Futei
Es una fría noche en la ciudad de Futei, cuando un destello plateado rasga el oscuro cielo nocturno; un grupo de cazadores persigue a su nueva presa: un dragón alargado, carente de alas, plateado como una espada recién forjada, con detalles carmesí, incluso se podría decir que es la perfecta representación del tatsu.
La persecución no dura mucho. Los cazadores son expertos en eliminar anomalías y, con un certero movimiento de arma, uno de ellos logra decapitar a la criatura.
Sukiru Otake, un chico delgado de pelo corto color limón pálido, camina por los callejones de Futei, después de un agotador día, cuando de repente, el cuerpo ya sin cabeza de un dragón tatsu cae frente a él y salpica un poco de su sangre en la cara del chico. Como por arte de magia, de sus restos sale una niña, aparentemente de unos siete años de edad, pelo plateado como las escamas del dragón, ojos esmeralda y dos cuernos dorados en su cabeza, como los que tenía el dragón.
Sin pensarlo mucho, completamente cegado por el instinto de supervivencia, toma a la niña y se oculta en el callejón para que los cazadores no los encuentren.
—¿Qué o quién eres? —pregunta Sukiru, sin saber qué más decir.
La niña no responde, simplemente se queda mirando a Sukiru.
Sukiru suspira, se pasa una mano por la cara y observa el callejón, estimando una ruta de escape para que los cazadores no los vean.
Cuando escucha a los cazadores acercarse y registrar el cuerpo sin vida del dragón, agarra a la niña del brazo y la lleva por la ruta de escape que planeó. La niña se intenta separar un momento, pero después de oír a los cazadores, deja de resistirse y deja que Sukiru la lleve.
El viento frío de la noche golpea la cara de Sukiru, quien sigue caminando velozmente para que los cazadores no los atrapen. Salen de los callejones y llegan a una feria con bastantes personas. Sukiru refuerza su agarre sin llegar a hacer daño, para que la niña no se pierda.
Evitan a los guardias gracias a que Sukiru es un experto en moverse sin ser visto. Llegan a un puesto de fideos en la feria y Sukiru se sienta al lado de la niña.
El puesto no es muy grande, incluso se ve un poco improvisado, típico de las ferias en Futei. Tiene un techo de tela color rojo bermellón y está hecho de madera, perfecto para desmontar rápido cuando se haga más de noche o empiecen los problemas.
Cuando Sukiru y la niña se sientan, los atiende un tipo grande y gordo, con un manchado uniforme de cocinero.
—¡Bienvenidos al Puerco Feliz! ¿Qué desean pedir? —les pregunta el tipo amablemente.
—Unos onigiris para mí —dice Sukiru, mirando a la niña de reojo—. Y para ella una sopa miso, por favor —termina añadiendo.
El señor asiente una vez y va a preparar el pedido. Cuando Sukiru está seguro que el cocinero no los escuchará, se voltea hacia la niña y la mira a los ojos.
—Bien, por ahora estamos a salvo. ¿Tienes nombre? —la niña niega con la cabeza—. Entiendo, ¿Por lo menos hablas? —vuelve a negar con la cabeza y Sukiru se pasa una mano por la cara—. Tenemos más problemas que respuestas —mira a la niña una última vez y suelta un suspiro.
No vuelve a preguntar nada más, pero se queda mirando a la niña de reojo. Pasan unos minutos y aparece el tipo con una bandeja con unos cuantos onigiris y un tazón de sopa miso.
—¡Orden lista! —dice el cocinero mientras deja los platos.
—Gracias —asiente Sukiru y le entrega el dinero al cocinero antes de empezar a comer.
La niña se come su sopa miso con ganas, pareciera que tenía hambre. Sukiru come dos onigiris y los demás los guarda. Espera a que la niña termine de comer, agradece una última vez y agarra suavemente a la niña del brazo para no perderla.
—Bien, ya es tarde, descansaremos, te daré ropa más decente que esa túnica que traes y ya veremos qué hacer ¿Entendido? —la niña asiente una vez—. Iremos a casa de un amigo, con él me estoy alojando temporalmente —termina añadiendo.
Continúan su camino por Futei, siempre evitando cazadores o guardias imperiales. La noche es cada vez más fría, Sukiru lo nota, preocupado
por la niña, intenta apurar el paso para llegar antes a casa de su amigo.
Caminan unos diez minutos más hasta que llegan a un pequeño departamento cerca de una parada de tren. El departamento está antiguo y degastado, parece ser bastante antiguo o simplemente está muy descuidado.
Sukiru abre la puerta del departamento con una llave y guía a la niña hasta el noveno piso, donde toca tres veces la puerta de una habitación. Adentro se escuchan unos pasos y alguien dice desde el interior:
—¿Quién es? ¡Más vale que no me vengan a vender nada! —grita una voz desde el interior de la habitación.
—Inzō, soy yo, Sukiru. Ábreme que traigo una niña.
—¿Una niña? ¿En qué te metiste ahora? —dice mientras abre la puerta.
Cuando abre la puerta, Sukiru hace un saludo con la mano y entra, asegurándose que la niña entró también. Una vez dentro, la guía a su habitación.
