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Los Cuernos de Diamante - La fantasía oscura

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Summary

Darwin solo deseaba una cosa: volver a su hermana muerta. Pero cuando una antigua reliquia sobrenatural se fusiona con su cuerpo, Darwin se convierte en un Heredero, uno de los pocos humanos capaces de utilizar el poder de los Espectros: ángeles y demonio que han comenzado a aparecer por todo el mundo. Ahora, mientras una Agencia intenta contenerlos y una poderosa organización llamada Familia de Oro muere los hilos desde las sombras, Darwin descubre que su nueva habilidad podría estar relación con algo más peligroso que la muerte de su hermana. Porque algunas personas quieren usar a los Herederos para cambiar el mundo. Y otros quieren despertar a alguien que jamás debió regresar.

Status
4h ago
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

La curiosidad aplasto a una familia y esto se hubiera logrado evitar, pero lamentablemente no fue así. Debido a que minutos antes de la tragedia, dos pequeños hermanos concentrados en una película, no se imaginaban que eran sus últimos momentos juntos.

La pequeña Eli se encontraba enfrente del televisor, imitando de manera tierna y exagerada, los movimientos de un boxeador y en tanto, su hermano mayor Darwin, se encontraba sentado en medio de la sala observándola hacerlo.

Ambos pequeños hermanos quienes llevaban ya puestos sus pijamas, ignoraron que ya había pasado de la hora de dormir. Y Darwin pese a saberlo, no lo hizo solo para que Eli pudiera ver su película favorita a altas horas de la noche.

—¡Toma, toma y toma! —aseguro Eli lanzando golpes al aire.

—Eli… —susurro Darwin a duras penas—… no grites, hermanita.

—Yo quiero… —dijo Eli hipnotizada por la película—… ¡pelear como ella!

Eli alzo ambos brazos, tal cual lo hacia la chica protagonista de la película. Pese a que Darwin trataba que su pequeña hermana no alzara la voz, él no podía evitarlo. Así como no podía evitar, que los rizos castaños de Eli se despeinaran ante los saltos de festejos.

La pequeña Eli lanzaba golpes a un enemigo imaginario, tratando de imitar los mismos movimientos de la película. Y pese a que Darwin contenía bostezos, al morirse de sueño, eso no basto para que él no dejara maravillarse por su hermana menor.

«Eli… vamos a dormir», se indicó Darwin.

Y para Darwin, que a duras penas era unos cuantos centímetros más alto que su hermana, intento pronunciar aquellas palabras que le iban a partir el alma por interrumpir la emoción de la pequeña Eli. Alguien desde otra habitación se le adelanto.

—¡Ustedes dos, vuelvan a la cama! —se escuchó la voz de un joven—. ¿Abuelo, me escuchas? —él susurró con curiosidad.

Eli quien se detuvo en seco, volteo a ver a Darwin, al momento en que escucharon la voz molesta de su hermano mayor Chester, la cual vino desde el fondo del pasillo. Y hermano mayor el cual estaba metiendo sus narices donde no debía.

Y Darwin tras soltar un suspiro, se puso de pie y apago el televisor sin valor de mirar a Eli. Sin embargo, Eli no le presto importancia a eso, solo le importo dirigirse a la habitación de Chester, ya que él también debería estar durmiendo.

Chester, un chico adolecente quien se encontraba sentado en el suelo y con varios fólderes regados por su cama, se encontraba leyendo con dificultad uno de todos esos papeles y, asimismo, rascándose el acné del rostro.

—¿Debo colocar mis manos en…? —se preguntó Chester alzando sus manos frente a su rostro.

Él fruncía el ceño cada vez que no entendía alguna palabra y que a duras penas la lograba leer por aquella tenue luz que venía de la lámpara. Y para cuando Chester logro entender de milagro lo que leía, el chillido de la puerta lo interrumpió.

Por accidente, Chester arrugo la hoja que leía al momento de voltear y notar que asomándose por la puerta se encontraba Eli y la cual Darwin trataba de apartar y llevársela lejos del impaciente Chester.

