Supongo que aquí empieza todo
No sé exactamente en qué momento empecé a perderme.
Quizás fue poco a poco.
Quizás siempre estuve perdida y simplemente aprendí a disimularlo.
Hay cosas que nunca dije en voz alta.
Pensamientos que escondí incluso de las personas que más quería.
Versiones de mí que nadie conoció porque me daba miedo que, si alguien las veía, dejara de quererme.
A veces me pregunto cuántas personas conocen realmente quién soy.
Porque yo tampoco estoy segura de saberlo.
He sido muchas personas.
La que amaba demasiado.
La que se alejaba cuando más quería quedarse.
La que sonreía cuando por dentro no entendía nada.
La que se hizo fuerte porque no sabía qué otra cosa hacer.
Y también fui la que se cansó.
La que tuvo miedo.
La que se equivocó.
La que perdió personas.
La que se perdió a sí misma.
Quizás por eso escribo.
No porque tenga todas las respuestas.
Sino porque todavía tengo demasiadas preguntas.
Y porque hay cosas que solo puedo decir cuando nadie me está mirando.
Así que, si vas a seguir leyendo, no esperes encontrar una versión bonita de mí.
Entra.
Lee despacio.
Aquí no vas a conocer solamente lo que hice.
Vas a conocer lo que pensé mientras lo hacía.
Y quizás, entre todo este desastre que soy, encuentres una parte de ti.
Quizás después de leer esto creas que ya sabes quién soy.
No sabes nada.
Todavía no.
Porque una persona no se conoce por lo que cuenta de sí misma, sino por todo aquello que hizo cuando nadie estaba mirando.
Y yo tengo mucho que contarte.
Así que voy a dejar de hablarte de mí.
Voy a llevarte a mí.
A la niña que fui.
A la adolescente que intentaba entenderse.
A las personas que llegaron.
A las que se fueron.
A las veces que amé.
A las veces que tuve miedo.
A las veces que elegí mal.
A todo aquello que, sin darme cuenta, terminó construyendo a la mujer que hoy está escribiendo estas páginas.
Ahora sí.
Empecemos desde el principio.







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