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A tu lado 💸

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Summary

B.Y.S, Keshi. BoatOat 🦦🐇. Capítulo único. Historia no lineal. 01/10/25. 30/09/26. 【 By Your Side 】. 💸

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

💸

【 You ain't gotta worry 'bout nothin'

Baby girl, you know that I ain't leaving

Don't cry, alright?

Don't cry, alright?

Baby, go make yo' mind

Baby, go make yo' mind up

Say it's gon' take some time

Keep me 'round by your side, yeah

Say you wanna spend the night

Then you all undecided

Baby, go make yo' mind

Baby, go make yo' mind 】

B.Y.S

keshi

.

.

.

💸

El sol de la mañana ya quemaba el asfalto de las calles abarrotadas cuando entraron al taller de motos abandonado. Un refugio de concreto y metal carcomido escondido en un callejón húmedo y estrecho detrás del mercado Chatuchak¹ que bullía.

El ruido de una ciudad como Bangkok se filtraba por las paredes sucias al igual que un zumbido constante: cláxones lejanos de los autos y los tuk-tuks², el rugido de motos acelerando en la avenida principal, vendedores gritando ofertas, y jóvenes estudiantes en sus uniformes azules intercambiando bromas y risas. Pero dentro del taller, el mundo se sentía más quieto y lento.

El aire estaba cargado de humedad caliente, ese bochorno pegajoso que se resbala en la piel y sofoca bajo la ropa, mezclado con olor a gasolina rancia y polvo. El suelo tenía viejas manchas oscuras de aceite, herramientas oxidadas en las esquinas, y un par de motos desarmadas como cadáveres pudriéndose. La luz de un foco amarillento colgaba del techo, balanceándose con la brisa calurosa que entraba por los huecos de las ventanas quebradas tapadas con periódico y cinta canela.

Oat Pasakorn se quedó quieto un segundo, el remendado chaleco antibalas como peso muerto en sus manos mientras observaba a los demás ponérselo. La primera vez que lo sostuvo se preguntó por lo que ese chaleco habría pasado y palideció de solo imaginarlo. El robo era poco después de mediodía, en plena hora pico del banco Siam Central. La alcancía favorita de los herederos de sangre. Aún faltaban un par de horas, pero el estómago ya se le retorcía.

Desde la noche anterior si era sincero.

"Yoon", el líder, estaba en el centro frente a una mesa improvisada, imperturbable como siempre, revisando el silenciador de su pistola con movimientos precisos y silenciosos. No hablaba a menos que fuera para dar órdenes; su presencia era suficiente para que todos enderezaran la espalda. "Noeul", con las puntas del cabello teñidas de platino y una cadena de plata colgando del cuello, se ajustaba el chaleco con total naturalidad, como si estuviera acostumbrado a hacerlo. "Toptap" estaba en una esquina, apoyado contra una de las motos, fumando un cigarro con dedos temblorosos. El moretón en su ojo izquierdo había pasado de morado casi negro a un amarillo-verdoso, sucio, un hematoma viejo que se negaba a dejarlo, como su tóxico amor: la ludopatía³.

A veces, sólo la muerte puede sacarte de ahí, aunque es más una consecuencia que una salida. Toptap lo sabía, pero no estaba dispuesto a darle la mano todavía.

"Boat" estaba junto a Oat. Le tomó el chaleco de las manos sin pedir permiso y se colocó atrás suyo.

-Levanta los brazos. -Dijo en voz baja, un susurro en su oreja. Sus dedos ajustaron el chaleco rozando la piel caliente de Oat bajo la sudadera negra, enviando un escalofrío.

Oat tragó saliva.

Las correas fueron apretadas con cuidado, cada centímetro medido con cada respiración. Cerró los ojos un instante. El olor y la humedad lo llevaron de vuelta a aquel día, no tan lejano, ni tan diferente de ese, después de un tenso intercambio de dinero y armas de fuego contrabandeadas en una bodega olvidada, corroída por el óxido a orillas del Chao Phraya.

El río negro lamía los pilares del muelle y el aire olía a salitre. Se fueron rápido; Yoon caminó a su auto; Noeul corrió a encontrarse con un hombre que le esperaba montado en una motocicleta, y Toptap se perdió por allí.

Pero Boat y Oat se quedaron atrás.

-¿Tienes hambre? -Le preguntó Boat, y aunque Oat dudó al principio, su estómago vacío respondió por él. -Yo invito.

Terminaron sentados en unos bancos de plástico rojo bajo las luces fluorescentes de un puesto callejero de moo ping⁴. El ruido de la ciudad al atardecer los rodeaba, pero entre ellos sólo había calma, e inesperada comodidad.

Comieron en agradable silencio, hasta que Boat empezó a hacer preguntas: el banco, la bóveda oculta, los turnos de seguridad. Preguntas que sonaban inocentes, como curiosidad de novato.

No es que Oat fuera un experto.

Sin embargo, Oat respondió extrañamente abierto. Por primera vez alguien lo escuchaba de verdad.

Porque no tenía a nadie más que así mismo.

Pero entonces, las preguntas cambiaron de dirección.

-¿Por qué aceptaste esto? -Preguntó Boat después de asentir y tragar la carne de su brocheta. -El trabajo. No pareces del tipo roba bancos y ya. No encajas en el perfil.

Oat masticó, desviando la mirada. Quería resistirse, mantener la distancia profesional (si tuviera que usar una palabra para definirla). Pero hubo algo en la voz calmada de Boat que lo desarmó.

Como desde aquella noche en que lo conoció. El pinchazo que sintió la primera vez que el grupo se reunió en el taller para organizar el robo.

-Necesito el dinero. -Dijo al fin. -Yo... perdí mi trabajo en el banco. -Se aclaró la garganta. -El gerente... -Las luces del puesto se reflejaron en sus ojos cafés que brillaron como el cristal. Oat sonrió, pero no era una sonrisa bonita, era pura amargura. De todas formas, Boat lo encontró lindo de una manera dolorosa. -Es un maldito privilegiado. Un jodido nepobaby⁵. Me echó sin indemnización, liquidación, nada. El cínico dijo que era "por bajo rendimiento", já, que no cumplía con lo esperado. -Mencionó con rabia contenida y resignación. -Sobrevivo con lo poco que pude ahorrar. Pero se me está acabando. Toptap me encontró, me vio desesperado y... y aquí estoy.

Pero Oat admitía en su corazón que Toptap lo convenció con algo que le valía más que el mismo dinero.

La venganza.

Boat guardó silencio por un largo rato.

Le pasó un brazo por los hombros. No fue un abrazo; fue un movimiento más sutil. Oat se tensó, pero no se apartó.

Sintió ese pinchazo traicionero, pero lo aguantó, aplastándolo dentro de sí.

Oat alzó la mirada.

-¿Y tú? -Preguntó a Boat con un respiro ruidoso, entre la curiosidad genuina y el alejarse. -¿Por qué lo haces?

Boat lo miró con atención.

