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La peor cita de faul

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Summary

Faul solo quería sobrevivir a una cita horrible. Lo que no esperaba era terminar huyendo de ella y encontrarse con Asahi Valois en una vieja terraza. Una noche, dos historias de decepciones y una conversación que ninguno de los dos quería terminar. A veces, una mala cita puede llevarte exactamente al lugar donde debías estar.

Genre
Fantasy
Author
Estrella
Status
16h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1 la cita

Todo comenzó una mañana como cualquier otra.

Faul había acompañado a Leohonor a una reunión importante. Allí, Leohonor lo presentó como su amigo Aleksandr y Ivan su aprendiz, tuvo la oportunidad de conocer al aprendiz de este Iván.

Mientras Leohonor conversaba con él en otra sala, Faul se quedó a solas con Iván.

Hablaron durante un rato. Faul lo encontró interesante, aunque algo parlanchín. Aun así, la conversación había sido agradable, así que, antes de separarse, acordaron ir a tomar un café el jueves por la tarde.

El jueves llegó.

Faul se preparó de una manera casual, aunque cuidada. Era algo muy propio de él: nada demasiado llamativo, pero tampoco descuidado. Llegó incluso unos minutos antes de la hora acordada.

Esperó.

Pasaron quince minutos.

Luego treinta.

Después de una hora, Iván finalmente apareció.

Faul tuvo que contener una pequeña mueca.

El joven que tenía delante parecía completamente diferente al que había conocido aquella mañana. Estaba desaliñado, con el cabello revuelto y la ropa ligeramente arrugada.

Aun así, Faul no le dio demasiada importancia.

—Puedes sentarte —dijo, señalando el lugar a su lado.

Faul ya había pedido un batido que una camarera muy amable le había recomendado mientras esperaba. Iván, por su parte, comenzó a hacer gestos de impaciencia, mirando constantemente hacia el mostrador.

Parecía desesperado porque nadie lo atendía con suficiente rapidez.

Tres minutos después, la camarera finalmente llegó.

—Buenas tardes. ¿Qué van a pedir?

Faul ya tenía su bebida delante. Iván pidió un expreso acompañado de unas tortillas con mermelada.

Nada fuera de lo normal.

Hasta que, antes de que la camarera se marchara, Iván comenzó a coquetear con ella descaradamente.

Delante de Faul.

Faul tomó un sorbo de su batido.

Esto va a terminar mal.

Y no se equivocaba.

Iván comenzó a hablar.

Y hablar.

Y hablar.

No parecía particularmente interesado en escuchar a Faul. En realidad, parecía haber olvidado que aquella era una cita entre dos personas.

Comenzó hablando sobre las jerarquías.

Luego sobre la verdadera masculinidad.

Después sobre lo que, según él, significaba ser un Alfa.

Y finalmente llegó el tema que hizo que Faul comenzara a arrepentirse de haber salido de casa.

—Para ser un Enigma, eres bastante afeminado —comentó Iván—. A veces pareces más un Omega.

Faul levantó lentamente una ceja.

Iván continuó.

—Deberías dejar de ir tanto al gimnasio. No lo vas a necesitar.

—¿Ah, no?

—No. Si estamos juntos, yo sería el Alfa de la relación. Yo me encargaría de protegerte.

Faul lo observó en silencio.

—Además, tú podrías ocuparte de la casa. De los hijos y esas cosas. Serías un buen esposo trofeo.

Faul dejó el vaso sobre la mesa.

¿Esposo trofeo?

Iván parecía cada vez más satisfecho consigo mismo.

—Y tampoco deberías hablar demasiado delante de otros Alfas. No queda bien que mi pareja sea más inteligente que yo.

Aquello fue suficiente.

Faul ya ni siquiera estaba escuchándolo.

En su cabeza estaba calculando la distancia hasta la salida, cuánto tardaría en llegar al mostrador y si había algún taxi cerca.

Miró de reojo alrededor.

