Chapter 1
El camión maldito ..
El último resplandor del sol fue cayendo
lentamente hasta convertirse en total oscuridad
que de a poco fue consumiendo en su totalidad
los alrededores de las fábricas en la zona
industrial de Querétaro. El aire levantaba el polvo
formando remolinos que solos desaparecían un
aroma a ozono y polvo metálico se perdía en los
confines de aquel sitio. Yazmin desde la ventana
fue viendo como la oscura noche fue cayendo
hasta convertirse en una oscuridad infalible.
Pasaba ya de media noche. Se ajustó la
chaqueta delgada, inútil contra el frío viento que
soplaba en los desolados terrenos que rodeaban
su lugar de trabajo. Su turno en la planta de
autopartes había terminado tarde, y al salir a la
parada de autobús esta Lucia completamente
desierta. Tomo el celular para ver la hora. "Dios
santo, casi la 1 am. ". El resplandor de la
pantalla del celular iluminaba su rostro dándole
un aspecto casi fantasmal. Decidió Esperar un
poco el transporte que la llevaría a su casa .
Aunque para sus adentros sabía que ese podría
ser una invitación al peligro. Con el corazón
latiendole apresurado, y después de un rato de
espera de un autobús que nunca apareció y
temiendo que la noche se hiciera mas profunda,
decidió caminar pegada a la orilla de la carretera
desolada, cautelosa fue avanzando cobijjada
por las escasas y parpadeantes luces de las
farolas que semejaban algunos ojos
moribundos.
Sus pasos resonaban implacables en el silencio
, un eco solitario que parecía atraer las sombras
de los matorrales que se asomaban aterradores
a orilla de la carretera. Cada crujido, cada
zumbido cada cantar de los grillos la hacia
estremecer. Llevaba unos veinte minutos
caminado, sintiendo cómo el frío le calaba los
huesos, cuando un rugido conocido,
esperanzador y muy profundo rasgó la noche.
Por su espalda, dos enormes faros le
devolvieron el alma al cuerpo. Sus ojos
temerosos mlcambairon enseguida a una mitad
de alivio. Mientras la proyección de una silueta
alargada y temblorosa sobre el asfalto se iba
acercando a ella. -que alivio , Un camión de
pasajeros,- exclamó. Mientras el camión viejo,
con la pintura herrumbrosa, de tonos apagados
y ventanas empañadas, bajo su velocidad para
pararse justo junto a ella con un chirrido de
frenos que aunque molesto le dieron sosiego a
su corazón.
La puerta se abrió con un resoplido neumático.
En el umbral, apenas iluminado por una luz
interior amarillenta y débil, el conductor, un
hombre de rostro cetrino y ojos hundidos abrió
la puerta. El interior de aquel autobús parecía
lleno, siluetas inmóviles al parecer femeninas
ocupaban los asientos. Una mezcla de alivio y
profunda inquietud invadió a Yazmin. El frío y la
oscuridad afuera eran realmente abrumadore
s y aterradores, superando un grito de
advertencia instintiva que gritaba a su corazón
. Subió al autobús. , pagando con una moneda
que el conductor tomó con dedos largos y fríos
como el mármol. Señalando le que pasará al
interior del autobús sin decir palabra alguna.
El calor dentro fue alivio después de estar
congelándose afuera sin embargo se sentía
algo opresivo, dentro olía a tierra húmeda, a
humedad, a moho y algo más … un débil aroma
a cobre y flores marchitas. Ningún pasajero la
miró. Todos parecían dormidos rígidos,
envueltos en ropas oscuras y gastadas pelo
largo lo que sugirió a Yazmin que la mayoría
podrían ser mujeres. se apresuró hacia el único
asiento libre, junto al pasillo, sentada juntos a
ella a una figura alta y delgada cubierta con un
rebozo oscuro que le ocultaba el rostro. El
camión arrancó con un traqueteo que sacudió
los huesos.
Afuera, la luna luchaba por abrirse paso entre las
nubes bajas y veloces. En uno de esos breves
instantes en que la luz plateada se filtraba con
fuerza, iluminó el interior del autobús como un
flash frío y revelador.
Yazmin contuvo un grito ahogado en la garganta.
Los rostros a su alrededor, antes solo sombras
bajo chales o rebozos, fueron bañados por esa
luz lunar. Eran pálidos. Demacrados, Demasiado
pálidos. Una blancura cadavérica, como la cera
de una vela consumida. Pero lo que la heló hasta
la médula fueron las bocas. En muchos, apenas
entreabiertas o torcidas en una mueca que no
era sonrisa, sobresalían colmillos. Afilados,
puntiagudos, de un marfil amarillento que
contrastaba obscenamente con la palidez
mortuoria de sus labios. No eran humanos. No
podían serlo.
El terror, frío y agudo, le perforó el pecho. Y un
escalofrío la recorrió de pies a cabeza, Se
encogió en su asiento, tratando de contener el
temblor que sacudía sus piernas sus manos, su
cuerpo entero. ¿En qué ruta se había subido? Su
respiración se convirtió en un jadeo apenas
audible. - No puede ser que esto me esté
pasando a mi -
Entonces, La figura a su lado, envuelta en el
rebozo, se movió Lentamente, girando se hacie
ella. con una rigidez que hablaba de siglos de
quietud, giró la cabeza hacia ella. El rebozo se
deslizó ligeramente, dejando ver un rostro bajo la
luz intermitente de la luna. Era una mujer. Su piel
era como pergamino viejo y tirante sus venas se
asomaban bajo esa piel marchita. Pero fueron
sus ojos los que clavaron a Valeria al asiento: grandes, desproporcionadamente saltones,
negros como pozos sin fondo que absorbían la
escasa luz. No había emoción en ellos, solo una
antigüedad abismal.
