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Hasta que se rompió

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Summary

Haruhiko llega a Tokio decidido a comenzar una nueva etapa de su vida. Entre nuevas amistades, descubrimientos y sentimientos inesperados, conocerá a Masumi, una chica que cambiará por completo la forma en que entiende el amor y la confianza. Pero algunas relaciones no se ponen a prueba cuando todo va bien, sino cuando aparecen las dudas, los errores y las verdades difíciles de afrontar. Porque enamorarse puede ser sencillo. Lo difícil es descubrir qué queda después de que algo se rompe.

Genre
Romance,Drama
Author
Mandis
Status
3h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Un hogar inesperado

El taxi avanzó por las tranquilas calles residenciales de Tokio mientras el cielo se teñía de los tonos anaranjados del atardecer. La ciudad comenzaba a iluminarse con las luces de las casas, los postes y los pequeños negocios que aún permanecían abiertos.

Haruhiko Poku soltó un largo suspiro desde el asiento trasero.

Sus orejas de zorro caían ligeramente hacia atrás por el cansancio, y su cola rojiza apenas se movía mientras observaba por la ventana. Después de un vuelo interminable desde Estados Unidos, varias horas de espera en el aeropuerto y un viaje en tren seguido por otro en taxi, sentía que su cuerpo funcionaba únicamente por inercia.

—Por fin...

El taxi se detuvo frente a una casa de dos pisos ubicada en un barrio tranquilo y ordenado. Los árboles del vecindario se mecían suavemente con la brisa nocturna y apenas se oía el tráfico a lo lejos.

El conductor abrió el maletero y le entregó su equipaje.

—Hemos llegado.

Haruhiko inclinó la cabeza educadamente.

—Muchas gracias.

Tomó su maleta, ajustó la correa de su mochila sobre el hombro y levantó la mirada hacia la vivienda.

Entonces se quedó inmóvil.

Había un automóvil estacionado en el garaje.

Un elegante Cadillac BLS negro del 2006.

Parpadeó un par de veces.

—¿Eh?

Observó las ventanas de la casa.

Las luces estaban encendidas.

Y podía distinguir movimiento en el interior.

Su expresión pasó del agotamiento a la confusión absoluta.

Sacó su teléfono móvil y revisó el mensaje enviado por sus padres.

Dirección. número de casa y código postal.

Todo coincidía.

Volvió a mirar la casa.

Después el teléfono.

Luego la casa otra vez.

—No puede ser...

Volvió a observar el Cadillac.

Definitivamente no recordaba que sus padres hubieran mencionado un auto.

Y mucho menos que hubiera alguien viviendo allí.

¿Vendieron la casa? ¿Se equivocaron de dirección? ¿Alguien la está cuidando?

Sentía cómo el nerviosismo comenzaba a reemplazar al cansancio.

Con cierta inseguridad, caminó hasta la puerta principal.

Respiró hondo.

Y presionó el timbre.

Pasaron apenas unos segundos.

Se escucharon pasos apresurados desde el interior.

La puerta se abrió.

Frente a él apareció un joven gato gris de aproximadamente su misma edad. Tenía el pelaje bien cuidado, ojos claros y una expresión amistosa que parecía transmitir tranquilidad de inmediato.

Llevaba ropa cómoda y una enorme sonrisa en el rostro.

—¡Ah! ¡Debes ser Haruhiko! —dijo con entusiasmo.

El zorro quedó completamente desconcertado.

—¿Eh... sí?

El gato hizo una pequeña reverencia.

—¡Bienvenido a casa! Debes estar agotado después del viaje.

Antes de que Haruhiko pudiera responder, el gato tomó una de sus maletas con naturalidad.

—Déjame ayudarte con eso.

—Espera, ¿qué...? ¿Quién eres?

El gato soltó una pequeña risa.

—Cierto, cierto. Debería presentarme primero.

Se acomodó frente a él y sonrió.

—Soy Benshiro Gushiken. Mucho gusto.

Haruhiko tardó unos segundos en procesar la información.

—Haruhiko Poku... mucho gusto.

—Tus padres me hablaron bastante de ti.

Aquello hizo que las orejas del zorro se levantaran inmediatamente.

—¿Mis padres?

Benshiro asintió.

—Sí. Bueno... supongo que olvidaron avisarte.