—Inzō, le voy a dar ropa decente a la niña y te explico todo —dice Sukiru mientras entra a su habitación.
Inzō asiente una vez y va al sofá de la pequeña sala. En la habitación, Sukiru busca entre sus prendas, algo cómodo y holgado para que la niña no se congele. Encuentra una camisa negra y se la entrega.
—Ten, póntela para que no te mueras de frío y ven a la sala cuando termines —espera a que la niña acepte antes de salir y sentarse en el sofá frente a Inzō.
—Traje la cena, yo ya comí mi parte —Sukiru pone los onigiris en la mesa delante de los sofás.
—Muchas gracias, no tenías que hacerlo —agradece Inzō.
—Claro que tenía que hacerlo, tómalo como mi pago por dejar que me quede aquí, además de que traje a la niña.
—Gracias de nuevo Sukiru. ¿Me vas a explicar por qué trajiste a esa niña y la razón de que tenga cuernos?
—Cierto, la niña… Tiene cuernos, no lo había pensado, aunque con la diversidad que hay, nadie le dio importancia, ni yo… —dice Sukiru, casi para sí mismo.
En ese momento, la puerta de la habitación de Sukiru se abre y sale la niña ya vestida con la ropa holgada de Sukiru. La ven llegar a la sala e Inzō la invita a sentarse con él en el sofá.
—Ya estamos todos, cuéntame qué fue lo que pasó.
—Bien. Yo estaba caminando de regreso acá y unos cazadores mataron un tatsu sobre mí. El dragón cayó frente mío y de él salió esta niña —explica Sukiru
—¡¿Qué?! ¡¿Esta niña salió de un dragón muerto?!
—Sí, eso fue lo que dije —carraspea—. Como decía. Los cazadores estaban buscando a la niña y yo la rescaté, le di comida y la traje. No tiene nombre ni sabe hablar —termina de explicar—. Esa es la historia.
—Lo cuentas como si fuera lo más normal del mundo… Podríamos ponerle un nombre, no podemos seguir llamándola «niña» por siempre —propone Inzō
—Exaltarse de más no ayuda —suspira—. Tienes razón, tenemos que darle un nombre —se queda pensando un momento—. Lo tengo ¿Qué te parece; Ryū? —la niña asiente alegremente.
—Excelente. En fin, ya es bastante tarde, Ryū debe estar cansada, y tú también Sukiru, aunque no lo quieras admitir —dice Inzō mientras se levanta.
—Tienes razón, mejor descansar. Mañana iré a la Gran Biblioteca para buscar información, tú deberías preguntarle al Sr. Osoroshī —dice Sukiru mientras va a su habitación.
Inzō asiente una vez, afirmando. Llevan a Ryū a la habitación de Sukiru y la colocan un futón para que Sukiru duerma ahí y Ryū en su cama, porque Sukiru lo propuso para que la niña esté más cómoda.
A la mañana siguiente, Sukiru ya está despierto antes que todos. Ryū sale de la habitación un poco antes que Inzō y va a ver qué hace Sukiru.
—Hice un poco de arroz que había por si quieres comer, Inzō —explica Sukiru mientras le sirve un plato a Ryū.
Ryū come el arroz que le da Sukiru sentada a su lado en el sofá. Inzō también se sirve un poco y se lo come viendo el teléfono.
—¿Tú no vas a comer nada Sukiru? —le pregunta Inzō notando que no está comiendo nada.
—No, yo pensaba comer en la calle de regreso para acá, después de todo no queda mucha comida y mejor que Ryū coma, ella debe estar cansada después de ayer —explica Sukiru—. En fin, voy a trabajar, vuelvo en la tarde. Inzō, cuida a Ryū, no dejes que le pase nada, confío en ti —añade mientras cierra la puerta tras de sí.
Ryū e Inzō se miran un momento e Inzō deja el teléfono un momento, poniéndole total atención a Ryū.
—Y... ¿Qué quieres hacer? ¿Jugamos o algo…? —pregunta sin saber qué más decir.
Ryū asiente con la cabeza. Inzō se levanta y va a buscar unas maderas pequeñas que tenía por si acaso.
Pasan unas horas jugando, aunque Inzō hace su esfuerzo, porque no está muy acostumbrado a compartir con niños o niñas en general.
Mientras tanto, Sukiru camina otro día más por Futei, esta vez solo y pensando en qué información buscar sobre Ryū.
Llega a un pequeño gimnasio, adornado de estandartes carmesí. Está mejor cuidado que varios otros edificios o tiendas de la zona.
Sukiru entra al gimnasio como de costumbre y se va a juntar con la jefa del lugar.
—Ya llegué. ¿Contra quiénes peleo hoy? —le pregunta Sukiru, más serio que de costumbre.
—Bienvenido Sukiru. Hoy es una selección especial: Mr. High, Driff the Big y Misu Horobi. Pago doble si ganas —dice la jefa esbozando una sonrisa.
Sukiru se queda congelado, pero finalmente no dice nada y va a prepararse para la pelea.








