Prólogo
¿Sé puede enamorar alguien de un flechazo al corazón?
Vale, yo no lo he experimentado
En realidad, yo soy quién dispara la flecha, pero igualmente aún tengo mis dudas al hacer éste trabajo.
He estado en medió de éste asunto desde que tengo memoria, y aunque al principió era emocionante ver como ocurría esa magia llamada “Amor a Primera Vista” ya luego de dos o tres flechazos ponía en duda este método.
¿Serán capases las personas de enamorarse si yo no ejecutara mi labor?
¿Soy realmente útil o después de un tiempo la magia del amor se acabaría para ellos?
¿Es sólo un sentimiento fantasioso o es verdadero?
Después de algunos años aún no lo sé con certeza, lo único que sé es que no puedo abandonar mi trabajo o si no mi jefe me exiliaría ni más ni menos, eso con suerte.
Cuándo era niña, recuerdo que una vez le pregunte al jefe por curiosidad:
“¿Yo también me puedo enamorar cuándo sea mayor?”
Tenía la ilusión de que así si yo lo experimentaba de primera mano acabaría con las dudas en mi cabeza.
Pero mi jefe creo que no coincidía conmigo esa vez.
Recuerdo muy bien su expresión, aunque tuve la esperanza de que me contestará qué; cuando creciera, él disparará hacia mí y me enamoraría de una persona que estuviera destinada a mí, eso no fue lo que ocurrió.
Seriamente, él dijo: "el sacrificio de ésta maravillosa labor es permanecer viviendo tanto tiempo cómo esté a nuestro alcancé, infinitamente si es posible Adore mía, y cuándo es así, enamorarnos de alguien se vuelve finito, lo que duraría no recompensa el resto de tú duradera vida”.
En ese momento no lo entendía porqué ¿Cómo no podría recompensar algo que todas las personas anhelaban con desesperación?
Ahora creo que ya lo empiezo a entender.
Después de ver a tantas personas enamorarse, casarse y morir ya entiendo qué, si fuera ese mi destinó lo poco que duraría no sería más que un pestañeo, algo fugaz.
Yo no creo que pueda estar hecha para eso.
La incertidumbre de cuándo será la última vez con esa persona, o si nuestra historia no será una que merezca recordar…
El dolor que experimento de solo imaginarlo ya de por sí me hace no querer replantearme la idea.
Y por esa razón, no creía que fuera posible esta situación en la que me encuento ahora.
¿Qué diablos fue lo que hice? Esto no… Mierda.
El extraño joven me preguntá con esa mirada que ya me sé de memoria, la mirada de alguien que no podrá olvidar a la persona que esta mirando frente a frente así pasen miles de años.
–Disculpa, pero... ¿Puedo saber tú nombré?