Bueno, era justo que él también respondiera.

Al menos hasta donde alcanzara lo justo.

Bajó su mano del hombro de Oat, una corriente de aire cálido y humo los dividió.

-No tenía opción.

Oat, mirándolo, frunció el ceño.

-¿No?

Boat exhaló lento.

-Uno no elige dónde estar. Sólo sigues órdenes. Y esperas que no te maten por obedecerlas.

Oat lo observó tratando de leer entre líneas. Por lo que decía, Boat desentonaba con el resto del grupo que sólo buscaba dinero. Como si estuviera jugando un juego distinto con un precio más alto.

-¿Y si pudieras elegir?

El café oscuro en los ojos de Boat centelló. O eso le pareció a Oat cuando sus miradas volvieron a conectarse.

-No estaría aquí. Contigo.

El silencio que siguió fue diferente. Espeso, pero no incómodo. Oat apartó la mirada, sintiendo que algo dentro de él se movía.

Y no le gustaba para nada esa sensación.

Boat le pasó una botella de agua, sus dedos tocaron los suyos.

La conversación pasó a temas más simples: sí fumaban o bebían, que sí la noche o el día, la lluvia o el sol, si les gustaría conocer el verdadero invierno... Incluso después de terminar sus porciones de moo ping.

Boat le limpió a Oat una miga de arroz de la comisura de la boca con el pulgar.

El roce duró un segundo más de lo apropiado. Lento. Involuntario.

-Vamos. Te acompaño.

Esa noche caminaron juntos hasta la casa de Oat.

El rasguido del velcro trajo a Oat al presente. Boat terminó de ajustarle el chaleco y retrocedió un paso.

-Listo. -Murmuró, pero Oat ni siquiera parpadeó. Boat levantó el mentón de Oat con dos dedos para que lo mirara a los ojos. -¿Estás bien?

Oat respiró y asintió, aunque el corazón le martillaba en los oídos, golpeando sus costillas.

El tiempo se acababa.

Noeul soltó una risa baja desde el otro lado del taller que le perforó el pecho.

-Oww, qué tiernos. No sé preocupen por nosotros, podemos esperar a que se besen.

Oat evitó mirar alrededor. Boat, en cambio, clavó una mirada filosa en Noeul, quien ladeó la cabeza parpadeando con fingida inocencia.

Entonces Yoon dió un paso adelante.

Toptap aplastó el cigarro con el talón.

Había un auto que poner en marcha.

💸

Oat vivía en un edificio viejo en Thonburi, de esos con escaleras exteriores y tendederos de ropa colgando de los minúsculos balcones. Boat lo acompañaba. Ambos subieron sin hablar; el eco de sus pasos se intercalaba con el ruido de abanicos, televisores lejanos y las sábanas ligeras que se sacudían con el más manso de los vientos.

Oat sacó la llave de su pantalón, pero antes de girarla en el pomo de la puerta, se detuvo y se giró a Boat.

La luz amarilla del exterior le iluminó la mitad de la cara.

-¿Quieres... pasar? -Preguntó Oat con la voz baja, casi insegura.

No supo siquiera por qué lo invitó.

Boat lo miró en silencio un momento. Sus ojos subieron a la puerta de un blanco sucio con los números 902 de un dorado opaco, rayados por el tiempo.

Se pasó una mano por la nuca, dudoso. Desvió la vista hacia la calle: los autos dejaban sombras largas al pasar bajo las luminarias agonizantes.

Oat se mordió el labio inferior y lo liberó con un chasquido. -No tienes que entrar si no quieres. -Soltó, golpeando la punta de su converse en el suelo.

Boat devolvió la mirada, Oat balanceaba la rodilla. -Quiero. -Respondió con suavidad. -Entra primero. Tengo una llamada que hacer. Sólo un minuto.

Oat asintió. No preguntó, no quería parecer entrometido. Giró la llave y empujó con su hombro la puerta hinchada que siempre necesitaba un poco de fuerza.

El lugar de Oat era un caos ordenado: una única ventana cubierta por una tela raída que hacía de cortina, un sofá reclinable que rechinaba bajo el más ligero peso, una mesa tambaleante llena de rayones y papeles viejos, un refrigerador que zumbaba a ciertos tiempos, un pequeño televisor anclado a la pared, un fregadero que goteaba y una estufa de cuatro quemadores sobre una base de madera. Había una corriente de aire punzante, como si nadie pasara mucho tiempo allí.

Lo que era una verdad ahora tangible.

Oat se quedó parado en medio de su diminuta sala, sintiéndose expuesto. Tuvo la intención de hacer parecer su pequeña casa un lugar más decente, pero entonces se dio cuenta de que no había mucho por hacer.

Al menos despejará la mesa.

Poco después Boat entró. La puerta cerrándose detrás de él con un chirrido. Oat intentó sonreír, pero salió torcido.

-Disculpa por... el desastre. -Se rascó la nuca. -¿Quieres agua? -Preguntó apresuradamente mientras cruzaba la sala para tirar los papeles e inmediatamente dio un par de pasos al refrigerador. -O tal vez... ¿Cerveza? Tengo aquí unas latas de Singha⁶.

Boat miró alrededor, no con juicio; sus ojos se detuvieron en los detalles más sutiles, aquellos que suelen pasar desapercibidos, como las velas aromáticas apagadas y las pocas fotografías apoyadas en la pared, las almohadas y la manta en el respaldo del sofá. Él asintió.

-La cerveza esta bien.

Oat sacó dos latas frías, el condensado desvaneciéndose en el calor de sus dedos delgados. Le pasó una a Boat.

Se sentaron en el sofá, que rechinó en respuesta al peso combinado. El zumbido del refrigerador y el goteo del fregadero llenaban el silencio. El pulso de la habitación, estrepitoso en la quietud.

Bebieron la cerveza en sorbos lentos.

Boat habló primero. Tenía que hacerlo. Oat no le hacía el trabajo más sencillo.

-¿Hace tiempo que vives solo?

Oat giró la cerveza en su mano.

-Sí. Yo... Es una larga historia. -Sonrió, pero, como siempre, su sonrisa no llegó a sus ojos.

Boat se acomodó más cerca. Oat sintió el movimiento bajo él. El molesto magnetismo entre sus cuerpos.

-Tenemos tiempo.

Mierda. Esa voz.

Oat le dió un trago a su cerveza, mirando a Boat a los ojos. Tan cerca... Podía oler el residuo del perfume en su ropa.

Dejó su cerveza, subiéndose por completo en el sofá con las piernas encogidas y su cabeza sobre las rodillas.

-Bueno...

Le contó casi todo sobre su vida, desde el abandono de su familia hasta el día en que llegó a trabajar en el banco; cómo tuvo que aprender a sobrevivir por su cuenta después de ver a su hermana mayor desvanecerse en sus brazos por culpa de un tipejo que creyó tener derecho sobre ella, dejando atrás sus días deambulando en los rincones oscuros de las calles y la dulce trampa de las sustancias, teniendo múltiples trabajos para poder alimentarse mientras estudiaba en una barata escuela nocturna.

