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La Sangre que Heredamos

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Summary

Hace años, una terrible guerra entre humanos y dragones terminó con la muerte del hombre conocido como el Demonio Dragón. Antes de morir, sus últimas palabras revelaron la existencia de su familia. El rey ordenó encontrarla y acabar con ella. Pero nunca la encontraron. Años después, Rena es una niña de nueve años que vive tranquilamente con su madre en un pequeño pueblo. Sueña con convertirse algún día en una gran guerrera para poder protegerla. Hasta que ocurre algo que jamás habría imaginado. En un solo día, la tranquila vida que conocía desaparece y Rena lo pierde todo. Sola, asustada y sin comprender por qué ocurrió, tendrá que abandonar la vida de una niña normal y aprender a sobrevivir como pueda en un mundo lleno de magia, aventureros, criaturas y peligros. Mientras busca respuestas, Rena comenzará a descubrir que su madre ocultaba secretos sobre su pasado y que su propia existencia podría estar relacionada con una guerra que todos creían terminada. ¿Podrá Rena sobrevivir y descubrir la verdad detrás del Demonio Dragón, o el pasado de su familia terminará destruyéndola también?

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11h ago
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2
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18+

Chapter 1 EL DEMONIO DRAGÓN

El Demonio Dragón

Hubo una época en la que los humanos no gobernaban el mundo.

Lo hacían los dragones.

Desde las montañas hasta las grandes llanuras, aquellas bestias podían aparecer en cualquier momento. Descendían sobre pueblos y aldeas, devoraban el ganado y reducían casas enteras a cenizas antes de regresar a los cielos.

Los humanos habían aprendido a temerlos.

Tenían ejércitos.

Tenían aventureros.

Y tenían magia.

Los magos más poderosos podían levantar enormes muros de fuego, congelar un río o lanzar rayos capaces de destruir una casa.

Pero incluso ellos temían enfrentarse a un dragón.

Las escamas de aquellas criaturas poseían una extraordinaria resistencia a la magia. Un hechizo que podía matar a un hombre al instante apenas conseguía herir a algunos de los dragones más antiguos.

Durante años, el reino soportó sus ataques.

Hasta que el rey se cansó.

Convocó a algunos de los aventureros más poderosos del mundo.

Guerreros capaces de enfrentarse solos a decenas de hombres.

Magos que habían dedicado toda su vida al estudio de la magia.

Arqueros capaces de acertar a un objetivo a cientos de metros.

Todos recibieron una única misión:

Encontrar el lugar del que provenían los dragones y destruirlo.

Los aventureros partieron hacia las montañas.

Pasó una semana.

Luego otra.

Después, un mes.

Ninguno regresó.

El reino comenzó a darlos por muertos.

Hasta que una mañana los guardias vieron a un hombre caminando con dificultad hacia las puertas de la ciudad.

Era uno de los aventureros.

El único que había regresado.

Su armadura estaba destrozada. Tenía quemaduras por todo el cuerpo y apenas podía mantenerse en pie.

Pero lo que más inquietó a los soldados fue su rostro.

Estaba aterrorizado.

Fue llevado inmediatamente ante el rey.

—¿Lo encontraron? —preguntó el monarca—. ¿Encontraron el nido?

El aventurero bajó la mirada.

—No era un nido.

—¿Entonces qué era?

El hombre tardó unos segundos en responder.

—Un castillo.

El rey frunció el ceño.

—¿Un castillo?

—En medio de las montañas. Es enorme. Los dragones entran y salen de él como si fuera su hogar.

Los nobles comenzaron a murmurar.

Pero el aventurero todavía no había terminado.

—Había alguien más.

—¿Quién?

—Un hombre.

La sala quedó en silencio.

—¿Un hombre viviendo entre dragones?

El aventurero comenzó a temblar.

—No sé si era un hombre.

El rey se inclinó hacia delante.

El aventurero contó lo ocurrido.

Cuando entraron en el castillo, encontraron a aquel hombre.

