Capítulo 1
Los pasos de Jimin resonaban con fuerza en el piso, como si cada tacón anunciara que algo estaba a punto de cambiar. A esas alturas, sus visitas eran cada vez más frecuentes y aunque una parte de él quería detenerse, otra sabía perfectamente que ya no podía hacerlo
Su mente estaba demasiado retorcida por años de resentimiento. Tenía que continuar o perdería aquella herencia millonaria que había perseguido durante tanto tiempo
Se detuvo frente a la puerta del departamento donde vivía su novio y amante, Jimin conocía aquel lugar mejor que nadie, él mismo se lo había comprado a Jungkook años atrás, cuando todavía eran adolescentes, para que pudiera vivir allí con su madre. Después de que ella falleciera, Jungkook se había quedado completamente solo
Jimin levantó la mano y apenas alcanzó a tocar la puerta cuando esta se abrió
—Vaya, mi amor —dijo Jungkook, como si hubiera sabido desde el primer momento que era él
Jimin apenas tuvo tiempo de sonreír antes de que Jungkook lo tomara de la cintura y lo besara en la entrada. Jimin respondió al beso, dejándose envolver por aquella familiar intensidad que tantas veces había utilizado para ocultar sus verdaderas intenciones
Cuando se separaron, Jungkook cerró la puerta
—Pensé que no vendrías hoy
—Nunca te dejaría, mi amor —Jungkook tomó su mano y lo condujo hasta la sala
—Entonces dime qué es eso tan importante que querías hablar conmigo
Jimin permaneció unos segundos en silencio. Después, lo miró directamente a los ojos
—Quiero que enamores a la madre de mi esposo —certero, Jungkook frunció el ceño
—¿Te volviste loco?
—No —respondió Jimin con absoluta seguridad— Estoy más seguro que nunca de este paso
—Jimin... —hablo, Jungkook negó lentamente con la cabeza —Amor mío, esto se te está saliendo de las manos
—Puede que tengas razón
Jimin se levantó del sofá y caminó hacia el pequeño bar de la sala. Sacó dos vasos, colocó hielo en ambos y sirvió su whisky favorito. Luego regresó junto a Jungkook
—Pero ese maldito triunfo no se me va a escapar de las manos —dijo, Jungkook tomó el vaso, aunque apenas bebió
—Esto va mucho más allá de esa fortuna, ¿verdad? —el silencio de Jimin fue suficiente respuesta. Jimin dejó su vaso sobre la mesa y se acercó
—No te equivoques, cariño —tomó el rostro de Jungkook entre sus manos —Ellos me deben mucho
—Ella está descansando. No tienes por qué hacerles daño —Jimin sonrió con frialdad
—Nada es demasiado cuando se trata de ella —se inclinó y lo besó suavemente
—Me deben una deuda... y pienso cobrársela muy caro
Jungkook lo observó durante unos segundos y conocía aquella mirada. Sabía que, cuando Jimin decidía algo, era casi imposible hacerlo retroceder, así que, finalmente, Jungkook lo atrajo hacia él y lo hizo sentarse a su lado
—Lo que sea por ti, mi amor —aseguró, y Jimin sonrió
—Sabía que podía contar contigo —Jimin se salió con la suya, Jungkook acarició su rostro
—¿Cuándo empezamos? —preguntó y Jimin sostuvo su mirada
—Esta noche
Jungkook sonrió, aunque en el fondo sabía que aquella decisión podía cambiar sus vidas para siempre, porque aquella no era una simple aventura. Era una locura, una locura que había comenzado cinco años atrás
Todo empezó cuando la hermana de Jimin se enamoró de Kim Seok-na
Seok-na era hijo único de una de las familias más poderosas y adineradas de la ciudad. Para él, el dinero nunca había sido un problema. Pero cuando descubrió que la joven estaba embarazada, decidió abandonarla
La echó de su vida sin importarle lo que pudiera sucederle
Días después, completamente devastada, ella terminó con su vida arrojándose desde el puente de la ciudad, Jimin nunca pudo perdonar aquello, para él, la muerte de su hermana no había sido un accidente. Había sido una deuda
Y por cruel que fuera, Jimin jamás olvidaba una deuda, y así, durante cinco años construyó cuidadosamente su venganza, primero se infiltró en la familia, después consiguió acercarse a Seok-na. Se hizo indispensable, se ganó su confianza y finalmente logró convertirse en su esposo
Hacía apenas cinco meses que Jimin había contraído matrimonio con Seok-na
Lo que nadie sabía era que aquel matrimonio nunca había sido por amor, era una pieza más dentro de su plan sin embargo, había ocurrido algo que Jimin no esperaba. Había conseguido ganarse el cariño de Lee Eun-ah, la madre de Seok-na
Eun-ah confiaba completamente en él, lo veía como un miembro más de la familia y precisamente por eso Jimin había encontrado la manera perfecta de cerrar su venganza. Pronto, Eun-ah se beneficiaría de un nuevo matrimonio
Un matrimonio que uniría su destino al del hombre que Jimin amaba desde hacía años, Jeon Jungkook. Si el plan funcionaba, Jimin terminaría obteniendo aquello que había perseguido durante tanto tiempo
La fortuna, la justicia que él creía merecer y la destrucción de una familia que, según él, había destruido primero la suya. Pero mientras Jimin contemplaba a Jungkook frente a él, una pequeña duda apareció en su mente
Porque una cosa era utilizar a Jungkook y otra muy distinta era descubrir cuánto lo amaba realmente. Aquella noche, sin saberlo, los dos acababan de cruzar una línea de la que quizá ninguno podría regresar
Para Jimin, era apenas el comienzo, el comienzo de una muerte anunciada
(...)