-Pero hubo una mujer. Fue muy buena conmigo. Sin ella... Tal vez hubiera tardado más en salir de ahí. O quizás no lo hubiera hecho. No lo sé. -Oat suspiró, triste. Le dio otro trago a su cerveza, encontrando que ya la había acabado. Hizo un gesto, no por la lata vacía. -Cuando enfermó ninguno de sus hijos vino a cuidarla. Estaban demasiado ocupados con sus buenas vidas. Le regresé el favor.

Boat escuchó sin interrumpir.

Cuando Oat terminó, con la voz ronca y los ojos rojos, Boat dejó su media cerveza en la mesa y extendió la mano hacia la mejilla de Oat.

Llevó un mechón de cabello atrás de su oreja.

Oat se sorprendió, pero el tacto era cálido y humano, verdadero y no a tientas.

-Haz pasado por mucho. -Susurró, como si no fueran los únicos ahí en la sala, sobre el ruidoso sofá.

Con el dorso de su mano recogió las pequeñas lágrimas que Oat no supo en qué momento había dejado ir. -Y no me lo has dicho todo. ¿Cierto?

El espacio entre ellos se encogió. Acunó la suave mejilla de Oat con la otra mano.

-Sí... Es cierto.

Oat se inclinó hechizado al contacto y Boat lo siguió como reflejo en un espejo.

Se besaron.

No con urgencia, no con hambre ciega. Fue lento y cuidadoso, como si ambos supieran que era frágil, condenado a romperse. Boat saboreó los labios de Oat, salados por la cerveza y las lágrimas, y Oat se derritió en el beso, sus manos subieron a los hombros de Boat. El sofá protestó de nuevo cuando sus cuerpos se presionaron en el espacio reducido.

Oat se dejó llevar, subiéndose al regazo de Boat quedando a horcajadas sobre sus muslos. El resto de su cuerpo delgado apenas cubriendo el de Boat en un abrazo que pretendía ser lindo. Pero que no contaba con que el calor en sus entrañas se avivara. Las manos de Boat se deslizaron lentas por la espalda de Oat, alojándose en su cadera, y las de Oat se enredaron en la nuca de Boat.

Sus frentes se tocaron. Sus respiraciones se mezclaron.

Un beso más... Después otro. Y otro, y otro...

Pequeños, suaves, sensibles...

Se separaron apenas, con la respiración entrecortada. Boat plantó un tierno beso en la punta de la nariz de Oat que arrugó la cara en un gesto involuntario, y que le pareció adorable.

Sonrió.

Sin pensarlo demasiado, Oat se acurrucó en el ajustado torso de Boat (lo que podía tocar sobre la tela de su playera gris), con su cabeza justo debajo de la barbilla afilada, escuchando el latido de su corazón fuerte y rápido, prolongando el contacto y la calidez.

Suspiró, arrastrando la nariz a lo largo del cuello de Boat.

Boat sintió tensarse lentamente, ponerse rígido parte por parte, ante la respiración chocando en su piel.

El silencio que siguió fue denso, sin contar el zumbido, el goteo, y sus corazones palpitando al mismo ritmo.

De repente, Boat soltó una risa, casi mordaz, no demasiado alta, solo lo que no pudo reprimir.

-Me gustas. -Oat se quedó helado encima del cuerpo que se relajaba en contraste. -Me gustas mucho, maldita sea.

Expresó con frustración. Enojado consigo mismo.

Ambos sabían que no pretendía ser una confesión.

Hubo una pausa. Luego Boat trazó con sus yemas una línea invisible hacia arriba en la espalda de Oat, hasta detenerse en su nuca. Sus dedos largos acariciaron en círculos el pequeño espacio detrás de sus orejas, entre los mechones lisos del cabello de Oat.

-No debería tocarte. No debería quererte. -Exhaló, con pesar. -Hay cosas que no puedo contarte. Cosas que... si supieras...

Oat levantó la cabeza, solo para mirarlo a los ojos. Su labio inferior escondido bajo el superior que era más gordito, y sus ojos redondos se parecían a los de un cachorrito lastimado.

Pero firmes. Dispuestos a afrontar cualquier cosa.

-Esta bien. No digas nada. -Susurró. -No hace falta. No quiero saber.

Volvió a acurrucarse, más apretado sobre el regazo de Boat que era tan cómodo, deseando aferrarse al momento, deseando que no terminara nunca. Consciente de que eso era imposible.

Hundiéndose en las profundidades de una fantasía fugaz.

-Este momento. Dame este momento.

Boat cerró los ojos.

Cerró los brazos alrededor de Oat con más fuerza, y enterró la nariz en su cabeza castaña.

-Mediodía del lunes. -Suspiró en su cabello. Olía bien, a shampoo de menta. -Hasta entonces.

Oat sonrió, genuino y vulnerable.

-A tu lado -dijo -, lo vale.

Pero ninguno estaba muy seguro de ello.

¿Se les podía permitir ser egoístas?

Se quedaron ahí, enredados en el sofá.

Oat acurrucado, Boat sosteniéndolo.

Acariciando, respirando, y existiendo.

El celular de Boat vibró en el bolsillo de su pantalón. Lo ignoró, pero Oat lo sintió. Notó la luz azul traspasando la mezclilla; un pensamiento, una sombra de duda cruzó su mente. No dijo nada, no quería romper la burbuja y revelar la vulnerabilidad. Dejó que el calor del cuerpo de Boat disipara sus miedos.

Cerró los ojos.

Se abrazaron toda la noche.

Durmieron así, juntos en el sofá finalmente reclinado. Y que nunca había sido tan acogedor como cuando Oat dormía ahí solo.

El celular vibró otra vez en algún momento de la madrugada. Boat lo apagó sin abrir los ojos.

Oat se giró entre los construidos brazos de Boat, como el resto de su grande cuerpo, pegando la espalda contra él al igual que dos imanes. Y Boat le respiró en el cuello, encajando las rodillas tras las suyas, eliminando cualquier milímetro de espacio entre ellos.

Querían creer que el lunes nunca llegaría.

Pero el fin de semana terminó tan pronto como los fuegos artificiales murieron en miles de colores vibrantes en el insondable cielo oscuro al final del Phi Ta Khon⁷.

💸

Había una sensación de frío en la solitaria sala de copias. El clima estaba dos grados por debajo de la temperatura recomendada, pero Oat sabía que el frío no venía de ahí.

El zumbido de la máquina tragando una hoja tras otra, era lo único que llenaba el vacío entre los escritorios de las secretarias y las puertas de gerencia. Oat estaba de espaldas, con un fajo de reportes y estados de cuenta contra el pecho, cuando sintió aquella presencia detrás de él.

Alguna vez escuchó que los humanos nunca lograron despojarse realmente de sus instintos animales más profundos; simplemente aprendieron a ignorarlos en un nuevo mundo donde ya no eran estrictamente necesarios. Oat se convencía de ello cada vez que el gerente se acercaba. Su cuerpo le advertía del peligro antes de que su mente pudiera distinguirlo.