Los dragones caminaban junto a él.

No lo atacaban.

No le temían.

Parecían obedecerlo.

Los aventureros intentaron luchar.

No tuvieron ninguna oportunidad.

Sus guerreros fueron derrotados.

Sus mejores hechizos fueron destruidos antes siquiera de alcanzar al hombre.

A algunos aventureros los encerró.

A otros...

Los entregó como alimento a los dragones.

—Entonces, ¿por qué tú estás vivo? —preguntó el rey.

El aventurero levantó lentamente la mirada.

—Me dejó ir.

—¿Por qué?

—No lo sé.

Entonces recordó algo.

Él me dió un mensaje para usted.

—¿Qué mensaje?

El aventurero tragó saliva.

—«Ya viene».

—¿Quién viene?

—Nunca lo dijo.

El rey permaneció en silencio.

No sabía qué significaban aquellas palabras.

Pero no pensaba esperar para descubrirlo.

El reino comenzó a prepararse para la guerra.

Miles de soldados fueron llamados a la capital.

Aventureros y mercenarios llegaron desde diferentes regiones.

Los herreros trabajan día y noche fabricando armas.

Sobre las murallas instalaron enormes carrobalistas, creadas específicamente para perforar las resistentes escamas de los dragones.

Pero aquella vez las armas no serían la única defensa.

Cientos de magos llegaron a la capital.

Durante días grabaron enormes símbolos mágicos sobre las murallas y las torres.

Cuando terminaron, levantaron una barrera sobre la ciudad.

Una gigantesca cúpula de energía cubrió la capital.

Por primera vez en muchos años, la gente comenzó a creer que quizá podían ganar.

Esperaron.

Un día.

Dos.

Una semana.

Nada ocurrió.

Hasta que una mañana sonaron las campanas.

Un soldado situado sobre una torre miró hacia el horizonte.

Al principio creyó que se acercaba una tormenta.

Entonces vio las alas.

Una.

Diez.

Cien.

El cielo estaba cubierto de dragones.

—¡DRAGONES!

Las campanas comenzaron a sonar por toda la ciudad.

Los soldados corrieron hacia sus posiciones.

Los magos levantaron sus bastones.

Las carrobalistas apuntaron al cielo.

Entonces los primeros dragones descendieron.

—¡FUEGO!

Decenas de proyectiles atravesaron el aire.

Los magos comenzaron a recitar sus hechizos.

Bolas de fuego, enormes lanzas de hielo y relámpagos iluminaron el cielo.

Los dragones respondieron.

Una gigantesca llamarada golpeó la barrera mágica.

Toda la ciudad tembló.

Los magos apretaron los dientes intentando mantenerla.

Otro dragón atacó.

Luego otro.

La barrera comenzó a agrietarse.

—¡No dejen que caiga!

Los magos continuaron entregando toda su energía.

Pero era demasiado.

La barrera se rompió.

Y entonces comenzó la guerra más grande que la humanidad había conocido.

Bestias contra humanos.

Los dragones descendieron sobre las murallas.

Las carrobalistas atravesaban sus alas y cuerpos.

Los magos lanzaban hechizos desde las torres mientras los soldados luchaban contra las criaturas que conseguían aterrizar.

El fuego cubrió la ciudad.

Las torres comenzaron a derrumbarse.

Hombres y dragones caían uno tras otro.

La batalla continuó durante horas.

Después durante días.

Cuando finalmente el cielo comenzó a despejarse, la ciudad apenas seguía en pie.

Había cadáveres por todas partes.

Dragones.

Soldados.

Aventureros.

Magos.

Miles habían muerto.

Pero entre todos ellos todavía quedaban dos hombres de pie.

Uno era el rey.

Su armadura estaba destrozada y su espada cubierta de sangre.

Frente a él estaba aquel misterioso hombre del castillo.

Nadie conocía su verdadero nombre.

Nadie sabía exactamente qué era.

Pero después de verlo caminar entre los dragones y luchar junto a ellos, los supervivientes comenzaron a llamarlo de una sola manera:

el Demonio Dragón.

