Prólogo
Lancelot, Génesis y Bond continuaron viajando hacia otra ciudad mientras el sol empezaba a descender lentamente. El viento movía la hierba alta de las colinas y el sonido de sus pasos se mezclaba con los ladridos ocasionales de Bond, que iba unos metros detrás persiguiendo una mariposa como si no existiera nada más importante en el mundo. Génesis caminaba a lado de Lancelot balanceando ligeramente los brazos.
—¿Por qué querías estar a solas conmigo? —preguntó mientras comenzaban a subir una colina—. Tener más compañía también es divertido.
—Porque quiero hacer cosas de adultos —respondió Lancelot todavía molesto por la discusión que había tenido con Percival. Dio apenas dos pasos más antes de quedarse completamente rígido— Espera —giró la cabeza hacia ella lentamente mientras sus orejas comenzaban a ponerse rojas—. ¡No quise decir eso!
Génesis lo miró confundida durante unos segundos hasta que finalmente entendió cómo había sonado aquello.
—Lancelot... tú...
—¡No es eso! —se apresuró a decir, avergonzado— ¡No estaba hablando de eso! Solo... ah... maldición... —se pasó una mano por el cabello intentando calmarse antes de señalar hacia delante—. En uno de mis viajes, cuando buscaba a los Caballeros del Apocalipsis, encontré este lugar. Bueno... no exactamente la ciudad a la que quiero llevarte, sino esto.
Se colocó detrás de ella y apoyó ambas manos sobre sus hombros para girarla suavemente. Al otro lado de la colina se extendía un enorme campo cubierto de flores. Había flores azules, blancas, rosas y amarillas meciéndose bajo el viento de la tarde como un mar de colores brillantes. Los pétalos volaban por el aire y el cielo anaranjado hacía que el lugar pareciera salido de un sueño. Génesis abrió los ojos con sorpresa.
—Son preciosas... —murmuró maravillada. El viento movió ligeramente su cabello naranja mientras observaba el paisaje— Dudaba que fueras tan romántico, pero esto... —sonrió con una felicidad sincera mientras llevaba una mano a su pecho— Eres un amor... —entonces volvió a girarse hacia él. Y se quedó inmóvil. Lancelot estaba arrodillado frente a ella. En una de sus manos sostenía un anillo brillante. El rubio evitaba mirarla directamente porque tenía las mejillas completamente rojas, aunque aun así intentaba mantener la compostura. Génesis parpadeó varias veces— ¿A esto te referías con "hacer cosas de adultos"? —preguntó lentamente, todavía sorprendida—. ¿Era una propuesta?
Lancelot asintió en silencio. Parecía mucho más nervioso enfrentándose a ella que luchando contra cualquier enemigo. Tomó aire antes de hablar.
—No sé cómo decir este tipo de cosas... —admitió mientras desviaba un momento la mirada— Pero quiero seguir contigo sin importar lo que pase. Quiero viajar contigo, discutir contigo, protegerte... y volver siempre a tu lado —finalmente levantó los ojos hacia ella— ¿Aceptas ser mi esposa?
Por un instante, el mundo pareció detenerse frente a ella. El viento seguía moviendo las flores y Bond continuaba ladrándole a la mariposa a lo lejos, pero todo eso se volvió lejano. Solo podía ver a Lancelot arrodillado frente a ella. Sus labios se entreabrieron levemente, sorprendida. Nunca lo había visto tan nervioso. Él, que normalmente actuaba con seguridad incluso frente al peligro, ahora la miraba mientras sostenía el anillo con una mano ligeramente temblorosa. Y eso hizo que su pecho se apretara.
—Tú... —murmuró sin saber qué decir al principio.
Sintió los ojos humedecerse poco a poco. Lancelot se asustó al verla llorar.
—Oye... si no quieres, no hace falta que...
Ni siquiera pudo terminar la frase.
Génesis se lanzó sobre él abrazándolo con fuerza, haciendo que ambos casi perdieran el equilibrio sobre la hierba. Lancelot alcanzó a sostenerla antes de caer del todo mientras ella escondía el rostro contra su cuello.
—¡Claro que quiero! —respondió con la voz quebrada—. ¡Eres idiota si crees que iba a rechazarte!
El rubio soltó el aire que había estado conteniendo y terminó riéndose por lo bajo, todavía rojo de vergüenza.
—Entonces deja de llorar...
—¡Es tu culpa! —protestó levantando la cabeza para mirarlo—. ¡¿Cómo no voy a llorar si me propones matrimonio así?!
Lancelot sonrió apenas, más relajado ahora.
—Pensé que te gustaría.
—¡Me encantó! —dijo ella sin dudar.
Génesis volvió a abrazarlo, esta vez más despacio, como si quisiera quedarse allí para siempre. Luego se separó apenas lo suficiente para mirar el anillo otra vez— Ponlo tú... —murmuró extendiéndole la mano.
Lancelot tomó su mano con cuidado y deslizó el anillo en su dedo. Y por primera vez en mucho tiempo, ambos sintieron que el futuro podía pertenecerles solo a ellos.