-Buenos días, Oat.

La voz del gerente era baja y suave, con ese tono sospechosamente amable.

Oat se quedó rígido. Un sudor frío le resbaló por la nuca y se le metió bajo el cuello de la camisa. Frente a él, la luz del escáner recorría lentamente el papel original, de arriba abajo, haciendo su trabajo.

El silencio se estiró con cada copia lista.

-¿No vas a responderle a tu superior?

Oat tragó y se giró despacio. El hombre estaba demasiado cerca. La puerta de su oficina quedaba a solo tres metros, entreabierta.

-Sé lo que está haciendo. -Dijo Oat. La voz le tembló, pero salió. Alzó la mirada y lo miró a los ojos, aunque el corazón le golpeaba tan fuerte que le costaba mantener la vista fija.

No dejará que lo intimide más.

-Déjeme en paz.

La valentía no era lo mismo que no tener miedo, sino que, aún con ese miedo, sacamos la fuerza desde el estómago para enfrentar lo que nos aterra. A veces puede cruzar el sentido de supervivencia, caer en la imprudencia, pero, ¿Acaso había una manera correcta de sobrevivir a esto?

El gerente inclinó la cabeza (era sólo unos centímetros más alto), y levantó una ceja, fingiendo confusión. La misma expresión inocente de siempre. A Oat le temblaron las manos de las ganas de borrársela a golpes.

Sus nudillos estaban blancos.

-¿Disculpa? -Sonrió, haciéndose el desentendido. -No estoy seguro de a qué te refieres. Si quieres puedes explicármelo... en mi oficina.

Una mano se cerró en la muñeca de Oat. Firme y demasiado fuerte. El agarre le hizo subir el pulso a la garganta.

Oat clavó los zapatos en el piso de mármol falso.

O al menos lo intentó.

Sus zapatos se deslizaron aún con todo su peso en ellos.

-No. -Susurró, odiando lo débil que sonó. -Suélteme.

El gerente no aflojó. Al contrario, tiró de su muñeca con calma disimulada, como si estuviera arrastrando a un niño testarudo.

Oat forcejeó. Pero el hombre era más pesado. Sus talones dejaron el piso.

Cada paso que Oat daba hacia atrás lo acercaba más a la puerta de la oficina. Su corazón latía tan fuerte que le hizo doler el pecho. Y el sudor le pegaba la camisa a la piel.

-¡Suélteme! -Esta vez, la voz le salió más alta, pero no menos rota. -¡No quiero!

El gerente sonrió, la resistencia de Oat le estaba resultando entretenida.

-No grites. Vas a asustar a todo el mundo. -Se burló y lo jaló, inflexible.

Sin tropiezos.

Oat luchó por liberarse del agarre, pero su mano resbalaba con cada intento. El pánico empezaba a distorsionar sus sentidos, pero se obligó a forcejear de nuevo.

Hasta el final.

Pero la puerta se cerró detrás de ellos. Los reportes y estados de cuenta cayeron al suelo con un ruido sordo.

Olía a colonia cara y aire frío estancado. No alcanzó a registrar más detalles de la oficina, pero sabía que estaba diferente.

-¡Déjeme!

Oat sintió que el vientre se le endurecía, encorvándose de puro aguante. Peleó por zafarse una vez más, pero la presión en su muñeca era de hierro.

El gerente empujó a Oat contra el escritorio.

Antes de que Oat pudiera darse la vuelta, una sombra lo atrapó, inmovilizando sus brazos.

Un aliento cálido rozó su oreja.

Hierbabuena.

Oat sintió asco. Las lágrimas le quemaron los ojos.

-No sé por qué te comportas así. Arrogante. Haciéndote el difícil. Si todos sabemos cómo llegaste a trabajar aquí.

¿Todos? ¿Aquí?

-Esta oficina te trae recuerdos, ¿Eh? Pequeña zorra. Dime, ¿Qué tengo que hacer para que seas un buen niño y abras las piernas para mí también? -Continuó el gerente, susurrando en su oído con su auténtica voz áspera y perversa.

Una mano le recorrió la cadera hasta encontrar la hebilla de su cinturón.

-No... Por favor. -La voz se le quebró mientras su ropa se aflojaba. Sin espacio para escapar, Oat solo pudo llorar de coraje. Quería defenderse, quebrarle la nariz con su cabeza, pero no lograba moverse. -No haga esto.

-¿No hacer qué? ¿Mm? Tú te lo buscaste. Creyéndote la gran cosa.

Oat apretó los ojos con fuerza y se refugió en un recuerdo que aún brillaba en algún rincón de su mente y que lo hacía sonreír.

Entonces, desde el otro lado, alguien tocó la puerta. Seco. Estruendoso.

Los movimientos pararon y Oat se paralizó con ellos. Sus ojos se abrieron de par en par. La respiración se le cortó y su corazón se detuvo, provocándole un espasmo.

Miró hacia atrás. El gerente miraba la puerta.

-¿Señor? -La voz de una de las secretarias. Clara. Profesional. La puerta se abrió. -Disculpe. Hay una llamada urgente del... ¿Esta todo en orden?

Oat no lo dudó.

En el momento en que el gerente se enderezó para responder, Oat empujó con todo lo que le quedaba de fuerza y dignidad. El tipo tropezó un paso hacia atrás y Oat se deslizó por el hueco de la puerta, tan rápido que casi cayó de rodillas sobre las copias esparcidas que se la habían caído.

Salió corriendo de ahí.

-¡Espera! -Gritó la secretaria pero no lo siguió. El gerente se lo impidió.

Detrás de él, la puerta se cerró con un golpe, encerrando las voces que Oat ya no pudo escuchar.

Ignoró las miradas que lo siguieron mientras huía a cualquier lugar lejos de la gerencia.

Hasta que reconoció el baño del personal.

Se apoyó en el lavabo y abrió la llave. El agua fría le cayó en las muñecas donde tenía marcas, una más oscura que la otra. Después se lavó la cara. Se frotó los ojos como si pudiera lavarse lo que acababa de ocurrir. El agua le escurrió por la barbilla y el cuello, mezclándose con el sudor bajo la camisa.

Cuando levantó la vista, su reflejo le devolvió la mirada. Le pareció ajena: pálida, con los ojos enrojecidos, la respiración agitada y el pecho descubierto.

Se acomodó la ropa.

Pero el alivio, cuando llegó, fue más doloroso que la resistencia.

💸

Oat despertó con el ruido de un bocinazo, un tuk-tuk verde les tocó la bocina al pasar. El tráfico era fastidioso, pero Yoon conducía con indiferente tranquilidad, cambiando carriles sin prisa, como si el tiempo fuera un buen amigo suyo.

El taller de motos quedó atrás como un mal sueño que se desvanece con la luz del día.

Pero esto no era un mal sueño.

