sus rodillas y me da un vuelco en el corazón; por un momento he pensado que nos habían pillado mirándolos, pero no, únicamente se ha levantado para deshacerse de sus bragas. Ya sin ellas, Sebastián la coge en brazos, la sube en una de las encimeras y empiezan a follar. Terriblemente avergonzada por lo que estoy viendo y sintiendo, que unaal fin y al cabono es de piedra, doy media vuelta y me dispongo a irme. David hace lo mismo, pero nos topamos y quedamos a escasos centímetros el uno del otro. Sentirlo tan cerca me corta la respiración, más aún en el estado en el que estoy: las copitas de más, la sensación de peligro por haber cruzado la raya y mirar más de lo debido… Y, bueno, sencillamente por tenerlo tan cerca; que es verlo y morirme de ganas de tocarlo, de abrazarlo, de pasar tiempo a su lado…

Nos miramos y soy incapaz de sostener esta tensión que hay entre nosotros. Siempre la hemos tenido. Estaba ahí desde el día que nos conocimos, pero la amistad que entablamos era mucho más fuerte que lo que pudiéramos sentir el uno por el otro. O al menoslo era, hasta ahora; que empieza a quemarme y resulta insoportable.Que lo miro y se me remueve todo por dentro. Que su mirada me pone nerviosa y sus labios me llaman. Me llaman mucho. Y me excita la idea de besarlo.Es tantoque soy incapaz de controlar mis movimientos y pensamientos; noto cómo me desprendo de la cordura y que el calentón que llevo encima puede conmigo y con las posibles consecuencias que tenga lo que quiero hacerle ahora mismo. Se me va la vista a su boca y muerdo inconscientemente mi labio inferior, imaginándome qué se debe de sentir besándolo y cruzando los límites establecidos de una mera amistad. Cuando me doy cuenta, libero mi labio de mis dientes y subo la mirada de nuevo a sus ojos, pero es hacerlo y no me da tiempo a nada más. David se abalanza sobre mí y hace mis deseos realidad.Empezamos a devorarnos con total y absoluta desesperación. Me arrincona suavemente en una de las paredes del pasillo, sube mi pierna a su cadera y me levanta la minifalda. Me toca, me besa. Yo no me quedo atrás, yo también quiero más de él. De toquetearme el trasero con ambas manos, va hacia mi sexo y desliza ligeramente la tela que lo cubre y empieza a tocarme. Aquí, a escondidas. A la derecha, el salón donde están mi hermano y mi cuñada. A nuestra izquierda, la cocina en la que están intimando dos de nuestros amigos.

Pueden pillarnos, del mismo modo que los hemos pillado a ellos.

Y me excita.

Me excita muchísimo.

Más aún lo que me hace: cómo me besa, cómo me toca… Estoy temblando de placer. Lo sabe y le gusta tener el control de la situación. Deja de besarme y se centra en mi placer, guiándose por mis reacciones y logrando así que llegue a uno de los orgasmos más espectaculares, maravillosos e intensos que he tenido en toda mi vida. Nos miramos; yo, con incredulidad y fascinación. Él, atento a lo que haré o diré, pero no, de mis labios no sale nada. No quiero palabras, quiero actos.

Más.

Lo aparto un poco, doy un salto y me abalanzo sobre él, haciendo que me coja en brazos. Casi matándonos por el camino, retomamos los besos que nos han llevado a esta locura y vamos a su habitación. Nos encerramos, me deja enel suelo y empezamos a quitarnos la ropa. Vuelve a cogerme en brazos, me lleva hacia el escritorio, me sienta en el borde, abre uno de los cajones, de ahí saca un preservativo, se lo pone rápidamente y empezamos a follar. Llevo mis manos a sus nalgas y acompaño el movimiento de sus caderas. Disfruto de él y de cómo se mueve en mi interior, saliendo y entrando sin parar. Profundo, rápido, fuerte. Eso sí, con estos movimientosestamos haciendo demasiado ruido; el escritorio no para de golpearse una y otra vez con la pared.

Pam. Pam. Pam. Pam.

Me coge otra vez y me traslada a la cama. Seguimos haciéndolo, ahora con total y absoluta libertad. Ya no hay ruido, más allá de nuestras respiraciones agitadas, los gemidos contenidos y el palmeo que intentamos controlar, yendo lento. Muy lento… Tanto que siento que me voy a desmayar de placer. David es atento y tocón. Besa suave y sensual.Me gusta, y mucho.

