Epilogo
Honestamente, nunca he sido alguien demasiado común. Tampoco siento que tenga algo particularmente especial que me haga destacar entre los demás. Soy, dentro de todo, una persona feliz. Tengo mis problemas, mis días malos, mis inseguridades y esos momentos en los que no sé muy bien qué estoy haciendo con mi vida, pero supongo que eso también forma parte de crecer.
Tengo dieciocho años y, a esta edad, se supone que debería tener una idea bastante clara de lo que quiero hacer con mi futuro. La verdad es que no la tengo. Hay días en los que siento que sé exactamente hacia dónde quiero ir y otros en los que ni siquiera sé qué voy a hacer la próxima semana.
Además, últimamente hay algo que no ayuda demasiado: dormir.
Sufro de insomnio. Hay noches en las que me acuesto pensando que voy a dormir rápidamente y, cuando me doy cuenta, ya pasó una hora. Luego pasan dos y sigo despierta, mirando el techo mientras mi cabeza decide recordar absolutamente todo lo que puede.
Pienso en cosas que pasaron hace años, en conversaciones que tuve hace unas horas, en cosas que dije y que probablemente nadie más recuerda, en decisiones que todavía no sé si fueron correctas y en cosas que ni siquiera han pasado.
Mi cabeza no sabe quedarse quieta.
Durante el día siempre hay algo que hacer. Clases, personas con las que hablar, mensajes, familia, música, cualquier cosa que consiga mantenerme ocupada. Pero cuando todo se apaga y finalmente estoy sola con mis pensamientos, es como si mi cabeza decidiera abrir todas las puertas al mismo tiempo.
Y ahí aparece la música.
La música siempre ha sido importante para mí, pero con los años se convirtió en algo mucho más grande. No es simplemente algo que escucho mientras hago otra cosa. Tampoco es solo una afición o una habilidad que quiero mejorar.
Para mí, la música es un desfogue.
Es el lugar donde puedo dejar salir todo aquello que no sé cómo decir.
Cuando estoy frustrada, canto. Cuando estoy triste, canto. Cuando estoy feliz, también. Incluso cuando no sé exactamente qué siento, termino buscando una canción que consiga ponerle nombre a algo que yo no puedo explicar.
Hay canciones que parecen conocer partes de mí que ni siquiera yo conozco.
Cuando me pongo los audífonos, cierro los ojos y dejo que una canción suene completa, durante unos minutos todo parece desaparecer. No tengo que ser la hija de alguien, la amiga de alguien, la estudiante que tiene que pensar en su futuro o la chica que no puede dormir porque tiene demasiadas cosas en la cabeza.
Solo soy yo.
Y cuando canto, siento que todo lo que tengo guardado dentro puede salir sin tener que explicárselo a nadie.
Quizá por eso quiero dedicarme a la música.
No porque crea que voy a convertirme en la mejor cantante del mundo ni porque piense que todo será sencillo. Sé que habrá errores, frustraciones y días en los que probablemente voy a cuestionar si realmente soy lo suficientemente buena.
Pero quiero intentarlo.
Quiero mejorar mi voz, aprender, equivocarme, volver a intentarlo y algún día mirar atrás sabiendo que hice algo por aquello que me hacía sentir viva.
La música me ha acompañado durante demasiadas etapas de mi vida como para verla simplemente como un pasatiempo. Ha estado en mis mejores días y en los peores. Cuando quería celebrar, cuando quería olvidar algo y cuando simplemente necesitaba estar sola.
Se ha convertido en mi manera de respirar cuando siento que todo se vuelve demasiado pesado.
Me llamo Alanna Raygada, tengo dieciocho años y tengo una mejor amiga llamada Pariz, quien consigue alegrarme la vida como nadie más en este mundo.
Pariz es de esas personas que hacen que las cosas sean más fáciles. No necesariamente porque tenga una solución para todo, sino porque sabe cuándo hablar, cuándo escuchar y cuándo simplemente hacer alguna estupidez para conseguir que deje de pensar demasiado.
Y eso es bastante útil cuando eres una persona que piensa demasiado.
También tengo otros amigos, aunque el grupo se ha ido haciendo cada vez más pequeño con el tiempo.
Desde pequeña estudié en el colegio HCA. Después me cambié al colegio Sideral Carreón, aunque terminé regresando al HCA. Regresé justo después de la cuarentena y, desde entonces, pasaron muchas cosas.
