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NUESTRA HERMOSA ENEMISTAD

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Summary

Esta historia no es ningun mundo color rosa, donde todo trata de felicidad. Esta es una historia llena de obsesión, orgullo, tensión, posesión. Si no te gusta este tipo de historia, esta definitivamente no es para vos. Pero si te gusta eres bienvenida lector o lectora.

Genre
Mystery
Author
Ana
Status
7h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primer encuentro, primera pelea.

Nunca pensé que una persona pudiera caerme tan mal y gustarme en menos de cinco minutos.

Pero él lo consiguió.

Mi primer día en la Universidad Avelmont comenzó con un cielo gris y una taza de café que, por culpa de alguien, terminó sobre mi blusa favorita.

—¡¿Estás ciego?! —exclamé, mirando la mancha marrón que se extendía por mi ropa.

—¿Yo? —respondió una voz masculina.

Levanté la mirada.

Y ahí estaba.

Alto, vestido con una chaqueta negra y una expresión de absoluta tranquilidad, como si no acabara de arruinarme el primer día de universidad.

Tenía el cabello ligeramente despeinado y una mirada que parecía decir que nada en el mundo podía molestarlo.

Eso me molestó todavía más.

—Sí, tú —dije—. Fuiste tú quien chocó conmigo.

Él miró el vaso vacío que tenía en la mano y después volvió a mirarme.

—Tú también estabas caminando.

—¿Y eso qué significa?

—Que quizá los dos tenemos la culpa.

Solté una pequeña risa de incredulidad.

—Claro. Porque normalmente cuando alguien derrama café sobre otra persona, la culpa es de los dos.

—Exactamente.

—Eres insoportable.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—Y tú eres bastante dramática.

Lo miré fijamente.

—Ni siquiera me conoces.

—Y ya sé que eres dramática.

—Y yo ya sé que eres un idiota.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Por un segundo, ninguno dijo nada.

Entonces él dio un paso hacia mí.

—¿Sabes? Deberías aprender a controlar ese carácter.

—¿Y tú deberías aprender a pedir disculpas?

—No voy a disculparme por algo que fue un accidente.

—Perfecto.

Tomé mi bolso y pasé junto a él.

—Entonces espero no volver a verte.

—Créeme —dijo detrás de mí—, el sentimiento es mutuo.

Seguí caminando.

Aunque, por alguna razón, aquella voz se quedó en mi cabeza.

---

—¡Llegas tarde!

Mi mejor amiga apareció corriendo hacia mí apenas entré al edificio principal.

—No me hables —respondí.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué pasó?

—Un idiota me derramó café encima.

—¿Un idiota guapo?

La miré.

—¿Cómo sabes que era guapo?

—Porque tienes esa cara.

—¿Qué cara?

—La cara que pones cuando alguien te cae mal... pero también te parece interesante.

—No me parece interesante.

—Ajá.

—En serio.

—Claro.

Negué con la cabeza.

—Olvídalo.

Entramos juntas al enorme edificio de la Universidad Avelmont. Era incluso más impresionante de lo que había imaginado: grandes ventanales, escaleras de mármol, jardines perfectamente cuidados y cientos de estudiantes caminando de un lado a otro.

Había esperado sentirme nerviosa.

Y lo estaba.

Pero también sentía que aquel lugar podía convertirse en el comienzo de algo importante.

Todavía no sabía cuánto.

—Tenemos que ir al auditorio —dijo mi amiga—. Van a presentar a los nuevos estudiantes.

—Vamos.

Caminamos entre la multitud.

Y entonces lo vi.

Otra vez.

El chico del café estaba sentado en una de las primeras filas.

—No puede ser...

—¿Qué? —preguntó mi amiga.

Señalé discretamente hacia él.

—Ese.

Ella lo miró.

—¿El guapo?

—El idiota.

—Ah.

Se quedó observándolo unos segundos.

—Bueno... definitivamente es guapo.

—No empieces.

Él levantó la mirada.

Nuestros ojos se encontraron.

Y, para mi desgracia, sonrió.

Una sonrisa pequeña, arrogante.

Como si supiera exactamente lo que estaba pensando.

Aparté la mirada inmediatamente.

—Lo odio —murmuré.

—Todavía no sabes ni su nombre.

—No necesito saberlo.

—Quizá deberías.

—¿Para qué?

Mi amiga señaló el escenario.

El rector acababa de subir.

—Bienvenidos a la Universidad Avelmont anunció—. Esperamos que estos años sean inolvidables para todos ustedes.Me acomodé en mi asiento.

Hasta que escuché el nombre que hizo que mi corazón se detuviera por un instante.

—También queremos reconocer a uno de nuestros estudiantes más destacados, quien representará a la universidad este año en diversos proyectos académicos...

El chico del café se levantó.

El auditorio comenzó a aplaudir.

—Él es **Adrian Valen**.

Me quedé completamente quieta.

Adrian.

Así que ese era su nombre.

Él caminó hasta el escenario.

Y justo antes de subir, volvió a mirarme.

Sonrió.

Como si acabara de descubrir algo divertido.

Yo fruncí el ceño.

Entonces escuché a mi amiga susurrar:

—Creo que acabas de encontrar a tu enemigo.

No sabía que estaba equivocada.

