Capítulo 1: El peso de ser Kael
La noche parecía perseguir a la pequeña figura que corría sin detenerse, sus pequeños pies apenas podían seguir el ritmo mientras atravesaban el bosque que tenía al frente. Por momentos el niño tropezaba pero a pesar del dolor seguía levantándose. Aun así, en ningún momento se atrevió a mirar atrás.
Podía escucharlos, gruñidos, pisadas, risas ásperas que lo hacían temblar del miedo.
Un grupo de *hobgoblins lo perseguían sin parar, las lágrimas del niño empañaban su visión mientras trataba de mantener la distancia con ellos, lo cual lo consiguió durante apenas unos minutos que para él habían sido una eternidad.
Su respiración entrecortada quemaba su garganta, a pesar de poseer una fuerza que superaba la de alguien de su edad, la diferencia entre él y aquellas criaturas seguía siendo inmensa.
Solo podía correr desesperadamente esperando que esos monstruos se olvidaran de él, sus piernas poco a poco comenzaron a fallar hasta que finalmente cedieron y cayó rendido sobre el suelo sin fuerzas para volver a levantarse.
Mientras los gruñidos se acercaban el niño cerró los ojos con desesperación y lo único que pudo pensar fue en su cálida familia, a lo cual esbozó una débil sonrisa hasta que todo quedó en silencio.
...
Al abrir los ojos lo primero que vi fue un cielo magnífico, miles de estrellas lo iluminaban; había toda clase de astros inmensos y de vez en cuando una estrella fugaz atravesaba aquel cielo como si el mismo mundo estuviera celebrando algo.
—Hermoso...
Las palabras escaparon de mis labios casi por instinto, por un instante pensé que estaba en otro de mis sueños extraños que siempre había tenido, pero entonces... un dolor insoportable atravesó mi cabeza.
Sentí como si cientos de recuerdos intentaran abrirse paso al mismo tiempo, personas, voces, nombres, emociones... Dos vidas diferentes chocaban dentro de mí. El dolor me obligó a incorporarme de golpe y entonces empecé a respirar con dificultad mientras me llevaba una mano al pecho.
Baje lentamente la mirada y vi unas manos pequeñas, estaban cubiertas de rasguños y manchas de sangre seca. El frío del lugar me hizo mirar alrededor, árboles de un intenso color violeta y azul se alzaban por todo el lugar, formando un paisaje hermoso y algo inquietante. Sin embargo, no se escuchaba absolutamente nada, ni insectos, ni animales, ni siquiera el viento, solo silencio.
—Esto no parece normal
Señale apenas el dolor me lo permitió, ordenando aquel caos que inundaba mi mente o al menos intentando.
—*Hobgoblins...
*Son una variante evolucionada de los duendes, de mayor tamaño, fuerza e inteligencia, capaces de utilizar armas y coordinar sus ataques, por lo que enfrentarse a un grupo puede resultar especialmente peligroso.
Ese nombre apareció antes que cualquier otro, los recuerdos que no me pertenecían empezaron a encajar lentamente trayendo consigo culpa, indignación y envidia...
—Así que también te llamabas Kael... ¿Es esta una coincidencia hermosa o trágica?
Al volver a mirar esas manos pequeñas no podía entender cómo un niño pudo morir de esa manera y mucho menos por qué su cuerpo seguía intacto, tragué saliva.
—¿Moriste o fui yo quien te arrebató esta vida?
Solo imaginar aquella posibilidad hizo que un peso insoportable se instalara en mi pecho, de todas las personas, tuvimos que ser nosotros. Él merecía vivir mucho más que alguien como yo.
Cerré los ojos y entonces otro recuerdo apareció.
La de un niño levantando su pequeño puño hacia el cielo, con una sonrisa llena de ilusión.
—¡Papá! ¡Algún día seré más fuerte que tú y acabaré con todas las guerras!
No pude evitar sonreír, qué sueño tan codicioso e ingenuo, tan imposible y al mismo tiempo... tan hermoso.
Aquel recuerdo hizo que sintiera algo que creí haber perdido hace mucho tiempo.
Esperanza...
Y así, con renovadas fuerzas, intenté levantarme apoyándome en el tronco de un árbol. Mis piernas todavía temblaban, pero mi atención estaba puesta frente a mí.
Un mundo completamente desconocido. Otra vida, otro comienzo.
Exhalé lentamente.
—Pequeño, no dejare que esa promesa tuya muera contigo
...
Ducado Valthera
Mientras el sonido de la pluma recorría lentamente el papel, Aldren Valthera repasaba a regañadientes por tercera vez el mismo informe destinado al emperador.
No era un documento importante sino otro informe que el emperador solicitaba pero nunca leía. Dejó escapar un suspiro.
—Qué desperdicio de tiempo...
