TEMPORADA 1- El despertar
Los Cuatro Mundos: El Legado Perdido
Temporada 1 — El despertar
Capítulo 1: Brezal Alto
El amanecer llegó lentamente a Villa Rosa.
La luz del sol comenzó a extenderse sobre los campos de cultivo de Brezal Alto, iluminando las pequeñas casas de piedra, los caminos de tierra y las extensas plantaciones que rodeaban el pueblo.
A simple vista, aquel lugar parecía pertenecer a otra época.
Las casas tenían techos inclinados, las herramientas agrícolas eran sencillas y la mayoría de las personas vestía prendas tradicionales.
Sin embargo, había pequeños detalles que demostraban que aquel mundo no era exactamente el mismo que existía siglos atrás.
Algunas personas llevaban pequeños sellos de identificación sujetos a sus prendas.
En la distancia, un vehículo agrícola se desplazaba lentamente por uno de los caminos mientras su mecanismo automático trabajaba sobre la tierra.
Brezal Alto era una mezcla extraña entre pasado y futuro.
Y para Kim Daiki, aquello era simplemente su hogar.
—Daiki.
La voz de su padre hizo que levantara la cabeza.
—¿Qué?
Kim Aiden estaba de pie frente a uno de los cultivos.
A sus treinta años, tenía una apariencia fuerte y acostumbrada al trabajo. Su cabello negro estaba ligeramente desordenado y sus ojos oscuros mantenían aquella expresión seria que rara vez cambiaba.
—Ese sector todavía no está terminado.
Daiki miró hacia donde señalaba.
—Ya casi.
—No te pregunté si estaba casi terminado.
Daiki guardó silencio.
Aiden lo observó durante unos segundos.
—Termínalo antes de descansar.
—Está bien.
Aiden se alejó sin decir nada más.
Daiki soltó lentamente el aire.
No estaba sorprendido.
Su padre siempre había sido así.
No necesitaba levantar la voz para dejar claro lo que esperaba de él.
Daiki volvió al trabajo.
Mientras recogía una de las herramientas, escuchó una voz proveniente del camino.
—¡Daiki!
Levantó la mirada.
Un joven de diecisiete años se acercaba con ropa holgada de colores neutros.
Era Eric Xie.
—¿Otra vez trabajando desde temprano? —preguntó Eric.
—Mi padre quiere terminar este sector.
Eric miró hacia el campo.
—Tu padre quiere que termines todos los sectores.
Daiki dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Probablemente.
Eric se apoyó contra una cerca.
—Pasé por la cafetería antes de venir.
—¿Y?
—Escuché algo interesante.
Daiki lo miró.
—¿Qué cosa?
Eric sonrió.
—Dicen que alguien de Aureon llegó ayer.
Daiki volvió a trabajar.
—Eso no es tan raro.
—No.
Eric bajó un poco la voz.
—Lo extraño es que no vino por comercio.
Daiki se detuvo.
—¿Entonces?
—No lo sé.
Eric se encogió de hombros.
—Todavía.
Daiki lo observó unos segundos.
—Entonces no sabes nada.
—Sé más que tú.
—Eso no es difícil.
Eric soltó una carcajada.
—Definitivamente eres mejor amigo que cliente.
—¿No eras tú quien decía que yo era tu cliente favorito?
—Eso depende de cuánto gastes hoy.
Antes de que Daiki pudiera responder, una voz apareció desde el camino.
—¡Ahí están!
Ambos giraron.
Félix Jeper avanzaba hacia ellos con una sonrisa.
Su ropa era mucho más colorida que la de Eric, aunque no llegaba a ser extravagante.
—Daiki, hoy no vas a escapar.
Daiki arqueó una ceja.
—¿Escapar de qué?
—De nuestra competencia.
Eric suspiró.
—Otra vez...
Félix señaló a Daiki.
—Esta vez voy a ganar.
—Eso dijiste la última vez.
—Porque la última vez fue una injusticia.
—Perdiste.
—¡Fue una injusticia!
Eric negó con la cabeza.
—Llevas diciendo eso durante tres años.
Félix cruzó los brazos.
—Algún día voy a ganar.
Desde una distancia prudente, alguien observaba la escena.
Marcos Rosehearts.
Tenía veinte años y vestía con aquel estilo vintage que lo caracterizaba.
—Félix —dijo finalmente—, ¿podrías esperar hasta que Daiki termine de trabajar?
Félix lo miró.
—No.
Marcos cerró los ojos durante un instante.
—Por eso siempre tenemos que hacer planes antes de que tú aparezcas.
—¿Qué quieres decir?
—Exactamente lo que dije.
Daiki sonrió ligeramente.
Entonces notó que faltaba alguien.
—¿Dónde está Min-ho?
Marcos señaló hacia un árbol cercano.
—Por ahí.
Daiki miró.
No vio a nadie.
—¿Seguro?
Una voz tranquila respondió detrás de él.
—Sí.
Daiki se giró rápidamente.
Min-ho Al-Asim estaba allí.
Vestía de manera sencilla y cómoda, sin preocuparse demasiado por la moda.
—No te escuché llegar —dijo Daiki.
—Lo sé.
Félix soltó una carcajada.
—Algún día tienes que avisar cuando apareces así.
Min-ho simplemente lo miró.
—¿Para qué?
Félix abrió la boca.
Se quedó pensando.
—Bueno...
Marcos intervino:
—No tiene sentido discutir con él.
Eric sonrió.
—Eso es algo que todos hemos aprendido.
Daiki observó a sus amigos.
Por unos segundos, todo parecía completamente normal.
Una mañana cualquiera.
Un grupo de amigos.
Un pueblo tranquilo.
Una vida sencilla.
Pero a unos kilómetros de allí, detrás de las montañas que rodeaban Villa Rosa, una figura observaba un informe.
Sobre una mesa descansaba un sello oficial.
Un documento.
Y una pulsera tecnológica.
La figura tomó el documento.
—Brezal Alto...
Pasó los dedos sobre el nombre.
—Todavía siguen utilizando los sellos.
Otra voz respondió desde las sombras:
—El Virreinato ha solicitado nuevamente que el jefe del pueblo facilite la transición.
La figura permaneció en silencio.
Después dejó el documento sobre la mesa.
—¿Y el registro de poderes?
—Sin novedades.
—¿Ninguna persona nueva?
—Ninguna.
La figura miró hacia la ventana.
A lo lejos, las tierras del Antiguo Mundo se extendían bajo la luz del amanecer.
—Entonces todavía no.
Mientras tanto, en Brezal Alto, Daiki no tenía idea de que su nombre aún no aparecía en ningún registro importante.
Y tampoco sabía que aquella situación estaba a punto de cambiar.
—Daiki.
La voz de su padre volvió a escucharse.
—¿Terminaste?
Daiki miró el terreno que quedaba por trabajar.
—Todavía no.
Aiden asintió.
—Entonces continúa.
Daiki tomó nuevamente la herramienta.
El día apenas comenzaba.
Y ninguno de ellos sabía que aquella sería la última mañana completamente normal de Kim Daiki.