Porque Adrian Valen no sería solamente mi enemigo.

Sería la persona que más iba a desafiarme. La persona que más iba a hacerme perder la paciencia.

La persona que juraría no necesitar.

Y, algún día...

La persona de la que más me costaría alejarme.

---

Después de la presentación, todos comenzaron a salir del auditorio. Yo esperaba que Adrian desapareciera entre la multitud.

Pero, por supuesto, tuve mala suerte.

—¿Tú otra vez?

Escuché su voz detrás de mí.

Cerré los ojos durante un segundo antes de girarme.

—¿Qué quieres?

Adrian levantó una ceja.

—Nada. Solo me pareció gracioso encontrarte aquí.

—A mí no.

—Eso ya lo noté.

Mi amiga nos observaba en silencio, intentando contener una sonrisa.

—¿Ustedes se conocen? —preguntó.

—Lamentablemente —respondí.

—Nos conocimos esta mañana —dijo Adrian.

—Por culpa de él.

—Por culpa de los dos.

—¡Otra vez con eso!

Adrian soltó una risa.

—Veo que sigues enojada por el café.

—Era mi blusa favorita.

—Puedo comprarte otra.

Lo miré sorprendida.

—No necesito que me compres nada.

—Entonces deja de quejarte.

—¡No me estoy quejando!

—Llevas hablando de la blusa desde que me viste.

Abrí la boca para responder, pero no encontré nada que decir. Mi amiga se tapó la boca para no reírse.

—¿Y tú de qué te ríes? —le pregunté.

—De nada.

Adrian sonrió.

—Nos vemos, dramática.

—¡No me llames así!

Pero él ya se había alejado.

Lo observé marcharse con una mezcla de enojo y curiosidad.

—Definitivamente lo odio —dije.

Mi amiga me miró.

—Sí, claro.

---

Las clases comenzaron esa misma mañana.

Después de revisar mi horario, descubrí que tenía una asignatura en el edificio de Ciencias Sociales.

Caminé por los pasillos tratando de encontrar el aula.

—Aula 204...

Miré las puertas.

202.

203.

204.

—Por fin.

Entré rápidamente.

Había pocos estudiantes.

Elegí un asiento cerca de la ventana y saqué mis cosas.

Por primera vez en toda la mañana, sentí tranquilidad.

Hasta que alguien ocupó el asiento a mi lado.

No tuve que mirar para saber quién era.

—No puede ser —murmuré.

—Buenos días otra vez.

Giré lentamente la cabeza.

Adrian.

—¿Me estás siguiendo?

—Créeme, no tendría tanta mala suerte.

—Entonces cambia de asiento.

—¿Por qué?

—Porque quiero estar tranquila.

—Yo también.

—Pues vete.

—Llegué primero.

Lo miré.

—Yo estaba aquí primero.

—Entonces tenemos un problema.

—Contigo siempre hay problemas.

Adrian sonrió.

—Parece que tenemos algo en común.

Antes de que pudiera contestar, el profesor entró al aula.

Todos guardamos silencio.

—Buenos días. Tomen asiento.

El profesor dejó unos documentos sobre el escritorio.

—Este semestre tendrán un proyecto especial. Será uno de los trabajos más importantes de la asignatura y contará considerablemente para su calificación final.

Comencé a escribir.

—Trabajarán en parejas.

Escuché murmullos alrededor.

—Yo formaré los equipos —continuó.

Empezó a decir nombres.

Uno tras otro.

Hasta que escuché:

—Adrian Valen...

Levanté la mirada.

—...y...

Sentí que algo dentro de mí comenzaba a preocuparse.

—...ella.

El profesor señaló hacia mí.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué? —preguntamos Adrian y yo al mismo tiempo.

El profesor nos miró.

—Ustedes dos trabajarán juntos.

Adrian se volvió hacia mí.

Yo lo miré horrorizada.

—Esto tiene que ser una broma —susurré.

Él sonrió.

—Parece que no podrás deshacerte de mí tan fácilmente.

—Esto es una pesadilla.

—Yo diría que es el destino.

—Yo diría que es mi peor suerte.

El profesor continuó explicando las instrucciones, pero yo apenas podía concentrarme.

Adrian se inclinó ligeramente hacia mí.

—Tranquila, dramática. Prometo no derramar café sobre ti.

Lo miré de reojo.

—Y yo prometo no lanzarte el cuaderno por la cabeza.

—Eso sería violencia.

—Tú empezaste.

—Entonces estamos empatados.

Intenté ignorarlo.

Pero una pequeña sonrisa apareció en mis labios.

Y él la vio.

—¿Te estás riendo?

Mi sonrisa desapareció inmediatamente.

—No.

—Sí.

—No.

—Te vi.

—Cállate.

Adrian soltó una risa baja.

Y por primera vez desde que lo había conocido, no me molestó tanto escucharlo.

Tal vez porque, aunque jamás lo admitiría...

Había algo en él que me intrigaba.

Algo que me hacía querer descubrir qué había detrás de aquella sonrisa arrogante.

Pero todavía no sabía que Adrian escondía secretos.

Secretos que algún día cambiarían completamente la forma en que lo veía.

Y tampoco sabía que aquel proyecto que tanto odiaba...

sería el comienzo de nuestra historia.

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Good Writing

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Compelling Plot

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