Hice amigos.
Hice enemigos.
Y también hice algunas amistades de las que todavía no sé qué tan feliz debería estar.
Está LR, por ejemplo. No es que lo odie ni nada parecido. Simplemente no me cae demasiado bien. Es parte del grupo y, de alguna manera, hemos aprendido a convivir sin matarnos, lo cual considero un logro bastante importante.
Pero también están los buenos.
Está Adrikun, que es probablemente una de las personas más locas que conozco. Siempre parece estar a punto de hacer alguna estupidez completamente inesperada, pero debajo de toda esa locura hay una persona increíblemente buena. Es de esos amigos que pueden hacerte reír cuando menos te lo esperas y que, cuando realmente los necesitas, están ahí.
Después está Claudia.
Claudia es muy inteligente. Probablemente demasiado para su propio bien. Puede entender cosas que a mí me tomarían horas, pero al mismo tiempo puede ser increíblemente descuidada con las cosas más sencillas. Es una combinación bastante curiosa, pero supongo que eso también es parte de lo que hace que sea ella.
Aun así, la quiero bastante.
Luego está Totti.
Totti es gracioso. Muy gracioso. Es la otra mitad de la dupla de Gato cuando se trata de hacer bromas. Cuando esos dos están juntos, cualquier conversación normal puede terminar convirtiéndose en alguna estupidez que nos hace reír durante demasiado tiempo.
Y después está Gato.
Gato es difícil de explicar.
Creo que la mejor manera de describirlo es como la fusión imposible entre un filósofo y Hitler.
Sí, sé que suena horrible.
Pero si lo conocieran, probablemente entenderían.
Puede pasar de hablar durante veinte minutos sobre el sentido de la vida, las decisiones humanas y alguna teoría que nadie le pidió, a convertirse en la persona más insoportable del planeta en cuestión de segundos.
Y junto a Totti, esa combinación se vuelve todavía peor.
Ellos dos tienen una capacidad especial para convertir cualquier situación en una broma. A veces ni siquiera sé de dónde sacan las ideas. Lo único que sé es que cuando los veo hablar entre ellos, probablemente debería prepararme.
Pero últimamente Gato encontró un tema que parece divertirlo especialmente.
El chico.
Paolo.
Paolo es inteligente, estudioso y, sobre todo, buena gente. Es una persona bastante tranquila y tiene esa clase de personalidad que hace que sea fácil hablar con él. No sé exactamente qué fue lo que llamó mi atención, pero hay algo en él que me causa curiosidad.
Y eso es todo.
Por ahora.
No estoy enamorada. No tengo sentimientos profundos ni estoy imaginando una historia completa con él. Simplemente quiero conocerlo mejor.
Eso debería ser bastante sencillo de entender.
Excepto para Gato.
No sé exactamente cómo se dio cuenta de que Paolo me causa cierta curiosidad, pero desde que lo descubrió parece haber encontrado una nueva misión en su vida: molestarme con eso.
Cada vez que estamos juntos y Paolo aparece, sé que Gato va a decir algo.
A veces simplemente menciona su nombre.
Otras veces me mira con esa expresión que ya conozco demasiado bien y empieza a sonreír.
Y yo sé exactamente lo que está pensando.
—No empieces.
Esa frase probablemente se ha convertido en mi respuesta automática.
Por supuesto, siempre empieza.
—Te gusta.
—No.
—Te interesa.
—Eso sí.
—Entonces te gusta.
—No funciona así, Gato.
—Sí funciona.
Y ahí comienza otra discusión completamente innecesaria.
Lo peor es que Totti normalmente se suma.
—Ustedes dos son insoportables.
—Gracias —responde Gato.
—No era un cumplido.
—Lo sé.
Y Totti se empieza a reír.
A veces simplemente los ignoro, pero otras termino riéndome con ellos. Supongo que esa es la parte buena de tener amigos así. Pueden molestarte hasta el cansancio, pero también consiguen hacer que un día cualquiera se convierta en un recuerdo que probablemente vas a contar años después.
Y sí, Paolo me causa curiosidad.
No sé exactamente por qué.
Quizá es porque es inteligente. Quizá porque es estudioso y parece tomarse las cosas en serio. Quizá porque es buena gente. O quizá simplemente hay algo en su forma de ser que todavía no logro entender.
