Los suicidas llegan al cielo
Luz encandilante, rechinar de vías, un grito, el roce del aire, nada bajo mis pies, mi mente vacía, alivio. Recuerdo ahora, sentado en este vagón.
El 10 de septiembre me suicidé, una muerte segura, sin margen de error, porque nadie quiere intentar suicidarse dos veces.
¿Por qué estoy en este tren si se supone que estoy muerto?
Mis manos sudan y mi corazón golpea voraz, dudo que les pase a los muertos. El tren se detiene, pero cuando intento levantarme mis extremidades metálicas, rígidas y pesadas me impiden moverme hacia las puertas. Luego de una eternidad para mis ansiosos pensamientos llego, se abren, un paso afuera.
La angustia me recorre. Personas llorando, de negro, flores, un cajón. Sé que es mi velorio, mi familia quien llora, mi cuerpo en el cajón. Nadie puede verme, mi suicidio exitoso.
El pitido del tren me hace regresar, no quiero quedarme sabiendo que su dolor es enteramente mi culpa.
Mi viaje continúa, la próxima estación, salgo por segunda vez.
En el andén, un chico corre, se tira a las vías, una mujer grita, pero no lo detiene, nada puede detener sus ganas de dejar este mundo. Cierro los ojos porque ver mi propia muerte me da miedo, más miedo que dejar que me arrolle un tren.
Próxima estación: mi último cumpleaños. Me veo no soplar las velas para no pedir ningún deseo, la sopla mi madre porque la exaspero.
Un año antes: mi primera entrevista laboral. Prometieron contactarme, nunca lo hicieron, habría más oportunidades. Una pena haber muerto antes de recibirlas.
En cada estación retrocedo en mi vida, mi finalizada vida.
Gente que amé, gente que odié, momentos felices, otros profundamente melancólicos. Revivo memorias que creí olvidadas. Me veo con 20, 15, 10, 2 años. Cada estación se tiñe del color despreocupado de la infancia, sonrisas inocentes, ignorantes del futuro que les depara, ignorantes de la efimeridad.
Última estación: mi nacimiento. Irónico ver como aparecía en el mundo justo después de decidir desaparecer. Me obnubila ese bebe llorando.
El berrido queda retumbando en mi cabeza. Se repite la secuencia, se repite mi vida. Un infinito bucle de situaciones mías y al mismo tiempo ajenas. Siempre el mismo viaje ¿dónde está la nada, el consuelo que esperaba?
No puedo salir, no puedo avanzar, estoy atrapado, infinitamente atrapado en mi vida, eternamente viajando, y recuerdo que una vez leí que los suicidas nunca llegan al cielo.