—¡Les dije que vayan a la cama! —ordeno Chester conteniendo un grito—. ¿Conejo, no puedes con ella? —él pregunto con decepción—, ¡vuelvan a dormir!

—A papi no le gusta —dijo Eli forcejeando con Darwin—, que toques sus cosas. Y no le digas así a Darwin…

—Si te atreves a decirles a papá —dijo Chester dándole la espalda—, tus peluches lo van a pagar —él la amenazo con seriedad—. ¡Largo de aquí!

Darwin dio un brinco y trataba de llevarse a la pequeña, jalándola de la mano de aquella purpura pijama. Sin embargo, Eli similar a una montaña inamovible, no cedía ante los jalones tímidos e impacientes de Darwin.

En tanto, Darwin se esforzaba por llevarse lejos a Eli. Chester trataba de ignorar el encabezado en letras oscuras de aquellos documentos del gobierno, los cuales estaban subrayados con marcador rojo:

INVOCACIÓN PROHIBIDA — NO EJECUTAR

SELLOS DESCONOCIDOS — EN INVESTIGACIÓN

Chester con la venda cegadora de la inmadurez, fingió no leer eso y en cambio, con ambas manos temblorosas trataba con torpeza de formar un circulo, dos triángulos y un cuadrado. Y a los cuales les añadía dos cuernos al alzar sus dedos meñiques.

«Dile que no haga eso…», se indicó Darwin entre su timidez.

El pequeño sentido común de Darwin estaba en lo correcto, no obstante, su propia lengua tímida lo traiciono, debido a que sus nervios al sentirse intimidado por su hermano mayor, lo llevaban a temblar y no atreverse a abrir la boca.

—¿Abuelo, ya me escuchas? —pregunto Chester hablándole a sus manos.

—¡Papi y mami! —reclamo Eli y soltándose de Darwin—, ¡dicen que no debemos usar sellos en casa!

—“Papi y mami” —dijo Chester burlándose de ella—, cállate chismosa —él dijo realizando los mismos sellos—. Quiero hablar con el abuelo, no me alcance a despedir de él.

«Llévate a Eli lejos», se indicó Darwin con urgencia.

Pese a que Darwin seguía teniendo razón, la curiosidad de Chester se le contagio, ya que la tentación le fijo los pies a la alfombra, y esto porque se sintió tentado al escuchar que Chester estaba intentando hablar con su difunto abuelo.

Eli ya no se veía molesta por Chester y esto lo reflejo, al momento en que ella abrazo a Darwin, al instante en que su imprudente hermano mayor, seguía haciendo los mismos sellos, y a los cuales les añadía símbolos, que bien formaban rostros demoniacos.

«No te quedes aquí, ¡vete con Eli! ¡Ya!», se suplicaba Darwin.

La curiosidad pudo más que esas advertencias, que resonaban en su mente, ya que este niño, el cual mostro sus dos dientes delanteros que eran ligeramente más largos, contuvo la respiración y se quedó inmóvil esperando ver aparecer a su abuelo mágicamente.

—¡Ah, es cierto! —dijo Chester al notar algo—, olvide decir el poema…

«¡Di que no lo diga!», se indicó Darwin con aflicción.

Sin embargo, el temor del pequeño Darwin, pudo más que su valor, ya que solo alcanzo a presenciar a su hermano, realizando símbolos al entrelazar los dedos para dar forma raros símbolos.

—Te video —dijo Chester leyendo las hojas—, te audio, tibi loquor…

—¡No digas eso! —grito Eli entre temblores.

—¡Conejo, llévatela de aquí…! —ordeno Chester a quejidos.

Las tablas del techo y las paredes emitieron un agudo chillido, similar a que la madera se estuviera acomodando. Y estos crujidos provocaron que Eli se aferrara entre temblores a Darwin y la única reacción que él pudo darle, fue quedarse inmóvil y contener la respiración.

Asimismo, la luz de la lámpara parpadeaba de manera errática, forzando a la bombilla a brillar lo más que podía, en tanto los crujidos de la madera no se detenían. Y todo esto luego que el imprudente de Chester pronunciara dichas palabras en latín.