Jadeos, gemidos ahogados, sudor, placer…

Llegamos casi a la par y caemos desplomados en la cama. Estamos un buen rato exhaustos, mirando el techo, hasta que gira la cara y me mira.

—¿Sigues siendo mi mejor amiga? —pregunta, sorprendiéndome.

—¿Por qué dejaría de serlo? —Me apoyo en el codo para devolverle la mirada.

—No me acuesto con amigas.

—Yo tampoco, pero… —Enmudezco de golpe.

—¿Qué pasa? —Me mira, preocupado.

—¿Te arrepientes? —digo rápidamente—. ¿Es por eso que…?

—No, no, ni mucho menos—me interrumpe—. Solo te preguntaba para saber qué significa todo esto. Es raro, nunca lo he hecho así.

—Ni yo.

—Pero no me arrepiento, joder, te aseguro que no.

Le sostengo la mirada y termino confiando en él y en sus palabras.

—Ha sido el mejor polvo de toda mi vida —confiesa, sacándome una sonrisa.

—Y el mío. —Me acerco a sus labios.

Nos volvemos a besar y estamos un buen rato así hasta que nos acurrucamos y echamos una cabezada rápida. Nos despertamos unos minutos más tarde, al habernos enfriado. Tenemos que ir al baño si queremos volver a vestirnos. Cogemos algo de ropa limpia y salimos de la habitación intentando hacer el menor ruido posible.De camino, vemos que Ashley y Jorge siguen en el salón, roncando, pero no hay ni rastro de Valeria y Sebastián. Ya en el baño, me deja una toalla limpia y me regula el agua de la ducha. Hace el ademán de salir para que me duche tranquila, pero lo detengo agarrándolo del brazo.

—Dúchate conmigo.

Se queda cortadísimo y me fascina que, después de demostrarme la fiera sexual que lleva dentro, vuelva a ser el chico tímido y respetuoso de siempre. Ni siquiera intenta mirarme de más, y eso que seguimos desnudos. Quizá sea un detalle sin importancia para cualquiera, pero para mí dice mucho del hombre que tengo delante.

—Así ahorramos agua —menciono ante sus dudas.

Sucumbiendo una vez más a mis miraditas y peticiones, sonríe y nos metemos juntos en la ducha. Nos limitamos a lavarnos; rápido, en silencio y sin cruzar la línea de antes. O así lo estábamos haciendo, hasta que escucho que menciona mi nombre.

—¿Mmm?—Me doy la vuelta y quedo frente a él.

Parece que va a decir algo, pero termina negando con la cabeza. Se gira y sigue enjabonándose como si nada.

—David…—Observo su espalda repleta de tatuajes.

—¿Qué?

—¿Cómo que qué? Me has llamado.

—Sí, pero no era nada —sigue frotándose, ahora la cabeza—; olvídalo.

Ni de coña, me ha dejado con la curiosidad por las nubes.

—David… —murmuro haciendo que resople y se dé la vuelta, ya enjabonado—. ¿Me ocultas algo?

—¿Qué dices? ¡Qué va!

—¿Entonces?

—Solo pensaba. —Abre el grifo y se pone debajo del agua para aclararse.

Si cree que con eso me doy por contestada lo lleva claro. Llevo la mano al grifo y lo cierro, cesando así el agua y dejándolo a medio aclarar. Abre los ojos por acto reflejo y el jabón le entra de pleno. Vuelve a cerrarlos rápidamente y se lleva las manos a la cara, llenándose aún más de jabón. Riéndome con el pobre y su mala pata, le pido perdón una y otra vez, cojo la alcachofa, abro el grifo y le aclaro yo misma.

—¿Ya estás bien? —pregunto al volver a cerrar el grifo.

—Sí…

—¿En qué pensabas?

—Ojúúú, niña, eres pesa, ¿eh?

—¡Ah!—exagero hostilidad.

Abro de nuevo el grifo, esta vez poniendo agua congelada y le doy de lleno, haciendo que dé un brinco. Y empezamos una guerra de agua fría, jabón y cosquillas. Tras un rato esquivando los chorros, logra arrebatarme la alcachofa y toma el control de la situación. La deja en su sitio y me sorprendeagarrándome de la cintura y pegándome contra su cuerpo. Sé que me quiere volver a besar y yo quiero que lo haga; la tensión está por las nubes y puede volver a pasar lo de la habitación, solo que aquí, en la ducha…Nerviosa, humedezco mis labios y sostengo su mirada.

—¿Me vas a decir ya en qué pensabas?