Habían salido del callejón por la puerta trasera, donde un auto blanco sin placas, con vidrios polarizados y rayones en la pintura los esperaba para iniciar. Yoon se sentó al volante sin una palabra, ajustó el retrovisor con precisión y puso primera. Boat abrió la puerta del copiloto y se deslizó adentro. Toptap, Oat y Noeul entraron atrás en ese orden: Oat en medio, flanqueado por los otros dos.

Una canción salía de la radio.

"So afraid to give and take your pain..." Tarareaba Toptap, tamborileando los dedos contra su muslo al ritmo de la canción. "So afraid to give your love away..."

El clima no funcionaba, así que llevaban una fracción de las ventanas abajo. El calor del mediodía entraba en olas, trayendo el ruido de las calles repletas de gente durante el semáforo en rojo.

Oat se hundió en el asiento trasero, el chaleco antibalas le apretaba los costados. Miró por la ventana, pero no veía la ciudad.

Boat subió la mirada y encontró a Oat por el retrovisor. Sus ojos se entendieron al instante. Boat sonrió leve, esa sonrisa que Oat había aprendido a adorar en solo un par de días: media boca arriba y ojos felinos que se arrugaban en las esquinas. Pero había algo más en esos ojos, una cortina invisible conteniendo el reflejo de su mirada. ¿Preocupación? ¿Culpa? Oat no supo leerla.

Tampoco sabía si quería saber.

Toptap siguió tarareando hasta que la canción terminó. Dejó de tamborilear sus dedos e hizo girar entre sus manos la máscara colorida que descansaba en su regazo.

Entonces Boat estiró el brazo derecho hacia atrás entre los asientos delanteros. Sus dedos encontraron la rodilla de Oat, un toque ligero, pero fuerte, como diciéndole "estoy aquí". Oat sintió el calor de esa mano a través de la mezclilla de su pantalón y suspiró.

Noeul los vio, su mirada periférica, afilada, pero está vez no mencionó nada; solo ajustó en sus manos su propia máscara y miró por la ventana con una media sonrisa que no llegó a sus ojos.

Boss le esperaba en el muelle del Chao Phraya; empezarían una nueva vida juntos después de esto, lejos de la tormenta que se aproximaba. Sin importar que tan poco dure.

Oat miró la máscara en su propio regazo, sujetándola de las orillas con ambas manos, la misma que Boat le había ajustado en el Phi TA Khon para despistar a los espíritus mientras la multitud cantaba y bailaba a su alrededor.

Ojalá también pueda despistar los espíritus rodeando su cabeza.

Las instrucciones de Yoon habían sido bastante claras: conseguir una máscara para ocultar sus identidades, pero no cualquier máscara, sino una que fuera difícil de rastrear.

¿Cuántas máscaras se vendieron de mayo a julio?

Cientos de ellas.

💸

Cargados con botellas de agua, un par de sándwiches y algo de efectivo, subieron a un autobús con destino a Dan Sai.

Boat y Oat habían decidido ir, juntos, en transporte público. Era más seguro así.

Oat miró por la ventana hasta que a mitad de camino se quedó dormido contra el hombro de Boat. Cuando despertó el paisaje ya había cambiado: campos verdes, casas bajas y un cielo más limpio que el de Bangkok.

Llegaron al festival como si fuera la última cosa que pudieran hacer antes de que el mundo se acabara.

Y en cierto modo, así era.

Así se sentía.

Porque no sabían que pasaría después, cuando todo estuviera hecho.

Las calles estaban llenas de color: adornos de papel, máscaras de todos los tamaños hechas a mano, personas disfrazadas y música que no paraba de día ni de noche. El humo del incienso flotaba sobre el aroma de los puestos de comida, las flores, la tierra húmeda y los bailes. Oat se sintió ligero. Encantado. Se le notaba en como caminaba, más suelto, en como se reía sin esa tensión persistente en la mandíbula.

Boat lo observaba. La gustaba verlo así.

Ojalá pudiera verlo sonreír siempre.

Boat consiguió dos máscaras (misión cumplida), pero Oat todavía no quería irse, se estaba divirtiendo mucho. Boat sonrió, aceptando que se quedaran hasta el final de la celebración solo por ese día. Le ajustó la máscara a Oat, tirando de las cintas con cuidado para evitar que se le resbalara. Luego Oat lo hizo por él y se perdieron entre la algarabía.

Bailaron cuando la procesión pasó. Bebieron arroz fermentado en cuencos de cáscara de coco. Se dejaron empujar por la multitud alegre. Se agarraron de la mano cuando la calle se expandió y no se soltaron. Por ratos, entre las linternas de colores y el pavimento caliente, Oat lograba olvidar lo que les esperaba en Bangkok: las instrucciones de Yoon, las armas en el muelle del Chao Phraya y el banco. Solo existían las máscaras, las risas y la mano de Boat envolviendo la suya.

Sabían que era momentáneo.

Así que se entregaron al momento.

Cuando la noche finalmente tocó el suelo y la luna brilló en lo alto, buscaron un cuarto en una casa de huéspedes cercana. Era pequeño, de paredes de madera con dibujos a mano alzada, y una ventana que daba a un callejón oscuro.

Oat se acercó a la ventana; a lo lejos podían verse las luces de la celebración todavía vibrante y ruidosa.

-¿Estás cansado? -Preguntó Boat. El click de la puerta fue como un golpe directo en la habitación quieta.

Oat se dio la vuelta, apoyando la cadera y las palmas en el alféizar de la ventana, agarrándose de ella.

La luz de la luna entraba en franjas delgadas a través de las cortinas, dibujando ligeras sombras en el rostro de Oat.

Los ojos de Boat estaban oscuros, fijos en él, y esa mirada sola ya le hacía sentir el pecho apretado.

Una energía inquieta les recorrió el cuerpo, como si el cuarto estuviera electrificado y un solo toque pudiera hacerlos estallar.

-No... -Respondió Oat lentamente, traicionado por su respiración.

Había dos muebles más aparte de la cama, Boat dejó las máscaras ahí, y se acercó despacio. Solo se detuvo lo suficiente para que Oat sintiera su calor sin tocarlo aún.

Boat levantó una mano y le rozó la mandíbula con el dorso de los dedos. Un roce minúsculo, pero que hizo a Oat cerrar los ojos de inmediato, como si ese contacto le hubiera arrebatado el aire. La tensión que había estado conteniendo todo el día (cuando despertaron en la mañana, en el autobús, entre la multitud mientras se agarraban de la mano), subió de golpe a la superficie.

-Estás temblando. -Murmuró Boat.

Oat inhaló y exhaló, aturdido.

Negó con la cabeza.

Boat sonrió.

-¿No?

Oat negó con la cabeza otra vez, repetidamente.

Entonces Boat sonrió más y se inclinó, apoyando la frente contra la de él. Respiraron el aire del otro. Las manos de Oat subieron solas, apretujando la tela de la camisa de Boat, tirando con una urgencia que ya no intentaba disimular.