Y repentinamente, la televisión se encendió por sí sola, además de cambiar de canal entre canal. Y para cuando las luces de toda la casa brillaron de manera cegadora, todo se detuvo en seco. Similar a que un proceso se haya cortado de golpe.

«Muévete Darwin… vete, aunque puedes…», se exigía Darwin.

Chester quien se quedó petrificado y sin deshacer aquellos símbolos con ambas manos, volvió a respirar entre risas nerviosas, tras que la luz iluminara de manera normal, y que se dejara de escuchar el sonido de la televisión desde la sala.

—¿Qué…? —pregunto Chester de manera decepcionada—. ¿Ya?

Eli sin dejar de temblar y de abrazar al congelado Darwin, volteo hacia todas partes, tal cual lo hacía Chester, tratando de percibir algo fuera de lo común. Sin embargo, lo único raro era Darwin, quien se quedó petrificado y aun conteniendo la respiración.

—Ustedes son unos miedosos —aseguro Chester en tono burlón—. Aprendan a su hermano mayor… —él fingió valor—… hasta me aburrí… —él trago saliva.

Eli alzo la vista para cruzar mirada con Darwin. Pero, se llevó la sorpresa al ver que Darwin seguía sin reaccionar ante aquel breve momento sobrenatural. Y para hacerlo reaccionar, Eli lo jalaba del pijama para sacudirlo con delicadeza y urgencia.

—¿Darwin…? —pregunto Eli entre jalones.

Y volteando los papeles, ahora era Eli quien jalaba del brazo a Darwin para que ambos se alejaran de la habitación. Sin embargo, el shock o la curiosidad del pequeño Darwin lo dejaron inmóvil para continuar atestiguando que sucedería.

«Corre…», se indicó Darwin una última vez.

Pese a escuchar su propia voz y la de Eli, indicándole entre forcejeos que se marcharan, Darwin no reaccionaba. Y Chester tras fingir coraje entre temblores, tan solo aclaro su garganta y se concentró en realizar los sellos una vez más

—Quizás… no lo hice bien —dijo Chester despreocupado.

«Vete…», resonó aquella última advertencia en Darwin.

—Veamos… creo que era así o… —dijo Chester quedándose petrificado.

La curiosidad de Chester desapareció, al ver como la esquina del techo se estaba estirando hacia él. Similar a una mano que hace presión en una tela elástica, y la cual trataba de romperla a rasguños. Pero esta no era una mano cualquiera y mucho menos humana.

Y al momento de desgarrar similar a una membrana, lo que hace un momento era un techo de madera, el techo mismo fue atravesada por unas blancas y largas garras de una mano que bien era del tamaño de toda la habitación.

—¡Darwin…! —fue lo último que grito Eli a todo pulmón.

***

Darwin quien se encontraba perdido en los sangrientos recuerdos de su pasado, volvió en sí, al momento en que compañero le toco al hombro y lo sacudió entre risas burlonas, al verlo inmóvil y con la mirada perdida.

—¿Conejo, estas vivo? —se escuchó la voz burlona de un chico.

—¿Eh…? —dijo Darwin tragando saliva y mirando hacia todas partes.

—Si te vas a desmayar—dijo el chico entre burlas—, ve a desmayarte otro lado.

Alrededor del ahora adolecente Darwin, se encontraban decenas de alumnos reunidos y sentados hombro a hombro en el gimnasio de la secundaria. Todos ellos dispersos y sin poder evitar sisear entre ellos ante lo aburrido de esto.

—Atención, estudiantes —indico una maestra con un altavoz—. ¡¿Cuál es la forma general para referirse a un Ángel o Demonio?!

—¡“Espectros…”! —respondieron los alumnos de mala gana.

—¡Correcto! —afirmo la maestra—. Este simulacro corresponde al avistamiento de un Espectro de Nivel Tres. Actúen como si la amenaza fuera real.

Darwin cerro su boca y bajo la cabeza, y un balde de pena lo empapo, al momento en que noto que sus compañeros lo estaban observando e imitándole de manera exagera de como él se había perdido en su mente.