Varias personas de las mesas cercanas parecían observar la situación.

Faul interpretó aquellas miradas como lástima.

Pobres. Seguramente que llevan una hora soportando al mismo imbécil que yo.

Finalmente, dejó escapar un suspiro.

—Muy bien, Iván. Disculpa por interrumpir tu estúpido monólogo sobre nuestro matrimonio perfecto de mierda.

Iván dejó de hablar.

Faul tosió ligeramente.

—Pero acabo de recordar que tengo cosas mucho mejores que hacer que escuchar tu palabrería sin sentido.

Señaló la mesa entre ambos.

—Y esto... no creo que vaya a llegar a ninguna parte.

Se levantó.

—Así que me voy. Te diría que fue un placer, pero en realidad fue más parecido a una tortura. Faul ya sabía de lo que hablaba.

Tomó sus cosas.

—Hasta nunca.

Sin esperar respuesta, Faul se dirigió al mostrador, pagó únicamente lo suyo y dejó una propina adicional a la camarera por las molestias.

Después salió del café.

Durante unos segundos consideró buscar un taxi y desaparecer de allí lo más rápido posible.

Pero no fue necesario.

En la salida, Iván se quedó hablando brevemente con un muchacho que parecía coquetear con absolutamente cualquiera que se cruzara en su camino. Faul apenas le prestó atención.

Cuando finalmente continuó caminando, decidió recorrer la acera sin rumbo fijo.

Necesitaba despejarse.

La cita había sido agotadora.

Al llegar a una esquina, miró hacia un lado.

Allí estaba.

Un edificio viejo y abandonado.

Faul ya lo conocía. Había merodeado por allí algunas noches, especialmente cuando Leohonor salía y regresaba tarde. No era exactamente un lugar seguro, pero conocía el camino y nadie solía molestarlo.

Así que decidió subir.

Las viejas escaleras de incendio lo llevaron hasta la terraza.

Cuando llegó arriba, sin embargo, se detuvo.

No esperaba encontrar a nadie.

Mucho menos a él.

Cerca del borde de la terraza estaba sentado Asahi Minamoto.

Faul lo había conocido tiempo atrás durante una misión. Habían hablado poco, pero ambos habían quedado en volver a verse alguna vez.

No imaginó que sería tan pronto.

Se acercó unos pasos.

Entonces tosió suavemente, avisando de su presencia.

Aunque, probablemente, Asahi ya había escuchado sus pasos desde hacía rato.

El pelirrojo giró la cabeza.

—Oh... eres tú.

Faul entrecerró ligeramente los ojos mientras se acercaba.

—Sí. Tú eras Asahi, si no recuerdo mal.

—¿Faul, verdad? Dijo entrecerrando los ojos también.

—Ja. Sí. Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos vimos.

Faul se detuvo a su lado.

—¿Puedo?

Señaló el espacio libre junto a él.

Asahi asintió y se hizo a un lado.

Faul se sentó.

Durante unos minutos, ninguno dijo nada.

El viento de la tarde movía ligeramente sus cabellos mientras ambos contemplaban la ciudad desde las alturas.

Finalmente, Asahi rompió el silencio.

—Y bueno... ¿qué te trae por aquí? ¿Otra misión misteriosa de la que no puedes revelar información?

Le dio un pequeño golpecito en el hombro.

Faul soltó una risa baja.

—No. Por el momento no tengo ninguna misión misteriosa entre manos.

Sonrió apenas.

—¿Entonces?

Asahi levantó una ceja.

Faul suspiró y se frotó la nuca.

—Solo tuve un mal día.

Asahi lo observó durante unos segundos.

—¿Quieres hablar de eso?

Faul lo miró.

Asahi movió los pies ligeramente, algo nervioso.

—Si quieres, puedo escucharte. Ya que estamos aquí.

Faul guardó silencio durante unos segundos.

Después decidió que no tenía nada que perder.

—Está bien.

Respiró profundamente.

—Verás... hoy quedé en tener una especie de cita con un Alfa.