Toma distancia al ver que sigo insistiendo y la excitación que había surgido entre nosotros se desvanece casi al instante.

—Pensaba en tu hermano, que si se entera de todo esto…

—¿Y qué pasa si se entera?

En realidad, ya sé lo que pasaría, parece que no, pero fingir que no sé nada y que nada pasa se me da de muerte.

—¿Cómo que qué pasa? ¡Me matará!

No si ya…Pero obviando que existe esa posibilidad, suelto una risita, quitándole importancia. ¿Qué hacemos poniéndonos en el peor de los casos? Si nos lo montamos bienigual ni se lo huele, ¿no?

—¿Y por qué razón iba a enterarse?

—Joder, Sarah, está en el salón.

—Espera un momento…

Y nos quedamos callados, mirándonos entre nosotros. Aprovecho para escuchar con atención: a lo lejos solo se aprecian los ronquidos de Ashley.

—Me da a mí que si se despiertan nos enteraremos. —Suelto una risita.

No se queda tranquilo con mis palabras, pero asiente, esperando que así sea.Al salir de la ducha y secarnos, me deja uno de los chándales que ha cogido antes. Me viene enorme y con él puesto me siento un ser microscópico, pero es mucho más cómodo que lo que yo traía y, huele a él y a su perfume, así que me encanta. Divertidos con mis pintas, porque parezco una rapera con el chándal tan grande, salimos del baño sin hacer ruido y volvemos a su habitación. Nos tumbamos en la cama y se asegura de que esté cómoda y calentita, algo que termina de enamorarme. Me acurruco junto a ély nos ponemos a dormir un rato.

Su despertador suena a las 05:00. Nos levantamos muertos de sueño y fingiendo que no ha pasado nada entre nosotros. O al menos lo hacemos después de salir de la habitación. Antes de cruzar la puerta se ha asegurado de que me quede lo suficientemente claro que no se arrepiente de nada de lo que pasó ayer, algo de lo que yo tampoco, y me ha besado una y otra vez entre sonrisas y esta ilusión inmensa que ha nacido en mí.

Vamos al salón a despertar a los chicos y recogemos las cosas antes de irnos. Bajamos los tres juntos y en el portal nos dispersamos; David se va a trabajar y mi cuñada, mi hermano y yo nos vamos a casa. Ashley, después de ducharse, desayunar y arreglarse, coge el maletín de trabajo y se va con Jorge; hoy se encargará él de llevarla al colegio. Sabiendoque después de eso mi hermano se irá un rato al gimnasio, aprovecho el día para limpiar y ordenar. Lo hago a base de cafés y mucho sueño, pero no dormiré hasta la noche, así no me fastidio la rutina. Al terminar, voy a la habitación y llamo a Valeria. Necesito saber cómo está y dónde ha pasado la noche.

—Estoy bien, he dormido con Seb.

Refunfuño con ello y no lo oculto. No quiero hacerlo. Quiero que sepa lo muy loca que está, que se le ha ido la cabeza y que no entiendo por qué ha hecho lo que ha hecho, y más con él.

Y sí, me aseguro de decírselo, pero todo resulta en vano:

—Yaaaa, pero es que es taaan mono…

—Pero no te enamores, Val, es un mujeriego y contigo no será diferente…

Y le hará daño, prácticamente como a todas las chicas con las que ha salido y nos ha presentado, que no han sido pocas, precisamente. Tras unos incómodos segundos en los que no sé si me va a mandar a la mierda o si me ha colgado por haberle dado una advertencia que no ha pedido…

—¿Tú crees?

—Vaya que lo creo.

Es lo que nos ha demostrado en todos estos años… Aun así, Valeria hace caso omiso a todas y cada una de mis advertencias e intenta comerme la cabeza diciéndome lo fantástico que es, como si pudiera hacerme cambiar de opinión.

Hablar con ella, a veces, es como hablar con una pared.

De hecho, la conversación se alarga tanto que me he puesto a dibujar y he dejado de prestarle atención. Me limito a repetir las últimas palabras que dice y poco más… Por suerte está tan ensimismada que no se entera de que no estoy por la labor de escucharla. Me sabe mal, se nota que me lo dice con mucha ilusión, pero siempre está igual; lo da todo por lo que quiera que se le meta en la cabeza y luego vienen los lloros y los arrepentimientos... Y, en este preciso momento, ha topado con alguien sumamente inestable y, básicamente, el tío más mujeriego que conozco. Resulta inevitable deducir que todo esto terminará muuuuy mal.

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