Sus labios, finos y grisáceos, se separaron. No
mostró colmillos, pero su voz, cuando habló, fue
un susurro ronco, como piedras arrastrándose
en una tumba, con un tono de Advertencia
"*Tú… no deberías estar aquí*", dijo, cada palabra
goteando una eternidad aterradora. Mientras
volvía a cubrirse con el rebozo y darse la vuelta.
La frase resonó en la mente de Yazmin como
El repicar de campañas . Y entonces, como si
las palabras de la mujer de ojos saltones
hubieran abierto una compuerta en su memoria,
un recuerdo infantil irrumpió con fuerza, nítido y
escalofriante: las historias que su abuela solía
contarle en las noches de verano en su pueblo natal, historias susurradas junto al fogón para
asustarla y protegerla.
*"Las Cihuateteo, hija... Fueron Mujeres fuertes,
bellas, y valientes que murieron al dar a luz a su
primer hijo. Su pena es tan grande y su dolor tan
profundo que los dioses les permiten venir a la
tierra en ciertas noches, de cierta estación, se
han sabido casos en los que han sido.vistas en
los cruces de caminos... Pero no buscan a
cualquiera. Buscan guerreros, hombres fuertes,
hombres valientes para robarles su esencia vital,
su alma guerrera, y llevársela con ellas al
Mictlán, el inframundo. Para calmar su ira, su
dolor... Suelen aparecer como mujeres
hermosas, o como esqueletos con garras... y
tienen colmillos,, colmillos afilados para
beber la fuerza de los hombres.
*¡Cihuateteo!* El nombre resonó en su mente
como un grito. Este camión era su vehículo. Esta
ruta, esta ruta es la que las llevará a su cacería.
*"Buscan guerreros... hombres fuertes..."* La
advertencia de su compañera de asiento
cobraba sentido.: *"Tú no deberías estar aquí."*
No era su presa. Su presencia en ese autobús
Era un error, una anomalía en su ritual nocturno.
El terror se mezcló con una comprensión
abrumadora. El camión avanzó unos minutos
más, traqueteando siniestramente, mientras
Yazmin sentía docenas de pares de ojos pálidos
posarse sobre ella, no con hambre, sino con una
fría, incómoda curiosidad. Ella era La intrusa
que había invadido su espacio. La presión en el aire se volvió insoportable, cargada de una
energía antigua y resentida pero a la vez llena de
dolor.
De repente, sin previo aviso, el conductor accionó
los frenos. El camión se detuvo con un rechinar
metálico, que retumbó en su cabeza. en un
tramo aún más oscuro y desolado de la
carretera, dónde las luces de la ciudad no
alcanzaban ni a verse. Ahí frente a un terreno
baldío la maleza alta parecía susurrar con el
viento voces antiguas e inteligibles.
La puerta se abrió El conductor no se volvió. Simplemente levanto la mano y esperó.
La mujer del rebozo y los ojos saltones inclinó levemente la cabeza hacia la puerta abierta. Su mirada negra e inescrutable era una orden silenciosa. *Baja. Es mejor que te vayas ahora."
Yazmin con el corazón encogido de miedo no lo
pensó. El instinto de supervivencia, alimentado
por el terror y el recuerdo de las historias de su
abuela, la impulsó. Se levantó como un resorte,
tropezando, y se lanzó hacia la salida. Sintió las
miradas frías de las pasajeras del camión
clavadas en su espalda, una presión gélida que
la empujaba hacia la noche como algo impuro,
fuera de lugar.
Cayó al asfalto frío, de rodillas, raspándose las
manos. Antes de que pudiera volverse, la puerta
se cerró de golpe con un sonido definitivo
. El motor rugió con una furia repentina, el
camión arrancó, acelerando y yendo
anormalmente rápido. En cuestión de segundos
, sus luces traseras se convirtieron en dos puntos
rojos que se desvanecieron en la oscuridad
como ojos que se cerraban.
Yazmin se quedó de rodillas jadeando, rodeada
por un silencio repentino y abrumador. El viento
nocturno soplaba con más fuerza ahora, y el frío
se había acrecentado los dos frío y viento
parecían llevar un susurro que no era natural
: como lamentos femeninos mezclados con el
roce de telas secas.
Se levantó temblando, frotándose los brazos
. Para aminorar el frío que calaba su cuerpo .
Comenzó a caminar de prisa, casi corriendo,
alejándose del lugar de la parada, internándose
en la oscuridad de reto de percato que estaba
detrás de una colina. Abajo se avistaban ya las
luces de la ciudad aceleró el paso y tan solo
unos minutos después un auto se detuvo a su
lado. Le ofreció llevarla y ella sin pensarlo
abordo el auto. Quería alejarse lo más pronto de
ahi. Ya casi amanecia y al claro del alba que se
avecinaba sabía que la acompañaría siempre la
imagen de los rostros pálidos y los colmillos
sabía ahora que las historias de su abuela eran
reales. Y tenía la plena certeza que de pensarlo
le helaba la sangre, que aquel camión no
transportaba vampiros Transportaba *dolor
transortaba ira divina* encarnada en mujeres
que habían perdido todo y ahora solo buscaban
mitigar un poco su dolor ...
by Viperz 2025