Tal como Jimin lo había anunciado, aquella noche todo comenzó
El centro de beneficencia estaba lleno de invitados importantes. Empresarios, abogados, artistas y miembros de familias adineradas caminaban entre las enormes salas donde se exhibían pinturas y obras de arte donadas para la subasta benéfica
Jimin observaba la escena desde cierta distancia, para cualquiera que lo mirara, parecía tranquilo. Elegante, amable, incluso inocente pero detrás de aquella sonrisa existía un hombre completamente distinto
En su mundo no había límites cuando se trataba de conseguir lo que quería. Si Jimin se lo pedía, Jungkook era capaz de enfrentarse al mundo entero por él y Jimin lo sabía
Jungkook era su debilidad, la única persona por la que sería capaz de arriesgarlo todo. Incluso su propia vida
Aquella noche, Jungkook permanecía frente a una enorme pintura de un artista famoso. La observaba con el ceño ligeramente fruncido, intentando encontrar algún significado en aquellas formas abstractas
Lee Eun-ah se acercó sin que él lo notara
—¿Te parece interesante? —preguntó ella, Jungkook giró la cabeza y miró nuevamente la pintura
—No, en verdad no —dijo, Eun-ah soltó una pequeña risa
—¿No?
—Es algo raro, solo veo cubos, rayas y colores puestos sin ningún sentido. Si soy sincero, me parece bastante extraño
Eun-ah volvió la mirada hacia el cuadro
—Pienso exactamente lo mismo —afirmó y ambos rieron —Aunque vale millones —añadió ella
—Eso es lo que menos entiendo
Eun-ah volvió a mirarlo y entonces reparó realmente en él, Jeon Jungkook, había escuchado su nombre muchas veces
El famoso abogado que había construido su propio imperio desde cero. El hombre que había convertido su pequeña firma de abogados en uno de los conglomerados jurídicos más reconocidos de la ciudad
Pero frente a ella no parecía el hombre frío y poderoso del que hablaban los periódicos, parecía simplemente un hombre disfrutando de una noche tranquila. Eun-ah sonrió
Jungkook, por su parte, la observó detenidamente, había algo particular en aquella mujer, no aparentaba la edad que él había imaginado. Era elegante, delgada y poseía una figura armoniosa
Su piel tenía una apariencia delicada y sus ojos castaños transmitían una seguridad tranquila
—Mucho gusto —dijo Jungkook mientras extendía la mano— Jeon Jungkook
Eun-ah aceptó el saludo
—Es un placer —embobada, hizo una pequeña pausa —Lee Eun-ah
Sus manos se estrecharon y ninguno de los dos imaginó que aquel sencillo saludo sería el inicio de una cadena de acontecimientos capaz de cambiar sus vidas. Desde el otro extremo de la sala, Jimin los observaba
Sonreía
Todo estaba sucediendo exactamente como había planeado pero había algo que nadie sabía
Jimin no era el hombre ingenuo que muchos creían, durante años había aprendido a utilizar las debilidades de las personas
Había convencido a hombres poderosos de confiar en él, había manipulado negocios y había conseguido que algunas personas perdieran fortunas enteras antes de que siquiera comprendieran lo que estaba ocurriendo
Siempre desaparecía antes de que alguien pudiera relacionarlo con lo sucedido, su inteligencia no estaba en hacer ruido, estaba en conseguir que los demás se destruyeran entre ellos y aquella noche había encontrado una nueva pieza para su juego
Lee Eun-ah
La mujer que podía convertirse en la puerta hacia la fortuna que Jimin llevaba años buscando, pero había una diferencia entre esta jugada y todas las anteriores. Jungkook estaba en medio y Jungkook no era una pieza cualquiera
Jimin lo amaba, desde hacía años
Jungkook había construido su imperio jurídico con esfuerzo y ambición, persiguiendo un sueño que tenía desde joven, Jimin había estado a su lado durante buena parte de ese camino. Había visto sus fracasos, sus noches sin dormir, sus primeros triunfos y también había sido quien lo ayudó cuando nadie más lo hizo
Por eso Jungkook sentía que le debía muchísimo, pero Jimin nunca había llevado las cuentas para él, todo lo que había hecho por Jungkook no era una inversión. Era amor, un amor tan profundo que, si algún día el destino obligaba a Jimin a elegir entre su propia vida y la de Jungkook, no tendría que pensarlo demasiado
Elegiría a Jungkook. Siempre
Lo que Jimin todavía no comprendía era que aquella noche no solamente había comenzado la caída de una familia, también había puesto en marcha algo mucho más peligroso. Porque nadie sabía todavía qué familia terminaría cayendo
La de Eun-ah
La de Seok-na
La de Jungkook o incluso la del propio Jimin
Mientras Eun-ah y Jungkook continuaban conversando frente a aquella pintura que ninguno de los dos entendía, Jimin levantó lentamente su copa. Sonrió, había movido la primera pieza y ahora solo tenía que esperar
La partida acababa de comenzar








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