Antes de que pudiera volver a escribir sintió una presión indescriptible. Su mano se detuvo y la tinta cayó formando una pequeña marca sobre el documento.
Los ojos de Aldren se alzaron inmediatamente hacia la ventana y entonces lo vio.
Una inmensa columna de luz ascendía desde el bosque fronterizo, era una luz hipnótica casi adictiva de contemplar, incluso para alguien con una fortaleza mental como la de Aldren.
Esto no es provocado por ninguno de los Pilares... entonces...
El solo pensamiento le resultaba tan aterrador, en eso la puerta del despacho se abrió de inmediato.
Ryan, capitán de la guardia personal del duque, entró sin necesidad de ser anunciado.
—Mi lord.
Aldren no apartó la vista de la ventana y con voz firme habló
—Ryan, llévate un pelotón completo, haz que nueve caballeros y cinco magos inspeccionen inmediatamente el origen de esa luz.
—Entendido.
Ryan dio media vuelta dispuesto a irse, pero se detuvo apenas un instante.
—Mi lord, también quería informarle algo...
Aldren frunció ligeramente el ceño.
—Habla.
—El joven Kael no se encuentra dentro de la fortaleza desde hace aproximadamente una hora.
El despacho del duque quedó en completo silencio. Ryan sintió un escalofrío cuando la temperatura de la habitación descendió algunos grados.Aun así, Aldren seguía observando la luz, pero sus ojos habían cambiado.
—Me corrijo —su voz sonó mucho más grave— Envía también a Amelia exclusivamente para traer a Kael.
Ryan asintió rápidamente.
—Como ordene, mi lord.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, Aldren permaneció inmóvil. La luz siguió iluminando el horizonte durante unos segundos más antes de desaparecer, él sabía que no era el único que la había visto, otros ducados, otros reinos y quizás incluso algunos Pilares, todos debían haberse percatado de aquel fenómeno pero nada de eso ocupaba realmente su mente.
Cerró los ojos un instante, no podía permitirse pensar como un padre, no ahora... pero si Kael no regresaba, el juramento que había respetado durante décadas con el emperador dejaría de tener sentido para él.
...
El bosque, silencioso hasta hace unos momentos, volvió a llenarse de movimiento. Decenas de soldados recorrían cada sendero, caballeros revisaban el terreno y magos utilizaban conjuros de rastreo con la intención de dar con la causa de aquella luz pero entre todos solo una persona se dirigía al centro del bosque.
Una joven llamada Amelia avanzaba sin descanso, su armadura apenas hacía ruido mientras llevaba un ritmo constante. Amelia, una guerrera de cinco estrellas, recibió hace poco mas de cinco minutos un comunicado de que tenía que dirigirse a este lugar exclusivamente para buscar a Kael Valthera, el hijo favorecido por todos.
“Espero encontrarte rápido, pequeño Kael.”
Al desviar su mirada por un segundo se percató de que mientras más se acercaba al lugar donde apareció aquella luz menos presencias sentía.Al pensar en los cuatro largos años que lo vio crecer, su inquietud incrementó igual que sus pasos, empezó a usar su aura para poder acercarse lo más rápido posible, y entonces lo encontró, una pequeña figura apoyada en el tronco de un árbol, cubierta de sangre y con la ropa hecha jirones. Durante un instante sintió que el corazón dejaba de latirle.
—Está vivo...
Murmuró tratando de convencerse de que aquella visión no la había afectado y luego caminó hacia él, el niño giró lentamente el rostro y sus miradas se cruzaron, entonces Amelia se detuvo por un momento porque aquella mirada parecía intentar descifrar todo de ella, como si fuera la primera vez que la veía.
...
Durante algunos segundos ninguno de los dos habló, solo nos quedamos mirando, hasta que finalmente la joven guerrera fue la primera en romper el silencio.
—Pequeño Kael... El duque lo está buscando.
No respondí de inmediato, mi mirada permaneció sobre ella, analizando cada detalle sin siquiera darme cuenta, su cabello violeta que hacía ver el bosque como si fuera su territorio mientras que en su cintura descansaba una espada larga. Su postura era firme, propia de alguien acostumbrado al combate y había algo en sus ojos que me resultaba familiar.
Preocupación...
No parece una enemiga...
Los recuerdos del pequeño Kael comenzaron a mezclarse lentamente con los míos.
...Amelia
Una persona que había visto varias veces, ya sea entrenando en el patio junto a caballeros de menor rango, protegiendo la fortaleza e incluso alguna vez cargando al pequeño Kael sobre sus hombros cuando este insistía en seguir a los caballeros.
Y aun así... Aquellos recuerdos se sentían ajenos, como si pertenecieran a otra persona, irónicamente así era.
—S-Señorita... Amelia...
Mis palabras salieron con dificultad, me resultaba tan difícil hablar como el pequeño Kael.