Y en ese cuarto pequeño, con la luna entrando a través de la ventana y el eco lejano de la música, finalmente dejaron de resistirse.

El primer beso fue lento, casi cuidadoso. El segundo ya no. Boat lo llevó suavemente hacia atrás hasta que casi sentó a Oat sobre el alféizar. Las manos se enredaron en el cabello, en la cintura, bajo la ropa. Cada roce era una chispa que avivaba el fuego. Cada respiración, más corta que la anterior.

Oat sintió que el control se le escapaba entre los dedos. Ya no pensaba en nada que no fuera la boca de Boat, el peso de su cuerpo contra el suyo, y esa necesidad feroz de consumir y ser consumido.

Cuando las rodillas de Oat flaquearon, Boat lo guió hacia la cama sin dejar de besarlo. Se tumbaron juntos sobre el colchón estrecho, las sábanas todavía frías. Las manos se movían con una impaciencia que ya no pedía permiso.

Oat abrió las piernas casi sin pensarlo, dejando que Boat se acomodara entre ellas. El choque de sus caderas hizo que ambos soltaran un suspiro ahogado al mismo tiempo. Oat arqueó la espalda, buscando más contacto, fricción, y Boat respondió con una falsa embestida que le arrancó un jadeo a Oat, mientras bajaba la boca a su cuello, besando la piel dorada acariciada por el ardor del día.

Las manos de Boat se deslizaron bajo la camisa de Oat, subiendo por el torso, deteniéndose en el pecho, memorizando cada centímetro. Le subió la camisa y lamió, alcanzando las areolas de sus pezones, aunque no era su plan orginal. Oat gimió y, antes de desmoronarse y dejarse hacer, tiró de la camisa de Boat hacia arriba y este, por supuesto, no lo hizo esperar más; se la quitó de un solo movimiento, arrojándola al piso. La piel desnuda se encontró con la piel, y el abrazo los quemó desde adentro.

-Boat... -Susurró Oat, con la voz tan delgada que en cualquier segundo se rompería.

Boat levantó la cabeza para mirarlo a los ojos. Había algo lindo y salvaje a la vez en su mirada. Sin decir nada, le desabrochó el pantalón con intenciones firmes. Oat levantó las caderas para ayudarlo. En segundos estaba completamente desnudo, a merced del hombre que lo miraba desde arriba con innegable deseo mientras se desabrochaba su propio pantalón en automático. Las sábanas se enredaron a sus pies, y el aire del pequeño espacio se cargó de respiraciones agitadas.

Boat se inclinó de nuevo y lo besó con más hambre, mientras su mano bajaba entre los cuerpos de ambos. Oat soltó un siseo bajo cuando los dedos de Boat rodearon su longitud, haciendo círculos en su punta con el pulgar, esparciendo las gotas blancas brotando una tras otra de dolorosa ansiedad. Correspondió al instante, buscando a Boat con la misma desesperación, sacándosela y apretándola, aprendiendo el ritmo del otro como si no fuera la primera vez que lo hacían.

El tiempo se volvió lento y denso con cada beso, cada jadeo, y cada movimiento de caderas. Boat mordió suavemente el hombro de Oat cuando este arqueó la espalda con más fuerza, y Oat hundió los dedos en el cabello de Boat, tirando sin cuidado.

-Sí... -Murmuró Oat contra su boca. -Sigue así.

No había forma de que Boat no lo hiciera. Más y más. Aumentó el ritmo de su mano, y Oat respondió moviéndose contra él, buscándolo con una urgencia que ya no tenía control. El cuarto olía a madera, y a ellos dos. La luna seguía entrando por la ventana, iluminando el brillo de la piel cubriéndose de sudor, el equilibrio de los cuerpos, y la forma en que se agarraban como si sus vidas fueran a desvanecerse al amanecer.

No sabían que no tendrían que esperar por mucho para perder lo que creian conocer.

Cuando Oat llegó al límite, lo hizo con el nombre de Boat entre los dientes, el cuerpo tensándose bajo el de él, liberando su placer, palpitando en el puño de Boat. Boat lo siguió casi de inmediato, el agarre de Oat lo exprimió por inercia, enterrando el rostro en su cuello mientras el orgasmo los atravesaba.

Durante unos segundos solo se escuchó la respiración entrecortada de ambos. Boat no se movió. Se quedó encima de Oat, pesado y cálido, la frente apoyada en su hombro. Oat pasó una mano lenta por su espalda, dibujando círculos suaves con las yemas de los dedos.

Fuera, la música del Phi Tha Khon seguía sonando a lo lejos, como un recordatorio de que el planeta seguía girando. Pero dentro de esas cuatro paredes, con las sábanas revueltas y el olor a sexo palpable, el tiempo se había detenido únicamente para ellos.

💸

Pasada la madrugada, la sed despertó a Oat.

Se incorporó despacio. El cuerpo le pesaba de buena forma, agradable, marcado por las caricias y los besos de Boat.

Levantándose con cuidado para no despertarlo, cruzó el cuarto en silencio. Al pasar junto a la ropa tirada en el suelo, vio la cartera de Boat entre las prendas.

No lo pensó mucho. Una curiosidad casi inocente lo hizo tomarla.

La abrió.

Dentro había una identificación. Una foto de Boat. Nombre completo, corto para ser tailandés. Todo parecía normal: una credencial cualquiera.

Pero al sacar la tarjeta, sintió que había algo detrás. Otro plástico, escondido en el mismo compartimiento.

Lo sacó.

La foto era de Boat, pero no era la misma.

Y el nombre... el nombre tampoco lo era.

Oat la giró. Había un sello de color dorado⁸. El cargo, claro e inequívoco.

Oat se quedó rígido, helado, con la identificación auténtica entre los dedos.

Las paredes se redujeron. La verdad en el plástico giró a su alrededor como una marea negra que le llenaba los oídos y le estrujaba el corazón hasta dejarlo sin aliento.

-Es policía. -Repitió en voz baja, pero en el silencio su voz resonó demasiado.

Entonces todo cobró un montón de sentido: las preguntas de Boat, las llamadas, las palabras que un policía diría... ¿Cómo nadie se dio cuenta?

La respiración tranquila de Boat lo hizo girarse de golpe.

Boat dormía. El pecho subía y bajaba con calma. Una mano descansaba abierta sobre la sábana impregnada de sus aromas, en el lugar donde Oat había estado acurrucado minutos antes. Parecía vulnerable. Parecía suyo.

Pero no lo era. Ni era suyo.

Oat regresó los ojos a la tarjeta y la miró por un largo rato.

Recordó, sin querer, la última vez que alguien le había mentido. La misma sensación de vacío en el estómago y las náuseas sin vomitar. La misma certeza de que la firmeza bajo sus pies acababa de desaparecer.

Aquella vez había confiado, y casi le había costado todo de sí.

Oat apretó la identificación hasta que los bordes le marcaron las yemas de los dedos.

No gritó. No lloró. Solo se quedó de pie en la oscuridad, respirando despacio y forzándose a mantenerse entero, como si cualquier soplido pudiera derrumbarlo.