Haruhiko sintió un mal presentimiento.

Benshiro dejó la maleta junto a la entrada y cruzó los brazos.

—Tus padres pensaron que sería buena idea que tuvieras un compañero de vivienda.

—¿Un... compañero?

—Un roommate... Hace unas dos semanas estuve en Los Ángeles hablando con ellos. Yo había colaborado a distancia con su estudio durante unas semanas…

Haruhiko permaneció inmóvil.

—¿Qué?

—Ellos dijeron que nunca habías tenido la oportunidad de compartir casa con alguien y que podía ayudarte a adaptarte mejor a Tokio. Además, así no estarías solo mientras estudias.

Haruhiko abrió ligeramente la boca.

—¿Ellos decidieron eso sin preguntarme?

—Bueno... según tu mamá, si te lo decían antes ibas a preocuparte demasiado durante el viaje.

El zorro cerró los ojos.

Sí.

Probablemente tenía razón.

Era exactamente lo que habría hecho.

Benshiro soltó una pequeña carcajada.

—Para ser sincero, yo también me sorprendí cuando me lo propusieron.

—¿Y aceptaste?

—Claro. Yo también estudiaré en la misma universidad y pensé que podría ser divertido.

Haruhiko observó nuevamente el interior de la casa.

Todo estaba ordenado.

Había cajas vacías, algunos libros sobre una mesa y el aroma de comida recién preparada flotaba en el ambiente.

Por primera vez desde que había llegado a Japón, sintió que el lugar no era tan ajeno.

Aunque seguía siendo extraño.

—Tenemos dos semanas antes de que comiencen las clases.

Levantó el pulgar.

—Tiempo suficiente para conocernos, enseñarte la ciudad y ayudarte a sobrevivir a tu jet lag.

Haruhiko permaneció en silencio unos segundos.

Luego soltó una pequeña risa resignada.

Quizá aquella experiencia no sería tan mala después de todo.

Tomó su mochila, cruzó la puerta y entró en su nuevo hogar.

La lluvia comenzó poco después de que Haruhiko terminara de subir sus pertenencias al segundo piso.

Al principio fueron apenas unas gotas golpeando suavemente las ventanas.

Después, el sonido se convirtió en un constante murmullo que envolvió toda la casa.

Era una lluvia tranquila, de esas que parecían invitar al descanso.

La habitación que sería de Haruhiko era sencilla pero acogedora. Tenía una cama individual junto a una ventana, un escritorio amplio, una biblioteca vacía esperando ser ocupada y algunas plantas pequeñas que alguien había dejado sobre el alféizar.

—Las traje hace unos días —explicó Benshiro mientras acomodaba una caja—. Pensé que harían el lugar un poco menos aburrido.

Haruhiko sonrió.

—Gracias.

—¿Te gustan?

—Sí. Mucho.

La habitación aún estaba lejos de sentirse completamente suya, pero poco a poco comenzaba a adquirir algo de personalidad.

Algunos libros en inglés y japonés descansaban sobre el escritorio.

Unas fotografías familiares habían sido colocadas sobre una repisa.

Y varias figuras coleccionables que trajo desde Estados Unidos ya ocupaban un pequeño espacio cerca de la ventana.

Benshiro observó una de ellas.

—Creo que nos llevaremos bien.

—Eso espero. Aún nos quedan dos semanas para descubrirlo.

Cuando terminaron de ordenar las cajas más importantes, Benshiro estiró los brazos.

—Creo que merecemos un descanso.

—Estoy de acuerdo.

—¿Qué tal un poco de té?

—¿Té japonés?

Benshiro sonrió.

—No.

Se llevó una mano al pecho con dramatismo.

—Té inglés.

Haruhiko levantó una ceja.

—Eso no era lo que esperaba escuchar.

—Tengo gustos internacionales.

Minutos después, ambos se encontraban sentados en la sala.

Las luces cálidas iluminaban suavemente el espacio.

La lluvia seguía cayendo afuera.

En un pequeño reproductor sonaba una tranquila melodía de jazz que llenaba la habitación con notas suaves de piano y saxofón.

El aroma del té recién preparado se mezclaba con el olor a madera y lluvia.

Por primera vez desde que había aterrizado en Japón, Haruhiko sintió que el cansancio empezaba a desaparecer.

Tomó un sorbo de su taza.

