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Ecos de la noche / El camión maldito

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Summary

La noche esconde cosas desconocidas y algunas veces enfrenta a situaciónes que nunca imaginamos . Solo porque el destino o quizá algo más quería mostrarnos ... Chihuehueteo...

Genre
Horror
Author
VI Per S.
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1


El camión maldito ..

El último resplandor del sol fue cayendo

lentamente hasta convertirse en total oscuridad

que de a poco fue consumiendo en su totalidad

los alrededores de las fábricas en la zona

industrial de Querétaro. El aire levantaba el polvo

formando remolinos que solos desaparecían un

aroma a ozono y polvo metálico se perdía en los

confines de aquel sitio. Yazmin desde la ventana

fue viendo como la oscura noche fue cayendo

hasta convertirse en una oscuridad infalible.

Pasaba ya de media noche. Se ajustó la

chaqueta delgada, inútil contra el frío viento que

soplaba en los desolados terrenos que rodeaban

su lugar de trabajo. Su turno en la planta de

autopartes había terminado tarde, y al salir a la

parada de autobús esta Lucia completamente

desierta. Tomo el celular para ver la hora. "Dios

santo, casi la 1 am. ". El resplandor de la

pantalla del celular iluminaba su rostro dándole

un aspecto casi fantasmal. Decidió Esperar un

poco el transporte que la llevaría a su casa .

Aunque para sus adentros sabía que ese podría

ser una invitación al peligro. Con el corazón

latiendole apresurado, y después de un rato de

espera de un autobús que nunca apareció y

temiendo que la noche se hiciera mas profunda,

decidió caminar pegada a la orilla de la carretera

desolada, cautelosa fue avanzando cobijjada

por las escasas y parpadeantes luces de las

farolas que semejaban algunos ojos

moribundos.

Sus pasos resonaban implacables en el silencio

, un eco solitario que parecía atraer las sombras

de los matorrales que se asomaban aterradores

a orilla de la carretera. Cada crujido, cada

zumbido cada cantar de los grillos la hacia

estremecer. Llevaba unos veinte minutos

caminado, sintiendo cómo el frío le calaba los

huesos, cuando un rugido conocido,

esperanzador y muy profundo rasgó la noche.

Por su espalda, dos enormes faros le

devolvieron el alma al cuerpo. Sus ojos

temerosos mlcambairon enseguida a una mitad

de alivio. Mientras la proyección de una silueta

alargada y temblorosa sobre el asfalto se iba

acercando a ella. -que alivio , Un camión de

pasajeros,- exclamó. Mientras el camión viejo,

con la pintura herrumbrosa, de tonos apagados

y ventanas empañadas, bajo su velocidad para

pararse justo junto a ella con un chirrido de

frenos que aunque molesto le dieron sosiego a

su corazón.

La puerta se abrió con un resoplido neumático.

En el umbral, apenas iluminado por una luz

interior amarillenta y débil, el conductor, un

hombre de rostro cetrino y ojos hundidos abrió

la puerta. El interior de aquel autobús parecía

lleno, siluetas inmóviles al parecer femeninas

ocupaban los asientos. Una mezcla de alivio y

profunda inquietud invadió a Yazmin. El frío y la

oscuridad afuera eran realmente abrumadore

s y aterradores, superando un grito de

advertencia instintiva que gritaba a su corazón

. Subió al autobús. , pagando con una moneda

que el conductor tomó con dedos largos y fríos

como el mármol. Señalando le que pasará al

interior del autobús sin decir palabra alguna.

El calor dentro fue alivio después de estar

congelándose afuera sin embargo se sentía

algo opresivo, dentro olía a tierra húmeda, a

humedad, a moho y algo más … un débil aroma

a cobre y flores marchitas. Ningún pasajero la

miró. Todos parecían dormidos rígidos,

envueltos en ropas oscuras y gastadas pelo

largo lo que sugirió a Yazmin que la mayoría

podrían ser mujeres. se apresuró hacia el único

asiento libre, junto al pasillo, sentada juntos a

ella a una figura alta y delgada cubierta con un

rebozo oscuro que le ocultaba el rostro. El

camión arrancó con un traqueteo que sacudió

los huesos.

Afuera, la luna luchaba por abrirse paso entre las

nubes bajas y veloces. En uno de esos breves

instantes en que la luz plateada se filtraba con

fuerza, iluminó el interior del autobús como un

flash frío y revelador.

Yazmin contuvo un grito ahogado en la garganta.

Los rostros a su alrededor, antes solo sombras

bajo chales o rebozos, fueron bañados por esa

luz lunar. Eran pálidos. Demacrados, Demasiado

pálidos. Una blancura cadavérica, como la cera

de una vela consumida. Pero lo que la heló hasta

la médula fueron las bocas. En muchos, apenas

entreabiertas o torcidas en una mueca que no

era sonrisa, sobresalían colmillos. Afilados,

puntiagudos, de un marfil amarillento que

contrastaba obscenamente con la palidez

mortuoria de sus labios. No eran humanos. No

podían serlo.

El terror, frío y agudo, le perforó el pecho. Y un

escalofrío la recorrió de pies a cabeza, Se

encogió en su asiento, tratando de contener el

temblor que sacudía sus piernas sus manos, su

cuerpo entero. ¿En qué ruta se había subido? Su

respiración se convirtió en un jadeo apenas

audible. - No puede ser que esto me esté

pasando a mi -

Entonces, La figura a su lado, envuelta en el

rebozo, se movió Lentamente, girando se hacie

ella. con una rigidez que hablaba de siglos de

quietud, giró la cabeza hacia ella. El rebozo se

deslizó ligeramente, dejando ver un rostro bajo la

luz intermitente de la luna. Era una mujer. Su piel

era como pergamino viejo y tirante sus venas se

asomaban bajo esa piel marchita. Pero fueron

sus ojos los que clavaron a Valeria al asiento: grandes, desproporcionadamente saltones,

negros como pozos sin fondo que absorbían la

escasa luz. No había emoción en ellos, solo una

antigüedad abismal.