Asahi inmediatamente le prestó más atención.

—Se llamaba Iván.

Hizo una pausa.

—Y era un idiota.

Asahi entrecerró los ojos.

—¿Qué clase de idiota?

Faul lo miró seriamente.

—El peor tipo.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—El típico Alfa que cree que merece absolutamente todo solo por ser Alfa.

Asahi abrió los ojos.

—Oh.

Hizo una pequeña mueca.

—Ese tipo de idiota.

Faul asintió.

—Exactamente.

Asahi suspiró.

—Te compadezco, Faul.

Después de una pausa, añadió:

—Esos son los peores.

—Te compadezco, Faul.

Después de una pausa, añadió:

—Esos son los peores.

Faul soltó una pequeña carcajada.

—Ja. Sí, la verdad es que son los peores.

Giró la cabeza hacia Asahi.

Sus miradas se encontraron.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Faul observó sus ojos con curiosidad. El contraste entre el cian y el oliva de su heterocromía parcial era bastante peculiar. No recordaba haberlos visto con tanta atención la primera vez que se conocieron.

Eran... hermosos.

Asahi, por su parte, hizo lo mismo.

Sus ojos se encontraron con los ámbar de Faul y permaneció observándolo unos segundos más de lo que habría sido necesario.

Ninguno pareció darse cuenta del pequeño silencio que se había formado entre ellos.

Hasta que Asahi apartó ligeramente la mirada.

—Aunque, si te sirve de consuelo, a mí también me pasó algo parecido una vez.

Faul volvió la cabeza hacia él.

—¿En serio?

—Sí.

Asahi apoyó las manos detrás de sí y miró hacia el cielo.

—Una vez un Alfa intentó hacerme sentir menos por... bueno, por no comportarme como él esperaba.

Faul arqueó una ceja.

—¿Cómo se supone que debías comportarte?

Asahi soltó una risa seca.

—Según él, como un Omega.

Faul frunció ligeramente el ceño.

—Qué original.

—Lo sé. Nunca había escuchado algo tan estúpido.

Asahi hizo una pausa.

—Decía que yo era una especie de Omega defectuoso porque era demasiado dominante, demasiado difícil de cortejar y no hacía exactamente lo que él esperaba.

Faul dejó escapar una pequeña risa.

—Déjame adivinar. Era uno de esos Alfas acostumbrados a que los Omegas se les lanzaran encima.

—Exactamente.

Asahi sonrió con cierta resignación.

—Tengo que admitir que era lindo.

Faul lo miró de reojo.

—¿Lindo?

—Sí.

Asahi se encogió de hombros.

—No voy a mentir.

Después hizo una mueca.

—Pero su personalidad era una mierda.

Faul soltó una carcajada.

—Entonces hiciste bien en rechazarlo.

—Eso mismo pensé.

Ambos volvieron a mirar hacia el frente.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

Después Faul habló:

—Es extraño.

—¿Qué cosa?

—Que la gente parezca tener una idea tan específica de cómo deberíamos comportarnos solo por nuestra casta.

Asahi lo miró.

Faul continuó:

—Como si ser Enigma, Sigma, Alfa, Omega o cualquier otra cosa significara que automáticamente tienes que actuar de determinada manera.

—Sí.

Asahi bajó la mirada.

—Y si no encajas, empiezan a tratarte como si hubiera algo mal contigo.

Faul asintió lentamente.

—Como si fuéramos nosotros quienes estuviéramos haciendo algo incorrecto.

—Cuando en realidad ellos solo están molestos porque no pueden meternos en una categoría.

Faul sonrió.

—Eso estuvo bien.

Asahi levantó una ceja.

—¿Qué cosa?

—Lo que acabas de decir.

—¿Me estás elogiando?

—No te emociones.

Asahi soltó una carcajada.

—Demasiado tarde.

La conversación continuó.