Boat murmuró él nombre de Oat entre sueños. Oat se asustó, pero al ver que Boat seguía dormido. Rápidamente guardó las identificaciones y tiró la cartera.

-¿Dónde estabas? -La voz de Boat salió ronca cuando encontró a Oat una vez que este regresó a la cama. -Ven aquí.

Lo envolvió en sus brazos.

-Tenía sed. -Dijo y Boat le respondió con un gruñido, un beso en la frente y volvió a caer dormido.

Pero Oat no pudo, la traición volvía a mirarlo a la cara, y los besos y los abrazos ahora se sentían lejanos.

Como si hubieran pertenecido a otra vida.

A una vida en la que Boat no era policía.

A una vida donde Oat no era quien era.

Ni que haría lo que haría.

💸

Y Bangkok pasó como un mural borroso de arquitectura majestuosa.

Yoon levantó una mano enguantada del volante, subió dos dedos e hizo una señal. Máscaras. Cada uno se colocó la suya, absorbiendo el último segundo antes de que la penumbra les acortara la vista y el aroma a bambú les llenara la nariz. Oat apartó la mirada cuando Boat aseguró un silenciador en su arma, un cilindro oscuro y limpio, nuevo. Lo encontró de nuevo a través del retrovisor, dentro de los espirales coloridos y los ojos estirados. Luego Yoon dobló en una calle oscura a dos cuadras de la esquina del banco Siam Central, un edificio de vidrio ahumado donde el cielo se reflectaba como un portal de agua.

Yoon levantó la mano nuevamente, cerró el puño y, con sus identidades ocultas, los cinco bajaron uno detrás del otro sin una palabra.

Las puertas giratorias cedieron con un suspiro de aire frío. Las armas largas y cortas salieron de las bolsas negras.

Irrumpieron en el vestíbulo elegante sin necesidad de gritos.

No hicieron falta. Y tampoco se hicieron esperar.

Boat al frente con Oat detrás de él, el cañón estable, y el silenciador apuntando al centro. Toptap y Noeul se abrieron a los lados en el mismo segundo y Yoon cubrió las espaldas.

Los guardias de la entrada apenas tuvieron tiempo de levantar las manos antes de que las mirillas⁹ los obligaran a arrodillarse. Uno de ellos se opuso y Toptap lo golpeó en la sien con la culata. En menos tiempo del calculado, sin oportunidad para presionar el botón de pánico, el vestíbulo, con su pretencioso piso de aparente mármol, techos altos, y el logo del banco brillando en la pared atrás de las cajas, se convirtió en un corral de animales temerosos. Clientes y personal fueron arrastrados hacia la esquina izquierda, manos detrás de la cabeza y rodillas contra el piso pulido.

Fue entonces cuando, después de asegurarse de que no faltaba nadie más, Oat lo vio.

El gerente estaba arrodillado entre dos secretarias, la corbata torcida, y el sudor surcándole la frente. A su lado, un poco más atrás estaba... Theme Phubet.

¿Qué?

El cuerpo de Oat se detuvo un instante que pareció una eternidad. Un segundo largo donde el aire se espesó detrás de la máscara.

Theme conservaba los mismos ojos oscuros, la misma boca que una vez le había dicho que lo amaba, y ahora contenía la respiración. Llevaba un traje gris que le quedaba perfecto. Como sus mentiras. Él no debería estar ahí. Hace meses que había sido transferido a la regional.

Pero estaba.

Theme lo miró también.

Aunque la cara este cubierta, alguien que te conoce bien puede encontrarte en la postura, en los hombros, en la forma de moverse o quedarse quieto. Debió reconocerlo. Oat lo confirmó cuando los ojos de Theme de pronto se abrieron.

A Oat lo pellizcó el impulso. Exclamaciones se ahogaron cuando alzó el arma y apuntó: primero la imagen clara de tener al gerente sometido, de verlo suplicar, y tener el control por una vez. La humillación de la oficina, la mano cortando la sangre en sus muñecas, el aliento a hierbabuena, todo volvió en una oleada caliente de poder.

Pero se deshizo igual de rápido.

Miró al hombre, y descubrió que ya no le importaba lo suficiente. Verlo asustado era casi... vacío. Catártico de una forma decepcionante, seca y sin sabor. Como escupir un chicle después de masticarlo todo el día.

Y entonces, Theme.

Verlo fue como encontrarse con el Oat que había confiado. El que se había entregado a manos llenas creyendo que era el único. El Oat que había renacido en una cama prestada solo para morir otra vez. Ese Oat seguía ahí, en posición fetal dentro de él, y Theme lo miraba detrás de la máscara. No le despegaba la vista.

Al igual que aquel fatídico día. La misma mirada de cuando apareció en las oficinas de la mano de su esposo.

Oat tuvo el gusto de "conocerlo" después del anuncio de la promoción de Theme.

Thee Teerawat era un hombre sumamente amable y hermoso. Mirando su sonrisa larga e impoluta mientras compartían un apretón de manos, ingenuo de la persona que estaba saludando, Oat tuvo un rayo de introspección y baja autoestima: ¿Por qué Theme engañaría a alguien como Thee? ¿Por qué lo engañaría con él? Oat se comparó con el esposo de su novio y se sintió poca cosa.

A su mente llegaron las palabras de una de las cajeras en medio de un chisme: los infieles no suelen engañar con alguien mejor.

En ese momento, a Oat le pareció repulsiva esa oración.

Un codazo lo golpeó en el costado. Toptap hacía un desastre con las cajas y Noeul y Boat amarraban con cinchos las manos del resto de sombras temblorosas. Theme fue el último.

El codo en la costilla lo hizo reaccionar. Oat parpadeó. Su mirada se desvió, involuntaria, hacia Boat. Boat ya lo estaba mirando. Los indiferentes ojos negros de la máscara no se movieron.

Oat asintió una vez para sí mismo, y condujo a Yoon hacia el pasillo de la bóveda. Conocía el camino. Cada puerta, cada cámara y cada código de acceso. Pero ya nada importa cuando las armas ordenan. Noeul y Boat se quedaron en el vestíbulo, vigilando el rebaño.

Tenían permiso de volarle la cabeza a quien sea que se atreva a mover un solo músculo.

Oat abrió la alcancía. Bingo. La bóveda era un cuarto plateado con paredes de cajas fuertes, atiborrada de bloques y más bloques de dinero en efectivo. Luces blancas bañaron el tesoro de papel. Yoon se abrió paso y Oat entró después de él. Empezaron a llenar las bolsas negras con movimientos rápidos. El sonido del papel y la tira de plástico era el único murmullo que los acompañaba.

No oyeron los pasos de Boat hasta que ya estaba dentro.

El disparo del silenciador fue un ligero soplo. La mano de Boat apenas registró el estallido.

Yoon cayó hacia atrás, su mano apretó el hombro derecho donde la bala atravesó la carne. La sangre se filtró entre los dedos negros del guante.