Sus labios, finos y grisáceos, se separaron. No

mostró colmillos, pero su voz, cuando habló, fue

un susurro ronco, como piedras arrastrándose

en una tumba, con un tono de Advertencia

"*Tú… no deberías estar aquí*", dijo, cada palabra

goteando una eternidad aterradora. Mientras

volvía a cubrirse con el rebozo y darse la vuelta.

La frase resonó en la mente de Yazmin como

El repicar de campañas . Y entonces, como si

las palabras de la mujer de ojos saltones

hubieran abierto una compuerta en su memoria,

un recuerdo infantil irrumpió con fuerza, nítido y

escalofriante: las historias que su abuela solía

contarle en las noches de verano en su pueblo natal, historias susurradas junto al fogón para

asustarla y protegerla.

*"Las Cihuateteo, hija... Fueron Mujeres fuertes,

bellas, y valientes que murieron al dar a luz a su

primer hijo. Su pena es tan grande y su dolor tan

profundo que los dioses les permiten venir a la

tierra en ciertas noches, de cierta estación, se

han sabido casos en los que han sido.vistas en

los cruces de caminos... Pero no buscan a

cualquiera. Buscan guerreros, hombres fuertes,

hombres valientes para robarles su esencia vital,

su alma guerrera, y llevársela con ellas al

Mictlán, el inframundo. Para calmar su ira, su

dolor... Suelen aparecer como mujeres

hermosas, o como esqueletos con garras... y

tienen colmillos,, colmillos afilados para

beber la fuerza de los hombres.

*¡Cihuateteo!* El nombre resonó en su mente

como un grito. Este camión era su vehículo. Esta

ruta, esta ruta es la que las llevará a su cacería.

*"Buscan guerreros... hombres fuertes..."* La

advertencia de su compañera de asiento

cobraba sentido.: *"Tú no deberías estar aquí."*

No era su presa. Su presencia en ese autobús

Era un error, una anomalía en su ritual nocturno.

El terror se mezcló con una comprensión

abrumadora. El camión avanzó unos minutos

más, traqueteando siniestramente, mientras

Yazmin sentía docenas de pares de ojos pálidos

posarse sobre ella, no con hambre, sino con una

fría, incómoda curiosidad. Ella era La intrusa

que había invadido su espacio. La presión en el aire se volvió insoportable, cargada de una

energía antigua y resentida pero a la vez llena de

dolor.

De repente, sin previo aviso, el conductor accionó

los frenos. El camión se detuvo con un rechinar

metálico, que retumbó en su cabeza. en un

tramo aún más oscuro y desolado de la

carretera, dónde las luces de la ciudad no

alcanzaban ni a verse. Ahí frente a un terreno

baldío la maleza alta parecía susurrar con el

viento voces antiguas e inteligibles.

La puerta se abrió El conductor no se volvió. Simplemente levanto la mano y esperó.

La mujer del rebozo y los ojos saltones inclinó levemente la cabeza hacia la puerta abierta. Su mirada negra e inescrutable era una orden silenciosa. *Baja. Es mejor que te vayas ahora."

Yazmin con el corazón encogido de miedo no lo

pensó. El instinto de supervivencia, alimentado

por el terror y el recuerdo de las historias de su

abuela, la impulsó. Se levantó como un resorte,

tropezando, y se lanzó hacia la salida. Sintió las

miradas frías de las pasajeras del camión

clavadas en su espalda, una presión gélida que

la empujaba hacia la noche como algo impuro,

fuera de lugar.

Cayó al asfalto frío, de rodillas, raspándose las

manos. Antes de que pudiera volverse, la puerta

se cerró de golpe con un sonido definitivo

. El motor rugió con una furia repentina, el

camión arrancó, acelerando y yendo

anormalmente rápido. En cuestión de segundos

, sus luces traseras se convirtieron en dos puntos

rojos que se desvanecieron en la oscuridad

como ojos que se cerraban.

Yazmin se quedó de rodillas jadeando, rodeada

por un silencio repentino y abrumador. El viento

nocturno soplaba con más fuerza ahora, y el frío

se había acrecentado los dos frío y viento

parecían llevar un susurro que no era natural

: como lamentos femeninos mezclados con el

roce de telas secas.

Se levantó temblando, frotándose los brazos

. Para aminorar el frío que calaba su cuerpo .

Comenzó a caminar de prisa, casi corriendo,

alejándose del lugar de la parada, internándose

en la oscuridad de reto de percato que estaba

detrás de una colina. Abajo se avistaban ya las

luces de la ciudad aceleró el paso y tan solo

unos minutos después un auto se detuvo a su

lado. Le ofreció llevarla y ella sin pensarlo

abordo el auto. Quería alejarse lo más pronto de

ahi. Ya casi amanecia y al claro del alba que se

avecinaba sabía que la acompañaría siempre la

imagen de los rostros pálidos y los colmillos

sabía ahora que las historias de su abuela eran

reales. Y tenía la plena certeza que de pensarlo

le helaba la sangre, que aquel camión no

transportaba vampiros Transportaba *dolor

transortaba ira divina* encarnada en mujeres

que habían perdido todo y ahora solo buscaban

mitigar un poco su dolor ...

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