Hablaron de sus experiencias, de las expectativas absurdas que otras personas tenían sobre ellos y de lo agotador que podía resultar intentar encajar en una sociedad que parecía tener un manual invisible sobre cómo debía comportarse cada casta.

Después comenzaron a hablar de otras cosas.

Misiones.

Entrenamiento.

Personas que habían conocido.

Cosas que les gustaban.

Cosas que odiaban.

Historias ridículas que jamás habían tenido oportunidad de contarle a nadie.

Y, sin darse cuenta, las horas fueron pasando.

La tarde comenzó a teñirse de naranja.

Luego de rojo.

Finalmente, el cielo se oscureció.

Faul miró hacia arriba.

Las primeras estrellas comenzaban a aparecer.

—Vaya...

Asahi levantó la mirada.

—¿Qué?

—No me había dado cuenta de cuánto tiempo pasó.

Asahi sacó su teléfono.

—Yo tampoco.

Entonces apareció una notificación.

Kyouyo.

Asahi abrió el mensaje.

"¿Piensas volver a casa hoy o tengo que decirles a tus padres que desapareciste?"

Asahi se quedó mirando la pantalla.

—Creo que alguien empezó a preocuparse.

Faul soltó una pequeña risa.

Su propio teléfono vibró casi inmediatamente después.

Leohonor.

"¿Vas a llegar para cenar?"

Faul miró el mensaje.

—Parece que no soy el único.

Asahi se inclinó ligeramente para mirar.

—¿Leohonor?

—Sí.

—Entonces será mejor que vuelvas antes de que venga a buscarte.

Faul sonrió.

—Probablemente.

Ambos se levantaron.

Por un momento ninguno pareció saber muy bien qué hacer.

Habían pasado horas hablando.

Y ahora tenían que despedirse.

Asahi extendió los brazos.

—¿Un abrazo?

Faul lo observó durante un instante.

Luego sonrió.

—Claro.

Se abrazaron.

Fue breve y tranquilo.

Nada extraordinario.

Y, sin embargo, ninguno de los dos pareció querer separarse demasiado rápido.

Finalmente se apartaron.

—¿Nos volveremos a ver? —preguntó Asahi.

Faul sacó su teléfono.

—Podríamos hacerlo.

Intercambiaron sus números.

—Entonces, hasta la próxima, Faul.

—Hasta la próxima, Asahi.

Se separaron y tomaron caminos distintos.

Ninguno de los dos sabía que aquella noche acabaría convirtiéndose en uno de los recuerdos más importantes de sus vidas.

---

Cuando Faul llegó a casa, Leohonor ya estaba esperando para cenar.

—Llegas tarde.

—Lo sé.

Faul tomó asiento.

Leohonor lo observó unos segundos.

—¿Qué ocurrió?

Faul tomó los cubiertos.

—Tuve una cita.

Leohonor levantó una ceja.

—¿Una cita?

—Sí.

—¿Y?

Faul hizo una pausa.

—Fue horrible.

Leohonor dejó escapar un suspiro.

—Eso explica muchas cosas.

Pero entonces Faul comenzó a hablarle de Asahi.

De cómo se habían encontrado en la terraza.

De la conversación.

De sus experiencias.

De lo fácil que había sido hablar con él.

Y, por primera vez en toda la noche, Faul sonrió de verdad.

—Fue bueno encontrar a alguien de mi edad con quien pudiera hablar sin que fuera un idiota.

Mientras tanto, en otra casa, Asahi hacía prácticamente lo mismo.

Kyouyo apenas podía creer cuánto estaba hablando de aquel encuentro.

—Y entonces apareció Faul...

Asahi continuó contando la historia.

Cómo habían terminado hablando durante horas.

Cómo tenían experiencias parecidas.

Cómo era mucho más interesante de lo que había imaginado.

Y, sobre todo, cómo había sido agradable encontrar a alguien que simplemente lo entendiera.

Ninguno de los dos lo sabía todavía.

Pero aquella noche no había terminado una historia.

Había comenzado una.

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