Una Segunda Vida, Reglas Diferentes
Morir no se parecía en nada a lo que había imaginado.
No hubo una luz al final de un túnel.
Ninguna voz divina.
Ningún ángel esperando para recibirme.
Ni siquiera tuve tiempo de arrepentirme de nada.
Lo último que recuerdo es el sonido de un claxon, unos faros acercándose demasiado rápido y la certeza de que no iba a poder esquivarlos.
Después...
Nada.
---
Lo primero que sentí al despertar fue el peso de las sábanas.
Lo segundo fue el dolor de cabeza.
Abrí los ojos lentamente.
Un techo blanco apareció frente a mí.
Parpadeé.
No reconocía aquella habitación.
Me incorporé con cuidado y miré alrededor.
Había un escritorio junto a la ventana, una estantería con varios libros, un armario y una mochila apoyada contra la pared.
La habitación no parecía la de un hospital.
Tampoco parecía un lugar desconocido.
De alguna manera, todo tenía una extraña sensación de familiaridad.
Me llevé una mano al pecho.
Mi corazón latía.
Fuerte.
Regular.
—¿Estoy vivo?
Mi voz me hizo detenerme.
Sonaba diferente.
Más joven.
Miré mis manos.
Dedos delgados. Piel limpia. Ninguna de las pequeñas cicatrices que recordaba tener.
Fruncí el ceño.
Me levanté de la cama y caminé hasta el espejo.
Entonces me quedé inmóvil.
El reflejo era el de un chico que parecía tener unos diecisiete años.
Cabello negro ligeramente desordenado.
Ojos oscuros.
Rostro delgado.
No era yo.
O, al menos, no era el yo que recordaba.
Me acerqué al espejo.
El chico hizo exactamente lo mismo.
—¿Qué demonios...?
Toqué mi cara.
El reflejo también.
No estaba soñando.
Fui hasta el escritorio y encontré un teléfono móvil.
La pantalla se encendió cuando lo levanté.
No tenía contraseña.
Eso ya era extraño.
Lo revisé rápidamente.
Redes sociales.
Mensajes.
Fotografías.
Aplicaciones.
Todo funcionaba con normalidad.
Incluso había conexión a internet.
Abrí el navegador.
Las noticias eran normales.
El clima era normal.
Los precios eran normales.
La fecha...
También era normal.
Era el mismo año en el que había muerto.
Me quedé mirando la pantalla durante varios segundos.
—No puede ser.
Abrí los contactos.
Había decenas de nombres que no reconocía.
Entonces encontré uno que aparecía repetido varias veces.
Mamá.
Debajo había otro.
Papá.
Tragué saliva.
Antes de poder decidir qué hacer, escuché unos pasos al otro lado de la puerta.
Me quedé quieto.
Tres golpes suaves.
—Ren, ¿estás despierto?
Una voz femenina.
Joven.
—Sí...
La puerta se abrió.
Una chica entró.
Parecía tener aproximadamente mi misma edad.
Cabello castaño recogido en una coleta sencilla, uniforme escolar perfectamente acomodado y una expresión tranquila.
Me miró durante unos segundos.
Después miró la habitación.
—¿Ya estás vestido?
Bajé la mirada.
Seguía llevando la ropa con la que había despertado.
—Todavía no.
—Lo imaginé.
Suspiró.
Dejó una bolsa sobre la cama.
—Tu uniforme está ahí. Tenemos que salir en cuarenta minutos.
—¿Tenemos?
Ella levantó una ceja.
—¿Estás bien?
—Sí.
—Estás raro.
—Acabo de despertarme.
—Eso no explica por qué me estás mirando como si nunca me hubieras visto.
Mi cuerpo se tensó.
Ella era importante para el dueño original de este cuerpo.
Y yo no tenía idea de quién era.
—Perdón —respondí—. Dormí mal.
La chica me observó unos segundos más.
Finalmente suspiró.
—Bueno. Baja cuando estés listo.
Se dio la vuelta y salió.
La puerta se cerró.
Solté el aire lentamente.
Había demasiadas preguntas.
¿Quién era Ren?
¿Dónde estaba?
¿Por qué tenía su cuerpo?
¿Y por qué todo parecía tan normal?
Me senté nuevamente en la cama.