—Lo siento… —dijo Darwin en tono bajo y sonrojado.

—No corran —continúo indicando la maestra—, no se separen de sus compañeros y sigan las instrucciones del personal docente. Ante cualquier presencia de un Espectro, contacten de inmediato a la FESI.

Tras que terminara el momento vergonzoso de Darwin en el simulacro, todos los chicos volvieron al salón de mala gana y lo único que les hacía sentir que las horas pasaran volando, eran sus conversaciones sobre admirar y comparar Espectros de otro mundo.

—Como quiero ser el Heredero del Ángel del fuego —opino un chico entusiasmado.

—¡Yo amaría ser la Heredera del Demonio de la Tierra! —afirmo una chica.

—¿Y qué opinan del Ángel del Rayo? —pregunto otro chico a lo lejos.

Pese a que, sus escritorios se encontraban separados, todos hablan entre sí, y con el único que no se tomaban esa molestia, era con Darwin. Y pese a que su asiento se encontraba en medio, nadie le dirigía la palabra a aquel flacucho chico.

En tanto sus compañeros hablaban de Ángeles y Demonios Elementales, Darwin se encontraba concentrado en dibujar garabatos con un marcador oscuro en la parte trasera de su cuaderno, y en esos rayones se alcanzaba a leer un nombre:

ELI.

Tras darle forma a la última letra, Darwin sonrió y permaneció apreciando el nombre de su hermana y para cuando iba a darle detalles llamativos con el marcador, se detuvo en seco al distinguir que el nuevo tema de conversación era él.

—¿Un Ángel Nivel de Tres aplasto a su familia? —se escuchó preguntar a una chica entre susurros.

Darwin fijo su mirada a la hoja y trago saliva, además de quedarse inmóvil, solo pudo apretar el marcador, y respirar profundo ante los susurros pocos discretos, que se escuchaban atrás de él.

—¡Si! —afirmo un chico—, dicen que sus padres también murieron al volver a casa.

—Escuche que él hizo los sellos —aseguro otro chico.

—¿Solo él sobrevivió? —pregunto una chica.

—Dicen que si —afirmo un chico—. Pero ahora está loco, ¿ustedes que creen?

El labio inferior de Darwin no dejaba de temblar y un nudo le apretó la garganta ante aquellos obvios susurros, que solo sirvieron para que las heridas del pasado le ardieran. Y lo único que le quedo a Darwin fue bajar la cabeza y cerrar los ojos.

Si bien, sus compañeros se daban cuenta que no hablaban lo suficientemente bajo, a ellos no les importa y, aun así, estos indiferentes chicos seguían hablando detalles íntimos de aquel incidente que tuvo que atravesar Darwin.

En tanto, Darwin sentía la necesidad de salir huyendo por la ventana, al sentir el salón asfixiándolo, él se contuvo su ansiedad al apretar el marcador. No obstante, quien no pudo tener ese auto control fue un chico quien a duras penas cabía en el escritorio.

—¡Ya me aburrí! —dijo el chico poniéndose de pie con esfuerzo—. Que alguien haga algo interesante…

Apenas él se puso de pie, y todos en el salón cerraron la boca, ya que posiblemente el tamaño de este chico, que bien era similar al de la puerta del salón o por su gruesa voz, provocaba que todos en el salón obedecieran similar a ovejas en un corral.

Este regordete chico se rasco la nuca, al ver a todos sus compañeros con la cabeza hacia abajo y fingiendo que había olvidado como hablar. Y entre todos estos chicos, él clavo su mirada en Darwin.

—Conejo. ¿Por qué tan callado? —pregunto el chico en tono malicioso.

Los susurros y risas maliciosas no se tardaron en rebotar en las paredes del salón. Así también, las miradas se clavaron sobre Darwin, quien se encontraba marcando con más presión garabatos sobre la hoja.

—¿Cómo murió tu familia Conejo? —pregunto el chico rascándose la barriga—. ¿Es cierto que un Ángel les aplasto la cabeza?