El rey levantó su espada.

El Demonio Dragón hizo lo mismo.

Durante unos segundos ninguno se movió.

Entonces el rey desapareció de la vista de los soldados.

Un instante después...

¡CLANG!

Las espadas chocaron.

El impacto hizo temblar el suelo.

El Demonio Dragón atacó.

El rey bloqueó su espada y respondió inmediatamente.

Una vez.

Otra.

Y otra.

Cada choque levantaba polvo y destruía el suelo bajo sus pies.

Sus movimientos eran tan rápidos que los pocos supervivientes apenas podían seguirlos con la mirada.

El rey utilizó magia para fortalecer su cuerpo.

El Demonio Dragón hizo lo mismo.

La energía recorrió sus espadas.

Volvieron a chocar.

La onda expansiva destrozó las ventanas de los edificios cercanos.

Y continuaron luchando.

Una noche.

Un día.

Otra noche.

Otro día.

Dos días y dos noches.

Pero incluso ellos tenían un límite.

La magia comenzó a agotarse.

Sus movimientos se hicieron más lentos.

Las heridas cubrían sus cuerpos.

Sus manos apenas podían sostener las espadas.

Los ataques que al principio hacían temblar el suelo ahora eran débiles y desesperados.

El rey respiraba con dificultad, utilizando su espada para mantenerse en pie.

Frente a él, el Demonio Dragón intentó avanzar.

Un paso.

Sus piernas temblaron.

Intentó dar otro.

No pudo.

Cayó de rodillas.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

El rey también estaba al límite.

Pero todavía podía mantenerse en pie.

Apretó la empuñadura de su espada y comenzó a caminar hacia él.

Un paso.

Luego otro.

El Demonio Dragón no intentó escapar.

Ni siquiera levantó su arma.

El rey se detuvo frente a él.

Alzó su espada con las pocas fuerzas que le quedaban...

Y atravesó su corazón.

Los ojos del Demonio Dragón se abrieron por un instante.

Miró al rey.

Entonces pronunció sus últimas palabras.

—Mi familia...

Aquellas palabras quedaron grabadas en la mente del rey.

El Demonio Dragón cayó al suelo.

Y no volvió a levantarse.

La guerra había terminado.

Pero aquellas dos palabras no abandonaron al rey.

Mi familia.

¿Qué había querido decir?

¿Tenía esposa?

¿Hijos?

¿Existían más seres como él?

El rey no estaba dispuesto a correr el riesgo.

Dos meses después de la batalla, cuando el reino apenas comenzaba a recuperarse, dio una orden.

—Encuéntrenlos.

Los hombres frente al trono guardaron silencio.

—Quiero que encuentren a la familia del Demonio Dragón.

Exploradores, soldados y magos fueron enviados hacia las montañas.

Registraron el castillo.

Sus habitaciones.

Los pasadizos.

Las cuevas cercanas.

Los magos utilizaron hechizos de rastreo para buscar cualquier rastro de vida o energía mágica.

No encontraron nada.

Ni una esposa.

Ni un hijo.

Ni siquiera una pista que indicara hacia dónde habían escapado.

La familia del Demonio Dragón había desaparecido.

Pasaron los meses.

Después, los años.

El rey envejeció y finalmente murió.

Su hijo ocupó el trono.

Pero junto con la corona heredó algo más.

Una misión.

Encontrar a la familia del Demonio Dragón.

La búsqueda continuó durante años.

Soldados, aventureros y magos recorrieron pueblos, bosques y montañas intentando encontrar cualquier rastro de la familia del Demonio Dragón.

Pero nunca encontraron nada.

Con el paso del tiempo, la gran guerra comenzó a convertirse en historia.

Se escribieron libros sobre ella.

Los bardos cantaron historias sobre la batalla y sobre aquellos que habían perdido la vida enfrentándose a los dragones.

Se levantaron monumentos en honor a los muertos.