Entonces algo apareció frente a mis ojos.
Una ventana translúcida.
No estaba en el teléfono.
Flotaba frente a mí.
Un tono azul tenue iluminaba el borde de la pantalla.
[Sistema de Habilidades Cotidianas iniciado.]
Me quedé mirando.
No reaccioné inmediatamente.
La ventana permaneció allí.
Parpadeé.
Seguía allí.
—...
Me levanté.
Caminé hacia un lado.
La ventana se movió conmigo.
—Esto tiene que ser una broma.
No desapareció.
Debajo del mensaje apareció otro.
[Usuario identificado: Ren Takahashi.]
[Edad: 17]
[Nivel: 1]
[Habilidades disponibles: 0]
Luego apareció una tercera ventana.
[Debido a la transición de alma, se otorgarán habilidades iniciales.]
[Procesando...]
Esperé.
[Habilidad adquirida: Cocina Lv.1]
Me quedé en silencio.
—¿Cocina?
[Habilidad adquirida: Limpieza Lv.1]
—...
[Habilidad adquirida: Lavandería Lv.1]
Miré al techo.
—¿En serio?
El sistema no respondió.
Por supuesto que no.
Después apareció una última notificación.
[Habilidad adquirida: Comunicación Lv.1]
Fruncí el ceño.
Aquello era ridículo.
Había muerto.
Había despertado en otro cuerpo.
Estaba en un mundo que parecía idéntico al mío.
Y el misterioso sistema que supuestamente debía concederme algún poder extraordinario me había dado habilidades domésticas.
No sabía si reírme o preocuparme.
Decidí preocuparme después.
Primero necesitaba información.
---
Cuarenta minutos más tarde bajé las escaleras.
La casa era más grande de lo que esperaba.
En la cocina había una mujer preparando el desayuno.
Al verme, sonrió.
—Buenos días, Ren.
Me quedé quieto.
Era evidente que era mi madre en este mundo.
—Buenos días.
Ella me observó.
—¿Te sientes mejor?
—Sí.
—Ayer estabas bastante cansado.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte.
Puso un plato frente a mí.
—Come antes de que se enfríe.
Me senté.
Había arroz, huevos y sopa.
Tomé los palillos.
Antes de probar la comida, apareció otra ventana.
[Cocina Lv.1]
Efecto: mejora ligeramente la comprensión de técnicas culinarias básicas.
Miré el plato.
No podía saber si el sistema realmente funcionaba.
Probé la comida.
Estaba buena.
Muy buena.
Miré a mi madre.
—¿Lo hiciste tú?
—Claro.
—Está delicioso.
Ella sonrió.
—Gracias.
La chica de antes entró en la cocina.
—¿Ya empezó?
—Sí —respondió mi madre—. Tu hermano está sorprendentemente despierto hoy.
Mi hermano.
Parpadeé.
Entonces recordé algo importante.
La chica era mi hermana.
Perfecto.
Una familia que no conocía.
Una vida que no recordaba.
Un cuerpo que no era mío.
Y un sistema que me daba habilidades para lavar ropa.
Tomé otro bocado.
Quizá podía acostumbrarme.
---
La escuela estaba a quince minutos caminando.
Mi hermana iba delante de mí.
Yo caminaba detrás mientras observaba el vecindario.
Todo parecía normal.
Tiendas.
Cafeterías.
Estudiantes.
Automóviles.
Personas caminando hacia el trabajo.
No había monstruos.
No había magia.
No había castillos.
Si alguien me hubiera dicho que había viajado a otro mundo, probablemente habría pensado que estaba loco.
Hasta que llegamos a la entrada de la escuela.
Fue allí donde noté algo extraño.
Una chica pasó junto a nosotros.
Llevaba el uniforme perfectamente acomodado y caminaba con absoluta seguridad.
Dos chicos estaban cerca de la entrada.
Ella se detuvo frente a ellos.
—¿Cuál de ustedes es Kenji?
Uno de los chicos levantó tímidamente la mano.
—Yo...
La chica sonrió.
—¿Quieres salir conmigo?
El chico se puso rojo.
—¿Eh?
—Me pareces lindo.
Los amigos del chico comenzaron a reír.
—¡Vamos, Kenji! ¡Di que sí!
Él parecía querer desaparecer.