La oleada de susurros aumento, así también las miradas fijas sobre Darwin y quien solo podía apretar sus labios y juntar ambos pies al sentir aquellas palabras clavarse en él, similar a agujas oxidadas.

—Oye, Conejo… —dijo el chico—… ¿Cómo se te ocurre invocar a un Ángel en tu casa? —él pregunto tono burlón—. ¿Acaso eres idiota?

—¡Es cierto, Conejo! —se escuchó la voz de una chica—. Dinos porque lo hiciste.

—¡Vamos, Conejo! —dijo un chico en un rincón—… ¡no se lo diremos a nadie!

Aquel chico que dio inicio a las burlas contra Darwin, no pudo contenerse al ver a Darwin ignorándolo. Y lo primero que se le ocurrió para que le prestara atención fue tomar su mochila lanzárselo a Darwin, quien no había levantado la mirada en todo el tiempo.

Los chicos frente a Darwin, lograron reaccionar y agachar sus cabezas para esquivar aquella regordeta mochila. Sin embargo, Darwin no tuvo la misma suerte, ya que aquel objeto similar de grueso que un saco de cemento, impacto directo en su frente.

En tanto Darwin cubrió con su mano donde recibió el golpe, el salón estallo en risas a todo pulmón, al atestiguar como la cabeza de Darwin dio un latigazo hacia atrás, al momento de ser golpeado por aquella enorme mochila.

—Lo arruine… —dijo el chico fingiendo arrepentimiento—… ahora el Conejo va a invocar a un Ángel…

«¡Defiéndete! ¡Di algo!», se indicó Darwin a gritos.

Las risas no se detuvieron, aun cuando Darwin sintió como una gota de sangre resbalo por su sien, y como la palma de su mano se tiño de rojo ante la herida. Y Darwin sin tener coraje, solo se pudo tragar su ira, miedo y vergüenza, que le supieron a oxido.

Y las risas no se detuvieron hasta que el maestro regreso, y pese a que él noto algo raro en Darwin, el maestro fingió concentrarse en el pizarrón. Y este escenario donde nadie fingió ver nada, duro hasta que se escuchó el timbre de la hora de salida.

***

Tras el golpe que seguía punzándole en la frente a Darwin, él solo cerro sus ojos y pego su cabeza al cristal de la ventana del auto y así dejar que el frio de la ventana y las vibraciones del auto en movimiento lo distrajeran del leve dolor.

En tanto Darwin se encontraba en el asiento del copiloto, al volante se encontraba una mujer la cual tenía ojeras que hacían juego con opaco cabello despeinado y con aquella aura amargada que desbordaba. Se trataba de Chloe, la tía política de Darwin.

—¿Por qué siempre que paso por ti… —pregunto Chloe en tono decepcionado—… traes una nueva herida?

—Lo siento, tía Chloe, yo… —dijo Darwin abriendo sus ojos.

—No me digas nada —interrumpió Chloe con amargura—. Ya sé que alguien te volvió a golpear, ¿acaso no puedes al menos levantar un dedo? —ella pregunto con seriedad—. ¡Nunca te defiendes Darwin! ¡Reacciona!

Darwin bajo la cabeza y junto ambas manos temblorosas ante los regaños de su tía. Y Chloe al notar esta reacción sumisa de Darwin, ella tan solo puso sus ojos en blanco y solo se interesó en mirar al frente y encender el radio ignorando a su tembloroso sobrino.

—Que al menos me den buenas noticias —dijo Chloe cambiando entre estaciones.

—Para quienes circulan en la Ruta Estatal 33 —indico la voz de la radio—, permanece bloqueado luego de que agentes de la FESI abatieran a un Demonio de Nivel Tres.

—¡¿No podían matar a esa cosa en otro lugar?! —pregunto Chloe con disgusto—, llegare tarde al turno nocturno.

Chloe tras fruncir el ceño y respirar profundo ante la frustración, ella cambio de estación por mejores noticias. En tanto, Darwin a través de la ventana alcanzo a distinguir una enorme valla publicitaria junto a la autopista.