—Está bueno.

—Lo sabía.

—¿Siempre escuchas jazz?

—Cuando llueve.

—¿Por alguna razón especial?

Benshiro se encogió de hombros.

—Simplemente hace que todo se sienta más tranquilo.

Haruhiko miró por la ventana.

Las gotas recorrían el cristal lentamente.

—Sí... supongo que tienes razón.

Durante varios minutos hablaron sobre cosas sencillas.

Música.

Películas.

Series animadas.

Videojuegos.

Comida favorita.

Descubrieron que ambos disfrutaban dibujar, que les gustaban las caminatas nocturnas y que compartían cierta fascinación por las cafeterías pequeñas y escondidas.

Poco a poco, Haruhiko comenzó a relajarse.

Las respuestas cortas dieron paso a conversaciones más largas.

Sus orejas dejaron de mantenerse tensas.

Y una sonrisa aparecía cada vez con más frecuencia en su rostro.

Benshiro lo notó.

—Parece que ya no estás tan preocupado.

Haruhiko soltó una pequeña risa.

—Supongo que me tomó por sorpresa todo esto.

—Lo entiendo.

—Hace unas horas estaba convencido de que había llegado a la casa equivocada.

—Y ahora estás tomando té con un desconocido mientras escuchas jazz bajo la lluvia.

—Cuando lo dices así, suena bastante extraño.

—Pero agradable.

Haruhiko observó su taza durante unos segundos.

—Sí.

Agradable.

Hubo un breve silencio.

Uno cómodo.

Natural.

Después Benshiro preguntó:

—¿Siempre has vivido en Estados Unidos?

Haruhiko asintió.

—Nací allí.

Mis padres son japoneses, pero llevan muchos años viviendo en Los Ángeles.

—Debe ser interesante tener doble nacionalidad...

—Oye... ¿Puedo preguntarte... cómo llegaste a trabajar con mis padres?

—Eh... En realidad no trabajé directamente para ellos... Y sólo duré unas semanas... Pero al menos tuvieron buenas impresiones de mí.

—Ya veo...

Buscando alejar la conversación de eso, Benshiro comentó

—Les ha ido bastante bien a tus padres con ese estudio por lo que veo...

—Sí... Eso es lo que les dio estabilidad para construir una buena vida allá.

—¿Han trabajado en algo conocido?

Haruhiko sonrió con cierta timidez.

—Nunca les pregunté demasiado sobre eso.

Bueno, sí lo hice algunas veces, pero siempre terminábamos hablando de otras cosas.

Además, les gusta mantener separado el trabajo de la vida familiar.

—Entiendo.

—Solo sé que aman lo que hacen.

Y creo que eso es suficiente.

Benshiro asintió lentamente.

—Debe ser bonito crecer en un ambiente así.

Haruhiko pensó unos segundos.

Recordó tardes enteras viendo a sus padres dibujar bocetos en casa.

Escuchando conversaciones sobre personajes, escenas y colores.

Pequeños momentos cotidianos que nunca había considerado especiales hasta ahora.

—Sí.

Creo que tuve suerte.

La lluvia continuó golpeando las ventanas.

La música siguió sonando.

Y mientras las horas avanzaban lentamente, Haruhiko comprendió algo importante.

Había llegado a Tokio esperando sentirse solo.

Esperando extrañar su hogar.

Esperando pasar semanas enteras tratando de adaptarse.

Sin embargo, en su primera noche en Japón, compartiendo una taza de té con alguien que apenas conocía, empezaba a sentir que quizá aquel lugar podría convertirse en un nuevo hogar.

Y que Benshiro Gushiken podría convertirse en mucho más que un simple compañero de vivienda.

Podría convertirse en su primer verdadero amigo en Japón.

La lluvia seguía cayendo con suavidad sobre el vecindario.

La música de jazz continuaba llenando la sala con un ambiente cálido y relajante, mientras el vapor de las tazas de té ascendía lentamente hacia el techo.

Haruhiko se encontraba mucho más cómodo que unas horas atrás.

Incluso había olvidado por momentos el cansancio del viaje.

Estaba a punto de comentar una anécdota sobre su infancia cuando su teléfono vibró sobre la mesa.

Miró la pantalla.

Mamá.

Sonrió de inmediato.

—Supongo que querían asegurarse de que sigo vivo.