Amelia sonrió ligeramente al instante, una sonrisa tan pequeña que cualquiera podría haber pasado por alto.
—Me alegra escuchar su voz, pequeño Kael.
Sus palabras parecieron relajar algo dentro de ella.
Tal vez notó algo extraño en mí, error mío.
—Volvamos a casa.
Casa...
Esa palabra quedó resonando dentro de mi cabeza, aquella palabra se me hacía tan ajena, a pesar de que para el pequeño Kael era algo normal.
...
El camino de regreso fue mucho más silencioso de lo que esperaba entre los dos, los soldados seguían inspeccionando el bosque y algunos intercambiaban informes.
—No encontramos restos.
—Ninguna criatura.
—Ni rastros de magia.
Cada frase hacía crecer una pregunta dentro de mí.
¿Qué ocurrió aquí?
Los recuerdos del pequeño Kael terminaban justo cuando cayó al suelo. Los míos comenzaron cuando abrí los ojos, de por medio había un vacío de recuerdos que no puedo llenar, de igual manera trate de no darle demasiadas vueltas
Mi prioridad es no hacer que duden de mi.
...
Conforme abandonábamos el bosque, comenzaron a aparecer los primeros caminos de piedra cuidadosamente construidos. Las señales de la fortaleza aparecieron poco a poco hasta que finalmente pude ver las murallas, las torres y también unos estandartes ondeando con un emblema que reconocí inmediatamente.
Valthera.
Era un lugar mucho más grande de lo que imaginaba, no era una simple fortaleza sino que también contenía una ciudad entera. Las enormes puertas permanecían abiertas, mientras los soldados iban y venían sin descanso.
Pero, en cuanto alguien me vio... todo pareció detenerse.
—¡El joven Kael!
Una criada dejó caer la canasta que llevaba entre las manos, un anciano cerró los ojos mientras murmuraba una oración de agradecimiento e incluso varios caballeros, hombres que apenas mostraban emociones, dejaron escapar un suspiro de alivio.
“Todos ellos... Lo querían.”
No a mí sino al pequeño Kael y aun así sentí que mi pecho se apretaba.
Atravesamos varios caminos hasta llegar a una mansión hermosa en el centro de la ciudad, Amelia retrocedió unos pasos y en ese momento las puertas se abrieron como si mi llegada fuera algún tipo de interruptor.
Ni siquiera tuve tiempo de observar el lugar cuando unos pasos resonaron con firmeza sobre el mármol, levanté lentamente la cabeza y lo vi.
Era él.
Alto y de hombros anchos, cabello oscuro como la noche. Su sola presencia imponía respeto, aquel respeto donde no necesitaba decir una palabra para que las demás personas guardaran silencio.
Aldren Valthera.
Esperé todo tipo de preguntas o incluso un regaño ya que el pequeño Kael había salido sin el permiso de nadie, pero nada de eso sucedió.
En apenas un instante, la distancia entre nosotros desapareció y sentí unos brazos rodeándome con fuerza.
No pude moverme, mi cuerpo quedó completamente rígido y mis manos permanecieron inmóviles a ambos lados, solo escuchaba una respiración temblorosa.
—...Estás vivo.
Este hombre... No me abrazó como un duque, me abrazó como un padre.
Antes de que pudiera procesar aquella sensación, otro calor me envolvió pero esta vez desde mi espalda. Unas manos temblorosas me sujetaron con fuerza.
—Kael...
Era la madre de Kael, Elena Valthera, su voz estaba quebrada.
—Todo está bien...
Sentí unas lágrimas humedecer mi hombro.
¿Qué... debería hacer?
No sabía cómo corresponder este cariño y preocupación, se me hacía un sentimiento tan ajeno que simplemente asentí.
Así que así se siente tener una familia, ¿eh?
...
A unos pasos de distancia, una joven observaba la escena en completo silencio.
Liria Valthera, la hermana mayor de Kael, había corrido hasta allí tan rápido como su cuerpo le permitió, al ver a su hermano sano y a salvo sintió que el aire volvía por fin a sus pulmones.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Gracias a los dioses
Pero esa tranquilidad duró muy poco.
Kael...
No había abrazado de vuelta a ninguno de sus padres, ni siquiera había intentado esconder el rostro en el pecho de su madre como siempre hacía cuando se asustaba. Simplemente permanecía quieto.
Sus ojos recorrían la habitación con una calma impropia de un niño de cuatro años, como si intentara comprender cada gesto, cada palabra, cada persona.
Y en ese momento... Kael levantó ligeramente la mirada y los ojos de ambos se encontraron.
Liria sintió un escalofrío recorrerle la espalda porque era su hermano, estaba completamente segura de ello.
Y, sin embargo... había algo en aquella mirada que nunca antes había visto. Algo lejano, algo... solitario.
Debe ser por el susto...



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