Yo me quedé mirando.
No era algo imposible.
Una chica podía declararse a un chico.
Eso también ocurría en mi mundo.
Pero la manera en que todos reaccionaban...
Era diferente.
Aquello parecía completamente normal.
Mi hermana continuó caminando.
—No te quedes atrás.
—Sí.
La seguí.
Unos metros después, una chica pasó junto a nosotros y saludó a mi hermana.
—¡Buenos días!
—Buenos días.
Luego miró hacia mí.
Sus ojos se detuvieron unos segundos.
—¿Es tu hermano?
—Sí.
—Qué lindo.
La chica sonrió.
—¿Tiene novia?
Mi hermana suspiró.
—No.
—Entonces pásame su número.
—No.
—Qué mala eres.
Las dos comenzaron a reír.
Yo permanecí en silencio.
Mi hermana siguió caminando.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás poniendo una cara rara.
—Solo estoy pensando.
—¿En qué?
Miré alrededor.
Había varias escenas similares.
Chicas hablando con chicos.
Chicas invitándolos a salir.
Chicos avergonzados.
Incluso vi a una chica cargar la mochila de un chico mientras él caminaba a su lado.
No era algo ocasional.
Era habitual.
Demasiado habitual.
Mi hermana me miró de reojo.
—¿Te sientes bien?
—Sí.
—Entonces deja de mirar como si acabaras de descubrir otro planeta.
Bajé la mirada.
—Supongo que todavía estoy medio dormido.
Ella soltó una pequeña risa.
—Definitivamente estás raro hoy.
---
Entré al salón y elegí el asiento que indicaba mi nombre.
Afortunadamente, nadie pareció notar que no tenía idea de dónde sentarme.
Unos minutos después, una chica ocupó el asiento de delante.
Se giró.
—Hola.
—Hola.
—Soy Aoi.
—Ren.
Ella sonrió.
—Ya sé.
Me quedé en silencio.
—Somos compañeros desde hace dos años.
—Ah.
Aoi inclinó la cabeza.
—¿Estás enfermo?
—No.
—Entonces, ¿por qué estás hablando como si acabáramos de conocernos?
Buena pregunta.
—Dormí mal.
—Últimamente dices mucho eso.
Sonrió.
—Aunque te queda bien esa cara seria.
—¿Qué?
—Nada.
Se giró antes de que pudiera responder.
Me apoyé contra la silla.
Necesitaba aprender.
No solo sobre este mundo.
Sobre Ren.
Sobre su familia.
Sobre sus amigos.
Sobre la vida que ahora tenía que interpretar.
Entonces apareció una nueva ventana.
[Misión cotidiana disponible.]
La miré con desconfianza.
[Misión: sobrevivir al primer día.]
Objetivo: actuar de manera natural.
Recompensa: Habilidad aleatoria Lv.1.
Cerré los ojos.
—Esto va a ser largo...
Aoi se giró otra vez.
—¿Dijiste algo?
—No.
—Bueno.
Volvió a mirar al frente.
Yo hice lo mismo.
Y por primera vez desde que desperté, dejé de pensar en cómo había muerto.
Tenía una nueva vida.
Una nueva familia.
Una nueva escuela.
Y un mundo que parecía normal...
Hasta que uno empezaba a prestar atención.
El profesor entró al salón.
—Buenos días, todos.
Los estudiantes se levantaron.
—¡Buenos días, profesor!
Yo me levanté un segundo tarde.
El profesor me miró.
—Takahashi, ¿otra vez dormido?
Varias personas rieron.
Me senté.
—Lo siento.
—Intenta mantenerte despierto.
—Sí.
El profesor comenzó a pasar lista.
Yo apoyé la espalda contra la silla.
Quizá sobrevivir al primer día no sería tan difícil.
Entonces una chica que estaba sentada dos filas delante se giró.
Me miró.
Sonrió.
Y movió los labios sin emitir ningún sonido.
«Después de clases, habla conmigo.»
Parpadeé.
Ella volvió a mirar hacia delante.
Yo permanecí inmóvil.
La ventana del sistema apareció nuevamente.
[Habilidad obtenida: Leer el ambiente Lv.1.]
Suspiré.
—...
Quizá sí iba a necesitar este sistema.








