Capítulo único
El Reino champiñón estaba de fiesta.
Había música, mesas llenas de comida y guirnaldas por todas partes. Mario estaba junto a Luigi, disfrutando tranquilamente de la celebración, mientras Peach saludaba a los invitados.
De repente...
¡BOOOOOOOOM!
Las puertas del castillo se abrieron de golpe.
-¡MARIO!- rugió una voz conocida. Todos se quedaron paralizados. Los Toads corrieron en todas direcciones.
-¡Bowser!- gritó uno - ¡Ha vuelto para secuestrar a la princesa!.
Peach suspiró.
-¿Otra vez?-.
Bowser avanzó por el salón con sus enormes pisadas. Su expresión era tan seria que nadie se atrevió a detenerlo.
Mario adoptó su clásica pose de combate.
-¡BOWSER!-.
Pero el rey de los Koopas paró frente a él.
Mario parpadeó.
-¿Eh?-.
Bowser se detuvo justo delante de él. Entonces, con una extraña solemnidad, sacó algo que había estado escondiendo detrás de su espalda.
Un enorme ramo de plantas carnívoras.
Todas llevaban pequeños lazos rojos.
El salón quedó en completo silencio. Una de las plantas abrió la boca y soltó un pequeño:
-Ñam-.
Mario miró el ramo.
Luego a Bowser.
Luego otra vez al ramo.
-¿Esto...es para mí?-.
Bowser se puso rojo hasta los cuernos.
-¡N-NO ES LO QUE PARECE!-.
Luigi levantó una ceja.
-¿Entonces?-.
-¡ES...UNA OFRENDA DE GUERRA!-.
Peach miró el ramo.
-Con lazos-.
-¡DETALLES TÁCTICOS!-.
Mario tomó cuidadosamente el ramo.
Una planta intentó morderle el dedo.
-¡Ouch!-.
-¡¿VES?!- gritó Bowser -¡Son peligrosísimas! ¡Nadie más podría tenerlas!-.
Mario sonrió.
-Gracias, Bowser-.
El rostro del Koopa se volvió todavía más rojo.
-...-.
Todos los Toads empezaron a cuchichear.
-¿Bowser acaba de regalarle flores?-.
-¡Son plantas carnívoras!-.
-¡Pero tienen lazos!-.
Peach se llevó una mano a la boca.
Bowser se giró hacia la salida.
-¡ME VOY!-.
Mario lo llamó:
-¡Bowser!-.
El Koopa se detuvo.
-¿Sí?-.
Mario levantó el ramo.
-...Gracias-.
Bowser se quedó inmóvil durante unos segundos.
-...-.
-...-.
-¡CÁLLATE!-.
Y salió disparado del castillo mientras Mario se reía.
Luigi miró a su hermano mayor.
-Mario...-.
-¿Sí?, hermanito-.
-Creo que le gustas-.
Mario miró las plantas, que agitaban sus hojas alegremente.
-Creo que sí-.
Una de ellas intentó morderle otra vez.
-¡Y creo que ellas también!- Luigi reía.