El dinero manchado en sangre, se manchó de verdad.

Levantó la vista, sorprendido por primera vez desde que Oat lo conocía.

Boat se quitó la máscara.

Oat levantó su arma con ambas manos y apuntó. El pulgar buscó el seguro y lo encontró, pero el dedo no se movió. Se negaba a obedecer la mente que le gritaba que disparara (como el Boat falso le enseño) y que escapara con su parte del dinero.

-Oat... No voy a...

-Sé quién eres. -Cortó Oat. La voz le salió más agitada de lo que esperaba, amortiguada por la máscara. Boat quiso dar un paso, pero Oat afirmó el arma en sus manos. -Eres policía.

El silencio entre ellos fue más profundo que el eco de la bóveda. Yoon intentó incorporarse; Boat le dio una mirada y Yoon se quedó quieto, respirando por la boca.

Soltó una risa corta, húmeda de dolor e ironía.

-Por fin me atraparon, eh. -Murmuró, pensando en voz alta.

Él sabía que un día pasaría después de salirse con la suya durante años robándole a los ricos. Porque a nadie le interesaba el dinero de los pobres, más que a los pobres que roban a sus iguales. Sabía que un día algo se les escaparía. Estaban poniéndose muy cómodos. Noeul debe estarse revolcando en su propia rabia.

Boat no miró a Yoon. Solo a Oat.

-Ya no hay salida.

Oat no bajó el arma. El cañón seguía apuntando al pecho de Boat. Pero sus brazos estaban cansándose de aguantar.

Y él también.

Comenzó a temblar. Sin dejar de apuntar, más o menos (a Boat le preocupaba que se hiciera daño si se le disparaba el arma), Oat se arrancó la máscara.

Se quebró.

Lágrimas gruesas le corrieron sin permiso mojándole la cara caliente, enrojecida y perlada de sudor.

-No había salida desde el principio.

Boat intentó dar un paso otra vez. Al ver que Oat bajaba el arma poco a poco, se atrevió a dar un segundo paso. Después un tercero.

El cañón descendió centímetro a centímetro hasta apuntar al suelo. Las lágrimas no paraban.

Oat no se esperó esto. No planeó esto. Llorar así.

-Toptap y Noeul están contenidos. -Dijo Boat, lo voz hecha un susurro suave. -Los rehenes ya salieron. En cualquier instante esto va a llenarse de uniformes y micrófonos. No tenemos más tiempo.

Oat negó con la cabeza.

-No. Tú... tú me usaste.

-Sí.

La palabra cayó limpia, sin adornos. Boat no intentó ablandarla.

-Pero aún estoy aquí. Eligiéndote a ti.

Oat sorbió por la nariz.

-¿Sí? ¿Vas a tirarlo todo? Tu placa. Tu nombre... ¿Tu libertad?

-A tu lado, lo vale. -Respondió Boat. -Nada de eso me sirve si no te tengo conmigo.

Oat levantó la vista; ojos rojos y nariz congestionada. Apesar de la situación, a Boat le pareció hermoso con su entrecejo contraído de recelo.

-Dame el arma. Por favor.

Boat le tocó la muñeca con las yemas de los dedos. Oat cedió. soltó el arma.

-Bien. Vámonos.

Oat giró la cabeza. Miró a Yoon, que sangraba en silencio contra la pared de cajas de seguridad, esperando una oportunidad. Luego miró las bolsas a medio llenar.

-No estoy confiando en ti.

Boat respiró hondo.

-No voy a pedirte que lo hagas. Con que vengas conmigo, es suficiente.

Y entonces, a lo lejos, las primeras sirenas acercándose, rebotando desde distintas direcciones.

Salieron de la bóveda juntos.

El vestíbulo estaba vacío. Sólo un delgado rastro de sangre dividía el mármol.

La puerta de servicio estaba al fondo, al final de un pasillo estrecho que olía a productos de limpieza. Boat la empujó con el hombro. La luz del mediodía los golpeó de frente, amarilla y cruel.

-¿Y ahora qué?

Preguntó Oat, genuinamente nervioso, esperando que Boat tuviera un plan. Pero Boat no lo tenía.

Boat se giró a Oat y ofreció su mano abierta.

El viento cambió. Nubes grises se poderaron del cielo.

-Toma mi mano.

Oat dudó pero al final lo hizo.

Nadie supo exactamente qué fue de ellos después de que la tormenta se tragó las calles.

Algunos dijeron que desaparecieron con ella.

Otros, que alguien los reconoció años más tarde en una ciudad del norte, caminando juntos sin prisa pero sin descuidar la espalda.

Lo único seguro es que, de alguna forma, estaban bien.

Mientras se tuvieran.

Oat nunca más durmió solo en un sofá ruidoso.

💸

.

.

.

¹ Uno de los mercados al aire libre más grandes de Tailandia y diversos del mundo. Con más de 15,000 puestos repartidos en 27 zonas y una superficie de hasta 11 hectáreas.

² Vehículos de tres ruedas, característicos por su diseño abierto y ágil. Mototaxi. Transporte urbano en zonas densamente pobladas, ofreciendo viajes rápidos y cortos, impulsados por motores de gasolina o eléctricos.

³ Trastorno adictivo caracterizado por la incapacidad crónica de resistir el impulso de jugar juegos de azar. A diferencia de otras adicciones, no involucra sustancias, pero activa los mismos sistemas de recompensa cerebral.

⁴ Brochetas de cerdo marinado a la parrilla, dulces y saladas, a menudo servidas con pegajoso arroz glutinoso.

⁵ Abreviatura de nepotism baby (bebé del nepotismo). Término que describe a quienes obtienen ventajas, conexiones y oportunidades laborales gracias a su origen familiar (celebridades, profesionales, políticos), aprovechando su capital social y fama, y no por mérito propio.

⁶ Cerveza tailandesa tipo Lager Premium con 5% ABV. Una de las cervezas más famosas y consumidas en Tailandia y más de 50 países. Elaborada por Boon Rawd Brewery (la primera cervecería tailandesa fundada en 1933).

⁷ Festival de los espíritus de Tailandia. Es parte de la celebración de méritos Boon Luang, que mezcla creencias animistas y budistas para rendir culto a los espíritus ancestrales y pedir lluvia (Bun Bang Fai, festival de cohetes celebrado principalmente en Yasothon de todo Isan, y Laos). Es una vibrante celebración de tres días realizada anualmente entre junio y julio en el distrito de Dan Sai, provincia de Loei, noreste de Tailandia (estás celebraciones suelen coincidir fechas de mayo a junio). Incluye desfiles de personas disfrazadas con máscaras coloridas, bailes, música tradicional y rituales budistas. (Puede haber errores).

⁸ Descripción a propósito por el bien de la trama.

⁹ Sistema óptico cuya función consiste en aumentar la imagen de manera nítida del objetivo enfocado, facilitando de esta manera la precisión y exactitud (puntería) y aumentando así las posibilidades de acertar disparos a larga distancia con un arma.

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