No lo sé.
Y tampoco quiero apresurarme a descubrirlo.
Por ahora, es solo alguien que quiero conocer mejor.
Además, no todos mis amigos siguen aquí.
La vida tiene esa extraña costumbre de separar a las personas incluso cuando nadie quiere que pase. Algunos comenzaron la universidad y nuestras vidas empezaron a tomar caminos diferentes. Otros incluso se fueron del país.
Al principio fue extraño. Personas con las que estaba acostumbrada a hablar todos los días de repente estaban a miles de kilómetros de distancia.
Pero seguimos en contacto.
Quizá no hablamos todos los días como antes, pero seguimos ahí. Mandamos mensajes, hablamos de nuestras vidas, contamos historias y, de vez en cuando, recordamos alguna estupidez que hicimos cuando todavía estábamos todos juntos.
Supongo que crecer también significa aprender que no todas las personas tienen que estar físicamente cerca para seguir formando parte de tu vida.
Algunas personas se van.
Algunas se quedan.
Algunas aparecen inesperadamente.
Y algunas terminan cambiando la forma en la que ves las cosas.
Actualmente no tengo un número enorme de amigos. La mayoría está comenzando una etapa completamente diferente y yo también estoy intentando descubrir la mía.
Estoy mejorando mi canto.
Estoy intentando entender qué quiero hacer con mi futuro.
Estoy intentando dormir mejor.
Estoy intentando no pensar demasiado.
Aunque eso último probablemente sea lo más difícil.
Mientras tanto, tengo a mi familia, a Pariz, a Adrikun, a Claudia, a Totti, incluso a Gato y a LR, a aquellos amigos que están lejos, a la música y, aparentemente, a un chico que se ha convertido en una pequeña curiosidad dentro de mi vida.
No sé qué va a pasar mañana.
No sé si conseguiré todo lo que quiero.
No sé si algún día podré dedicarme completamente a la música.
No sé si mis amigos que se fueron del país volverán.
No sé si las personas que hoy están a mi lado seguirán estando dentro de algunos años.
Y tampoco sé qué terminará pasando con Paolo.
Pero creo que está bien.
Por primera vez, no siento que tenga que conocer todas las respuestas.
Quizá algunas cosas simplemente necesitan tiempo.
Quizá algunas personas solo estarán en una parte de mi historia y otras terminarán quedándose mucho más de lo que esperaba.
Quizá la música seguirá siendo mi refugio durante muchos años.
Quizá algún día dejaré de pasar tantas noches despierta pensando en cosas que no puedo controlar.
Y quizá Paolo termine siendo mucho más importante de lo que ahora imagino.
O quizá no.
Por ahora, no quiero ponerle un nombre a nada.
Solo quiero seguir viviendo.
Seguir cantando.
Seguir aprendiendo.
Seguir riéndome con las personas que quiero.
Seguir hablando con aquellos que están lejos.
Seguir soportando a Gato y Totti, que probablemente van a seguir molestándome durante muchísimo tiempo.
Y, de vez en cuando, seguir preguntándome por qué Paolo consiguió despertar mi curiosidad en primer lugar.
Quizá la vida nunca se trató de tener todas las respuestas.
Quizá solo se trata de seguir caminando, conocer personas, perder algunas, conservar otras y dejar que ciertas cosas sucedan sin intentar decidir inmediatamente qué significan.
Porque a veces conocemos a alguien y no sabemos por qué nos llama la atención.
Solo sabemos que lo hace.
Y quizá eso sea suficiente.
Por ahora.
Así que esta soy yo.
Alanna Raygada.
Dieciocho años.
Una chica que canta demasiado, piensa demasiado, duerme poco y probablemente tiene demasiadas preguntas en la cabeza.
Una chica que todavía no sabe exactamente qué quiere del futuro, pero que está dispuesta a descubrirlo.
Una chica que tiene una mejor amiga increíble, una familia que quiere, amigos que están cerca y otros que están a kilómetros de distancia.
Una chica que encontró en la música una manera de decir aquello que no siempre puede expresar con palabras.
Y una chica que, sin darse cuenta, acaba de empezar a sentir curiosidad por alguien.
No sé qué color tiene su mundo.
Todavía no.
Pero quiero descubrirlo.
Y quizá, algún día, él también consiga ver el mío.



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