Y los niños crecieron escuchando hablar de aquella guerra que había cambiado el reino para siempre.

Muchos de los que habían sobrevivido todavía podían recordar el día en que los dragones cubrieron el cielo.

Todavía quedaban soldados con las cicatrices de aquella batalla.

Todavía había familias que lloraban a quienes nunca regresaron.

El Demonio Dragón pasó a ser recordado como el hombre aque había comandado a los dragones contra la humanidad.

Pero había algo que nadie había conseguido descubrir.

Su familia.

Habían pasado años desde aquella guerra y todavía no existía ninguna pista sobre ellos.

Para algunos, habían muerto.

Para otros, habían escapado a algún lugar lejano.

Y para unos pocos...

seguían escondidos en algún lugar del reino.

Nadie conocía la verdad.

Al menos...

Esa era la historia que habían escrito.

Mi madre cerró lentamente el viejo libro que sostenía entre sus manos.

Estaba sentada junto a mi cama. Era una mujer alta y de piel clara, con una belleza que siempre llamaba la atención. Su largo cabello rojo caía sobre sus hombros, iluminado por la tenue luz de la habitación. Sus ojos eran del mismo color, de un rojo intenso que resultaba difícil de ignorar.

Con sus dedos largos y delgados acarició por un momento la cubierta del libro.

Yo permanecí acostada, todavía pensando en todo lo que acababa de escuchar.

Un mechón de mi cabello rojo oscuro cayó sobre mi frente y lo aparté con la mano. Había heredado de mi madre algo más que el color del cabello. Mis ojos también eran rojos, aunque mucho más oscuros que los suyos, casi como si el rojo estuviera escondido entre las sombras.

Todo aquello había ocurrido de verdad.

Los dragones.

Los magos.

La guerra.

El rey.

El Demonio Dragón.

No era simplemente un cuento para asustar a los niños antes de dormir.

Era parte de nuestra historia.

—Mamá...

—¿Qué pasa?

—¿Ellos siguen vivos?

Su mano se detuvo sobre el libro.

—¿Quiénes?

—La familia del Demonio Dragón.

Mamá permaneció en silencio durante unos segundos.

—Tal vez —respondió finalmente—. O quizá murieron hace mucho tiempo. Es difícil que una familia sobreviva tantos años siendo perseguida.

Miré hacia el techo.

Intenté imaginar cómo sería vivir sabiendo que todo un reino quería encontrarte.

—Mamá...

—¿Sí?

—Entonces... ¿por qué nosotros estamos vivos?

Por un instante, sus ojos rojos se clavaron en los míos.

Su expresión cambió.

Fue apenas un momento, pero lo noté.

Sus delgados dedos apretaron ligeramente la cubierta del libro.

—Porque estoy aquí —dijo finalmente—. Y mientras yo esté aquí, voy a protegerte.

—¿De los dragones?

Mamá sonrió.

—De cualquier cosa.

Cerró el libro por completo y lo dejó a un lado.

Después se levantó. Al hacerlo, su figura alta proyectó una larga sombra sobre el suelo de la habitación.

—Ahora tienes que dormir.

Caminó hacia la puerta.

—Mamá.

Se detuvo.

Su cabello rojo se deslizó sobre su espalda cuando giró la cabeza hacia mí.

—¿Sí, hija?

Me incorporé un poco sobre la cama.

—Cuando sea grande voy a convertirme en guerrera.

Ella me observó.

—¿En guerrera?

—Sí.

Apreté las manos debajo de las mantas.

—Así ya no tendrás que protegerme tú. Yo voy a protegerte a ti.

Mamá no dijo nada durante unos segundos.

Después sonrió.

Pero había algo extraño en aquella sonrisa.

Algo que en ese momento no pude comprender.

—Ojalá cumplas tu palabra.

Apagó la luz.

La puerta se cerró lentamente.

Y aquella noche me dormí pensando en dragones, magia, caballeros y grandes batallas.

Chapters
1. Chapter 1 EL DEMONIO DRAGÓN
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