En dicha valla aparecía una mujer uniformada de la FESI, de pie y con los brazos cruzados, mirando directamente al frente y con cierta pose heroica. Y debajo de ella, unas letras grandes decían:

CUANDO ELLOS APARECEN, NOSOTROS RESPONDEMOS.

Únete a las filas de la FESI.

—Y pasamos a información internacional —indico la voz en la radio—. La división china de la FESI, confirmo esta mañana que la amenaza de Espectros registrada en la capital ha sido contenida tras una inmensa evacuación.

—¿No hay algo más de que hablar? —pregunto Chloe con aburrimiento.

—La división francesa de la FESI —aseguro el locutor—, ha registrado un aumento de Espectros de Nivel Dos a las afuera de…

—Si, como sea… —dijo Chloe cambiando de estación.

Para Chloe escuchar sobre estas noticias de última hora sobre Espectros, era similar a escuchar reportes sobre mal clima, ya que aquella expresión de indiferencia al cambiar de estaciones de radio se lo indicaba a cualquiera.

—Compre boletos de lotería… —indico Chloe sin mirar al frente—… ¿en qué estación transmitirán el sorteo?

—¡Tía, cuidado! —advirtió Darwin señalando al frente.

Chloe sin siquiera mirar al frente, piso el freno y tras hacerlo, se escuchó el chillido de los neumáticos derrapando en el concreto, en tantos ellos se sacudieron al frenar en seco, el auto casi se estrella con el enorme cadáver de un Espectro.

Los autos detrás de ella, no se tardaron en hacer sonar sus cláxones, ya que de haber reaccionado un segundo más tarde, hubiera provocado una inmensa congestión de vehículos tras empotrarse con aquel regordete cadáver a un lado de la autopista.

—¡¿Tía, estas bien?! —pregunto Darwin colocándole una mano en el hombro.

—Sí, sí, sí —respondió Chloe apartándole la mano—, estoy bien y tú ¡¿Por qué no advertiste con tiempo?! —ella pregunto ofendida.

Chloe bajo el cristal de la ventana y tras mostrarle una expresión de disgusto a Darwin, ella no se tardó en fingir una exagerada sonrisa apenada para mostrársela a los disgustados conductores de atrás.

Darwin soltó un suspiro y aparto la mirada, ya que este comportamiento de víctima de su tía era recurrente. Y además de escuchar los reclamos de los conductores, que bajaron de sus autos para insultar a Chloe, él también le prestó atención a aquel cadáver.

Desplomado boca abajo y emanando vapor, se encontraba el cuerpo recién derrotado de un Espectro. Y dicho cadáver que bien de pie podría llegar a ser igual de alto que un edificio de tres pisos, se encontraba sin vida a unos metros del auto.

En tanto los autos se desviaban alrededor del cadáver por la cinta amarilla, que lo rodeaba, los conductores ni le prestaban atención a esta enorme criatura, que era similar a un humano del torso para arriba, a excepción del resto de su cuerpo.

—¡Señora, siga su camino! —grito un policía de tránsito.

—Sí, sí, sí, ya voy… —dijo Chloe girando el volante.

Al momento en que Chloe volvió a dar marcha y rodeo al cadáver, Darwin no pudo evitar observar el cuerpo tieso del Espectro, que daba la impresión de ser un hombre obeso con pelvis y piernas de oso.

Además, que el cadáver se encontraba cubierto de espadas, de sus heridas se emanaba un espeso y fino vapor, y lo que más llamaba atención de este ser, eran los dos pequeños cuernos blancos que emergían de su frente, que hacían juego con sus puntiagudas orejas.

Y a su lado, se encontraban los Agentes de la FESI: hombres y mujeres uniformados tal cual estudiantes con suéteres oscuros, quienes se encontraban envainando sus espadas. Y Darwin tanto al ver dicho cadáver y a estos Agentes, permaneció hipnotizado observándolos.

—Darwin, la vista al frente —ordeno Chloe con seriedad.

Lo último que alcanzo a ver Darwin por el retrovisor, fue como el enorme cadáver se movió ante un espasmo y los Agentes, no titubearon en desenvainar sus armas en coordinación las clavaron en la cabeza del Demonio de Nivel Tres.

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