Benshiro soltó una pequeña risa.

—Parece algo que harían los padres.

Haruhiko abrió el mensaje.

“¿Llegaste bien? ¿La casa está en orden? ¿Conociste a Benshiro? Espero que no hayas pasado todo el día sin comer. Descansa mucho y escríbenos cuando puedas.”

Haruhiko sonrió.

—Definitivamente es ella.

Mientras comenzaba a escribir una respuesta, otra notificación apareció en la pantalla.

Su expresión cambió ligeramente.

—¿Eh?

Benshiro inclinó la cabeza.

—¿Todo bien?

—Creo que sí.

Haruhiko abrió la aplicación bancaria.

Sus ojos se abrieron un poco más.

Había recibido una transferencia reciente.

Y no era precisamente pequeña.

—¿Qué sucede?

—Mis padres me enviaron dinero.

—¿Dinero para instalarte?

Haruhiko leyó el siguiente mensaje enviado por su madre:

Antes de que preguntes, sí, es para ti.

Tu padre y yo pensamos que sería buena idea que tuvieras un automóvil propio mientras estés estudiando aquí.

No queremos que dependas siempre del transporte público, especialmente si necesitas volver tarde de la universidad o salir a algún lugar.

No es suficiente para comprar algo lujoso, así que no te emociones demasiado.

Nada de deportivos extravagantes.

Busca algo práctico, seguro y confiable.

Y no olvides comparar precios.

Haruhiko soltó una pequeña carcajada.

—Eso último definitivamente también lo escribió ella.

Benshiro tomó un sorbo de té.

—¿Cuánto te enviaron?

Haruhiko mostró la pantalla.

El gato gris silbó suavemente.

—Bueno... definitivamente no alcanza para un Ferrari.

—Ni para un Mercedes nuevo.

—Pero sí para muchas opciones interesantes.

—Supongo.

Haruhiko volvió a mirar la cifra.

Era una cantidad considerable para un estudiante.

No era una fortuna.

Pero sí suficiente para pensar seriamente en adquirir un vehículo usado en buen estado.

Algo cómodo.

Algo práctico.

Tal vez incluso algo divertido de conducir.

Benshiro apoyó una mano sobre la mesa.

—¿Y qué piensas hacer?

Haruhiko reflexionó unos segundos.

—No tengo idea.

Nunca he comprado un auto.

En Estados Unidos siempre usaba el de mis padres o me movía en transporte público.

—Entonces tenemos misión para mañana.

Haruhiko levantó la mirada.

—¿Misión?

Benshiro sonrió ampliamente.

—Buscar tu primer automóvil.

—¿Tan rápido?

—Claro.

Tenemos dos semanas antes de que comiencen las clases.

¿Y qué mejor manera de aprovecharlas que explorando concesionarios y lotes de autos usados?

Haruhiko rió.

—Lo dices como si fuera una aventura.

—Porque lo es.

Comprar tu primer auto siempre es una aventura.

—¿Y sabes algo sobre automóviles?

Benshiro adoptó una expresión orgullosa.

—Mi abuelo tenía un taller mecánico.

Aprendí algunas cosas.

No soy un experto, pero puedo distinguir un buen negocio de uno terrible.

Haruhiko pareció tranquilizarse.

—Eso ayuda bastante.

—Además, podremos recorrer la ciudad.

Conocer algunos lugares.

Comer algo rico.

Y tal vez encontrar el auto perfecto.

Haruhiko volvió a mirar el mensaje de su madre.

“Y por favor, no compres algo raro solo porque se vea bonito.”

No pudo evitar sonreír.

—Mi mamá ya sospecha que podría tomar malas decisiones.

—¿Y tiene razón?

—Probablemente.

Benshiro soltó una carcajada.

—Entonces es bueno que me tengas.

Haruhiko apoyó la espalda en el sofá mientras escuchaba el sonido de la lluvia.

—Está bien —dijo finalmente—.

Mañana iremos a buscar autos.

Benshiro levantó su taza.

—Por las decisiones impulsivas pero financieramente responsables.

Haruhiko levantó la suya.

—Por encontrar algo que no se descomponga en una semana.

Las dos tazas chocaron suavemente.

Y mientras la lluvia seguía acompañando la noche de Tokio, ambos comenzaron a hablar sobre marcas, modelos y posibilidades.

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